Ecocrítica boricua: del preso político al poeta desempleado

Yo estoy listo para lo que venga,
siempre voy a estar listo para lo que venga.
Si salgo, bien;
si no, estoy listo para estar aquí un rato más.”
Óscar López Rivera
 
Siembra, tú, el terror amorosamente mío,
contra los cretinosque me persiguen cristiana, atea,y tontamente…
 
Hoy siembro mi corazón en un florero.
Yván Silén
Tierra. Desde sus orígenes, que Enrique Dussel marca en el siglo XVI, la modernidad ha menospreciado la naturaleza. Por eso Descartes dudó del cuerpo (la materia), pero no del pensamiento. En el siglo XVII, los puritanos usamericanos apostaron su religiosidad a la tarea ineludible de dominar la naturaleza, dentro de la cual inscribieron a los indígenas. En el siglo XVIII, la Ilustración trazó una línea de superioridad, al sótano de la cual puso la naturaleza americana, inferior a la europea. Kant habla de la inmadurez americana; Hegel de la Historia que no tiene América Latina. Como tal, lo americano ha bregado críticamente con la modernidad hegemónica, buscando una manera propia, según Jorge Larraín, de “estar” en la modernidad.
Con la misma tenacidad que los ilustrados inferiorizaron la naturaleza americana, Zizek se ríe de la Pachamana de Evo Morales. Lo que para Zizek supone una necesidad inaplazable —encontrar respuestas modernas para la crisis actual europea—, Dussel entiende de otra manera: las respuestas latinoamericanas tienen que ser transmodernas, porque para América latina, siguiendo a Aníbal Quijano, la modernidad es, como poco, sinónimo de racismo.
El preso político. En una entrevista reciente (junio), el preso político que más tiempo ha estado bajo rejas usamericanas, Óscar López Rivera (1943), acusado de conspiración sediciosa para derrocar el gobierno estadounidense en 1980, decía que estaba listo para lo que viniera. Es decir, el posible indulto, el cual tramitan los puertorriqueños para que Obama haga lo que debe hacer cualquier presidente con un mínimo sentido de la proporción y la justicia, o, en caso de que la realidad insista en su perversidad, cumplir los 38 años que le faltan a su sentencia de 70. El 29 de mayo, al cumplirse 32 años de encarcelamiento, los puertorriqueños se solidarizaron con la tragedia de Óscar: en muchas de las plazas públicas de la isla, los boricuas se enclaustraron en cárceles simbólicas.
Cuando, hacia el final de la entrevista, Cándida Coto le pregunta qué haría al llegar a la isla después de tantos años de ausencia, Óscar contesta de una manera que haría reír a Zizek: “Quizás agarrar un puño de tierra puertorriqueña y olerla.” Al leer esta respuesta, pienso en Evo Morales y sobre todo, en la constitución de Ecuador, que acaba de otorgarle derechos a la Naturaleza, con mayúscula, como le gusta escribir Naturaleza a Vandana Shiva. Sí, me digo, la Naturaleza de la que se ríe Zizek emerge entre los latinoamericanos sin Historia, como un metarrelato que, contrario a lo que proponía la posmodernidad eurocentrada, tenemos que volver a respetar.
Cuando se ríe de Evo, Zizek se equivoca, porque no está dispuesto, como Dussel, a atravesar la modernidad. Sea cual sea la respuesta a los problemas de la Europa actual, dice Zizek, la solución tiene que darse en el molde de la modernidad. Pero, se preguntan los estudios decoloniales latinoamericanos, ¿puede la modernidad reconciliarse con la Naturaleza? Desde El encubrimiento del otro (1994), Dussel responde que no. Por eso, el filósofo argentinomex atraviesa la modernidad con su flecha de la liberación latinoamericana: la transmodernidad.
Sin el olor de la tierra que ensueña el preso, y toda la violencia acumulada que la Naturaleza, como plantea Zizek, descarga sobre nosotros a su antojo, sin ese “puño de tierra” para oler, me digo, no somos nada. Por ello, la transmodernidad centraliza la relación la Naturaleza. Con 32 años de cárcel sobre los hombros, Óscar no se reiría de Evo.
El poeta desempleado. En medio de estas lecturas, termino de releer la entrevista al escritor boricua, “Entre el Fatum y la moira o cómo se llama Yván Silén” (2008), en la cual Silén (1944), poeta-filósofo-político de la “Independencia,” de la “República” que estima esencial para la salud de los puertorriqueños, filosofa sobre la realidad del ser, marcada como está por el no-ser en su devenir contra la muerte. Destino entrópico que el poeta enfrenta de dos maneras. Por un lado, con la fiesta neobarroca, y la risa irónica de “Dios,” porque la realidad del no-ser es tragicómica (como asiente el filósofo afroamericano, de raigambre protestante, como Silén, Cornel West, cada vez que dice que humano viene de “humando,” que significa el que entierra a sus muertos). Por otro lado, el poeta encara la muerte con la agricultura (sí, el olor a tierra puertorriqueña del preso, Óscar). Ante la mordida feroz de la entropía, el poeta-filósofo-político plantea sin más: “Sembrar se ha convertido en mi forma de combatir la muerte.”
En la entrevista, Silén habla de la censura a la que lo ha sometido el poder literario de la isla, a raíz de cuya represión ha padecido el exilio, el desempleo y la pobreza. En estos momentos, con un doctorado en literatura y más de veinte libros publicados, no ha recibido clases para enseñar en la Universidad de Puerto Rico.
Abono. Desde la cárcel, en el estado de  Indiana, la tierra boricua llama al preso que desea oler la mundanidad de la patria. Contra la entropía y desde el desempleo, llama al poeta que la llena de vida.

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