Maryssa Ruiz. LQS. Abril 2018

Cuando aislemos de nosotros la absurda preocupación por los juicios de valor que los demás ejecutan en función a nuestros actos será cuando consigamos la tan anhelada felicidad y paz interior que nos llevará a nuestra propia comprensión y aceptación. En el momento en el que seamos conscientes de que hagamos lo que hagamos siempre habrá alguien que critique nuestras acciones será entonces cuando empecemos a construir nuestro presente y futuro en base a nuestros gustos, intereses y necesidades para emprender el camino que nos hará libres; no podemos agradar a cada persona del mismo modo y ni siquiera hemos venido a este mundo para agradar a nadie sino que estamos aquí para ser felices, para actuar según nuestros principios y para intentar que nuestro paso por este inmenso universo aporte algo de paz, esperanza y prosperidad, somos semillas de luz que debemos florecer en este caos desmesurado que está acabando con la poca humanidad que se halla escondida en cada recóndito habitáculo de un planeta a la deriva.

A veces intentamos que cada acción de nuestra existencia esté marcada en base a los gustos de alguien y nunca terminamos de ser auténticos por completo por miedo al qué dirán, pero….¿Realmente es tan importante lo que piensen de nosotros los demás? El miedo a no gustar a la gente nos paraliza y nos confunde evitando que seamos nosotros en toda nuestra esencia y que no logremos nuestros objetivos, pues estamos tan distraídos en intentar ser perfectos que se nos olvida luchar por alcanzar nuestros sueños. Si lográsemos evitar la cobardía de escondernos en un caparazón que no nos dejar ser nosotros mismos, floreceríamos como los campos en primavera para poder ofrecer toda nuestra luz y color a este mundo ¿Qué sencillo verdad?¿Cómo se consigue esto?

Ni toda la vida entera, ni dos vidas más, ni si quiera tres son suficientes para que lográsemos exponer como realmente somos, para que fluyamos en este mundo mostrando a los demás nuestros verdaderos sentimientos, pensamientos e ideas porque siempre hay algo de nosotros que no dejamos conocer por miedo a no ser aceptados o a perder a las personas que queremos. Callamos, asentimos y procuramos en muchos aspectos desempeñar un papel digno y merecedor del óscar al mejor guión, esbozamos hipócritas sonrisas y disfrazamos nuestra mirada con velos ocultos que no nos dejan ser libres de verdad, libres para mostrar quienes somos, libres para decir lo que pensamos, libres para exponer lo que sentimos, libres para construir una vida que solo existe en nuestros sueños, que vaga por nuestra mente haciéndonos partícipes de una gran obra de teatro en la que los aplausos nunca llegan y se repiten las mismas escenas una y otra vez.

No, no merece la pena vivir para gustar a los demás, actuar para que nadie te juzgue, caminar por este dificultoso sendero de la vida esperando siempre una aprobación, no merece la pena sufrir un suicidio mental y anímico constante solo porque a alguien se le antoje juzgar nuestros actos, no, no hemos nacido para gustar a nadie, recuerda que GANAR A OTROS ES PERDERTE A TI.

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