¿Acumulación originaria o desposesión?

Por Antoni Puig Solé*. LQSomos.

Algunos dicen que Marx sólo denuncia la explotación, basada en el poder que el capitalista ejerce dentro de la fábrica. La violencia que se ejerce a través de la acumulación originaria permite este tipo de explotación y Marx la denuncia y explica de manera brillante

En 1776, Adam Smith, en «las causas y la riqueza de las naciones», dedicó una sección a examinar las condiciones sociales e históricas necesarias para el surgimiento del capitalismo, y empleó la palabra «acumulación previa». Posteriormente, otros autores profundizaron en el mismo tema. El penúltimo capítulo del libro Primero de El Capital de Marx, por ejemplo, trata de «la llamada acumulación originaría”, pero le da una orientación diferente a la de Smith. El capitulo desenmascara las historietas que el capital cuenta sobre sus orígenes y cómo ha creado (y aún crea) las condiciones para su reproducción.

Últimamente, el debate se ha revitalizado y ha hecho fortuna con el concepto de «acumulación por desposesión» empleado por David Harvey. En este escrito, también trataremos de la desposesión (o despojo), pero la incorporaremos sólo como uno de los aspectos a observar, ya que consideramos más apropiado recuperar la terminología de la acumulación originaria, pues su alcance sobrepasa al de la desposesión.

¿Qué es la acumulación?

Para hablar de acumulación originaria, es necesario averiguar primero, qué es la acumulación y luego aclarar el significado de la palabra originaria.

Podríamos definir la acumulación como un proceso en el que el capital crece y se expande incorporando como nuevo capital una parte, o la totalidad, de la plusvalía producida. Es necesario aclarar, para ver la trascendencia del tema, que no es un mecanismo menor y circunstancial, sino algo que se ha convertido en la fuerza impulsora del capitalismo. Este proceso se lleva a cabo, gracias a un circuito del capital, que recorre tres momentos:

1) Comienza cuando una cantidad de dinero (D) a través de la compra se transforma en las condiciones necesarias para la producción (..P..) al adquirir mano de obra (fT) y medios de producción (mP).

2) Una vez se dispone de las condiciones para la producción, se puede llevar a cabo el proceso de producción de mercancía. Con ello se pretende que la cantidad de dinero obtenido al final del proceso supere a la del principio. En otras palabras: el valor de lo producido debe superar la suma del valor de los bienes utilizados como insumos, el valor del desgaste de los utensilios utilizados en la producción y el valor de la mano de obra que ha hecho posible esta producción. De lo contrario, el capitalista consideraría que el proceso no tiene interés.

3) Superado este momento, gracias a la venta de los bienes producidos, la plusvalía se añade (total o parcialmente) al capital inicial, con lo que se puede acometer un nuevo proceso productivo de forma más robusta que el anterior. De esta manera, el capital es cada vez más amplio gracia a lo que acumula.

Cómo se originó la acumulación capitalista

Habiendo visto en qué consiste la acumulación, surgen un montón de preguntas:

1. ¿Cómo se originó esta forma de producción que permite que el capital se acumule?
2. ¿Cómo desbancó a las formas anteriores de producción
3. ¿De dónde vino el capital inicial?
4. ¿Por qué hay una división entre los capitalistas que poseen los medios de producción, por un lado, y los trabajadores despojados de esta propiedad, por el otro?

Hay quien tiende a pensar que la acumulación originaria sólo quiere averiguar de dónde viene la financiación inicial de los capitalistas (la tercera de nuestras preguntas). Si este fuera el caso, seguramente encontraríamos dos respuestas simples y concluyentes:

la de los que creen que ha habido personas que trabajaron duro para ahorrar mientras que otras hicieron el vago y
la de quienes consideran que el capital inicial proviene únicamente del robo y saqueo, es decir, es el resultado de un despojo.

La primera opción fue teorizada por Adam Smith. Marx, por su parte, presenta una serie de argumentos que nos llevan a descartar esta respuesta (aunque reconoce que podemos encontrar casos aislados donde el dinero inicial de los capitalistas proviene de su propio esfuerzo). Por el contrario, incorpora y analiza ejemplos que muestran la existencia de un saqueo, pero su planteamiento va más allá.

Marx, al sumergirse en el origen del modo de producción capitalista y ven cómo el capitalismo desecha y a la vez rehace las formas de producción preexistentes, responde a la primera y segunda de nuestras preguntas y responde, al mismo tiempo, a las dos restantes.

Marx está interesado en descubrir cómo se origina el capital industrial. Pero su interés no pretende únicamente aclarar cómo surge el dinero que luego se valoriza. También quiere descubrir dónde se origina el capital como relación social. O sea, descubrir cómo es que hay capitalistas que se enriquecen y acumulan y cómo es que hay trabajadores que se someten a esta explotación.

Burgueses y proletarios

Cabe señalar que la acumulación originaria tiene orígenes históricos específicos (de ahí que sea originaria) en los que se sientan las bases para que el capitalismo sea capaz de reproducirse continuamente y por lo tanto, se pueda imponer año tras año. En otras palabras: origina el marco propicio para el despliegue del capital. Esta es la razón por la que Marx aborda el tema en la parte fina de El Capital, después de revelar las características del capitalismo y observar cuidadosamente su funcionamiento. Sólo es posible entender la acumulación originaria del CAPITAL si primero se aclara lo que se origina y que el capitalismo quiere perpetuar.

Un buen funcionamiento del capitalismo requiere la presencia de dos clases sociales diferentes: la primera de ellas es la de los propietarios de los medios de producción; la segunda es la de quienes venden su fuerza de trabajo.

Según Marx, uno de los elementos característicos que lo hicieron posible fue el proceso histórico de separación entre el productor y sus medios de producción.

En este proceso de separación, podemos ver algunas de las manifestaciones del saqueo que caracteriza al capitalismo desde su mismo origen, es decir, desde el momento de su nacimiento y que lo perseguirán a lo largo de su existencia; también en la era actual del capitalismo, como argumenta David Harvey. Sin embargo, hay que ser muy cuidadosos al tratar estas formas de violencia, pues existe el peligro de acabar creyendo que lo único malo del capitalismo es la violencia, cuando lo que lo caracteriza es su forma particular de apropiarse del excedente, una apropiación que se produce a través de una proceso, aparentemente voluntario y libre, regulado por un sistema legal de relaciones laborales. Pero, a la vez, existe el peligro inverso, cuando se observa únicamente la relación laboral y se olvida el proceso de coerción y violencia que lo precede y acompaña.

El divorcio social entre capitalistas y asalariados se levantó tras un proceso de expropiación forzada y violenta que tuvo un momento culminante en la privatización de la tierra, incluidos los bienes comunales, lo que llevó a una nueva relación social. En todas las formas de producción basadas en la explotación, el trabajo se divide en dos partes. Una permite a los productores mantenerse. La otra va a manos de las clases dominantes. Pero esta descomposición toma diferentes formas dependiendo del modo de producción reinante.

Ernest Mandel da dos ejemplos. El primero se refiere a la esclavitud en las grandes plantaciones de las Indias Occidentales y en las colonias portuguesas de África:

«En todas las regiones tropicales generalmente el dueño no le da al esclavo ni la comida; él mismo debe producirla trabajando el domingo un pedazo de tierra, cuyos productos sirven para su consumo personal».

El segundo se refiere a los grandes dominios de la Alta Edad Media:

«Las tierras de estos dominios se dividían en tres partes: Había tierras comunales, que eran propiedad colectiva, es decir, bosques, prados, humedales, etc. Estaban las tierras que el siervo trabajaba para mantenerse él y su familia. Finalmente estaba la tierra que trabajaba el siervo para mantener al señor feudal»

Bajo el capitalismo, las cosas funcionan de manera diferente. Al tratarse de una forma de producción basada en la producción de mercancías, tanto los capitalistas como los trabajadores quedan obligados a comprar estas mercancías y en el caso de los trabajadores sólo pueden hacerlo con el dinero que obtienen a través de la venta de su fuerza de trabajo. Las otras formas de supervivencia terminan siendo inviables o marginales e incluso acaban siendo subsumidas por la propia dinámica del capital.

Llegar a este extremo, aunque ahora parezca natural, no fue nada fácil. Marx explica el proceso que lo hizo posible. El descubrimiento de oro y plata en América proporcionó el material monetario necesario para fomentar el intercambio comercial y abrió nuevas rutas para este intercambio. La apropiación de las minas por los conquistadores, el sometimiento, cuando no la eliminación, de la población indígena, el saqueo y la conversión de África en una reserva para la caza comercial de esclavos negros, alentaron el despunte de la producción capitalista. Nada de esto hubiera sido posible, sin el poder del Estado que se convirtió en una herramienta al servicio de la acumulación capitalista. Simultáneamente, el sistema tributario moderno y la deuda pública se desarrollaron, convirtiéndose en un negocio de usureros y capitalistas. También se desarrolló la banca moderna.

Para describir una parte de estos procesos, la palabra desposesión es apropiada. La privatización de la tierra y las desamortizaciones condujeron a la privatización de los bienes comunales y a la separación de los campesinos de las tierras que cultivaban. En el caso específico de Inglaterra, los campos fueron vallados y puestos en manos de arrendatarios, que disponiendo de grandes extensiones las explotaron de manera capitalista. En otras palabras, utilizaron asalariados, nuevas tecnologías y produjeron para el mercado. Los antiguos siervos no tuvieron más remedio que convertirse en asalariados y, al mismo tiempo, el Estado alentó la violencia de la ley y la policía, abriendo el camino a la fuerza coercitiva contra todos aquellos que no aceptaban trabajar en las nuevas condiciones.

Como también señala Ernest Mandel, bajo el modo de producción feudal,

«la masa de productores-campesinos son siervos apegados a la gleba: Pero cuando decimos que el siervo está unido a la gleba, también debemos decir que la gleba está inscrita al siervo, estamos frente a una clase social que siempre tiene una base para sus necesidades, porque el siervo tiene una extensión suficiente de tierra para que el trabajo de dos brazos, incluso con los instrumentos más rudimentarios, pueda satisfacer las necesidades de una familia. No se trata, por tanto, de personas condenadas al hambre si no venden su fuerza de trabajo. En una sociedad así no hay, por lo tanto, ninguna obligación económica de ir a alquilarse, de ir a vender la mano de obra a un capitalista».

En este caso, la acumulación primitiva se asocia a la destrucción de las relaciones de producción feudales, destrucción que incluso acaba debilitando a pequeños propietarios. Esto a veces prospera a través del uso directo de la violencia estatal, como ya hemos visto. Otros lo hacen acompañado de la violencia económica ejercida por el propio desarrollo capitalista. Basta recordar cómo miles y miles de campesinos y pequeños agricultores se vieron obligados, a partir de la década de 1950, a abandonar sus tierras y emigrar a los grandes centros industriales para convertirse en mano de obra asalariada.

Marx era muy consciente de la naturaleza violenta y explotadora del feudalismo. No embellece esa violencia ni tiene ningún tipo de melancolía por un pasado al que nunca debemos volver. Sugiere, por otro lado, que la acumulación originaria abrió un cambio en la forma de violencia. La acumulación capitalista es la continuidad de la acumulación originaria que ahora se traslada al centro de trabajo y continúa operando en todo el mundo, con nuevas formas de desposesión.

Algunos dicen que Marx sólo denuncia la explotación, basada en el poder que el capitalista ejerce dentro de la fábrica. La violencia que se ejerce a través de la acumulación originaria permite este tipo de explotación y Marx la denuncia y explica de manera brillante. ¡Esta es la violencia que origina el capitalismo! De ahí que la palabra acumulación ORIGINARIA sea tan apropiada. Luego la violencia se transporta a unos lugares de trabajo, que cambian rápidamente. Allí los desposeídos trabajan “voluntariamente” tras firmar el contrato de trabajo y allí la violencia de la ley y la policía, que sigue operando en la calle, da paso a la fuerza coercitiva del supervisor del trabajo y del ritmo impuesto por la tecnología al servicio del capital.

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