Arturo del Villar*. LQS. Octubre 2018

Lo que resalta de esta continuidad es que la fiesta sirve para rendir homenaje al Ejército vencedor en la guerra contra el pueblo español. Una verdadera fiesta popular debiera consistir en organizar reuniones en parques, con comidas y bailes y juegos para los niños, no en aplaudir al Ejército rebelde

El capitán general Felipe de Borbón ha presidido este pasado viernes 12 de octubre, con su mujer y sus hijas, el LXXXIX Desfile de la Victoria, continuando la tradición iniciada el 19 de mayo de 1939 por el dictadorísimo vencedor de la guerra que él mismo organizó con otros generales traidores. Siguió presidiéndolos el designado por el dictadorísimo su sucesor a título de rey, y ahora continúa la costumbre el sucesor a título de heredero espermatozoidal del sucesor a título de rey. Debiera explicarnos cómo ha ganado esas condecoraciones que luce en la guerrera, en cuántas batallas ha quedado victorioso, o a cuántas doncellas ha liberado del poder de dragones.

En 1939 como ahora, porque el régimen es el mismo, los organizadores del desfile recomendaron a los vasallos que colocasen banderas borbónicas en balcones y terrazas. En 1939 se vendían a precio de coste, lo mismo las banderas pequeñas que los metros de tela para hacer colgaduras. Los balcones desabanderados eran motivo de sospecha para la terrorífica Policía Secreta de la dictadura, y los residentes padecían las consecuencias de su falta de adhesión al régimen.
Ahora regalan las banderas los afiliados al que se titula sin motivo aparente Partido Popular, defensor de la dictadura, como es lógico si recordamos que el fundador del partido fue ministro y embajador a su servicio, culpable de asesinatos de políticos y de trabajadores: Manuel Fraga Iribarne se llamaba, no se olvide su nombre en la historia universal de la infamia. En ambas ocasiones los días de los desfiles fueron declarados Fiesta Nazional.

Un desfile no es una fiesta

Lo que resalta de esta continuidad es que la fiesta sirve para rendir homenaje al Ejército vencedor en la guerra contra el pueblo español. Una verdadera fiesta popular debiera consistir en organizar reuniones en parques, con comidas y bailes y juegos para los niños, no en aplaudir al Ejército rebelde contra el sistema constitucional legítimo que masacró al pueblo. Porque el Ejército actual es digno continuador del sublevado. Aquí no se condenó a ningún criminal de guerra, y lo fueron todos los generales rebeldes. Aquí no se juzgó a ningún cómplice de la dictadura, y hubo jueces, fiscales y carceleros enemigos del pueblo. Aquí no se pidieron cuentas a quienes juraron lealtad al dictadorísimo y fidelidad a sus leyes genocidas, y algunos siguen disfrutando de las prebendas obtenidas con su juramento.
La dictadura fascista y su sucesora la monarquía instaurada por ella desprecian al pueblo; por eso no les importa conocer la opinión de los españoles sobre el régimen impuesto por la fuerza de las armas y continuado hasta hoy. Mejor dicho, la conocen, y como es contraria a sus intereses no quieren que se formalice. La represión policial no logra impedir que el descontento popular aflore en cualquier oportunidad.

La motivación para organizar anualmente estos desfiles con las tropas de los tres ejércitos y la llamada erróneamente Guardia Civil, radica en el deseo de advertir a los vasallos que pueden ser atacados con toda clase de armas, si no se comportan sumisamente respecto al jefe del Estado impuesto. Dado que ni el dictadorísimo ni sus sucesores han sido elegidos por el pueblo, carecen de legitimidad para regir el país, y por lo mismo pueden ser legítimamente expulsados por una decisión popular. Para disuadir a los vasallos de tomar esa decisión, se les muestra anualmente el motivo de su poder, como una advertencia: si una vez el Ejército aplastó al pueblo, puede volver a repetir la hazaña.

El Parlament no se doblega

Sin embargo, existen vasallos que no se resignan a serlo, y exigen la celebración de un referéndum para elegir la forma de Estado preferida. Así lo han demostrado los catalanes, que la misma víspera del LXXXIX Desfile de la Victoria han rechazado la monarquía y reprobado al actual rey Felipe VI. Ha sido una decisión del Parlament de Catalunya, por 69 votos a favor, 57 en contra y cuatro abstenciones. Los votos favorables pertenecían a los partidos nacionalistas, Junts per Catalunya, Esquerra Republicana de Catalunya y Catalunya en Comú Podem; los negativos a los partidos de derechas, Ciutadans, Partit dels Socialistes de Catalunya y Partido Popular; las abstenciones fueron de la Candidatura d’Unitat Popular, que no se sabe en dónde está. No pudieron ejercer su derecho los parlamentarios presos del rey de España.

La reprobación al rey deriva del discurso pronunciado el 3 de octubre del año pasado, con amenazas contra los catalanes, que cumplió. Dice el texto aprobado: “Rebutja i condemna el posicionament del rei Felip VI y la seva intervenció en el conflicte català.” Además se ha propuesto la abolición de la monarquía por ser un régimen impropio del siglo XXI: “Apesta per l’abolició d’una institució caduca i antidemocràtica com la monarquia.” Muy certeramente definida.
Mientras en Madrid las fuerzas armadas del rey recorrían el paseo de La Castellana, en Barcelona se celebraba una manifestación antifascista, en realidad antimonárquica, puesto que el dictadorísimo fascista afirmó que instauraba la monarquía del 18 de julio para perpetuar su régimen, y eso es lo que tenemos. Convocada por la Plataforma Antifeixiste en los Jardinets de Gràcia, estuvo en todo momento rodeada por vehículos de los Mossos d’Esquadra, que apenas dejaron moverse a los que acudieron a protestar contra la continuidad del fascismo en Catalunya y en España.

La disculpa para esa actuación era impedir que coincidieran con otra manifestación iniciada en el Passeig de Gràcia por los españolistas, con el lema “España somos todos”. Lo cierto es que en Catalunya solamente se sienten españoles los xarnegos emigrados de las regiones más pobres de España, principalmente de Andalucía, para buscar trabajo y pan. Incluso muchos de sus hijos, nacidos en Catalunya, defienden también la República Catalana.
Es significativo que el telediario de La 1 de TVE y buena parte de los periódicos digitales difundan noticias e imágenes precisamente de esta manifestación españolista, repleta de banderas borbónicas regaladas por el Partido Popular, y no de la antifascista. Es significativo, pero no sorprendente. Nada nuevo en las informaciones. Al rey le corresponde “El mando supremo de las Fuerzas Armadas”, según el punto h) del artículo 62 de su Constitución. Ya lo demostró en el mes de octubre del año pasado, cuando las envió a tomar Catalunya. Mejor no contrariarle. ¿O sí?

* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio.
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