La rebeldía en los tiempos del covid

Piedad Córdoba*. LQS. Junio 2020

Lo sucedido hace pocos días en EE.UU. y en Colombia con el asesinato de George Floyd y Anderson Arboleda respectivamente demuestra que el racismo es una pandemia mundial, pero sobre todo sistémica; la violencia racista, xenofóbica, de género es la esencia y reflejo de todo un andamiaje ideológico, moral y epistemológico construido como punto de partida de la modernidad, en este sentido el racismo es pilar fundamental de políticas públicas y del accionar del Estado. Refiero esto ya que me gustaría reflexionar sobre los efectos que ha producido el asesinato de Floyd sobre la ciudadanía, sobre todo de ese brote de indignación y rebeldía en tiempos de covid.

Las revueltas que produjo este asesinato hacen parte de la respuesta de muchos ciudadanos, en especial de los afroamericanos, frente a la violencia racista que no solo es física sino también política y esta última tiene su máxima expresión ahora con las consecuencias de la actual crisis mundial por el covid. Si realizamos un análisis de las victimas mortales que el covid ha dejado, vemos como la mayoría de estas vivían en condiciones de precariedad, situación a la que históricamente han estado condenados los afros, de ahí que, en el país más afectado del mundo, EE.UU. estos sean los más perjudicados por covid-19

Según cifras que tuve la oportunidad de leer en un reportaje de Democracy Now, en Michigan e Illinois, los afroestadounidenses componen entre el 14 % y el 15 % de la población, pero representan el 41% de las muertes por covid-19. Solo en Chicago, los afroestadounidenses, que son el 30% de la población, suman el 70% de las muertes. En Luisiana, uno de los focos del virus en el país, los afroestadounidenses representan un tercio de la población, pero el 70% de las muertes por covid-19.

En New York, los afros representan el 18% de las muertes a pesar de comprender el 9% de la población en el estado. La comunidad latina representa el 29% de la ciudad de Nueva York pero el 34% de las muertes, muchas de ellas en Queens, la comunidad más diversa del país. El racismo en esta pandemia aumenta el riesgo de exposición al virus y aumenta la vulnerabilidad por falta de oportunidades de salud, servicios básicos, alimentación y por la tenencia de empleos de mayor riesgo.

Además de esto, y antes de la pandemia, la esperanza de vida de los afrodescendientes, por ejemplo, en el estado de Washington era de casi nueve años menos que las personas blancas. Todas estas circunstancias detonaron con el asesinato de Floyd, tanto que muchos ciudadanos se movilizaron desde distintos estados sin importarles el riesgo que ahora significa estar en multitud y creo que ahí también radica la valentía e indignación del pueblo afroestadounidense y de gran parte de los sectores democráticos que desde hace muchos años vienen protestado contra el racismo, la brutalidad policial, la violencia.

Creo que lo que demuestra ya el asco de muchos estadounidenses frente al racismo y la brutalidad policial está reflejado en las palabras que el reverendo Al Sharpton pronunció en la ceremonia para despedir a Floyd: “Lo que le pasó a Floyd sucede todos los días en este país, en el sistema de educación, en los servicios de salud y en todas las áreas de la sociedad estadounidense. Es hora de que nos pongamos de pie en el nombre de George y digamos: ¡Quiten sus rodillas de nuestros cuellos!”.

Bajo el lema las vidas negras importan y una fuerte salida represiva de las fuerzas armadas a las calles para reprimir a los protestantes, las expresiones políticas de indignación no cesan, por el contrario, cada día se suman colectivos, organizaciones y partidos alternativos que continúan desafiando al sistema racista y violento que encarna ahora Trump. Así las cosas, el movimiento antirracista estadounidense da lecciones de dignidad al mundo en estos tiempos en que una pandemia nos ha obligado al confinamiento y los gobiernos persisten en sus políticas contra las mayorías, creyendo que las actuales circunstancias inmovilizarán y enclaustrarán a la gente, pero así como lo está demostrando Estados Unidos, pronto se sumará una ola de indignación continental que exprese la frustración, la rabia, la impotencia que dejan las prácticas violentas y corruptas de los sistemas de gobierno que no supieron dar respuesta a la crisis, que aprovecharon para robar, para matar por la fuerza y por el hambre.

* Abogada. Fue senadora de la Republica de Colombia. Facilitadora del acuerdo de las FARC-EP en las negociaciones de La Habana. Líder de la izquierda y de los afrodescendientes de Colombia

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