Las izquierdas y su lenguaje

Al arribo del primero de mayo se llenan las paredes de Madrid, en particular de los barrios más populares, de carteles anunciando la Tercera República, la clase obrera a poder, derrota al capitalismo,  unidos en la lucha para derrocar al Estado opresor, y etcétera, etcétera, etcétera. Y pasa el primero de mayo y, como ave migratoria, pasa la cartelería. Sin pena ni gloria. Sin mover a nadie, sin asustar a ninguno. Risa, hay que decirlo, risa es lo que provocan todas estas rimbombantes alertas. Y los autores de estas consignas, y sus prosélitos, y sus simpatizantes, vuelven a las sedes de sus sectas partidarias, con la satisfacción de un deber cumplido, y más de izquierdas que nunca, y más revolucionarios, y más cheguevaristas.

Ni el mundo ni su entorno se han enterado de nada, y esta rebelde medicina sólo provoca un efecto paradojal: los que nos gobiernan pueden decir, con orgullo, que vivimos en una sociedad plural, que todas las ideas son permitidas y respetadas. A las pruebas se remiten.

Cuando surgió el movimiento del 15M, y las acampadas en la Puerta del Sol, y las comisiones barriales para discutir sobre los abusos del poder, no se usaba todo este lenguaje prehistórico, acaso salido de un manual de marxismo mal traducido, se hablaba de INDIGNACIÓN. Y podía uno ver en las reuniones a gentes de izquierda, de derecha o de centro, unidos por ninguna otra cosa que la indignación.

Al fin y al cabo qué es lo que entendemos por izquierda (izquierda política y económica, pero también moral, que olvidamos a menudo), sino el reconocimiento de que la humanidad anda con pasos errados, que la sociedad de los hombres tiende siempre a radicalizarse entre los que adquieren poder y los esclavizados por ellos. Y qué lleva a los hombre a reconocer este estado y a desear cambiarlo, sino la indignación.

Sería conveniente, pues, entender que no basta decir que tal es de izquierda porque milita en el sindicato o partido tal, o que tal otro es de derecha porque va a misa todos los domingos y fiestas de guardar. Con un pensamiento tópico no se logra pensar.

Recuerdo que en mi país, Argentina, hace unos años atrás un gobierno de derecha designa como director de PAMI a un señor de una de nuestras familias tradicionales, cuyo apellido no alcanzo a recordar, pero tan de derecha como el que más. El PAMI es la obra social de los jubilados y pensionados.

En una institución donde todos los gobiernos habían robado, que no podía ya funcionar peor, este señor de derecha logró sanearla completamente, eliminando la corrupción y mejorando y modernizando sus servicios. ¿No es esta una actuación puramente de izquierda? Por qué no; las fronteras entre la derecha y la izquierda suelen ser bastante borrosas.

Sectarismo, lenguaje tribal, griterío y pataleo es lo que no necesita este momento histórico. Parece ser que la mayoría de la gente no quiere enterarse que las cosas andan mal, pero que muy mal. Que nos están mintiendo descaradamente, que no estamos ante una crisis, sino a un estado de destrucción que no sabemos bien a dónde nos llevará. El término grieto krisisalude a poner en tela de juicio algo que funciona mal para remediarlo. Sin embargo, todas las medidas que se toman son regresivas, todas van destruyendo sistemáticamente nuestra forma de vida. Y no hay que ser muy listo para darse cuenta, sino observar.

Si hemos de pretender la revolución, previamente deberemos acercarnos a la gente hablando su lenguaje, para que se despierte en ellos la conciencia. Si no, no convenceremos, y mucho menos venceremos.

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