Ausencia

tortura-chicanismo-latinoamericanismo6Ángel Escarpa Sanz. LQSomos. Abril 2015

Si hay algo que nos hable de la ausencia, si hay algo más cruel que la criminal orden de desahucio que arroja al vacío a una persona, eso es el buzón de la correspondencia reventando, con el paso de los días, de publicidad, tras el asesinato del titular del mismo:

Ofertas de viajes de El Corte Inglés para visitar aquellos lugares remotos y esas exóticas playas que no podemos dejar de conocer, el catálogo de Ikea para que renovemos otra vez el mobiliario de casa, los de Alcampo, Leroy Merlín, Telepizza; folletos, octavillas diversas: se ofrece señora seria para limpieza del hogar o para cuidar ancianos; sobres con ya inútiles extractos bancarios o notificaciones de cortes de energía eléctrica, agua, gas, si no normalizamos el pago con la compañía suministradora. Trabajos de albañilería, pintura. Precios económicos. Circulares de la Tesorería de la Seguridad Social diciéndonos: Nos complace notificarle que su pensión ha sido revalorizada. Por lo que, a partir del mes próximo, ésta sufrirá un incremento de 1,25 euros mensuales.

Catálogos de artículos de belleza; El Museo del Coleccionista le ofrece la oportunidad única de adquirir este reloj, fiel reproducción del que usó el piloto que arrojó la bomba sobre Hiroshima; Con solo comparecer a esta reunión, usted será obsequiado con un excelente regalo, el extracto anual de la comunidad de vecinos, alguna carta extraviada perteneciente a otra persona y que el cartero metió allí por error; Recogemos ropa usada que usted ya no necesite, muebles, toda clase de objetos…

Lástima que entre tanto papel ya inútil no se encuentre ninguna carta, tal vez una con un membrete o un sello oficial en la que se anuncie un respiro para la víctima, tal vez el anuncio de una nueva ley que prorrogue unos meses más su estancia en el piso, hasta hallar una solución; o tal vez la oferta de un piso más pequeño en el que guarecerse del invierno, meter la docena de libros, los cuatro muebles, la humilde loza y la elemental cubertería atesorada a lo largo de una vida, las sencillas ropas de los chinos, el álbum de fotos familiar; un espacio mínimo donde todavía agotar los últimos días de una vida que no debió extinguirse necesariamente de aquella forma tan cruel: mientras los obreros procedían a colocar las placas metálicas donde se avisaba al barrio de que en las próximas horas se iba a proceder a asfaltar la calle, mientras el repartidor del agua llamaba por el telefonillo a los pisos para entregar su preciosa mercancía, mientras el perro de un vecino mojaba el árbol de la esquina, mientras los autobuses, los taxis y la gente circulaba apresuradamente, a lo suyo, mientras el invidente de la puerta del súper pregonaba sus cupones y el borrachito del barrio se cagaba por enésima vez en el clero.

Me cruzo con gente nueva en el portal: cargan muebles, bolsas de plástico con lo que parece ropa, calzado. Deben de ser los nuevos inquilinos, que vienen a ocupar la vivienda, largo tiempo precintada por el Juzgado.

No me queda nada claro qué me duele más, si ese nuevo suicidio de la mujer de Zaragoza que iba a ser desahuciada, o el espectáculo de ese Parque de Santa Catalina hirviendo de gente, mientras se celebra la Gala Drac Queen, mientras quizás varios cientos de nuevas órdenes de desahucio esperan en los despachos de los jueces para ser ejecutadas.

Que siga la fiesta, que en este país no pasa nada. Ha empezado el fin de semana y todo está listo en las sierras nevadas para que los aficionados al deporte del esquí se deslicen por las pistas, los restaurantes de las ciudades y de los pueblos con encanto hacen acopio ya de hortalizas, buenas carnes de cordero, buenos vinos, importantes reservas de leña para alimentar los hornos donde se asarán los cochinillos y se dorarán los panes que esperarán a los visitantes de las grandes ciudades. Terminada la Semana Santa, todos comimos huesos de santo, yemas de Santa Teresa, cocido castellano en algún afamado mesón de la lejana Sepúlveda.

Hoy tampoco dimitió ningún alto cargo del Gobierno. Para tranquilidad de muchas conciencias, el gobierno de Marruecos desaloja ya a los inquilinos no deseados del monte Gurugú y llega a nuestras pantallas la tan esperada versión cinematográfica de 50 sombras de Grey, que, para una mayor promoción, ya produjo su primera víctima mortal en la persona de una joven sueca.

Los cerezos de los campos de España parecen empeñados en demostrar un año más que, siempre, aún tras el más devastador y crudo invierno, existe la primavera.

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