Los posibles escenarios de un nuevo orden global

Los posibles escenarios de un nuevo orden global

Por Pedro Barragán*

Desde la reelección de Donald Trump en 2024, China se ha enfrentado a una intensificación de las políticas económicas agresivas de Estados Unidos. En febrero de 2025, la administración Trump impuso un arancel del 10% a todas las importaciones chinas, incrementándolo al 20% en marzo. Ante esta escalada, China ha respondido con aranceles del 15% sobre el carbón y el gas natural licuado estadounidense, además de un 10% sobre el petróleo y la maquinaria agrícola. Asimismo, Beijing ha iniciado una investigación sobre Google, ha sancionado a las empresas PVH Corp. e Illumina, incluyéndolas en su “Lista de Entidades No Confiables”, y ha reforzado los controles de exportación de metales estratégicos como el tungsteno.

Estas medidas reflejan la determinación de China de proteger su economía y responder proporcionalmente a la ofensiva comercial de Washington.

Más allá del comercio, Estados Unidos ha vinculado la seguridad nacional a su estrategia de presión contra China, acusándola falsamente de facilitar el tráfico de fentanilo y utilizando esto como justificación para nuevas sanciones. Además, está trabajando para debilitar la influencia china en América Latina, promoviendo la toma de control de los puertos panameños de Balboa y Cristóbal por un consorcio liderado por BlackRock. China ha denunciado estas acciones como intentos de Washington por socavar su crecimiento y mantener su dominio global. En este contexto, una negociación realista entre ambas potencias parece lejana, ya que la postura de Estados Unidos se basa en la confrontación y la imposición de restricciones unilaterales. Frente a esta situación, China sigue avanzando en su autosuficiencia tecnológica, diversificando sus mercados y consolidando nuevas alianzas estratégicas, en un esfuerzo por contrarrestar la ofensiva estadounidense y mantener su crecimiento en un entorno global cada vez más polarizado.

¿Qué escenarios futuros podemos prever?

A partir de la escalada en la guerra comercial y tecnológica de Estados Unidos contra China bajo el segundo mandato de Trump se pueden prever varios escenarios futuros. En cualquier caso, estos dependerán de factores como la evolución económica global, las decisiones políticas de ambas naciones y la reacción de otros actores internacionales.

Rápida pérdida de ventaja tecnológica norteamericana frente a los avances de China

Las nuevas restricciones tecnológicas de Estados Unidos contra China se están topando con un obstáculo creciente: el rápido avance de Beijing en el desarrollo de su propia industria tecnológica. Aunque las medidas han afectado a empresas chinas al restringir su acceso a semiconductores avanzados y maquinaria de litografía, la respuesta de China ha sido acelerar su autosuficiencia en sectores estratégicos como la inteligencia artificial, los semiconductores, la computación cuántica y según los últimos indicios en la fabricación de equipos UVE para la producción de semiconductores. Empresas como Huawei y SMIC han demostrado que, a pesar de los bloqueos de Estados Unidos, China sigue innovando y reduciendo su dependencia de tecnología extranjera.

Este avance limita la efectividad de nuevas medidas norteamericanas, ya que el impacto de las restricciones disminuye a medida que China desarrolla alternativas propias. Además, la colaboración con países en desarrollo refuerza su capacidad para sortear bloqueos tecnológicos. Mientras Estados Unidos intenta frenar el crecimiento chino con restricciones, Beijing está creando un ecosistema tecnológico paralelo que desafía el dominio estadounidense. En este contexto, si bien las restricciones seguirán siendo una herramienta de presión, su efectividad disminuirá con el tiempo, lo que obligará a Washington a reconsiderar su estrategia frente a una China cada vez más independiente en el ámbito tecnológico.

Riesgos de inflación y recesión en Estados Unidos

La guerra comercial con China está ejerciendo una presión creciente sobre la economía de Estados Unidos, aumentando los costos de producción e impulsando la inflación. Los aranceles impuestos a las importaciones chinas encarecen bienes esenciales y afectan a industrias clave como la manufactura, la tecnología y la agricultura. Las represalias de Beijing, en forma de restricciones comerciales y aranceles a productos agrícolas, han reducido las exportaciones estadounidenses, golpeando especialmente a los productores rurales. Al mismo tiempo, las empresas que dependen de insumos chinos están sufriendo mayores costos operativos, lo que puede frenar la inversión y el crecimiento del empleo.

Si estas tensiones persisten, el riesgo de recesión en Estados Unidos se incrementa. Un alza prolongada en los precios de bienes importados, combinada con restricciones en la oferta de productos clave, puede desacelerar la actividad económica. Además, la incertidumbre generada por la confrontación con China podría afectar a la confianza de los mercados financieros, debilitando el consumo y la inversión. Si la Reserva Federal mantiene tasas de interés elevadas para controlar la inflación, el crecimiento podría ralentizarse aún más, acercando a la economía estadounidense a un escenario de recesión. En este contexto, Washington podría verse obligado a reconsiderar su estrategia y buscar alternativas para mitigar los efectos negativos en su economía.

Una improbable, pero posible, fragmentación de la economía global

La guerra comercial de Estados Unidos contra China está impulsando una reconfiguración de las cadenas de suministro y tratando de dividir a los mercados en bloques económicos antagónicos. A medida que Estados Unidos impone restricciones, muchas empresas y países se ven obligados a elegir entre Estados Unidos o China para acceder a tecnologías avanzadas, materias primas y mercados clave. Esto está empujando hacia un reajuste en la producción industrial.

A largo plazo, este reajuste puede debilitar el modelo tradicional de globalización, limitando la integración de mercados y aumentando los costos de transacción a nivel mundial. Las barreras comerciales y tecnológicas impulsadas por Estados Unidos han llevado a China a acelerar su independencia en sectores estratégicos, promoviendo una mayor cooperación con economías emergentes y aliados como Rusia y Medio Oriente. Como resultado, el comercio internacional podría evolucionar hacia un sistema más polarizado, con reglas comerciales y estándares tecnológicos diferenciados según el bloque económico. Esta división plantearía riesgos importantes, desde el aumento de costos para las empresas hasta la ralentización del crecimiento global.

Pero esta fragmentación tecnológica perseguida por Estados Unidos choca frontalmente con la decisión de China de favorecer un desarrollo abierto y colaborativo con todas las empresas y países del mundo. Frente al desarrollo tecnológico norteamericano de código cerrado y orientado a ser utilizado como herramienta del predominio político de su poseedor, China está potenciando el uso del código abierto y colaborativo en todos sus desarrollos tecnológicos. El impacto de DeepSeek sobre los mercados, con su código abierto y más económico y eficiente en Inteligencia Artificial (IA), o el desarrollo de la arquitectura RISC-V en la tecnología de los chips, que es una alternativa de hardware libre tanto a los diseños x86-64 de Intel y AMD como a las CPU con arquitectura ARM, representan el mejor ejemplo del objetivo de China de avanzar hacia un mundo compartido para toda la humanidad.

El escenario más probable en la relación entre Estados Unidos y China en el futuro es un equilibrio inestable

Equilibrio en el que Washington sigue intentando contener a Beijing, pero con una influencia cada vez más reducida. A pesar de las restricciones impuestas por Estados Unidos, China ha logrado avanzar en su autosuficiencia tecnológica y ha fortalecido su red de alianzas comerciales con mercados emergentes y potencias regionales. Beijing está construyendo un sistema económico menos dependiente de Occidente, diversificando sus inversiones y promoviendo acuerdos bilaterales que le permiten sortear restricciones y consolidar su influencia en Asia, África y América Latina.

A medida que China gana terreno en sectores estratégicos como la inteligencia artificial, los semiconductores y las energías renovables, la capacidad de Estados Unidos para frenar su ascenso se vuelve más limitada. Además, el costo económico de la guerra comercial y las disputas tecnológicas empieza a afectar a las empresas estadounidenses, reduciendo su competitividad en mercados clave. En este contexto, es probable que Estados Unidos no pueda sostener indefinidamente su estrategia de presión extrema y se vea obligado a aceptar una nueva realidad en la que China tiene un papel más dominante en la economía global. Aunque la competencia entre ambos países continuará, el equilibrio se inclinará progresivamente hacia un mundo multipolar, donde Estados Unidos ya no tendrá la hegemonía económica y tecnológica que disfrutó en décadas anteriores.

* Pedro Barragán es economista. Miembro de Cátedra China, temática que deja reflejada en su blog personal. Es editor de la web Archivo de la Transición.
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