Led Zeppelin IV

Por Mariano Muniesa*. LQSomos.

En ese cuarto álbum, por un lado se volvería al rock duro y a temas que entroncaban con esa evolución del blues progresivo, pero incluyendo canciones que seguirían esa línea más folk que habían desarrollado en “Led Zeppelin”

50 años de la leyenda del álbum sin nombre

Para muchos fans del grupo, es más completo y fue más determinante en su historia “Led Zeppelin II” o incluso su celebrado doble álbum de 1975 “Physical Graffiti”. Pero objetivamente, el disco que el 8 de noviembre ha cumplido 50 años, “Led Zeppelin IV”, es el álbum que encumbró a sus protagonistas como una de las bandas de rock más grandes de la historia, y a partir del cual su fama, su prestigio y su leyenda se consolidó hasta hacerles uno de los mejores grupos de la década de los 70. No se podría entender el mito Led Zeppelin y lo que ha representado en la historia sin este disco, sobre el cual, 50 años después, todavía sigue existiendo debate sobre su título real: aunque se le sigue denominando convencionalmente “IV” no faltan quienes le llaman “el leñador”, por la ilustración que aparece en su portada, quienes le llaman “Four Symbols” o quienes directamente lo denominan simplemente “el álbum sin nombre”.

En 1971 Led Zeppelin ya era una de los nombres más grandes del rock del rock mundial, pero la edición de este álbum suponía un reto de importancia capital para mantenerse y crecer en esa posición o pasar a ser un grupo de hard rock más de la escena. Sus dos primeros álbumes de estudio, cada uno de ellos una furiosa descarga de hard rock guitarrero, denso, precedente del heavy metal desde su concepción del blues progresivo, además de haber creado todo un nuevo género musical, había logrado un éxito comercial sin precedentes, merced sobre todo a sus impresionantes actuaciones en directo que también rompieron todos los esquemas, al retomar aquel estilo de conciertos en los que al igual que Cream –por la influencia jazzística de Jack Bruce- alargaban los temas, improvisaban sobre ellos, hacían medleys incluyendo versiones de blues clásico, incluían solos de guitarra o batería, y se iban a conciertos extenuantes de más de tres horas de duración.

Sin embargo, y en coherencia con ese carácter aconvencional, libérrimo, que jamás se plegaba a nada que pudiera comprometer su estilo de hacer las cosas, cuando llegó el momento de grabar su tercer álbum, se negaron a acomodarse en la fórmula que había funcionado con éxito en sus discos anteriores y grabaron un álbum en el que su personalísimo rock duro remitió a favor de canciones semiacústicas, con mucha influencia del folk tradicional y abriéndose a otras influencias más vanguardistas. Obviamente la fama a los niveles que ellos habían alcanzado también genera inercia, con lo cual “Led Zeppelin III” fue un éxito, pero claramente por debajo de sus predecesores.


En opinión de quienes se movían cerca del grupo en aquellos días, por un lado, no querían sentirse condicionados por el relativo fracaso de su tercer álbum y volver a hacer un disco que fuera una réplica de “Led Zeppelin II”, pero por otro, eran conscientes de que su público buscaba en ellos esa energía y esa fuerza eléctrica y desgarrada, y de hecho tampoco les desagradaba la idea de hacer ese tipo de rock cara a su cuarto disco.


La solución fue tomar un camino intermedio. En ese cuarto álbum, por un lado se volvería al rock duro y a temas que entroncaban con esa evolución del blues progresivo, pero incluyendo canciones que seguirían esa línea más folk que habían desarrollado en “Led Zeppelin”, si cabe algo más matizada. Entre el 7 y el 21 de diciembre de 1970 en los Island Studios de Londres se grabaron todas las demos de trabajo y la preproducción de ese álbum, cuya grabación y mezclas se hizo entre los meses de enero y febrero de 1971 en la Headley Grange, una antigua mansión situada en la campiña inglesa, instalando en aquel la casa de campo la legendaria “Mighy Mobile”, la unidad móvil de grabación de los Rolling Stones.


Aquellas 8 canciones capturaron la esencia total de Led Zeppelin y creo que cabe decir que plasmaron en aquel disco quizá el momento de mayor inspiración de la banda. El rock fuerte, intenso y que entroncaba con sus comienzos lo encontramos en el celebérrimo “Black Dog”, pieza que se convirtió en clásico imprescindible de sus conciertos, “Misty Mountain Hop”, con aquella inmensa y voluminosa base de ritmo sobre la que se montaba el tema y por supuesto el grandioso “Rock´n´Roll”, tema que surgió durante una jam-session improvisada con el pianista de los Stones, Ian Stewart, “Stu”, que era el encargado de alquilar la unidad móvil de grabación durante una de las visitas que “Stu” les hizo en la Headley Grange. En esa jam el pianista de los Stones grabó con ellos otro tema que se incluiría años después en “Physical Graffiti”, “Boogie With Stu”.


El folk de origen celta encuentra en este disco su lugar en otra maravillosa pieza que también contó con otra colaboración de relieve: Sandy Denny, la cantante de Fairport Convention, que grabó con ellos “The Battle Of Evermore”. En esa misma línea, retomando el espíritu de su tercer álbum, la preciosa acústica “Going To California” resultó otro acierto pleno, en “Four Sticks” ofrecieron un tema oscuro, extraño, experimental, muy zeppeliano a su manera y en el denso y sólido “When The Leeve Breaks”, un blues progresivo sensacional, lleno de fuerza y de melodía. Todo ello por supuesto, al margen de la canción que caracterizó no solo a “Led Zeppelin IV” sino a toda su carrera: “Stairway To Heaven”.

El disco fue un éxito de ventas total y absoluto, y a día de hoy, según cifras de la RIAA (Asociación Americana de la Industria del Disco), ha vendido un total de 28 millones de copias, lo cual le sitúa como el tercer disco de rock más vendido en la década de los 70 tras “The Dark Side Of The Moon” y “The Wall” de Pink Floyd. Pero por encima de todo, es el disco a partir del cual Led Zeppelin se conviertn en una banda de leyenda, en la referencia natural a toda una generación de músicos y en grupo de una grandeza tan inabarcable que por desgracia, no pudo sobrevivir a la desaparición de uno de sus componentes, su batería John Bonham. Por ello hoy la música celebra el 50 aniversario de esta obra maestra, el disco más relevante en la historia de aquellos cuatro artistas que cambiaron el curso de la evolución del rock.

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