Silvia Delgado*. LQSomos. Enero 2018

Yo no sé si a ustedes les sucede lo mismo que a mí cuando termina un año, supongo que sí, que también echan la vista atrás y hacen balance de los daños causados, de los daños recibidos, de los asombros, de las alegrías, de esta fragilidad con la que vivimos que merma nuestras fuerzas o las aumenta de manera colosal.

Pero más allá de esto, de la hiel y de la miel de la existencia, están los otros, los que además deben cargar con el peso de las injusticias.

Pienso ahora mismo en la soledad de las cárceles donde cada vez hay más de los nuestros y menos de los de ellos, pienso en la mujer mexicana que acarreó el cadáver de su bebé en un autobús para poder enterrarlo en la aldea, con los suyos. Pienso en los que se mueren abrasados para no morir congelados, pienso en mis viejos queridos que no tienen para jarabes ni pomadas, pienso en la prostituta apaleada hasta la muerte que no es siquiera un número en las cifras de violencia machista, pienso en el argelino preso en un CIES que se ha suicidado, en la mujer que ha fallecido esperando doce horas en la urgencia de un hospital, pienso en las personas que están en la calle, invisibles, como perros sarnosos a los que nadie quiere mirar.

Pienso en todo lo que queda por hacer. Apenas hemos andado.

A veces entre tanta oscuridad vemos el destello de una estrella, es cierto.
La solidaridad con los jóvenes de Altsasu es buena muestra de ello.
La dignidad de los catalanes, otro ejemplo.
La victoria al imperialismo en Siria. Otro.
La rebeldía en Argentina otro. Así, candiles aislados en este firmamento de violencia nos sirven de brújula, de guía.

Por eso hoy me he decidido a escribir estas letras, porque a pesar de cómo nos sentimos, de los escombros sobre los que nos erigimos, de la vida jodida que nos apedrea de mil maneras diferentes, esos destellos de luz poderosos, extraordinarios, alumbran firmemente nuestros pasos.

Es urgente avanzar, llevamos siglos de retraso, atrás quedaron muchas vidas, atrás quedaron demasiados sueños y luchas. Atrás quedó casi todo el pan y casi todas las semillas. Casi todas las canciones y casi todas las palabras que llenan de sentido lo cotidiano.

Vivimos la noche más oscura pero no podemos quedarnos quietos, sólo caminando con los ojos abiertos llegaremos al amanecer de un nuevo tiempo.

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