José Manuel García Benito: In Memorian

Julio Gomáriz*. LQS. Octubre 2020

Cuando lo trasladaron a la cárcel Carabanchel estaba en tal estado que la dirección de la cárcel rehusó su ingreso; después de varias gestiones fue admitido en el Hospital Penitenciario, donde estuvo un mes bajo tratamiento médico…

Conocí a José Manuel García Benito en una cita montada por el FRAP en el metro de Urgel en julio de 1972. Acudimos a ella tres personas: dos de ellas procedían de la FEDEM, nuestra organización de enseñanza media, que abandonaban una vez superadas sus pruebas de selectividad para integrarse en la FUDE, donde yo militaba. Fue mi última actividad en la organización universitaria, pues pocos días después ingresé en el servicio militar. Los tres fuimos estudiantes de Ciencias Biológicas.

Desde su ingreso fue un activista destacado y alcanzó bastante prestigio por su capacidad de debate en la lucha antifranquista, sin embargo, su mayor éxito lo obtuvo en la incipiente facultad de Ciencias de la Información donde organizó un núcleo de 10 personas. Salió indemne de las caídas de 1973 y siguió con su militancia, pero la deriva táctica de las acciones del FRAP, le alejó temporalmente del frente.

En primera línea José Manuel García Benito, en silla de ruedas, ante la puerta de los juzgados de Plaza de Castilla, Madrid. Después de interponer su querella por torturas en el contexto de crímenes de lesa humanidad, sumando su caso a la Querella Argentina. 28 de febrero de 2019. Foto de CEAQUA

Como a otros muchos, los eventos de 1975 le volvieron a atraer hacia sus antiguas militancias, siendo especialmente activo en las movilizaciones contra los consejos de guerra y las ejecuciones del 27 de septiembre. A pesar de las múltiples caídas, pudo eludir a la policía hasta finales de año. En el mes de diciembre, ya muerto Franco, fue detenido en una cita por la Brigada Político Social. Fue uno de los primeros presos políticos de la Transición. Por aquella época andaba la policía bastante desesperada por no haber aclarado la muerte de cuatro de ellos en los atentados del primero de octubre. Fue torturado brutalmente desde el principio, pero nadie de la organización sufrió perjuicios como consecuencia de sus interrogatorios, que fueron llevados a cabo por varios policías, supervisados por Conesa o Billy el niño.

Cuando lo trasladaron a la cárcel Carabanchel estaba en tal estado que la dirección de la cárcel rehusó su ingreso; después de varias gestiones fue admitido en el Hospital Penitenciario, donde estuvo un mes bajo tratamiento médico, pues presentaba un cuadro renal grave. Se le acusaba de haber participado en la muerte de un policía. La prueba más sólida que tenían en su contra era, que en la caja de herramientas de su padre, mecánico del metro. faltaba el martillo, instrumento que según ellos había sido utilizado para rematar a uno de los policías. Por tan “contrastada evidencia”, fue procesado por lo militar con una petición de treinta años. Estuvo casi un año en la cárcel, donde mostró su buen humor y amabilidad.

Después de ser liberado, terminó su carrera universitaria como bioquímico para depararnos varias sorpresas: Manolo era un trabajador incansable, llegó a compatibilizar su trabajo como analista en un prestigioso laboratorio con la enseñanza en un centro concertado, para pasar (por oposición (sacada a la primera) a profesor de enseñanza pública. Pero también era un bon vivant: La buena comida, la buena bebida (le encantaba el whisky de malta, que conoció en su estancia en Edimburgo) y también flirtear, en esto obtuvo tantos éxitos que con mucha envidia sus amigos le llamábamos “El Buitre”. También le gustaba viajar y ya como profesor estuvo destinado en Tánger varios años. La vida y las profesiones nos separaron y por muchos años perdí su rastro, para saber que había sufrido, mientras estaba en clase, ya en Madrid, un gravísimo ataque de diabetes, que le había originado varias amputaciones, que le obligó a moverse en silla de ruedas y a asistir a tres sesiones de diálisis a la semana. A pesar de sus males, cuando contacté de nuevo, observé que su compromiso con la causa del pueblo se mantenía. Presentó querella contra sus antiguos torturadores, González Pacheco entre otros, y mandaba, siempre que sus condiciones lo permitían escritos con elevada carga política. El lunes 5 de octubre, en una sesión de diálisis, de manera súbita, nuestro buitre voló hacia el infinito. Que encuentre allí la justicia que aquí se le negó. Hasta la victoria siempre, querido amigo.

Al Primer detenido de la monarquía por ser miembro del FRAP
* Julio Gomáriz, miembro de La Comuna Presxs del Franquismo. Es autor de Relato de un miembro del FRAP.

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