En el aniversario del fusilamiento de Agustín Farabundo Martí

Siguiendo el ejemplo del gran patriota Morazán, Farabundo Martí también entendió que la única manera de tener una supervivencia digna dentro de la sumisión impuesta por el imperialismo yanqui en su "Mare Nostrum" (el Caribe) era manteniendo a Centroamérica Unida y liberada de todo poder transnacional. Por eso luchó, siendo un sucesor de Morazán, un coetáneo de Sandino y un anticipador de las luchas triunfales del Frente Sandinista de Liberación Nacional y del Farabundo Martí de Liberación Nacional que lo rescatan como el héroe revolucionario y coherente que fue.
 
 Farabundo Martí nació en Teotepeque, El Salvador, en 1893. Abandonó la carrera de Derecho para incorporarse a la actividad política. Por estos motivos fue expulsado a Guatemala, lugar en el que permaneció exiliado desde 1920 a 1925. Desde allí viajó varias veces a México y militó en los batallones rojos revolucionarios formados por obreros mexicanos.
 
En 1925, Martí participó de la fundación del Partido Socialista Centroamericano. Inmediatamente se desató la represión del general José María Orellana, el tirano de turno en Guatemala. Farabundo fue expulsado del país y deportado a El Salvador.
 
Comenzó con los primeros intentos de organización de campesinos y obreros. A Martí se le abría una nueva etapa en su vida de revolucionario al incorporarse a la Federación Regional de Trabajadores de El Salvador, donde realizó una intensa actividad.
 
En 1928 viajó a Estados Unidos. Colaboró allí con la Liga Antiimperialista. Poco después debió regresar a El Salvador y se trasladó a Las Segovias, Nicaragua, para incorporarse a la guerrilla de Augusto César Sandino. Pronto ascendió al grado de coronel de las fuerzas que combatían a los marines yanquis y fue nombrado secretario personal de Sandino.
 
En 1930 –año de la fundación del partido comunista de El Salvador- Farabundo Martí regresó a su patria en calidad de representante del Socorro  Rojo Internacional, organismo vinculado a la III Internacional.
 
n esa región de Centroamérica gobernaba un teósofo, que más ajustado sería llamarle psicópata que ejerció una dictadura feroz en El Salvador entre 1931 y 1944. El general Maximiliano Hernández Martínez, además de practicar  la política de la oligarquía cafetalera, se inspiraba en otras voces esotéricas. En cierta ocasión combatió una epidemia de viruela “forrando el alumbrado público de la capital con papel celofán a colores”.
 
Pero, detrás de las alucinaciones del dictador estaban los propietarios de las grandes haciendas de café que edificaban mansiones lujosas para controlar de cerca la cosecha. Concluida ésta se iban a Europa para disfrutar el resto del año las delicias de la "civilización".
 
La situación social tenía en El Salvador niveles explosivos. La figura de aquel coronel de Sandino, Agustín Farabundo Martí adquirió singular relevancia, en una lucha que era organizada y dirigida por el partido comunista y la Federación Regional de Trabajadores. Farabundo fue encarcelado y expulsado nuevamente del país, pero logró regresar en febrero de 1931 para liderar la lucha de su pueblo.
 
La cuestión salvadoreña era insoportable; la represión de la oligarquía crecía. El comité central del partido comunista preparó una insurrección y delegó en Martí los aspectos militares del levantamiento; pero a causa de la delación de una monja, Farabundo junto con Alfonso Luna y Mario Zapata –escondidos en una casa junto al Convento- fueron capturados por las fuerzas policiales en enero de 1932. El 21 estallaba la rebelión. Miles de campesinos armados con machetes, aperos de labranza y pocas armas de fuego entablaron un desigual combate contra el ejército. El levantamiento fue aplastado por las fuerzas represivas y se convirtió en uno de los genocidios más grandes sufridos por los latinoamericanos.
 
Martí, Luna y Zapata fueron llevados ante un tribunal militar. Martí se negó a defenderse alegando que se trataba de la lucha de una clase contra otra y que no tenía el propósito de ampararse en leyes burgueses, a las que siempre había combatido durante toda su vida. Sus compañeros se comportaron con igual dignidad ante el tribunal.
 
El 1 de febrero de 1932 los tres patriotas fueron fusilados. Prácticamente la insurrección había sido ahogada en sangre antes de empezar, en una de las masacres más trágicas que recuerda la historia de América Latina. Se estiman entre 20.000 y 30.000 los campesinos asesinados por las tropas de Hernández Martínez en una población rural de un millón de personas. El nombre de Farabundo Martí se ha convertido en un símbolo para las fuerzas revolucionarias salvadoreñas.
 
 
 

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