Es hora ya: ¡Boicot a Estados Unidos!

Es hora ya: ¡Boicot a Estados Unidos!

Por John Feffer*

La administración Trump se opuso tan enérgicamente a un reciente discurso del embajador de Sudáfrica que lo expulsó de Estados Unidos. ¿Qué dijo Ebrahim Rasool que fuera tan censurable? Sinceramente, el discurso que pronunció en un seminario web patrocinado por un instituto de investigación sudafricano fue bastante aburrido.

Pero entre sus comentarios se encuentra esta observación: «Donald Trump está lanzando… un ataque contra la incumbencia de quienes están en el poder al movilizar un supremacismo contra la incumbencia en casa».

Esta frase requiere un poco de interpretación. La «incumbencia» en este caso es la burocracia federal; los programas de diversidad, equidad e inclusión en el gobierno y las empresas; las iniciativas contra el racismo en general; e incluso elementos del Partido Republicano que no han sido trumpificados. «Supremacismo», mientras tanto, es supremacía blanca.

Esencialmente, el embajador estaba señalando que Trump y MAGA han lanzado una campaña para promover la supremacía blanca en un país donde el movimiento de derechos civiles logró suficientes avances como para calificarse hoy como la corriente principal.

Afrikaaners quieren ciudadanía EE.UU. EPA

No es una acusación descabellada. Entre todas las acciones racistas de la actual administración, quizá la más escandalosa sea la promesa de Trump de agilizar la ciudadanía estadounidense para los afrikaaners blancos de Sudáfrica que, insiste Trump, están sufriendo discriminación.

Así que, mientras la administración está deportando a miles de personas negras y marrones y tratando de recobrar la ciudadanía por derecho de nacimiento de aún más personas de color, está ofreciendo acelerar la ciudadanía para un grupo de personas blancas de África. Este no es un titular de Onion. Es nacionalismo blanco. Incluso si los afrikaaners sufrieran discriminación en Sudáfrica –que no es el caso-, privilegiar su entrada en Estados Unidos por encima de los afganos aterrorizados de volver al régimen talibán, los haitianos que escapan del colapso social o los sudaneses que huyen de la guerra civil seguiría siendo racista.

Los acercamientos de Trump a los afrikaaners son también una sorprendente vuelta de la política estadounidense a las posiciones favorables al apartheid de la década de 1980, cuando la administración Reagan desafió a la opinión mundial manteniendo fuertes relaciones con el régimen de la minoría blanca en Sudáfrica. En aquella época, el movimiento antiapartheid de ese país pedía al mundo que boicoteara, sancionara y desinvirtiera (BDS) a Sudáfrica.

Ahora que un nacionalista blanco se ha convertido (de nuevo) en presidente de Estados Unidos, es hora de inspirarse en el movimiento antiapartheid. Mientras la administración Trump impone restricciones a los viajes de 43 países a Estados Unidos, mientras abofetea con aranceles a aliados y adversarios por igual, mientras se arrima a autócratas como el ruso Vladimir Putin, mientras desmantela programas federales diseñados para ayudar a personas necesitadas en todo el mundo, mientras se retira del acuerdo climático de París y del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, mientras deporta ilegalmente a miles de personas y envía a algunas de ellas a horribles prisiones en El Salvador, mientras expresa su apoyo a partidos políticos neonazis de extrema derecha, mientras amenaza con apoderarse de Groenlandia y absorber Canadá, es hora de pedir al mundo que trate a este país como un paria.

András Schiff

András Schiff acaba de hacerlo. El gran pianista anunció esta semana que ha cancelado sus próximos compromisos y no actuará en Estados Unidos. Esto se produce después de que se haya negado a tocar también en Rusia y en su Hungría natal. «Quizá sea una gota en el océano; no espero que me sigan muchos músicos», dijo Schiff. «Pero no importa. Es por mi propia conciencia. En la historia, hay que reaccionar o no reaccionar».

Un boicot de este tipo no debería ser un rechazo permanente, sino una respuesta específica a políticas que violan claramente el derecho internacional y los valores universales de la democracia y los derechos humanos. Sí, Estados Unidos ha violado esos principios en el pasado. Pero esta vez, la administración Trump ha cruzado tantas líneas que amenaza con derribar el propio sistema de derecho internacional.

Una vez que el gobierno estadounidense abandone sus políticas de nacionalismo blanco, entre otras posturas inaceptables, podrá ser bienvenido de nuevo en la comunidad de naciones. Hasta entonces: no vengan aquí, no inviertan aquí, no compren a Tesla ni a Amazon ni a ninguna de las otras corporaciones que han besado el anillo de Trump.
Trump está boicoteando efectivamente al mundo al retirarse de las instituciones internacionales y violar las normas internacionales. El mundo debería devolverle el favor.

Aislar a la Administración Trump

Los aranceles indiscriminados de la administración Trump ya han provocado que varios países respondan del mismo modo. Canadá ha impuesto aranceles por valor de 32.800 millones de dólares contra Estados Unidos, mientras que Europa ha impuesto aranceles por valor de 28.000 millones de dólares. China anunció un «arancel del 15% sobre el carbón y el gas natural licuado estadounidenses, junto con un arancel del 10% sobre otros productos, incluidos el petróleo crudo, la maquinaria agrícola y las camionetas».

Los residentes de estas regiones también están ajustando sus planes de viaje en consecuencia, una medida que Robert Reich respaldó recientemente. The Washington Post informa:

“Los canadienses no van a Disney World ni a festivales de música. Los europeos renuncian a los parques nacionales estadounidenses y los chinos se van de vacaciones a Australia. Según Tourism Economics, se espera que los viajes internacionales a Estados Unidos disminuyan un 5% este año, lo que contribuirá a un déficit de 64.000 millones de dólares para el sector turístico. La firma de investigación había pronosticado originalmente un aumento del 9% en los viajes al extranjero, pero revisó su estimación a finales del mes pasado para reflejar «la polarización de las políticas y la retórica de la Administración Trump».

Las políticas de Trump están perjudicando a Estados Unidos, desde la industria de viajes y los institutos de investigación que pierden subvenciones federales, hasta el consumidor medio que está pagando todos los aranceles a través de precios más altos.

Algunos observadores recomiendan que otros países resistan la tentación de pegarse un tiro en el pie imponiendo sus propias sanciones. El economista Dani Rodrik, por ejemplo, sugiere que los aranceles de represalia sólo perjudicarán a los países que los impongan, por lo que la mejor estrategia «es minimizar el daño manteniéndote lo más lejos posible del matón y esperando a que se pegue un puñetazo y se desplome en una esquina».

Otra opción, insta el economista Gabriel Zucman, es aplicar aranceles a los oligarcas estadounidenses: «Si Tesla quiere vender coches en Canadá y México, entonces el propio Musk, como principal accionista de Tesla, debería tener que pagar impuestos en Canadá y México. Ponerle un impuesto sobre la riqueza, y condicionar el acceso al mercado de Tesla a que pague el impuesto».

Cambiar los planes de viaje, imponer aranceles a los productos estadounidenses, gravar a los plutócratas estadounidenses: todas ellas son estrategias potencialmente útiles. Pero no van lo suficientemente lejos.

Golpear el avispero

Ya han oído antes este consejo: no le provoques, no le hagas arremeter, no pongas en peligro a los que le rodean. Pero los maridos maltratadores sólo continúan con su comportamiento inaceptable ante tales carantoñas.

Muchos líderes internacionales esperan poder evitar la ira de Trump elogiándole, invitándole a desfiles militares cuando venga de visita o, al menos, pasando desapercibidos con la esperanza de que no dirija su ira en su dirección.

El líder ucraniano Volodymyr Zelensky, por ejemplo, ha hecho todo lo posible por ganarse el favor de Trump, sobre todo después de la desastrosa reunión del mes pasado en la Casa Blanca. De este modo, pudo reanudar la ayuda militar estadounidense y el intercambio de inteligencia. Pero todavía está a punto de ser vendido en la mesa de negociaciones si, y cuando, la administración Trump acepta los términos de línea dura de Rusia para un alto el fuego y un acuerdo de paz.

Aun así, se podría objetar, ningún país es lo suficientemente poderoso como para poner a Trump en su lugar. Y los que podrían tener una oportunidad de hacerlo -China, Rusia- están más interesados en trabajar con Trump para dividir el mundo en esferas de influencia.

Pero aún quedan muchos países que pueden unirse, como un ejército de liliputienses pequeños y medianos para atar al borracho de poder Gulliver. Simplemente tienen que golpear a Estados Unidos donde más le duele. No compren productos de empresas estadounidenses que apoyen a Trump. No permitan que esas empresas inviertan en sus países. Reorienten sus transacciones monetarias lejos del dólar.

Estas medidas no deben venir todas a la vez. Por el contrario, deben escalonarse estratégicamente para obligar a Trump a dar marcha atrás en sus políticas más nocivas. Las tácticas de nombrar y avergonzar no funcionan con líderes que no tienen vergüenza. Agárrenlo por la cartera: es el único lenguaje que entiende.

¿Perjudicarán estas medidas a los estadounidenses de a pie? Probablemente. Pero no más de lo que Trump ya nos está perjudicando. Los aranceles que los países han impuesto en represalia contra las medidas de Trump afectarán negativamente a casi 8 millones de trabajadores estadounidenses, la mayoría en condados que votaron por él. Pero estos costes no son nada comparados con lo que sufrirá el mundo como consecuencia de los recortes de Trump en ayuda exterior, que probablemente matarán a cientos de miles de personas al año.

Una última recomendación: no cortar toda comunicación con Estados Unidos.

En la década de 1980, la campaña contra el apartheid fomentó un contacto considerable entre Estados Unidos y Sudáfrica. Pero era una relación basada en la solidaridad entre organizaciones de la sociedad civil. Mis queridos amigos de Canadá, México, Europa, África, Asia y América Latina: por favor, no equiparen a Trump con Estados Unidos. Sí, mucha gente aquí votó por él. Pero están empezando a tener remordimientos de comprador. Unamos nuestras manos más allá de fronteras y partidos y digamos: «No toleraremos a los matones racistas».

La alianza contra el fascismo funcionó en la Segunda Guerra Mundial. El movimiento contra el apartheid tuvo éxito. Levantémonos ahora contra los Trump, Putin y Netanyahus del mundo. Ellos son el uno por ciento, y los superamos ampliamente en número.

* Nota original: It’s Time: Boycott America
Traducido por Sinfo Fernández en Voces del Mundo.
John Feffer
es autor de la novela distópica Splinterlands y director de Foreign Policy In Focus en el Institute for Policy Studies. Frostlands, original de Dispatch Books, es el segundo volumen de su serie Splinterlands, y la última novela de la trilogía es Songlands. Ha escrito asimismo Right Across the World: The Global Networking of the Far-Right and the Left Response.

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