Voces del alma

sona_jobarteh_loquesomosCarlos Olalla*. LQSomos. Mayo 2016

No son muchas las cosas que conocemos de un continente tan inmenso y heterogéneo como África. Lo que llega a nuestros telediarios suelen ser noticias de guerras, atentados o hambre. Nada más tiene cabida en ellos. Sin embargo, la riqueza cultural de África es inmensa y las jóvenes generaciones luchan por mantener vivas sus raíces en un mundo globalizado que ahoga las culturas minoritarias allá donde llega. La música es un paradigma clarísimo de lo que la globalización está haciendo al imponer una lengua, el inglés, y un tipo de música, la occidental, por encima de todas las demás. En Europa, sin ir más lejos, vemos como cada vez son más los países que acuden a algo tan europeo como el Festival de Eurovisión, cantando canciones en inglés y renunciando a hacerlo en su propia lengua. Y si eso pasa con los países que están en la todopoderosa Unión Europea, qué no va a pasar con músicas como las africanas. La riqueza musical de África es impresionante, pero solo en contadas, muy contadas, ocasiones nos llega a nosotros. Por eso esta entrada está dedicada a reivindicar la importancia y la belleza de esas músicas que vienen del Sur. África es un mundo demasiado grande como para pretender reducirlo a cuatro canciones, sin duda. No sería justo hacerlo. Por eso en esta entrada solo nos visitarán músicos del Oeste de África: Gambia, Senegal,la música de los Tuaregs del sur del Sahara, Mali…

En una entrada anterior: La voz del viento, ya visitaron La placenta voces del oeste africano como las de Fatoumata Diawara, Rokia Traoré, Ismaël Lô, Angelique Kidjo, y espléndidos músicos como Ali Farka Taoré o Toumani Diabate. En esta ocasión las voces invitadas y los estilos musicales son muy diversos, desde la música tradicional al más puro blues africano. Quiero que sea Sona Jobarteh quien encabece esta selección. Nacida en Londres, de origen gambiano, Sona ha roto una de las tradiciones más ancestrales de la música africana: ser la primera maestra de Kora, el arpa africana de 21 cuerdas propia de los pueblos mandingas y que solo podían tocar los hombres de las familias Griot en una herencia que pasaba de padres a hijos. Los Griot en África Occidental son los contadores de historias, los trovadores que cantan y recitan en todas las fiestas populares. El abuelo de Sona era un consumado intérprete de Kora (Amadu Bansang Jobarteh), que le enseñó a tocarla desde que ella tenía cuatro años.

Como defiende la filosofía Ubuntu (representada por personas como Nelson Mandela o Desmond Tutu), solo somos lo que damos. Y Sona lo da todo. En Gambia ha creado, junto con su padre, la primera escuela formal de música, orientada a mantener las tradiciones de su país para las generaciones venideras. Ese espíritu solidario también la ha llevado a apoyar a músicos africanos que solo son conocidos en sus países de origen ya que, como ella dice “lo importante es estar en condiciones de ayudar a otros, de hacer que lo que uno ha podido lograr, redunde en beneficio de la comunidad”

Habib Koité es un músico nacido en Senegal, aunque de origen maliense y perteneciente también a la tradición de los Griots. De hecho empezó de niño acompañando con la guitarra a su madre en las fiestas populares y eso es lo que les permitió que entrase a estudiar en el Instituto Nacional de las Artes donde, tras graduarse, ejerció como profesor durante casi veinte años. Con otros jóvenes músicos malienses, creó el grupo Bamada, muy popular allí.

Tamikrest es un grupo musical de origen tuareg, el pueblo nómada que habita la zona que va desde el norte de Mali al Sur del Sáhara. Su música y sus letras son un grito por la libertad de su pueblo y la independencia. Ousmane Ag Mossa, líder del grupo, quería defender a su pueblo y lo ha hecho desde la música. La división interna entre los tuaregs es la que ha permitido que se les asocie con Al-Qaeda cuando en realidad no tienen absolutamente nada que ver con esta organización. Las canciones de Tamikrest nos hablan de la belleza de la tierra, de la pérdida, y, sobre todo, la necesidad de que el pueblo tuareg se levante unido para defender su libertad. En palabras de Ousmane, “nunca el pueblo tuareg, especialmente las mujeres, han sufrido tanto como ahora (las condiciones de vida en los campamentos de refugiados son atroces) Pero el pueblo tuareg resistirá y luchará siempre por su libertad, hasta que hayamos conseguido tener nuestra propia tierra”.

Boubacar Traoré también es un músico de origen maliense. Es el heterodoxo por naturaleza. Autodidacta, su singular estilo le ha llevado al blues, a la música árabe y al kassonké, la música tradicional de su tierra. El suyo fue un caso de libro: alcanzó muy pronto la fama y ya en los sesenta su música era radiada en todas las emisoras del país. Sin embargo, nunca grabó sus canciones y, como tampoco se pagaban los derechos a los músicos, pronto acabó viviendo en la más extrema pobreza. Sobrevivió como pudo con los trabajos más diversos y su nombre cayó en el olvido hasta que, en 1987, alguien le invitó a cantar en la televisión. Todo el mundo pensaba que Boubacar había muerto. Aquel parecía ser su momento, su resurgir, pero no lo fue. Poco después murió su mujer, de la que estaba profundamente enamorado y a la que le había dedicado casi todas sus canciones, y decidió irse a vivir a Francia, lejos de sus recuerdos. Allí trabajó en la construcción y malvivió como pudo hasta que, en una historia muy similar a la de Rodríguez, el protagonista de la película Searching for Sugar Man, una cadena británica descubrió una antigua grabación de radio y le encontró. Fruto de aquel encuentro fue una gira que le llevó a recorrer 27 ciudades del Reino Unido. Tras aquella gira alcanzó fama internacional y ha continuado dando conciertos por todo el mundo.

La melancolía que rezuman las canciones africanas es capaz de atravesar fronteras, de transportarnos a mundos imaginados o soñados, a paraísos perdidos, a esas tierras desconocidas que nos invitan a adentrarnos en ese ancestral viaje que nos lleva a lo más hondo de nosotros mismos. Por eso es un crimen, uno más, que la todopoderosa e injusta globalización que estamos viviendo pretenda acabar con ellas, y por eso es un deber, uno más, que las defendamos ante este atropello que estamos sufriendo a escala mundial. El ser humano nació en África, no permitamos que también muera allí.

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Un comentario sobre “Voces del alma

  • el 18 mayo, 2016 a las 11:23
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    Completamente de acuerdo. Hay que conservar todas las culturas y abandonar el culto al mundo anglosajón.

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