Redacción*. LQS. Febrero 2018

Billy el Niño viviendo en la impunidad…“Miles de personas se sacrificaron a lo largo de los 40 años de franquismo
y su lucha merece ser conocida y reconocida”

Diálogos con Rosa María García Alcón

Este mes de febrero se presentan nuevas querellas contra uno de los personajes más siniestros del franquismo, Antonio González Pacheco, conocido como ‘Billy el Niño’. En esta ocasión hemos hablado con Rosa María García Alcón, querellante, luchadora antifranquista y ejemplo de dignidad para muchas.

El 24 de agosto de 1975, cerca de Atocha, fue detenida por policías “secretas” de la BPS (Brigada Político Social) y conducida a la DGS (Dirección General de Seguridad) de la Puerta del Sol. Allí fue “recibida” y torturada por varios policías, entre ellos Antonio González Pacheco conocido como Billy el Niño. Se le aplicó la Ley Antiterrorista que aún no se había aprobado y se la mantuvo una semana en los despachos y calabozos de la DGS, cuando su propia “legalidad” no permitía que estuviese más de 72 horas…

LoQueSomos: El pasado 24 de agosto se cumplieron 42 años de tu detención por la Brigada Político Social, ¿cómo fue tu paso por la Dirección General de Seguridad (DGS), un centro especializado en represión y tortura?

Rosa María García Alcón: Me detuvieron a las once de la noche en la calle, a pesar de conocer mi domicilio. Me comentaron que no querían detenerme en mi casa. No era una detención sino un secuestro. Me llevaron a la DGS donde me estaba esperando Billy el Niño, que me recibió con golpes, insultos y patadas. Después pasé a otro despacho donde había más policías cuyo nombre ignoro y comenzó el interrogatorio, siguiendo con los golpes, en especial en la planta de los pies.
Estuve siete días en la DGS en aplicación de la Ley Antiterrorista, que se aprobó estando ya detenida.

LQSomos: ¿Qué recuerdos tienes de aquella detención y aquella semana en la DGS, en manos de la Brigada Político Social?

Rosa Mª: Recuerdo la cara de loco de Antonio González Pacheco, “Billy el Niño”: una boca grande abierta cerca de mi cara. No recuerdo sus palabras exactas, pero sí el asco que me produjo, lo tengo muy nítido. De los días en la DGS recuerdo sobre todo las noches, cuando me subían a los despachos. No estaba siempre el mismo policía. Entraban y salían varios del despacho. Era muy caótico. Una vez me preguntaron si quería comer algo porque iban a pedir la comida a un bar cercano. En otra ocasión me llevaron al despacho del jefe (no sé si era Yagüe o Conesa) y, al verme, me dijo: “Hija mía, ¿qué le han hecho mis compañeros? ¿Quiere tomar algo?”. Eran situaciones absurdas.
Recuerdo sus gritos, insultos, golpes, amenazas, el dolor, la humillación, pero también la rabia, que fue lo que me mantuvo con fuerzas.

LQSomos: Murió Franco, vino la Transición, España 1978, España 2017… buscar aquí la justicia parece una larga travesía del desierto. ¿Qué pretendes con tu querella?

Rosa Mª: Que no se olvide a la gente que tuvo el valor de hacer frente a una brutal y sanguinaria dictadura. Miles de personas se sacrificaron a lo largo de los 40 años de franquismo y su lucha merece ser conocida y reconocida. No sé si se conseguirá justicia. De esta gente no la espero, la verdad. Pero a veces el mismo hecho de empezar una lucha es lo más valioso: otros vendrán a continuarla, seguro. Y ver a este torturador (y a otros) sentado en el banquillo como imputado por torturas sería estupendo, empezaríamos a vencer su impunidad.

LQSomos: Antes hablábamos de la Transición “modélica”, en la que no se cambió, ni depuró ninguna institución del Estado. ¿Esperas algo de la Justicia española?

Rosa Mª: Lo he dicho antes, no lo creo; pero da igual. El hecho de ponerles en el brete, de tener que afrontar un juicio por delitos de lesa humanidad que nunca prescriben y que quede claro que durante más de 40 años se nos ha negado el derecho a la justicia, es un triunfo. El Estado español ha firmado la Declaración Universal de los derechos humanos, entre otras leyes internacionales, y por lo tanto, si no se condena a un conocidísimo torturador, quedaría demostrada, una vez más, su hipocresía. Estamos en una situación que cambia de manera vertiginosa, el suelo se mueve bajo sus pies y a eso no están acostumbrados. Ya veremos.

LQSomos: Volvamos a aquellos años de juventud y lucha, ¿cómo era una huelga en un instituto de enseñanza media en el curso 71-72?

Rosa Mª: Yo vivía en Entrevías-El Pozo de Madrid, un barrio obrero y muy luchador por aquella época, así que el ambiente era propicio.
Villar Palasí, ministro de Educación en el gobierno franquista, había elaborado una ley sobre educación al servicio directo de las necesidades del empresariado, que quería deshacerse de los aprendices y hacer que la preparación profesional corriera a cargo del Estado. Lo que entendimos claramente es que se nos hacía más difícil ir a la Universidad por el hecho de ser hijos de obreros y, claro, la mecha prendió.
Había organizaciones detrás de estas convocatorias: FEDEM (del FRAP), Comités de Curso, LCR, etc. En mi instituto conseguimos que no hubiera clase y nos fuimos en manifestación hacia el Instituto vecino para apoyarles. Gritábamos “enseñanza popular”, “el hijo del obrero, a la Universidad”, “democracia y libertad”. En el franquismo, cualquier lucha social se convertía en una lucha política. Como ahora.
En seguida apareció la policía y comenzaron las persecuciones y las carreras por todo el barrio. Detuvieron a varios estudiantes que estuvieron 72 horas en la DGS y fueron multados. Continuamos con asambleas clandestinas y actividades para conseguir dinero y pagar las multas. Organizamos obras de teatro, tómbolas, sorteos… todo lo que se nos ocurrió.

LQSomos: Y luego la Universidad, la FUDE, “grises”, desalojos. ¿Cómo era la vida universitaria de los setenta?

Rosa Mª: Entré en la Universidad en el año 1974, en medio de una gran movilización contra el franquismo que veíamos ya debilitado, aunque sus últimos zarpazos fueron tremendos. Yo militaba en la FUDE y poníamos carteles, repartíamos propaganda, hacíamos pintadas, interveníamos en las asambleas denunciando las torturas, la situación política, etc. Todas estas acciones eran consideradas ilegales, perseguidas y castigadas con detenciones, multas y/o cárcel. Había huelgas en las fábricas, movilizaciones en los barrios por el transporte, el alcantarillado, la carestía de la vida, etc. Y la Universidad no era ajena a esto, al contrario: venían trabajadores a contarnos sus luchas y pedirnos solidaridad. Se convocaban jornadas de lucha, huelgas, paros, “saltos”, boicots…

LQSomos: ¿Cómo se vivía ese ambiente en tu Facultad?

Rosa Mª: En cuanto se podía se hacían asambleas informativas, una forma de explicar y extender la lucha. Para impedir esas asambleas, el decano de la Facultad dio permiso a la policía para entrar y desalojar siempre que quisieran. A la cinco de la tarde aparecían los furgones en las puertas y entraban como una jauría, dando palos a diestro y siniestro. A las 5,30 se marchaban y continuaban las clases. Esto era casi a diario. A veces entraban incluso con los caballos. Nos organizábamos con los militantes de otras organizaciones para dificultarles la entrada a la facultad, como podíamos.

LQSomos: Después de la DGS te llevaron a la cárcel de mujeres de Yeserías, ¿cómo era la vida en la cárcel? ¿Qué recuerdas más de esa época?

Rosa Mª: El juez militar declaró mi encausamiento por “colaboración con terrorismo” y me impuso prisión preventiva. Cuando salí de las celdas de incomunicación me recuerdo muy desorientada, llevaba días casi sin comer ni beber, pero las compañeras me atendieron muy bien y por fin ya se había acabado lo peor.
El pabellón de las presas políticas estaba lleno. Llegamos a ser unas sesenta. Nos reuníamos en comunas de los distintos grupos. La nuestra, la del FRAP, en ese momento era la más numerosa.
La mayoría éramos jóvenes y la convivencia en general fue buena. Teníamos que realizar labores de limpieza, pero también había tiempo de estudiar, leer, hacer manualidades para venderlas y conseguir dinero, hacer deporte en el patio grande, acudir a la sesión de cine de los domingos… Y siempre buscábamos la ocasión de reír y divertirnos, ya digo que éramos jóvenes.
En la comuna compartíamos la comida que nos pasaban las madres (¡qué hubiéramos hecho sin las madres!). Los mejores momentos eran cuando recibíamos el correo y las comunicaciones con nuestras familias.
Recuerdo que el día del cumpleaños de mi compañero, también detenido, su hermano nos llevó una bandeja enorme de pasteles (¡¡pasteles!!), con un mensaje escondido. Fue una gran celebración.

LQSomos: ¿Qué acontecimientos fueron los que más te marcaron estando en Yeserías?

Rosa Mª: Sin duda los asesinatos del 27 de septiembre. Cuando entré en Yeserías estaban ya en marcha varios consejos de guerra sumarísimos contra militantes del FRAP detenidos en julio de ese año (Baena Alonso, Blanco Chivite, Mayoral Rueda, Fernández Tovar, Sierra Marco) y de ETA (Otaegui, Garmendia y Paredes Manot) en los que se pedían penas de muerte. A estos se unió otro consejo de guerra sumarísimo llevado a cabo en tiempo récord también contra militantes del FRAP detenidos casi en el mismo momento que yo (García Sanz, Sánchez-Bravo Solla, Tristán López, Dasca Penelas, Cañaveras de Gracia). En total se pedían ¡once penas de muerte! El franquismo seguía matando.
Esta barbaridad fue contestada como se pudo en España, pero sobre todo en el exterior. Nos llegaban los periódicos censurados y, a través de la familia y los abogados, íbamos conociendo las movilizaciones. En Yeserías se encontraban la compañera de Baena y la mujer de Sánchez-Bravo y, por un breve tiempo, también Mª Jesús Dasca Penelas y Concepción Tristán López para quienes también pedían pena de muerte.

LQSomos: ¿Cómo os enterasteis de las penas de muerte del 27 de septiembre?

Rosa Mª: El día 26, en el telediario de la noche, oímos el “enterado” del gobierno de Franco de CINCO condenas de muerte. Fue un mazazo. Silvia, la mujer de Sánchez-Bravo, consiguió que la trasladaran a Carabanchel, pero no fue posible para la compañera de Baena. La noche fue larga, muy larga y muy triste. Al día siguiente había comunicación con la familia e hicimos un plante. Era nuestra mínima forma de protestar.
Al poco tiempo, enfermó de gravedad Franco. Cada día estábamos más expectantes y, por fin, el 20 de noviembre falleció el mayor asesino de la historia de España. Estallamos de alegría. Para celebrarlo, organizamos una fiesta en la habitación más grande y estuvimos bailando y cantando hasta la madrugada, a pesar de ser advertidas repetidas veces por las funcionarias y amenazadas con dejar entrar a la guardia civil.

LQSomos: ¿Cuándo saliste de Yeserías?

Rosa Mª: A primeros de diciembre. Ya había pasado al tribunal de orden público (TOP) y el juez Gómez-Chaparro declaró mi libertad condicional con una fianza de 30.000 pesetas. Mis padres lo reunieron con ayuda de varias personas y pude salir.
Al tener juicio pendiente y la certeza de que podría volver a la cárcel, me tuve que ir a la clandestinidad, lo que supuso dejar mi familia, mis amigos, mis estudios… mi vida, y volver a empezar en otro sitio. Pero eso ya es otra historia.

LQSomos: De la Transición “modélica” arrastramos muchos lodos. ¿Ves posibilidades de dejar sin efecto la Ley de Amnistía de 1977?

Rosa Mª: La Ley de Amnistía de 1977 está claro que les sirvió mucho más a los franquistas, torturadores y asesinos, que a los luchadores por la libertad. Las querellas contra ellos pueden tener un recorrido corto apelando a esta ley, aunque las torturas y desapariciones son delitos de lesa humanidad y no prescriben nunca.
En España es necesario que haya jueces valientes que den un primer paso y sienten precedente, como ha sucedido en el caso de Elgeta (Vizcaya). Hay que seguir insistiendo una y otra vez. Carlos Slepoy, abogado de la “Querella Argentina” de los presos y presas políticos antifranquistas, contaba que habían sido necesarias cientos de querellas en Argentina para poder sentar al primer torturador de la ESMA delante de los jueces.
Con la Querella Argentina y la querella contra Billy el Niño se han dado los primeros pasos. Si, al mismo tiempo, se consigue invalidar la Ley de Amnistía para los asesinos, sería estupendo.

LQSomos: De aquellos años 70, a este siglo XXI, ¿cómo ves la evolución del Estado español?

Rosa Mª: Me gusta una canción de Mercedes Sosa que dice “Cambia, todo cambia”. A veces se nos olvida porque los procesos son lentos y parecen eternos. Sin embargo, en ocasiones, pequeñas transformaciones aceleran reacciones sociales y políticas capaces de dar lugar a cambios históricos. Que sean para mejor o para peor no siempre se puede saber con certeza, pero las cosas ya no son iguales.
Hay muchos factores en juego: debilitamiento del Régimen del 78 y la monarquía, que ha quedado patente con la cuestión catalana; crisis económica, política y social mundiales; países emergentes disputando el poder a EEUU; envejecimiento de las poblaciones en países desarrollados; aumento de las desigualdades; robotización del proceso de producción; calentamiento global y crisis ecológica… Vivimos una situación muy crítica.
El sistema capitalista mundial estudia y planifica sus posibles soluciones. Nosotros debemos hacer lo mismo, de forma científica. El tiempo no corre a su favor, aunque se empeñen. Pero tampoco al nuestro, si no somos capaces de aprovechar nuestras fuerzas. Se abre una etapa difícil pero apasionante.

Muchas gracias por tu tiempo, Rosa. Seguimos compartiendo banderas de lucha, codo a codo, paso a paso. Un gran abrazo.

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