Reclutas indígenas en la guerra de las Malvinas

Por Nònimo Lustre. LQSomos.

Británicos tomando posesión de un archipiélago apenas cartografiado

Durante esta primera semana 2022, nos han atiborrado con los recuerdos del 40º aniversario de la guerra de las Malvinas. Era de esperar porque las cifras redondas siguen gozando de amplio predicamento. Pero, en medio de la desbordante narrativa épico-lírica consustancial a los patrioterismos argentino y británico, hemos echado en falta alguna mención a los indígenas argentinos que fueron acarreados a esa guerra. De ahí que estas notas quieran paliar ese olvido.

La historia europea

La presencia humana en las Malvinas se remonta a hace unos mil años –como mínimo, hace unos 600. Se supone que los inmigrantes’ eran Yagán, fueguinos o quizá canoeros Yámana originarios de la Tierra del Fuego. Pero son datos que esperan confirmación en unas islas, antiguamente sin árboles, en las que aún no se hace arqueología. Se creyó que navegaron acompañados por el guará o perro de los yámanas, una suerte de lobo austral domesticado, pero el estudio del Dusicyon australis aclaró algunos prejuicios (ver infra)

Los británicos escribieron que los ‘malvinenses’ eran muy altos –extrapolaciones de la fama de los gigantes patagones

Cuando llegaron los invasores europeos, las Malvinas ¿estaban deshabitadas? No hemos conseguido averiguar este importante dato etnohistórico. El dato arqueológico más recientemente publicado (en Science Advances 2021) fue un artículo que, analizando una punta de cuarcita local hallada en 1979, probó que los pueblos originarios fueron los primeros en llegar a las islas del Atlántico Sur entre 1275 y 1420 –fechas más modernas que las antes consideradas.

Se sabe que Américo Vespucio ha sido catalogado por algunos –no por todos los estudiosos- como quien descubrió en 1501 el archipiélago. Al menos, así lo narra en una carta a Pietro Soderini, Lettera di Amerigo Vespucci delle isole nuovamente trovate in quatro suoi viaggi (Lisboa, 1504) En 1520, la expedición de Magallanes debió pasar por las Malvinas. Y es más seguro que una nave de la expedición comandada por fray Francisco de Ribera tomó posesión para España el 4.II.1540.

Un tristísimo zorro-lobo de ‘las Faulklands’

Por su parte, los británicos también exigen su pedazo de gloria invasora de manera que el ‘descubrimiento’ del archipiélago se lo encasquetan a John Davis, en fecha tan sospechosamente exacta como el 14.VIII.1592. Pero, oficialmente, el primer registro del primer desembarco sigue en poder del capitán John Strong, en 1690 –justo poco antes de los franceses que lo ‘descubrieron’ en 1701. Además, el famoso almirante francés Bougainville lo visitó en 1764. A partir de finales del siglo XVIII, los invasores tienden a huir de aquellas inhóspitas islas. Gran Bretaña lo hizo en 1774, y la naciente República Argentina en 1811 -por parte española, el gobernador había huido en 1807. Finalmente, los británicos se establecieron formal y materialmente en 1833-1840.

El único mamífero de las Malvinas, saludable hasta su definitivo exterminio en 1875. Hoy está disecado en una docena de museos

La población local, subió a 2.392 personas en 1931 pero, a partir de esa fecha, declinó hasta unos 1.500 cuando llegó el ejército argentino en 1982. Los denostados como kelpers (o kelpos), hoy unos 3.000, son llamados así no por ser ovejeros sino porque las Malvinas producen unas grandes algas laminariales conocidas como huiro, sargazo, cachiyuyo -cochayuyo es la variedad de la costa del Pacífico, la Macrocystis pyrifera).

El Dusicyon australis. Como escribimos al principio de estas notas, este desaparecido zorro-lobo (o viceversa) provocó algunos prejuicios pues creyóse que llegó domesticado con los Yámana pero que luego se asilvestró. Pero últimas investigadores sospechan que data como animal autóctono malvinense desde hace unos 70.000 años, antes del final de la última edad de hielo. El registro histórico más antiguo sobre el Dusicyon a., se atribuye al capitán Strong (1690) Era aún bastante común cuando Darwin visitó las Malvinas en 1833. El joven naturalista pronosticó entonces que “cuando estas islas estén habitadas, sin duda a ese zorro se le podría clasificar, como al dodo entre los animales desaparecidos de la superficie de la Tierra.” 42 años después, se cumplió su desconsolada profecía.

La guerra de las 10 semanas

Entre el 02.abril y el 14.junio de 1982, los oficiales del ejército argentino torturaron a todos sus subordinados pero pusieron especial inquina en estaquear (*) a los indígenas. Era su costumbre… Sobre estas torturas, un excombatiente afirmó: “Lo que pasó es que el Ejército que fue a Malvinas era el que venía de secuestrar y torturar al pueblo y para ellos los soldados éramos el pueblo. Y en Malvinas si un soldado robaba alimento, o había salido a matar una oveja, o se había quedado dormido en una guardia, todo esto era una causa para torturarnos” (ex combatiente Cataldi, 2022)

(*) estaquear: torturar a una persona estirándola y sujetándola entre cuatro estacas clavadas en el suelo.

¿Nacionalismo antiimperialista o simple belicismo?

Dicen las estadísticas oficiales que en la guerra murieron exactamente 649 argentinos pero son mucho menos precisas cuando se cuentan los suicidios –quizá alrededor de 450. Los británicos emplearon comandos de indígenas Gurka (ver Mike Seear, With The Gurkhas In The Falklands. A War Journal, 2003) pero los argentinos usaron a sus indígenas como semiesclavos –el colonialismo interno les impidió ver a sus minorías como parte especial de la guerra. Los aborígenes movilizados ascendieron a un centenar de secuestrados Qom, Wichi, Moqoit, Coya (Kolla), Guaraní, Tehuelche y Mapuche. Exceptuando a los andinos, la mayoría, provenían de tierras cálidas. No habían visto el mar ni conocido las temperaturas muy bajo cero –leeremos que más de 17º bajo cero- del invierno austral en el que se desarrollaron las batallas.

Testimonios de diez chaqueños no necesariamente Qom: uno de ellos declara que “estando estaqueado, le cayó una bomba a diez metros provocándole ceguera permanente, lo cual constituye lesiones gravísimas” (José Yanevich). Otro ex combatiente –término que a menudo debe sustituirse por víctima: “Tuvimos situaciones extremas en la alimentación. En una situación delicada trabé amistad con un isleño y este señor se comportó como tal; por eso quiero ratificar todo lo dicho contra oficiales y suboficiales que nos infringieron castigo… Fui estaqueado durante todo el día y, a las 11 de la noche, hubo un bombardeo y me sacaron a punta de fusil y bayoneta. Durante el día tomé solo agua con una temperatura de 17 grados bajo cero, tirado sobre la humedad, después de haber sido ‘raneado’ durante dos horas y media” (José Alfredo Sánchez)

En 1978, mientras festejaba el Mundial de fútbol, Ibérico Saint Jean fue muy explícito: «Primero vamos a matar a todos los subversivos, después a sus colaboradores; después a los indiferentes y por último a los tímidos«. El futuro previsto por el entonces gobernador de Córdoba -émulo del general Mola-, se materializó en las Malvinas donde son innumerables los casos denunciados de muerte por desnutrición; tortura por enterramiento en terreno congelado; tortura por estaqueamiento a la intemperie; tortura por inmersión prolongada en agua helada; gatillamientos y simulacros de fusilamiento; maltrato adicional a los soldados judíos; quemaduras mediante colillas de cigarrillos; palizas periódicas; tortura mediante picana eléctrica y tortura mediante la técnica del submarino.

Mientras los milicos se dedicaban a los suyo –el genocidio-, los testimonios de los indígenas secuestrados son muy explícitos: “Se servían whisky de los pubs, pero no estaban preparados para la guerra. Desaparecieron cuando las cosas se pusieron serias. Muchos de los oficiales habían trabajado previamente como torturadores para la dictadura argentina. Nos usaron a nosotros, los reclutas, para sus fantasías sádicas”.

La deuda interna, también conocida como Verónico Cruz: La deuda interna (1988; dirigida por Miguel Pereira y basada en una novela de Fortunato Ramos, n. 1947, artista de la Quebrada de Humahuaca) es una película argentina paradójicamente producida por los británicos que narra la peripecia de Verónico, un alumno de Jujuy que desaparece durante el hundimiento del crucero General Belgrano, el 02.V.1982.

Esta película, única en su temática, no especifica rigurosamente las etnias de los soldaditos acarreados a las Malvinas. Pero hay datos sueltos. Ejemplo, el de los soldados Mapuche muertos en aquella guerra -quizá no todos argentinos: Simón Antieco, Oscar Millapí, Isaías Quilahueque, Patricio Guanca y José Curima. Y, aunque no aparezca en la película, debemos mencionar el caso del soldadito Martín Raninqueo, un mapuche poeta que se define como un “Bisnieto de caciques mapuches que vivieron en las pampas argentinas y estuvieron presos en la isla Martín García durante la Campaña del Desierto. Somos nacidos en la ciudad de La Plata luego del destierro que vivieron nuestros ancestros

Raninqueo, poeta mapuche (n. 1962)

Dos tercetas cortas de Raninqueo escritas en el frente: Ovejas del monte / de lejos parecen / ¡rebaños de nubes!… ¡Brama, fusil! / Festeja con nosotros / el fin de la guerra. (cf. Martín Raninqueo. 2011. Haikus de guerra, ilustrado con xilografías de Julieta Warman; edición artesanal, La Plata.

El pueblo Qom, torturado incluso en las trincheras

En fecha 19.VII.1924, el pueblo Qom sufrió en la aldea de Napalpí (Chaco) una matanza permanentemente grabada en su memoria: cientos de indígenas Qom y Mocoví fueron asesinados por la policía y por grupos paramilitares de estancieros. La mayoría de las víctimas eran mujeres, ancianos y niños. Casi un siglo después, el padre de un soldado qom muerto en la guerra de Malvinas declaró: “Pensar que a mi hijo lo mataron los ingleses y a mis mayores los argentinos…”. Otros indígenas que estuvieron en Malvinas dicen: “No nos dieron las armas necesarias, no nos dieron el abrigo necesario, pero con orgullo defendimos la patria, sabiendo que este estado argentino 100 años antes estaba matando a nuestros viejos”.

Los Qom son un pueblo del Chaco que asciende a bastante más de 150.000 almas regadas por las periferias paupérrimas de las ciudades argentinas. Se les encuentra en los barrios tobas. Ejemplo: están en las 22 manzanas del barrio Malvinas de La Plata, constituido en torno a la Asociación Civil Ntaunaq Nam Qom, y también en Derqui, Villa Iapi (Quilmes) así como en Ciudadela, General Pacheco, Lanús y Dock Sur.

Postal de los Qom (antes Toba, antes aun rama de los guaicurúes)

Los Qom (Toba) no son los únicos indígenas chaqueños pero sí los más conspicuos en la posguerra de las Malvinas. La ley provincial 7.277 instituyó el Día del Veterano y de los Caídos Indígenas en la Guerra de Malvinas que reconoce la presencia de los Qom y otros pueblos originarios en aquella guerra. Según Juan Chico, “En Chaco llevamos un registro de 52 personas de comunidades originarias que participaron en la guerra, con dos caídos que fueron identificados entre los 90 muertos en Darwin” –en las Malvinas, el cementerio de Darwin consta de 237 tumbas; en 123 dellas, se lee Soldado sólo conocido por Dios.

Un libro imprescindible

Uno de los ex combatientes indígenas, el qom Eugenio Leiva (entonces presidente del Centro de Ex Combatientes de Pueblos Originarios; fallecido en 2020), relató a Chico que: “yo estaba haciendo guardia… y vi como a uno de mis compañeros lo estaquearon por robar un poco de comida. A mí me dieron ganas de, en lugar de apuntar la ametralladora que teníamos hacia el horizonte, tirarle a ellos…No sólo teníamos enemigos adelante sino también atrás”. Y, tras ilustrar certeramente a Federico II el Grande, fundador del afamado ejército prusiano [‘el soldado debe temer más a su oficial que al enemigo’], prosigue Leiva: “Un día nos subieron a un avión y cuando bajamos estábamos en un territorio muy frío. Al llegar a las islas nos dicen que estábamos en guerra. Nosotros reímos, pensábamos que se trataba de una broma. Durante los meses en Malvinas fuimos víctimas de torturas y vejaciones por parte de nuestros superiores. Pasamos días sin comer porque nuestras provisiones se las quedaban los oficiales. Si alguno era descubierto buscando comida, nos estaqueaban*. Llegamos a estar una semana sin comer. Cuando terminó la guerra y volvimos, formamos una organización de ex combatientes. Con el tiempo empezamos a ver que la ayuda del Estado no llegaba para quienes éramos indígenas. Para luchas contra esta discriminación en 2012 formamos una organización de ex combatientes indígenas” (ver Juan Chico. 2018. Los Qom de Chaco en la guerra de Malvinas. Una herida abierta; ver también la recensión del politólogo Pedro Munaretto sobre este libro de un intelectual qom, en Rey Desnudo, Año VII, No. 14, otoño 2019. ISSN: 2314-1204)

Fiestas con jóvenes qom: ¿integración nacional, internacional o populachera?

Este volumen comienza con un poema en prosa; es la cruda conversación de un padre con su hijo, quien pregunta por su hermano que no ha vuelto de la guerra: “Hijo, todas las noches de invierno, blancos algodonales abrigan su cuerpo y, por las noches, un fuego de quebracho de nuestro monte chaqueño caliente sus pies. Por eso, ¡él no va a regresar!”. Los excombatientes indígenas entrevistados por Chico fueron Eugenio Leiva (cf. supra), Guillermo Ortega, Benito González, Abel Mocoví, Rubén Ascensio, Aldo Martínez, Carlos García, Argentino Benítez, Luciano Ramos y Dalmasio Amarilla. Todos ellos ofrecen testimonios de las vejaciones y torturas que sufrieron a manos de sus oficiales. Ascensio declara que “me estaquearon en Malvinas por ser indio… para ellos mi vida no valía nada… Fui atado de pies y manos sobre una roca filosa, abrigado sólo con un pantalón y una remera [camiseta] de algodón ante el frío y la llovizna”.

¿El futuro se acerca?

J. Guerrero Iraola, abogado del Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas (Cecim) de La Plata, sostenía que la causa contra oficiales y suboficiales que torturaron en el campo de batalla, se encontraba paralizada -por aborrecer de admitir el delito de lesa humanidad, el Poder Judicial no solía reconocer esos crímenes como imprescriptibles. Pero, en febrero 2020, la jueza Mariel Borruto (Juzgado Federal de Primera Instancia de Rio Grande, Tierra del Fuego), procesó a cuatro milicos acusados de haber ordenado y ejecutado “estaqueamientos” y “enterramientos” (entierros de soldados en pozos, por más de ocho horas y bajo temperaturas extremas) de sus propios conscriptos, hechos que calificó como tormentos, entre otros delitos de lesa humanidad.

Imagen de cabecera: Primer mapa específico de las islas realizado por Andrés de San Martín en 1520 (Wikipedia).
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