Acacio Puig*. LQS. Diciembre 2018

La pérdida de apoyos en ciudades como Cádiz en que se tiene el gobierno municipal, debe dar que pensar no tanto en las palabras como en los hechos, en los cambios progresistas reales y en las soluciones ofrecidas a “los condenados de la tierra”

Es probable que amplios sectores del anarcosindicalismo histórico andaluz (y por extensión, “del abstencionismo militante”) feliciten el millón y medio de personas que no votó ayer en la Comunidad Andaluza. No es nuestro caso pues consideramos muy graves los estancamientos organizativos e impasses de la movilización en esa maltratada región; se trata de un estancamiento que afecta al conjunto de organizaciones obreras, campesinas y populares andaluzas.
La “desafección” política va unida pues a la desafección “social” de sectores crecientes de población progresivamente laminados por el paro, precariedad y miseria, una situación grave que no acierta a camuflar ferias ni carnavales.

Durante los próximos meses se hablará mucho de los resultados electorales del día 2 de diciembre, de modo que estas notas son solo una aproximación en caliente al hilo de lo acontecido y una demanda de profunda reconsideración colectiva, más allá de formulas explicativas redondas, mágicas, inoperantes.

El batacazo socialdemócrata y su pérdida de cuatrocientos mil apoyos y unos 10 escaños respecto a 2015 va mucho más allá de las consideraciones de compañeros socialistas de a pié (“Susana no ha ilusionado”, “el escándalo de los Eres pasa factura”…). No, se trata de una avería muy seria del motor de los viejos barones y de la renuncia de Susana Díaz a cualquier proyecto de reconsideración del bla-bla-bla agotado y degradado por la inercia y el deslizamiento hacia políticas de derecha. Deslizamiento en los hechos y bien ajeno a su pretensión de “Andalucía va bien”.

Adelante Andalucía fijó adecuadamente la alianza de lo más saludable de la izquierda y se dotó de un buen programa (tan bueno que los tertulianos de toda laya lo han venido denunciando en medios como “un programa comunista a lo nor-coreano”).
Pero no basta un buen programa –extenso pero quizá frágil en lo referente al establecimiento de prioridades. Hubiera sido necesario durante estos años que los 15 diputados que logró Podemos en 2015 y los 5 de IULV/CA (la Alianza se ha traducido en solo 17 para Adelante y una pérdida de casi 300.000 apoyos) hubieran demostrado su entidad como IMPRESCINDIBLES para el cambio social que necesitan las fuerzas del trabajo en la Comunidad.
Y eso no lo suplen “liderazgos”, “ilusiones”, ni buenos discursos. Tampoco la propaganda de un buen programa. La pérdida de apoyos en ciudades como Cádiz en que se tiene el gobierno municipal, debe dar que pensar no tanto en las palabras como en los hechos, en los cambios progresistas reales y en las soluciones ofrecidas a “los condenados de la tierra”.
Las ilusiones son como los “enamoramientos” se deterioran si no se retroalimentan con hechos.

En cuanto al dragón de tres cabezas con que bufa la derecha y que se ha hecho con la mayoría parlamentaria en Andalucía ¿Qué decir?
La ampliación de apoyos a las candidaturas de la derecha nos parece esencialmente más una redistribución de electores que un éxito social. De hecho PP, Cs y Vox han logrado unos 40.000 apoyos más que en el año 2015, aunque pasen de los 42 parlamentarios obtenidos en 2015 a los 59 actuales y con ellos –si se “apañan”, asunto facilón- consolidarán un nuevo gobierno en la Comunidad.

La exacerbada competencia reaccionaria establecida entre PP, Cs y Vox ha redundado por ejemplo en un compartir xenofobia especialmente en provincias como Almería –tan dependiente del subproletariado emigrante- en que logran 8 parlamentarios frente a los 6 de 2015 y apalancan casi 30.000 votos más que entonces. Pero también en demostrarse quien “tiene más larga la españolidad”.

Sin embargo su próxima gobernanza andaluza -que celebran ya como corresponde a señas de identidad compartidas y antaño subsumidas en la “casa común” liderada por Génova- incrementará los problemas de hombres y mujeres que viven de su trabajo y que quizá se vean obligados a sacudirse de encima el dolor y la adormidera…y a organizarse sindical, social y políticamente, para tomar en sus manos su futuro y el de sus hijos.
El fenómeno Vox y los alaridos mediáticos sobre la emergencia de la “extrema derecha” -por lo señalado anteriormente- no nos resulta un fenómeno sorprendente.
En sincronía con factores exógenos (la derechización de las derechas en toda Europa y EEUU) y endógenos (el eco del “yugo y las flechas” que en buena medida solo maquilló la transición y la constitución de 1978) se hace visible con la vieja pretensión de aquel triste “Una-Grande-Libre” o bien “Limpia-Fija y da Esplendor”.

En fin, parece preciso considerar la recomendación del compañero Raúl Zibechi en su reciente artículo Las estrategias no son para siempre (1) sobre la deriva derechista en América Latina:
“Recuperar, no imitar, aquel rico universo proletario que contaba con sindicatos, ateneos, cooperativas, teatro popular, universidades populares y bibliotecas, en un amplio abanico de iniciativas que incluían la defensa del trabajo, la organización del tiempo libre y del consumo, la formación y la diversión. Todo ello por fuera de los cauces del Estado y del mercado. La clase podía hacer toda su vida, menos el horario de trabajo, en espacios auto-controlados (…) que ese mundo nuestro crezca y que pongamos en ese crecimiento lo mejor de nuestras fuerzas. (Si además de todo esto, vamos a las elecciones y las ganamos, mejor aún)”.

Nota:
1.- Las estrategias no son para siempre

* Acacio Puig, artista plástico y pensionista. Histórico militante de la izquierda revolucionaria, represaliado por el franquismo, activista memorialista

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