La naturaleza de la justicia

Joan Martí*. LQS. Agosto 2020

El debate extraviado de la izquierda en los últimos 100 años

Es el debate que la izquierda siempre ha eludido: la justicia en España. Es el drama de la democracia y su gran mentira. Históricamente la Planta de la Justicia es el constructo social más exitoso de las clases dominantes; en la Edad Media, del Rey y de los nobles, y en los últimos 100 años de la burguesía y del capital. Ya lo teorizó Marx hace 150 años al decir que «el derecho es la expresión más o menos literaria que consagra y legitima el dominio de unas clases sociales sobre otras».

Curiosamente la izquierda nunca ha abordado este problema nuclear de la democracia, salvo tal vez la Revolución Cubana en parte.

El «invento» de la Justicia se basa en la supuesta imparcialidad y ecuanimidad de los jueces, de acuerdo con la construcción dogmática de la Ilustración y el Renacimiento del siglo XVIII, luego perfeccionado por los codificadores franceses de finales del XIX. Una engañifa gigantesca sobre bases casi sacramentales, como simple acto de fe sobre su supuesta imparcialidad y ecuanimidad que la sociedad retribuye con el privilegio de su intangibilidad e inamovilidad en un empleo bien pagado; rol de sobreprotección que, en definitiva y en la práctica del día a día, se transforma en su poder omnipotente e incontrolado que no rinde cuentas a la sociedad democrática ni a nadie.

La democracia nunca será real hasta que no se elijan a los jueces democráticamente como a cualquier poder que emana del pueblo (legislativo, ejecutivo). La izquierda tradicional española, sin embargo, nunca ha estado en esa idea, y siempre ha aceptado esta gigantesca mascarada superchería de la Justicia como poder imparcial e independiente, como pulpo animal de compañía, tal vez porque la izquierda tradicional mantiene una amigable simbiosis con el Sistema.

Lo cierto es que la justicia española, compuesta por jueces y fiscales,-funcionarios que asumen su rol de empleo con unos estudios de derecho de 5 o 6 años y una oposición de 2 o 3-, se erige como el poder absoluto, supremo, inmune y, muchas veces, arbitrario del mismo dios en la tierra. La condición humana y el ejercicio libre/libérrimo del poder absoluto que te puede mandar a la cárcel, lanzarte de casa en un desahucio, quitarte o darte a los hijos, decir si tu despido es procedente o improcedente, y ese largo etc, etc. que exactamente es la parte fundamental de nuestr vida en lo material, y la psique de una persona de 28/30 años investida de esas facultades de poder real exorbitante hace el resto y da lugar a lo que estamos viendo. A ello hay que sumar el corporativismo, la extracción habitualmente elitista de sus miembros de los sectores de la derecha por herencia generacional de ideología y vocación en el empleo, y la falta de mecanismos para la exacción de su responsabilidad civil y penal, y tenemos el cuadro completo.

Y así, a pesar de la bella e inoperante teoría de la separación de poderes, la justicia -o, por mejor decir, sus jueces individuales-, con sus filias, sus fobias, sus simpatías y sus inclinaciones políticas, puede interferir en el poder político-legislativo (anulación de las resoluciones soberanas de un parlamentos, persecución de sus presidentes, preterición de sus debates, anular decretos, órdenes, etc) o en la contienda electoral (anulando una candidatura) o, como vemos ahora, persiguiendo a una fuerza política votada por varios millones de ciudadanos llevándola al banquillo y a los telediarios.

Y el drama es que se trata de un poder a quien ningún ciudadano ha elegido (salvo en algunos países, como los USA en algunos niveles) y que a nadie rinde cuentas ni responsabilidad por sus actos.

Igual, con la que está cayendo, la izquierda real comienza a tomar conciencia de la naturaleza del problema y se pone a debatir y cuestionar el sacramento de la justicia, como acto de fe en una institución decimonónica profundamente antidemocrática e incompatible con la teoría que exige que el poder emane del pueblo. Sería de agradecer.

Nota: A partir de la persecución de Podemos por la «justicia», ya parece que algunos, si no sobre su naturaleza, si están comenzando a reflexionar sobre sus tremendos efectos prácticos como punta de lanza del Sistema contra la izquierda.
https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/tiempos-lawfare-espana_129_6162486.html

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