Cuerpo, miedo y libertad

Ernesto Rodrigo. LQSomos. Agosto 2014

El miedo “al cuerpo” –como tantos otros- no es más que el miedo a la diferencia, a reconocerla más bien, y a poder disentir, de una sola diferencia, es el miedo a la Libertad. Ese miedo que alimenta el poder establecido hacia lo que se sale de “la norma”… establecida, ese miedo que trasladamos -muchas veces sin ser conscientes- a quienes educamos y que es un pilar importante, sobre el que se asienta el no cuestionamiento de las cosas: es el poder del Poder Establecido.

Quienes practicamos el nudismo, sabemos que nada nos iguala más que la desnudez. Despojad@s de todo cuño de reconocimiento, nuestro cuerpo desnudo, clama por el acercamiento, por el respeto, por el compartir, el disfrutar, por la comprensión de las formas y contra la sinrazón de la marginación por la diferencia de las mismas. Nuestro cuerpo desnudo, nos invita a reconocernos, a aceptarnos y sentirnos parte de un todo, aportando la riqueza de nuestro contraste. Nuestro cuerpo desnudo es parte indisoluble de nosotr@s, negarlo, es negarnos a nosotr@smism@s.

No podemos huir de nuestro cuerpo, pues por mucho que lo ocultemos y transformemos entre capas y más capas, ahí está él acompañándonos todas las horas, esperando simplemente el reconocimiento que se merece, que no es más que el reconocimiento que tod@s nos merecemos.

Si aceptamos nuestro cuerpo y su desnudez, habremos recuperado una parte de la estima a nuestra existencia, esa que perdimos cuando alguien reprimid@ no pudo soportar que un crío y una cría disfrutando del aire que jugaba con sus cuerpos desnudos, desafiaran las “normas” ya para entonces, profundamente vestidas, esa voz cruel, que nos gritó que nos tapásemos.

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Desnuda, de Pablo Neruda

Desnuda eres tan simple como una de tus manos,
Lisa, terrestre, mínima, redonda, transparente,
Tienes líneas de luna, caminos de manzana,
Desnuda eres delgada como el trigo desnudo.

Desnuda eres azul como la noche en Cuba,
Tienes enredaderas y estrellas en el pelo,
Desnuda eres enorme y amarilla
Como el verano en una iglesia de oro.

Desnuda eres pequeña como una de tus uñas,
Curva, sutil, rosada hasta que nace el día
Y te metes en el subterráneo del mundo
Como en un largo túnel de trajes y trabajos:
Tu claridad se apaga, se viste, se deshoja
Y otra vez vuelve a ser una mano desnuda.

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