Novecento, reflejo del final de una época

Por Pepe Gutiérrez-Álvarez. LQSomos.

Una época que básicamente transcurre entre el inicio de la revolución cubana con el apoyo de la URSS de Kruschev y concluye con el bloqueo de la revolución sandinista sola ante el Monstruo.

Seguramente la obra fílmica que –popularmente- mejor refleja el sueño de la revolución fue “Novecento”, la más vital. Después de al menos tres visiones, no he podido por menos que con ocasión del fallecimiento de Bernardo Bertolucci (1941-2018), disfrutar de nuevo Novecento que no significa «1900», como su título en castellano mal interpreta. No es sólo el primer año del siglo XX, sino el siglo en su extensión.

«Novecento» equivale a «Quattrocento», el siglo XV, y quiere ser un ambicioso fresco histórico a partir de las vidas comparadas y enfrentadas de sus dos protagonistas Olmo y Alfredo, la clase obrera y la clase terrateniente.

A modo de Plutarco, pero con espejos enriquecedores como la novela naturalista (Zola), Gabriel García Márquez, Shakespeare (especialmente «Macbeth»), Cesare Pavese y modelos cinematográficos que abarcan desde Dovjenko («La tierra») a Miklós Jancsó («Salmo rojo») pasando por el tótem de Jean Renoir («La Marsellesa»), Bertolucci partió de una concepción muy esquemática o simple del modelo dramático, para trazar limpiamente la musculatura de un período histórico complejísimo, personalizado en dos hombres y una masa. Las cuatro estaciones capitulaban la historia: el Verano es la juventud de Olmo y Alfredo y del Movimiento Obrero. El Otoño abarca la ascensión del fascismo y decadencia de los antiguos privilegios. El Invierno es fascista en su más cruda expresión. Y la Primavera de la victoria popular, el derrocamiento del Propietario y la definitiva esperanza de la clase obrera que conmovió el sistema en los sesenta-setenta.

En 1971 Bertolucci creyó en la necesidad de este fresco, su proyecto inicial era una serie para televisión de seis capítulos de una hora de duración cada uno de ellos (lo que supondría una duración total bastante similar a la que el film tendría en su versión más completa, una prueba más de que nunca corrigieron su concepto global inicial de la obra, preservando su estructura y continuidad). Pero la evidencia de que el contenido político y moral del film jamás convendría a las conservadoras cadenas de TV mundiales, y de que el film necesitaría comunicar su espectacularidad a través de la gran pantalla, aparcaron su proyecto para dedicarse de pleno a la realización de «El último tango en París» que con sus gravísimos problemas legales posteriores supuso un quebradero de cabeza muy negativo en su autor. (Aún hoy en día «El último tango en París» está radicalmente prohibida en Italia y sus copias teóricamente destruidas, mientras el negativo tiene que conservarse en el extranjero, ya que la orden judicial de destrucción también le afecta. El caso no ha sido nunca revisado).

El argumento y guion de «Novecento» les tuvo intermitentemente ocupados dos años, con la colaboración pasajera del hermano menor de Bertolucci, Giuseppe, que intervino también en las primeras discusiones con el PCI, al que Bernardo sometió algunas cuestiones de fondo, en vía a un reconocimiento oficial de su contenido. Pero la magnitud del proyecto, el amplio reparto que necesitaba y la dilatación temporal de un rodaje que debía recoger y respetar aquellas cuatro estaciones estructurales exigían una inversión muy superior a la de sus films anteriores y a la de cualquier film italiano de su tiempo. Las recaudaciones extraordinarias que estaba logrando «El último tango en París «tientan al productor Alberto Grimaldi a repetir la experiencia con él y a negociar con las más altas esferas la financiación del film. Se obtiene la unión crediticia de tres de las “majors” en una época en el que la ira social lo atravesaba todo. No obstante, este guion siempre tuvo un problema: estaba inacabado. El final de la historia de Alfredo y Olmo era un escollo que Bertolucci pospuso al mismo rodaje. De ahí las muy enfrentadas versiones sobre el final que pueden considerarse según provengan de entrevistas de los primeros o los últimos tiempos de la realización de esta película que, al margen de sus valores, fue paradigma de una época en la que la revolución llenaba de ilusión a quienes consideraban que el capitalismo estaba reñido con la democracia y con la salud del planeta.

Novecento (1900). Año: 1976. Duración: 314 min. País: Italia. Dirección: Bernardo Bertolucci. Guion: Franco Arcalli, Giuseppe Bertolucci, Bernardo Bertolucci. Música: Ennio Morricone. Fotografía: Vittorio Storaro.
Reparto: Gérard Depardieu, Robert De Niro, Dominique Sanda, Stefania Sandrelli, Donald Sutherland, Burt Lancaster, Sterling Hayden, Francesca Bertini, Laura Betti, Werner Bruhns, Stefania Casini, Anna Henkel, Ellen Schwiers, Alida Valli, Romolo Valli.
Productora: Coproducción Italia-Francia-Alemania del Oeste (RFA); Produzioni Europee Associati (PEA), Les Productions Artistes Associes, Artemis Film.

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