Hoy lo quiero recordar…

Ifigenia Bueno. LQS. Julio 2020

Tenía 24 años, era un gran deportista, practicaba el atletismo y hace 84 años en la madrugada del 18 de julio se citaron para salir en autobús un grupo de jóvenes para competir en una Olimpiada Popular que se iba a celebrar en Barcelona a partir del día 19 de julio de 1936, organizada como protesta en contra de los juegos racistas de Adolf Hitler, en Berlín. Más de 6000 deportistas se apuntaron con un espíritu internacionalista, solidario y feminista.

El autobús que nunca tomaron los recogía a las 6 de la mañana en la Casa del Pueblo de Valladolid (2), donde esperaban concentrados con las risas y la ilusión propias de la juventud, pero que pronto serían apagadas por la sublevación militar contra la República. Un grupo de falangistas armados con pistolas y fusiles entraron a saco y los sacaron a golpes a la calle. Fue un golpe seco en los riñones y un fuerte golpe en la mandíbula que lo dejó sin conocimiento. Sin conocimiento, sin varios dientes y con un riñón inutilizado de por vida. Ingresó custodiado en el Hospital Militar con la idea de que se recuperara para fusilarlo más adelante. Unos días después, su hermano que era guarda de asalto, lo sacó a punta de pistola del hospital para esconderlo y curarlo en casa. Evidentemente comenzó la búsqueda por los falangistas en el barrio donde vivía. Tuvo suerte, nadie lo conocía como Florencio, su nombre en el registro civil; era conocido por su nombre bautismal o por Gary, su apodo por el gran parecido al actor Gary Cooper. Así consiguió burlar durante unos años a la muerte.

Unos años después fue llamado a filas y al no tener delitos de sangre, ni de otro tipo, se incorporó y fue descubierto. Fue juzgado sin ninguna defensa por un tribunal militar que lo condenó a pena de muerte. Ingresó en la prisión de Valladolid esperando día tras día ser nombrado para ser ajusticiado, pero pasó el tiempo y fue llevado de nuevo a juicio y le conmutan pena de muerte por 30 años. Triste decirlo pero se sintió feliz por salvar su vida. Ahora ya era cuestión de organizarse dentro de la cárcel para aprovechar el tiempo. La cárcel fue una universidad popular donde se encontraban los mejores intelectuales del momento que formaron grupos de estudios, de arquitectura, de música, de literatura, etc.

Finalmente pasaron más de cuatro años y había que vaciar las cárceles, así pudo salir después de cuatro años encarcelado. Tenía 28 años y sin tener donde ir. Su madre había muerto y el llevaba el rencor dentro de sí por no haberle permitido salir a darle el último adiós, rencor que guardó hasta su muerte. Sin familia, tuvo que ser acogido hasta su destierro en Madrid por los que más tarde serían sus futuros suegros. La chica de 14 años que le llevaba el tabaco y los bocadillos que le enviaba su madre, se fue enamorando de él y en esos cuatro años se hicieron novios entre rejas. Así que saltándose todos los inconvenientes sociales de la época se lo llevó a su casa. Sería muy largo de explicar todo el sufrimiento que causó en esta gran persona la represión y censura que sufrió durante la dictadura franquista.

Este hombre se llamaba Ángel Maestro Simón, era mi suegro y él me metió en vena eso de ni olvido, ni perdón, que había que conocer la verdad, hacer justicia y reparar a las víctimas. Murió en diciembre de 1991, sin recibir aquel dinero, un millón de pesetas que Felipe González dio a las víctimas para que callasen, en base a Ley de Amnistía de 1977 que fue el germen de impunidad para poder enjuiciar a los criminales fascistas. En marzo se lo ingresaron en la cuenta a mi suegra, aquella chica de 14 años que colaboraba solidariamente con los presos y su familia, Asunción Samaniego Robisco.

Hoy lo quiero recordar y estoy segura que se sentiría muy orgulloso de haber provocado en mí la necesidad de luchar por la memoria histórica.
Por él y por tantos y tantas reivindico los pilares en los que se sustenta la Memoria Histórica y Democrática, VERDAD, JUSTICIA Y REPARACIÓN.

Notas:
1.- La Olimpiada Popular
2.- 18 de julio de 1936 en Valladolid

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