Carlos Fonseca es del pueblo nicaragüense y de Latinoamérica entera

Entrevista con Thierry Deronne autor del documental “Carlos el amanecer ya no es una tentación”.

Este lunes 17 de octubre en Managua se dio el estreno anticipado del documental sobre la vida y el pensamiento del fundador del FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional) Carlos Fonseca Amador (1936-1976).

Una obra que recorre la vida del héroe y mártir sandinista, el proceso de construcción del movimiento guerrillero y de la lucha en contra de la dictadura de los Somoza, y que se propone rescatar a esa figura fundamental y extremadamente actual del movimiento revolucionario latinoamericano. Sobre eso conversamos con el cineasta belga-venezolano Thierry Deronne.

¿Por qué la decisión de realizar un documental sobre la vida de Carlos Fonseca Amador?

Desde Venezuela nos interesa mucho todo lo que es formación integral dentro de la construcción del poder popular. En este sentido es necesario rescatar y estudiar a Carlos Fonseca Amador como visionario, como pensador, como hombre de la teoría y la práctica.También queremos expresar nuestra solidaridad con esta segunda etapa de la revolución nicaragüense y respaldar la candidatura del presidente Ortega.

Han intentado separar a Carlos (Fonseca) de esta nueva etapa revolucionaria, transformándolo en un ícono etéreo. Sin embargo, estudiando su obra, es evidente la actualidad de su pensamiento y la continuidad que existe con esta nueva etapa de la revolución y con el concepto de complementariedad de ALBA (Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América).

¿Cuánto tiempo tomó realizar el documental?

Fueron dos años de viajes entre Caracas, Managua y las montañas del norte de Nicaragua. Todos estos lugares muy retirados, donde Carlos creció a nivel de experiencia personal, social y política.

Fuimos a buscar la memoria del pueblo, los testimonios de la gente más humilde que contribuyó de manera decidida a la lucha. Fuimos a hablar con los campesinos y campesinas que alimentaban a la guerrilla, la costurera que sabe de verdad qué es la pobreza, la muchacha -hoy señora- que acompañó a Carlos en sus últimos momentos.

No queríamos encerrarnos en una biblioteca, sino experimentar lo que el mismo Carlos era, es decir, un hombre del pueblo.

¿De qué manera Carlos Fonseca y su pensamiento aún son actuales?

Refiriéndose a una escena del documental, en la cual se encuentra con una estudiante que desconoce quién fue Somoza, el comandante Tomás Borge hablaba de la desorientación en la juventud nicaragüense. Y todos sabemos cómo los medios del imperio operan para destruir la memoria, en particular en la juventud.

En este sentido, Carlos (Fonseca) reivindicó el capital de la historia. Un capital que es del pueblo, porque son los pueblos que hacen la historia. Carlos en toda su vida ha demostrado que si no sintetizamos todas las experiencias históricas, no vamos a poder avanzar.

Hoy en día, cuándo las sensaciones privadas terminan siendo identidades públicas y la televisión comercial nos sigue colonizando, Carlos Fonseca nos permite regresar a la política y a la historia plena, ser seres plenos. Él siempre pensó y actuó y lo demostró ofreciendo su vida.

¿A quién pertenece Carlos Fonseca?

Es capital del pueblo y pertenece al pueblo y es por eso que en el documental hemos privilegiado la memoria del pueblo. Carlos siempre exigió que el Frente Sandinista no se separara nunca de las masas explotadas.

* http://nicaraguaymasespanol.blogspot.com/

Ficha:

Título: “Carlos el amanecer ya no es una tentación”

Duración: 1 h. 10.

Producción: Las Tres Raíces, Venezuela 2011
Formato original: HDV NTSC
Director: Thierry Deronne
Contacto: thierry.deronne(arroba)gmail.com

 

Las Brigadas Internacionales en el cine

La Asociaciónde Amigos de las Brigadas Internacionales y la Agrupación Ateneísta “Juan Negrín” tienen el placer de invitarte a estas sesiones documentales, en el marco de la conmemoración del 75 Aniversario de la creación de las Brigadas Internacionales.

Domingo 23 de octubre de 2011.

Salón de actos del Ateneo de Madrid (c/Prado 21).

11:30 horas –  “Diario de la guerra civil española. Daneses en las Brigadas Internacionales”, de Bjorn Erichsen (Dinamarca, 1986).

12:30 horas –  “Esos mismos hombres. Voluntarios argentinos en la guerra civil española”, de Ernesto Sómmaro (Argentina, 2006).

13:30 horas – coloquio presentado por Miguel Pastrana, de la Agrupación Juan Negrín, y Agustín Lozano, secretario de la AABI; con la participación de los historiadores Mirta Núñez y Jerónimo Boragina.

 

Fichas técnicas:

"Diario de la guerra civil española. Daneses en las Brigadas Internacionales"
Título original: "Dagbog fra den spanske borgerkrig"
Duración: 43 min.
País y año de producción: Dinamarca, 1986.
Dirección: Bjorn Erichsen

Sinopsis: 560 jóvenes daneses se ofrecieron como voluntarios para luchar contra Franco al estallar la guerra civil española. Muchos cayeron en territorio español, y algunos de los supervivientes sufrieron represalias a su vuelta a casa, o acabaron en campos de concentración nazis. El documental sigue a tres brigadistas de regreso a los lugares donde lucharon, resultaron heridos y perdieron a sus compañeros.

"Esos mismos hombres. Voluntarios argentinos en la guerra civil española"
Duración: 60 min.
País y año de producción: Argentina, 2006.
Dirección: Ernesto Sómmaro
Investigación histórica: Jerónimo Boragina

Sinopsis: La solidaridad del pueblo argentino quedó plasmada en decenas de fotografías y en los testimonios de militantes políticos que recuerdan las campañas de apoyo a la República española. Pero no sólo ayuda material se brindó a España, sino que cientos de voluntarios argentinos fueron allí a luchar contra el fascismo. "Esos mismos hombres"entrevista a los protagonistas y desarrolla algunas explicaciones sobre el conflicto y sobre el papel de Argentina y de los argentinos en la guerra civil española.

http://www.brigadasinternacionales.org/

Walker Evans o la mirada necesaria

No busques trabajo: ¡escribe! ¡Aúlla!

Saramago

Nace en 1905, en EE.UU. Entre 1923 y 1926 estudia en el Williams Collage y en la Sorbona.

1930. Estudia fotografía.

1940. Obtiene una beca J. S. Guggenheim.

1945. Trabaja para la revista Time.

1965. Colabora con la revista Fortune y empieza a trabajar para la Universidad de Yale.

Este fotógrafo se caracteriza, sobre todo, por ser el fotógrafo de la Gran Depresión americana de 1929.

Su obra, como la novela de John Steimbeck Las uvas de la ira, nos muestra el rostro más crudo de los días siguientes a la debacle americana: campesinos desposeídos de sus tierras, obreros en paro, famélicas criaturas, miradas perdidas en el vacío y espacios desnudos; el escepticismo pintado en los rostros, inhóspitos campos, paisajes desoladores de ciudades castigadas por la escasez,ciudades muy poco hospitalarias, grupos familiares con la desolación asomada a los ojos, miradas que, como la de esos niños que corren despavoridos por una carretera vietnamita, huyendo de los bombardeos con napalm de los mismos aviones norteamericanos, la del pueblo palestino, desposeído de sus propias tierras, el iraquí, el de los afganos y los saharauis, expoliados, desprotegidos, a merced de las inclemencias del tiempo, aun hoy parecen preguntarnos, desde la distancia: y tú, ¿qué vas a hacer para cambiar este estado de cosas?

Sobre todo, este hombre ha fotografiado, ha pintado la desprotección, la debilidad del ser humano ante la voracidad del depredador sistema capitalista, que no busca si no el beneficio, por encima de los seres más débiles. Evans recoge con su cámara  la desnudez de los espacios vacíos, como si un vendaval hubiera pasado por el lugar y tras de sí solo hubiera dejado desolación y miseria: donde ayer hubo trabajo, ilusión, fiesta del Día de Acción de Gracias bajo el anciano árbol, con juegos, pavo, dulces y besos; risas y canciones, hoy solo queda el polvo del recuerdo de los días felices. Como dijo Miguel Hernández en las postrimerías de aquella lejana guerra, perdida por su pueblo: Ausencia en todo veo. Prisioneros limpiando campos, largas colas de desempleados esperando un empleo, una sopa caliente, una pequeña subvención que les permita esquivar un día más la zozobra de un país entero; botas que parece que perdieron a su dueño, inútiles anuncios dirigidos a un pueblo ahora carente de esas imprescindibles monedas para llenar el tanque del automóvil o la olla vacía; prisioneros de rallados trajes limpiando campos; barrios semivacíos frente a fábricas abandonadas. La desolación más cruda tras una guerra que, si bien no muestra sus cadáveres aquí y allá, deja tras de sí una larga estela de calamidades y víctimas del desastre económico.

No hay ningún efectismo en estas fotos, todo es información para quien hoy quiera interpretarla. Se diría que una gran máquina de matar pasó por el lugar, que los cadáveres se nos ocultan, pero el paisaje esta pintado con los colores de la tragedia.

Los españoles en particular, sentimos muy próxima esta tragedia. Quizás sea porque, en aquellos mismos años, mientras el presidente F. D. Roosevelt buscabadesesperadamente una solución para la situación económica de su país, en el nuestro nacía una república que prometía Libertad, Igualdad y Fraternidad. Una joven república que, a sus enemigos internos, se sumaban unas condiciones de precariedad económica en todo el mundo.

Todavía hoy no ha sido posible desterrar toda la miseria de la tierra. Estamos más lejos que nunca de limpiar la desigualdad, el paro, las guerras, las hambrunas, las enfermedades y la corrupción de los gobiernos. Aquí y allá, la prensa del mundo nos muestra un planeta que, si bien las comunicaciones han “achicado” las distancias, está muy lejos de ser aquel que soñaban los utópicos pensadores del pasado. No hace falta si no asomarnos a las páginas de los medios de comunicación para, sobre todo en los países desarrollados o en vías de desarrollo, darnos cuenta del cinturón de miseria que nos rodea. Pero el enemigo mayor de esos pueblos quizás no está tanto en medio de sus carencias como en la codicia de los que ostentan el poder mundial, que, o bien anhelan sus recursos o no quieren renunciar a la hegemonía mundial, mientras se entretiene a los pueblos con visitas papales, potenciación del consumo –aun a costa de terminar de esquilmar el Planeta-, encuentros deportivos, concursos y otras fiestas.   

Parece necesario, tal vez más que nunca, que los ciudadanos de esta aldea que es la Tierra asuman de una vez por todas sus responsabilidades como aldeanos, ciudadanos, que es el título que nos confirió a todos aquella revolución de 1789, para recuperar la dignidad de hombres y de pueblos que nos niegan nuestros gobernantes de hoy.

Parar todas las guerras, resolver el problema del hambre, acabar con los ambiciosos planes de expansionismo de algunos pueblos para acaparar territorios y recursos; salvar este planeta de los codiciosos planes de quienes hoy usurpan nuestro papel como auténticos gestores del Planeta y nos precipitan en un auténtico caos universal, parecen ser los problemas más urgentes con los que debe enfrentarse el ciudadano de hoy día. No podemos pasarles a la generación siguiente la responsabilidad de resolver problemas tan graves como los que hoy nos aquejan. Es necesario que pongamos a trabajar todo nuestro potencial humano y revolucionario para desterrar la ambición.

Debe haber millones de recetas de cómo organizar una respuesta mundial para esta peste, esta maldición que se ceba a diario con nuestros pueblos. Pero, para no extenderme más de lo que ya lo he hecho, y teniendo en cuenta que ya en la mayoría de los países se vota en una urna a los jefes de estado, a los gobiernos locales y nacionales, parece imponerse que seamos más exigentes que nunca con aquellos que nos van a gobernar en las próximas décadas. Por lo que respecta a estas tierras, en las que al yugo del fascismo se unía el de la ignorancia y el de la miseria cultural; conocidas ya las políticas, tanto del partido que nos gobierna como las del que acecha y nos amenaza desde la derecha más radical, parece que lo único realmente responsable que se puede hacer, aparte de militar en organizaciones con mayor sensibilidad social, es no votar a ninguno de los candidatos que se nos proponen como continuadores de una política de continuismo. No renunciamos a la democracia porque demasiados hombres y mujeres hemos perdido ya en el camino. No renunciamos a votar precisamente porque creemos que el sufragio universal es una fórmula idónea para alcanzar la democracia plena. Pero no entregaremos nuestro voto a los desaprensivos que  someten y venden nuestra voluntad y nuestra soberanía a intereses bastardos.

Nada más lejos de nuestro ánimo de pueblos que sufrieron feroces guerras y crueles tiranías, que sumergir a estas tierras en nuevos enfrentamientos fratricidas. Pero que no confunda nadie nuestros anhelos de paz con la sumisión y la mansedumbre de los pueblos sometidos por las religiones y el militarismo.

Si una revolución fue posible gracias a que una mujer negra se negó un día a abandonar el asiento de  los blancos, en un autobús norteamericano, cómo no vamos a poder, todo un pueblo, someter a una clase política que ignora sistemáticamente nuestros deseos de paz, trabajo y libertad.

Podemos afirmar que no hay paz en tanto que, a escasos kilómetros de nuestras costas, un rey –para colmo intimo amigo de nuestro rey, impuesto en estas tierras por un cruel y despótico dictador- invada y asesine a los pobladores de unas tierras que le son ajenas, ante la indiferencia de las más altas instituciones internacionales, que están ahí precisamente para velar por la paz y la soberanía de los pueblos, y encima con armas que son fabricadas en la cuna de Cervantes y de Pasionaria.

Afirmamos que no hay trabajo porque, en tanto uno solo de los padres de familia, un joven de este país deambule de oficina en oficina en demanda de un empleo, -mientras las grandes corporaciones reparten abultados beneficios y el Rey amasa cuantiosa fortuna- no habrá ni paz social ni justicia, y se está negando la mismísima libertad.  

 No hay libertad porque ¿cómo se puede ejercer la libertad en ausencia de lo anterior?  

La democracia, en el sentido más estricto, se ve negada a diario en nuestro país. ¿En qué valores van a crecer nuestros hijos, nuestros nietos, los jóvenes de las generaciones que día a día se aproximan más a las universidades, a los puestos de responsabilidad del Estado, a los mercados de trabajo? ¿No es esto mismo negación de los derechos humanos, por mucho que ya se vote aquí a partir de los 18 años?   

Es más que evidente que lo que la clase política está intentando salvar no es la democracia, si no el capitalismo: el enemigo máximo de esos valores a que aquí nos referimos. El capitalismo, esa bestia que ha convertido en un infierno muchas de nuestras amables y acogedoras ciudades, es el máximo enemigo de la democracia, no esos jóvenes que rompen las lunas de la sede del partido conservador en Londres para protestar por los recortes en educación; no el obrero que toma un tirachinas para defender su puesto de trabajo en los astilleros y que quema neumáticos en las carreteras. Si alguien puede presumir de demócrata es el que se opone con todas sus fuerzas al paso de un tren con residuos radioactivos, no el que preside el desfile de las fuerzas armadas el día de la patria.

En cualquier momento de estos, el sátrapa que somete al Reino de Marruecos, en nombre de una despótica religión que no reconoce los más elementales derechos humanos, se asomará a su televisión y les dirá a sus súbditos, al mundo entero, que los que estaban en el Campamento de la Dignidad de El Aaiún eran todos “terroristas”. ¿Os acordáis?: “terroristas” eran todos aquellos que se enfrentaban al Imperio Romano, aquí o en Rusia.

“Terroristas” eran los patriotas que combatían al “gabacho” en España; los que hostigaban al ejército alemán, en Francia, en Noruega o en Italia; los que cruzaron los Pirineos y se enrolaron en las Brigadas para defender la República. “Terroristas” los que tomaban los pueblos, le sacaban unos miles de duros al cacique falangista del pueblo y después seguían la lucha contra el franquismo en las montañas de Cuenca, León, Gredos, Cataluña, Galicia…”Terroristas” las “Trece Rosas”, “Caraquemada”, Quico Savaté, Cristino García, Vías, Agustín Zoroa, Seoane, Manuela Sánchez, Julián Grimau, Azaña, Lluís Companys, los que persiguen por el mundo -como el Cobrador del Frac- a los del G-20. “Terroristas” los jóvenes que en Atenas, en Génova, en Seattle, se oponen a la dictadura del capital. Todos al paredón: Miguel Hernández, Federico García, Víctor Jara y Salvador Allende de la mano de Marx, Chico Mendes, Sacco y Vanzetti, el camarada Galileo Galilei, el de la ”fracción del Ejército Rojo”, Mahatma Gandhi, los barbudos de Sierra Maestra, Chavez, Evo Morales, Aminetu Haidar, Gutenberg, Picasso, los que construimos a diario esta barricada en Internet; aquel que toca la armónica allá en el fondo y esos dos que se besan al paso del Papa, el “okupa” que resiste en un espacio liberado de Lavapiés; Brecht, la Pineda, el que se juega la vida con una cámara obteniendo imágenes de los ”libertadores” USA  en Irak, el que fue sorprendido con una “china” en una redada de la policía a la caza de los “sin papeles”.“Terrorista” el que toma una piedra y la arroja contra los blindados del ejército sionista, ocupante de las tierras palestinas; el que toma una bandera del Frente Polisario y, a cuerpo limpio, se planta en una calle de El Aaiún para reivindicar a los pueblos que no comparten las políticas de gobiernos despreciables, mientras las balas y los camiones “made in Spain” silban a su alrededor; el sindicalista que pone silicona en las cerraduras del BBVA; la que quema una bandera monárquica, en Cataluña o en Euskadi; la que aborta, la que denuncia las fechorías de la industria farmacéutica, la que le dice “no” a su jefe o al catedrático que la acosa; el que  escribe en los muros de las ciudades: ¡PAN, TRABAJO Y LIBERTAD!, ¡ABAJO LA MONARQUÍA FRANQUISTA!, ¡NO A BOLONIA!, ¡POLICIA, ASESINA! o, ¡NOS MEAN Y AÚN DICEN QUE LLUEVE!… Todos terroristas. Y mientras ellos tratando de salvar sus inversiones en el Magreb.

Qué idea más guapa, ¿no? ¿Nos montarnos una vomitona colectiva delante del Palacio de la Zarzuela, el de la Moncloa y después hacernos un recorrido por todas aquellas embajadas y consulados de los países que no condenen la masacre de El Aaiún? Claro que también es muy posible que nos detengan por “terroristas”.

¿Quién no tuvo alguna vez la tentación de responder: terrorista, cuando le preguntaron por su profesión para hacerse el DNI?

Ah, Walker Evans murió en 1975.                                               


CUBA! – WALKER EVANS por montrealonlinepress

 

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Luces y sombras en escena

Balance de la 8ª edición del Festival Internacional de Buenos Aires. El ya clásico FIBA convocó esta vez a unos 40 mil espectadores y presentó más de cien funciones de teatro, danza y música. Hubo también una clase magistral del director Heiner Goebbels, charlas, obras gráficas y concursos.

Terminó el Festival Internacional de Buenos Aires y comenzó el recuento. Los organizadores enviaron las cifras de un acontecimiento que, con sus más y sus menos, se presenta cada dos años desde 1997, abarcando teatro, danza y música. A estos espectáculos, incluidos los nacionales, se sumó en esta octava edición una clase magistral del director Heiner Goebbels y charlas con otros creadores extranjeros, una obra gráfica para teatro de Gonzalo Martínez, la presentación de libros, el II Concurso nacional de ensayos Alfredo de la Guardia y la entrega del VII Premio Germán Rozenmacher. A semejanza de años anteriores, las obras visitantes atrajeron la atención de un público interesado en ver qué se hace en Europa y América, en tanto los nacionales, con estrenos y obras ya estrenadas, mostraron su trabajo a los programadores de muestras internacionales. Siempre en ascenso, los elencos argentinos seleccionados para presentar obras en el FIBA se refirieron a su participación como parte activa e inteligente del festival, evidenciando cohesión con sus pares al momento de exigir que se los reconozca.

Las obras del segmento internacional crearon una expectativa no siempre satisfecha, aun cuando la coproducción Eraritjaritjaka (Suiza, Alemania, Francia y Holanda), a cargo de la compañía Théâtre Vidy-Lausanne, dirigida por Heiner Goebbels, recibió los mayores elogios. En síntesis, un elaborado juego de ingenio que, sobre el fondo de un cuarteto de cuerdas, reunió pensamiento filosófico y vida cotidiana, apelando a la actuación en vivo y a distancia, mediante sofisticados equipos. A su vez, el Hamlet, de William Shakespeare, por el elenco de la Schaubühne am Lehniner Platz, dirigido por Thomas Ostermeir concretó una primera escena muy festejada (las torpezas del sepulturero en el entierro del rey asesinado), actuada a la manera de los cómicos del cine mudo. Hubo buenas actuaciones y artilugios propios de las obras que incorporan otra dimensión a la escena a través de filmaciones. Un espectáculo que tomó elementos de la comedia bufa, prodigados entre otros por Lars Eidinger (en el rol de Hamlet), quien, en la primera función, y ante un desperfecto en el visor de traducción simultánea, capeó la escena con soltura, alternando con la platea. Hamlet es aquí un clown antes y después de endilgarse la locura que conviene a sus planes, y de ahí en más, transforma los discursos trágicos en retruécanos traviesos. Años atrás, desde la opulencia, el teatro europeo se mostró rebelde y socarrón con los clásicos. Pero hoy es imposible no preguntarse de qué se ríe este Hamlet. ¿Será del decadentismo de la cultura europea y de su política errática?

Te estoy mirando a los ojos, contexto social de ofuscación, de René Pollesch (de la Volksbühne am Rosa Luxemburg-Platz), prometía maravillas, contando con un versátil Fabian Hinrichs, e inspirándose en Corpus y Sentido, o el final del Sentido, textos del filósofo francés Jean-Luc Nancy. La performance de Hinrichs tomó el aspecto de un pasatiempo acrobático y delirante. Así fue que se lo vio haciendo piruetas, colgado de una gran bola de luces, que, según aclaró Pollesch, no es la utilizada en la Völksbühne, sino armada por la gente del FIBA, pues traer aquélla demandaba un gasto sideral. Tal vez el neodadaísmo sea moda. Lo cierto es también que Pollesch decidió manifestarse en contra de un teatro que intentó expresar sentido en una comunidad que, al menos por una hora o poco más, integran los espectadores. Su unipersonal consistió en una serie de acciones destinadas a jugar con el teatro interactivo y al mismo tiempo negarle sentido.

Fue ingenuo el planteo teatral de Yo no soy bonita, performance de Angélica Liddell, actriz que en todo momento jugó a exhibirse desagradable y feroz. Rompió botellas de cerveza, mostró un ramo de flores entre sus nalgas desnudas y pintadas de azul, sangró y vociferó micrófono en mano. Con el objetivo de realizar una denuncia a los abusos sufridos en su infancia –y con ésta un manifiesto en contra de la violencia de género–, Liddell concretó un cierto número de pequeñas acciones, lineales en su intento metafórico, que no aportaron clima ni consecuencia alguna entre unas y otras.

Enajenada en su soledad, la señora de La amante fascista, de Alejandro Moreno, desvaría. Y mientras juega a desdoblarse en roles imaginarios, afirma que tiene amoríos con el jefe de gobierno que supo salvar a la patria de la barbarie marxista-leninista. De mirada potente y voz sensible a los acentos, que denotan marcas de clase, Paulina Urrutia brilló en el alucinado monólogo, bajo la dirección de Víctor Carrasco. La historia vuelve al período de la dictadura chilena, se ensaña con símbolos de resistencia y habla de heridas que quedan para siempre. Fue una de las mejores obras del FIBA, junto a Villa + Discurso, dos piezas breves del director chileno Guillermo Calderón, quien puso de manifiesto una estética personal y comprometida, acompañado por excelentes actrices.

La puesta de Médée, coproducción de Francia y Burkina Faso, interpretada por la compañía Théatre Nanterre-Amandiers, dirigida por Jean-Louis Martinelli, no tuvo demasiados méritos, ya que confió en exceso en la fuerza de lo exótico. Lo destacable fue la presencia de un coro femenino, que aportó una sonoridad inquietante, y las vigorosas interpretaciones de la actriz protagonista y la aya. El amateurismo de los actores que se hicieron cargo de los demás roles jugó en contra. No hubo tierras rocosas ni climas nocturnos en Una flauta encantada, presentada por la compañía Théatre des Bouffes du Nord, dirigida por Peter Brook. Sí, en cambio, luz a pleno y apenas una decena de cañas de bambú envaradas sobre el escenario, listas para ser llevadas y traídas por dos servidores de escena. Brook compuso una obra de teatro musical minimalista: solamente piano y la voz de ocho intérpretes (las arias, en alemán; los recitativos, en francés) para contar la historia de un príncipe, un pajarero, un demonio, la Reina de la Noche y su hija secuestrada. Alexis. Una tragedia griega, por la compañía Motus, de Italia, dirigida por Daniela Nicoló y Enrico Casagrande, entrecruzó el asesinato de un adolescente griego por la policía de su país con el mito de Antígona. Gnawa, por la Sao Paulo Companhia de Dança, dirigida por Iracity Cardoso e Inés Bogéa, presentó un programa aplaudido, y la cantante española Estrella Morente capturó a la platea con temas del flamenco y el tango. Chaika, por la Compañía Complot, de Uruguay, con dramaturgia y dirección de Mariana Percovich, fue otro de los espectáculos que intentaron quebrar “la ilusión” del teatro. La estrategia, que se reiteró durante 100 minutos, consistió en ocupar la totalidad de la sala y apropiarse de textos de La gaviota, del escritor y dramaturgo ruso Anton Chéjov.

Las cajas voyeuristas, espectáculo al aire libre de La Biznaga Teatro (México), dirigida por Dora García, consistió en dos estructuras cuadrangulares de madera, instaladas en la Plaza de la República. Mirando a través de los orificios practicados en las cajas, los espectadores pudieron seguir las escenas, todas actuadas en tono enfático y destemplado. Interpretadas por dos actores por vez, las historias tuvieron como protagonistas a Porfirio Díaz, Carlota y Maximiliano y anónimos personajes de la Revolución Mexicana. Warum Warum (Por qué Por qué) vino a reemplazar al anunciado El Gran Inquisidor, una lectura del cineasta, director de teatro y actor Patrice Chéreau, ausente –según los organizadores– por hallarse enfermo. La intérprete, de origen africano –hablando en alemán y con algunas acotaciones en francés– interpretó un monólogo, casi una clase ilustrada para teatristas en la que discurrió acerca de recursos y recetas actorales. Habló sobre el sentido de la profesión y la ingenuidad del público, acompañada por el músico Francesco Agnello, quien deslumbró a todos deslizando sus manos sobre el hang, instrumento de percusión que significa “mano” en dialecto suizo.

* Página 12

Manifiesto de los participantes

Fragmento del manifiesto de los elencos que participaron de la selección nacional.

“Este Festival Internacional de Buenos Aires encuentra a la comunidad teatral de la ciudad en un momento de intensa reflexión: en los últimos tiempos se han generado debates en relación con nuestra condición como productores de teatro independiente, se han creado organizaciones y grupos que dieron voz a nuestro sector y propagado esa voz. Es un momento en el que, si bien no estamos reunidos en una sola agrupación, se siente en el aire un colectivo implícito, que discute y se comunica. Con este ánimo, los quince elencos porteños seleccionados nos reunimos y decidimos no aceptar las denigrantes condiciones de contratación y presentación de nuestros espectáculos. Luego de una ardua negociación, logramos un acuerdo más parecido a algo justo. Todo debe ser dicho: se nos concedió buena parte de lo que pedíamos. Esto habla bien de la cintura de los funcionarios pero no mejora la idea general que esta administración tiene de la producción teatral de la ciudad, ni oculta su intento de obtener un rédito ilegítimo del carácter independiente, autogestivo y subsidiado por los mismos artistas de esa producción”.

“Elegimos participar de esta fiesta teatral porque somos parte de la cultura viva de esta ciudad. Esta fiesta que es, en primer lugar, de la sociedad que la mantiene con sus impuestos; en segundo, de los artistas que le dan sentido y contenido; en tercero, del público que colma las salas y, por último, de los funcionarios, que tienen la misión y la vocación de organizarla”.

“Queremos dejar expresado nuestro compromiso y responsabilidad ante el resto de la comunidad teatral que no participa en esta edición del FIBA presentando sus espectáculos, pero sí lo hará, como siempre, concurriendo y apoyando a este festival. Creemos que al tratar de mejorar las actuales condiciones, estamos siendo solidarios con futuros progresos en el ámbito de la política cultural”.

Luis Buñuel: ¡hay que echarle un ojo!

Allá donde luchan las imágenes más revolucionarias crece una pantalla florida de beligerancias con fulgores de seducción cinematográfica: he ahí Luis Buñuel. El cine surrealista (no mercenario) es un juego distinto… un sueño en serio. Un tesoro valioso. Es un vertedero de las imágenes liberadas que opera como es, como acto de amor embriagado de lo in-nombrable y con fuentes propias contra una Historia intoxicada de barbarie y miseria.

Luis Buñuel es un poeta del cine. Su obra es la praxis del surrealismo fílmico en la dialéctica del onirismo emancipatorio, la irreverencia como acto de conciencia, la dictadura de la poesía y el develamiento de cuanto yace escondido o secuestrado, voluntariamente o no, en cualquier parte, incluyendo al "inconsciente". Buñuel es poeta de imágenes que fungen como cordón umbilical entre su vida y sus películas. Continuación de símbolos "trabajados" por el automatismo psíquico para quebrar el cerco de todos los alfabetos burgueses en la mente de los pueblos y para poner en acción directa el valor fenomenal del deseo. Golpe contundente contra lo encerrado, lo cerrado, lo oculto, lo convencional, lo erótico mercantil, lo religioso opiario, lo sadofascista; ironía virulenta, savia sobrecogedora, la vida y la muerte dignificadas.

Automatismo Psíquico cinematográfico con un programa para la intervención poética contra el capitalismo y sus deyecciones. Revolución contra los silogismos de la miseria, la lógica lineal de la explotación y el fardo alienante de la moral judeocristiana… poesía de cine como acción directa, como fuerza revolucionaria, capaz de ofrecer victorias nuevas en territorios nuevos. El cine pues como arma de la humanidad para la batalla política en plena lucha de clases.

Poesía de imágenes y manifiesto-militante-antagónico a un sistema económico e ideológico criminal, soez y degenerado, plagado de inmundicias morales, económicas y políticas contra la humanidad. Poesía revolucionaria plena de lecciones que exaltan la pasión por la libertad y la certeza de que sólo con la revolución socialista se supera esta noche degenerada del capitalismo. Poesía que no es "desplante" de sectario "literario" o "plástico", porque es una lucha para cambiar la vida. Poesía de fuerza antagónica frente a la putrefacción burguesa en sus iglesias, sus artistas, sus periodistas… sus publicistas… Poesía de combate interior y exterior que es fuerza humana paridora de revoluciones. No es un grito, es un himno que mete las manos en la miseria, emerge de ella y se dispone a transformarla. Cambiar la vida… transformar al mundo.

Narramos con imágenes el ascenso de nuestras luchas.

Buñuel poeta contra la vida esclavizada… alienada. Buñuel poeta de acción fílmica con escrutinios rigurosos sobre la vida real. Buñuel poeta de la imagen que libera la construcción interior como relato del deseo y de la rebeldía. De ahí brota todo.  Poeta que trata de desintegrar un mundo cínico, destruir toda enfermedad ideológica que sirve para esclavizar humanos bajo el muladar de la propiedad privada. Buñuel poeta para adentrarnos en las potencias magníficas de la imaginación contra el horror, contra cualquier vacilación de la verdad frente a la mentira, contra esos valores burgueses respetuosos y devotos del revólver, los palos y las balas, devotos de la propiedad del patrón. Buñuel poeta contra los vahos de la guerra, contra los gusanos moralistas devoradores de cadáveres proletarios con estilo periodístico. Buñuel poeta contra el parlamento profesional e impune de los enterradores que esconde los muertos de la miseria. Buñuel poeta con tareas claras para el inconsciente prisionero que descubre la situación político-económica y toma posición emancipadora. Poeta de la conciencia en ascenso dialéctico.

Buñuel poeta que pone en crisis el optimismo del mundo burgués y sus monstruos. Intervención revolucionaria desde las entrañas de la humanidad contra el espejo y el grito de la crueldad burguesa su y degeneración, el horror con manos de calaveras, el fulgor mortal del desamparo sórdido, de las miserias todas. Buñuel trasciende sus planos hacia los planos de quien mira mirándose con humor negro, inteligente e irónico para estallar en la cara de la Historia como acto de amor embriagado de revolución. Nadie sale indemne.

La obra de Buñuel es una persistencia revolucionaria en beligerancia consciente contra la pesadilla burguesa en vigilia que oprime y desahucia la realidad toda… pero Buñuel es también imaginario de vida, con sus miserias y magnificencias, como cultura universal del inconsciente. Buñuel poeta en el corazón de la realidad que no soporta retratos de miseria entre paisajes de doble fondo donde se esconde la barbarie, las desgarraduras de las guerras, la rebatinga obscena por los mercados usureros, la condena a la esclavitud y la hipocresía clerical. Poesía llena de convulsiones para incitar a la acción, esta vez mejor organizados. Poesía para la resolución de la vida práctica. Hay que echarle un ojo.

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Fandangos en la trinchera

En una de sus últimas entrevistas antes de fallecer en diciembre de 2010, a Enrique Morente le hicieron una pregunta con truco. "¿Por qué el flamenco es de izquierdas y los flamencos de derechas?", le soltó el periodista Paco Espínola. Morente se quedó sorprendido, pero reaccionó desplegando ironía: "Somos de donde más nos convenga. Que viene la izquierda, para la izquierda; que viene la derecha, para la derecha; el centro, para el centro… Menos para atrás, para cualquier lado".

A Morente le pudo la tentación de dar una respuesta socarrona, de reírse del topicazo que describe al flamenco como un artista pícaro, como un bohemio desinhibido que vive al día, siempre listo para asomar la voz allí donde brillen un par de monedas. Pero bien sabía el geniecillo del Albaicín que la historia suele escribirse en el envés del mito. Él mismo, sin ir más lejos, estuvo siempre en el mismo sitio, en el que dictaba su conciencia.

Lo estuvo el 20 de diciembre del 73, en el Colegio Mayor San Juan Evangelista de Madrid, cuando arrancó su recital con este fandango de José Cepero: "Pa' ese coche funeral / yo no me quiero quitar el sombrero. / Pa' ese coche funeral / que la persona que va dentro / me ha hecho a mí de pasar / los más terribles tormentos". La letra, aunque grabada desde los 30, sonó aquel día distinta… teniendo en cuenta que horas antes ETA había asesinado a Carrero Blanco. El recital se suspendió y Morente pagó una multa de 100.000 pesetas y una noche en el calabozo.

Esta historia está recogida en el libro Las voces que no callaron. Flamenco y revolución (Atrapasueños) que ublica el cantaor Juan Pinilla (Huétor-Tájar, Granada, 1981), premio Lámpara Minera en el Festival de Minas de la Unión de 2007. "El flamenco no va al sol que más calienta, como se suele decir. Los críticos que explican el flamenco como un arte en su burbuja no lo entienden", opina Pinilla.

El infarto del Chato

Estudiosos como José Manuel Gamboa o Alfredo Grimaldos ya habían documentado la vinculación de numerosos flamencos con la República, el antifranquismo, la causa obrera… La particularidad aquí es que es Pinilla, cantaor de izquierdas, quien rinde homenaje a sus mayores en un compendio de nombres, anécdotas y reflexiones. El cantaor repasa decenas de casos. Está el del Chato de las Ventas, un payo nacido en 1887 que gustaba de dejar oír por Lavapiés sus letrillas jocosas, sin esconder su republicanismo. Murió en la cárcel de Cáceres, en noviembre de 1936, se cree que de un infarto al comunicársele que iba a ser fusilado.

Son muchos los que mostraron compromiso tricolor: La Niña de los Peines, Vallejo, Guerrita, Fanegas… Llegada la dictadura el castigo era el ostracismo o la persecución. O el exilio. Angelillo, cantaor vinculado a la CNT, se fue a Argentina. Otros muchos, a Francia o a Portugal. Juanito Valderrama, que había combatido en el bando republicano, los homenajeó en El emigrante (1959), de la que el propio Franco llegó a pedirle un bis durante una fiesta en una cacería. "Esto es para enterarse bien de lo que dice y meterme preso", pensó, según confesó. Pero tuvo suerte.

"Aún está por reivindicar la posición ética y de compromiso de tantos y tantos", dice Pinilla, que completa el libro con un CD en el que canta una selección de letras reivindicativas. ¿Por qué triunfó el tópico del "olé, María y fandango"? En primer lugar, por el éxito del nacionalflamenquismo promovido por Franco, que subrayaba sus aspectos lúdicos y triviales, postergando su naturaleza de quejío de un pueblo -el gitano- históricamente castigado.

Una historia comprometida del flamenco, en la que se muestra el aspecto reivindicativo de muchos artistas, como el Chato de las Ventas, Corruco de Algeciras, Guerrita o la Niña de los Peines.

Esto provocó el "absurdo" equívoco de ligar en la opinión generalizada el flamenquismo y la copla con la derecha, señala Félix Grande, poeta y flamencólogo. "Es un mito asentado sólo en que a Franco le gustaba llamar de vez en cuando a un artista para que le cantara algo. ¡A ver quién le decía que no!", reflexiona Grande, que recuerda que, en las fiestas de señoritos, los flamencos eran en muchos casos "humillados" y sufrían terribles desconsideraciones.

A la formación del tópico de la indolencia se suman los prejuicios sobre el flamenco, alentados desde el último tramo del siglo XIX por el antiflamenquismo, una corriente con eco en la Generación del 98 según la cual aquellos cantes quejumbrosos eran el primer indicador del atraso cultural de la atávica España, junto con los toros.

Eugenio Noel (1885-1936) fue de los primeros en abonar la idea del flamenco como patria de hedonistas achulados. "Un hombre flamenco es un ser humano a quien toda clase de cuestiones le tiene sin cuidado, a excepción de las que puedan afectar a su interesante persona", dejó escrito.

Pero no es así, aunque el control de la dictadura dejó bajo mínimos el flamenco profundo y acalló las voces de los artistas críticos. "Como todo trabajador que depende (…) del señorito de turno, no eran artistas libres (…). Algunos hubieron de hacerse carnés de Falange para trabajar", escribe Pinilla.

Ocurre, además, que tanto el estrato social de los flamencos como su nivel cultural eran más bajos que los de, por ejemplo, los poetas, que sí dominaban más recursos y sutilezas para expresar su rabia y homenajear a colegas represaliados.

La censura puritana

Las letras sufrieron mutilaciones groseras. La copla -prima hermana del flamenco- Ojos verdes, de Rafael de León, cambió su inicio picante, "Apoyá en el quisio de la mansebía", por otro menos sugerente: "Apoyá en la trama de mi celosía". El tabú sexual se cebó además con los artistas homosexuales.

La mordaza funcionó. El actor y director teatral Salvador Távora (Sevilla, 1934) observó, ya en los sesenta, que "el flamenco iba por un lado y el pueblo andaluz por otro". "Cuando el arte y la sociedad se alejan, es que fallan los dos", opina Távora, que incorporó a las tablas un imaginario flamenco sin folclorismos. Su obra Quejío fue un aldabonazo para la lectura progresista del flamenco, que también reivindicaron Caballero Bonald o Fernando Quiñones. "Hoy el flamenco debe recuperar su papel perdido en las conquistas sociales", apunta Távora. Pinilla va más lejos: "Antes era el señorito, ahora es la administración, con su control sobre el circuito artístico, la que ejerce una labor castrante".

Según Távora, en los setenta el flamenco sí consiguió quitarse las ataduras que tan gráficamente empleaba él en Quejío. Fueron por entonces incómodos para el régimen los bailarines y coreógrafos Antonio Gades y Mario Maya. Y un puñado de cantaores que dijeron lo que había que decir, desde el rupturismo o el posibilismo: El Lebrijano, El Cabrero, Manuel Gerena, José Menese, Paco Moyano, Morente… "A mí, por cantar a Lorca, me entraron en mi casa los de Fuerza Nueva, pegaron un tiro y casi me matan. Fui a denunciar y el malo era yo, joé. Claro, gitano y con patillas", cuenta con gracia el mítico Curro Albayzín, responsable de organizar, por su cuenta y riesgo, los primeros homenajes a Lorca en la curva de Víznar, en los albores de los setenta.

http://juanpinillaflamenco.blogspot.com/

*Publicado en el diario “Público”

Libro-disco: Las voces que no callaron. Flamenco y revolución. Por Juan Pinilla

ISBN: 978-84-61476978. Editorial: Atrapasueños editorial.  Edición: 2011

El Vigilante (The caretaker), de Harold Pinter

Sobre la obra, de que va…

Aston es un hombre introvertido que vive en una casa que ha comprado su hermano Mick. Aston tiene problemas de relación social, debido a que en su juventud, y quizás por una actitud demasiado extrovertida sufre tratamiento siquiátrico de electrosock cuando todavía era un adolescente y con consentimiento materno. Aston se encuentra con Davis, vagabundo y “buscavidas”, al que auxilia, en una situación delicada de pelea, y le invita a pasar la noche en su casa. Davis permanentemente está atento a ver “que saca” de la situación, llegando a aliarse con uno u otro hermano en función de donde está “el poder”.

Mick es el hermano pequeño de Aston que tiene un pequeño negocio de construcción y ambiciona crecer y “situarse” en la sociedad. Ha comprado la casa donde vive Aston para darle alojamiento y al mismo tiempo para que se la arregle, la revalorice y además tenerle ocupado, pues no está en condiciones de “buscarse la vida”. El vínculo con su hermano es tirante y Mick lo vive como una carga, pues frena toda la ambición de “escalar” socialmente posiciones. Esta situación Davis la utiliza para tratar de instalarse en el lugar de forma definitiva intentando ver quién manda para aliarse con él.

Al mismo tiempo Mick desde su situación preponderante trata de “utilizar” a Davis para descargarle de lo que supone el control y desarrollo de los trabajos en la casa y la atención hacia su hermano.

Todos en mayor o menor medida somos víctimas de nuestro propio sistema, como el pez que se muerde la cola. El miedo a la carencia nos lleva al exceso, el miedo a la opresión nos lleva a oprimir, el miedo al vacío, nos lleva al deseo, el miedo a la libertad nos lleva a dios. El miedo hace la vida irrespirable. El que tiene poder lo sabe y lo aplica. Nos fabricamos un sistema de relaciones humanas que genera permanentemente tensión, incomunicación, con una lucha cíclica por el poder, y hay de aquél que se atreva a contestar, pues será alienado por el poderoso de turno.

Sobre el director, Miguel Torres

Actor, director y músico fue co-fundador de ENSAYO 100 TEATRO donde trabajó como actor en montajes de autores como Chejov, Becket y Tennessee Williams entre otros y como director con autores como Enzo Cormann y Juan del Enzina. En “Églogas” de Juan del Enzina toda la música del autor renacentista fue realizada en directo y dirigida por él.

En 2000 se separa de ENSAYO 100 TEATRO y promueve el TEATRO LAGRADA donde sigue actuando y dirigiendo autores como Unamuno, Anouilh, Ionesco, Antonio Tabucchi, Valle Inclán y José Ramón Fernández entre otros.

Obtuvo el premio al mejor actor en el certamen nacional de teatro “Arcipreste de Hita” en el año 1989.

Impartió clases de interpretación y voz en la escuela de ENSAYO 100 TEATRO y dirige EN LA ACTUALIDAD la escuela del TEATRO LAGRADA.

Y sobre la compañía, Espacioscuro

Fundada y dirigida por Miguel Torres, surge a partir de alumnos que han terminado su formación en la escuela del Teatro Lagrada. Valle Inclán, Chejov, Anouilh, Unamuno, Ionesco son algunos autores con los que la compañía ha venido trabajando, además de Guillermo Heras, Jerónimo López Mozo, Juan Pablo Heras… Espacioscuro está abierto a trabajar con actores formados en otras escuelas, como es el caso de The Caretacker, donde Héctor Tomás es licenciado por la RESAD y Oscar Nagar estudió en Londres y algunos trabajos esporádicos con Miguel Torres. 

Equipo artistico y técnico

Mick: Héctor Tomás. Aston: Oscar Nagar. Davis: Miguel Torres. Dirección: Miguel Torres.

Escenografía y vestuario: -Diseño: Esperanza Alonso. -Realización: Producción y Decoración Puntozero. -Iluminación: Elías Torres. -Fotografía: Salvador Navas.

Producción: Lagrada Producciones Teatrales

¿Cómo y dónde?

Teatro Lagrada, c/ Ercilla, 20, Madrid. Del 14 de Octubre al 6 de Noviembre

Viernes a Domingo a las 21 horas

 

La Cecilia, comuna anarquista

Se trata de una película sobre la Colonia Cecilia, comuna experimental anarquista, fundada en 1890 en el municipio de Palmeira Paraná, Brasil, por un grupo de libertarios entre los que destacó Giovanni Rossi. Llegó a alojar a más de 250 colonos que se repartían el trabajo agrícola y las tareas de mantenimiento.

Ocupó 80 acres de tierra de un área cedida por el emperador Pedro II poco antes de la proclamación de la República. Se construyeron un barracón colectivo y veinte individuales, escuela, molino, estanques, pabellón colectivo, que incluía un consultorio médico y almacén.

Se vivía según los principios anarquistas de no coerción y cooperación. Pero el experimento apenas duró cuatro años, entre otros motivos por la escasez de recursos, la hostilidad de comunidades vecinas, profundamente católicas, y de las autoridades, así como problemas de la convivencia, en especial los referidos al amor libre.

La Cecilia (Jean-Louis Comolli, 1975).avi  [1.37 Gb]
Subtítulos en español: OpenSubtitles | SubDivx

 

Ficha técnica:

Realización: Jean-Louis Comolli

Actores: Massimo Foschi, Maria Carta, Vittorio Mezzogiorno, Mario Bussolino, Bruno Cattaneo, Piero Di Sorio, Beppe Lo Parco, Giancarlo Pannese, Briagio Pelligra, Giuliano Petrelli, Gabriele Tozzi, Francesca Libertucci, Adriana Bruno, Renato Pereira, Vinicio Pereira.

Escenario: Eduardo De Gregorio, Marianne Di Vettimo, Jean-Louis Comolli

Fotografía: Yann Le Masson

Musica: Michel Portal

Duración: 113 minutes

Año:1976

Hágase la luz: Tintoretto en la Bienal de Venecia

Venecia, una mañana soleada de verano, un día como tantos otros en los que la laguna se llena del ir y venir de barcos, barcazas y góndolas: el tráfico habitual. Mucho calor, pocas nubes en el cielo. Una barca con una gran caja roja cruza desde San Giorgio Maggiore hasta Giardini. Lentamente, sin prisa. Un grupo de operarios la descarga con cuidado y se dirige hacia la entrada de la Bienal, la muestra de arte contemporáneo que este año cumple su edición número 54 bajo el título ILUMInations. Llegan al Pabellón de Italia, bajo la atenta mirada de las palomas disecadas de Cattelan. Se abre la enorme caja y aparece una de las obras más maduras del más extravagante de los artistas venecianos: La última cena de Jacopo Robusti, Tintoretto (1591, San Giorggio Maggiore).

Un marco de madera vacío señala el espacio exacto en el que la pieza debe ser ubicada y ahí, exactamente ahí, se hace la luz para una exposición que mira al siglo XVI para reflexionar sobre el siglo XXI.

Han pasado 420 años pero sigue siendo una obra joven y hermosa, arriesgada, provocativa y provocadora, propia de un artista tan innovador que todavía hoy nos produce vértigo. Tintoretto pintaba de forma escandalosa para los cánones de su tiempo: su técnica rompía con la tradición. Utilizaba una cantidad mínima de capas de óleo con unas pinceladas tan fuertes y expresivas que daban la sensación de estar inacabadas. Parece trabajar al borde de un precipicio, rápidamente, compulsivamente: puro radicalismo que reconocieron artistas posteriores como El Greco, Rubens o Velázquez. Fue un artista audaz y excesivo, que resultaba difícil para sus contemporáneos, pero que a la luz de movimientos posteriores como el impresionismo, los espectadores del siglo XXI podemos mirar con mayor comprensión estética.

Para muchos es el más veneciano de los artistas venecianos, pero nunca retrató la ciudad, como profusamente lo hicieron Canaletto o Guardi. Tintoretto retrató el alma de Venecia, sus más íntimos códigos y secretos. Vivió y trabajó, en la Fondamenta dei Mori, en Canarreggio donde está la iglesia de Nuestra Señora del Orto donde fue enterrado. Salió de su ciudad en un par de ocasiones a lo largo de toda su vida y fue odiado, envidiado, querido o respetado exclusivamente por su pintura. En su taller se dice que había una inscripción que nos da la clave de sus preocupaciones artísticas: “El dibujo de Miguel Ángel, el color de Tiziano”.

Pintó mucho y no todo lo que pintó adquiere la categoría de magnífico, pero realizó  grandes obras de una enorme profundidad conceptual y narrativa. La última cena es una de ellas, con figuras que se integran en un escenario compuesto con meticulosidad teatral y se nos muestran en posturas complejas llenas de dramatismo. Una vertiginosa perspectiva, llena de diagonales y tensión nos introduce en el espacio de manera inevitable. Cristo, inclinado hacia San Juan, le ofrece el pan y el vino mientras los demás personajes presentan diferentes actitudes. Una auténtica coreografía que necesita de un espectador dinámico, que busque los ángulos y los pueda leer de manera activa.

Y la luz. Una luz inverosímil que emana de las figuras creando una atmósfera alucinante que profundiza en la narración de forma casi cinematográfica.

Poesía y prosa, realidad e imaginación se mezclan es esta obra que cautivó a Henry James, a Sartre, a Virginia Woolf (“Hasta que no se ha visto a Tintoretto, no se sabe lo que la pintura es capaz de hacer”), a Rafael Alberti (“Me enveneno de azules Tintoretto”) y a tantos otros escritores que reconocen en La última cena una obra narrativa de una pureza fascinante.

Junto a La última cena, el visitante de la Bienal puede contemplar La creación de los animales (1550), y El robo del cuerpo de San Marcos (1562), ambas procedentes de la Galería de la Academia.

Bice Curiger, la curadora de la 54 edición de la Bienal de Venecia, nos propone  una descontextualización del artista y de sus obras: “Aquí se puede ver la fuerza del arte y mostrar una obra antigua en el contexto del arte contemporáneo, nos hace ver la obra un modo diferente a como la veríamos en una iglesia o en un museo”. Se trata de un contexto inesperado, lleno de gente y distracciones varias.

Creo que para conocer a Tintoretto hay que pasear por Venecia y perderse en sus calles e iglesias, emocionarse en La Escuela Grande de San Rocco y sobrecogerse en Nuestra Señora del Orto. Silencio y soledad.

* 80 Grados

Serendipia Teatro estrena ‘Maquis’, de Rubén Buren

"Maquis", de Ruben Buren, una obra que se rebela contra el olvido y el silencio, recordando a aquellos guerrilleros republicanos que diez años después del fin de la Guerra Civil vivían escondidos en el monte sin abandonar la lucha, depositando su esperanza en la llegada de tropas aliadas.

Paloma Pérez Montoro dirige a un elenco integrado por Alberto Casas, Rafael Gallardo, Igor Estévez, Alex Cremades, Lidia de Nova, Ana Salas, Raquel Mirón y Blanca Lara, además de la propia directora, que llevan a escena esta obra del joven dramaturgo madrileño Rubén Burén, que nos muestra cómo hace apenas sesenta años miles de personas vivían escondidas en los montes mientars en los pueblos convivían vencedores y vencidos, delatores con enlaces de la guerrilla, en una posguerra donde las relaciones familiares y el amor están marcadas por odios, envidias y ganas de olvidar unas heridas demasiado recientes.

'Maquis' puede verse desde el 15 de septiembre hasta el 9 de octubre en la Sala Mirador, con funciones los jueves, viernes, sábados y domingos.

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