Retrete

retretejudicialpoliticolqs.jpgJesús Gómez Gutiérrez*. LQSomos. Diciembre 2014

Un magistrado.

Sentado en el suelo, ladeada la cabeza sobre el inodoro y apuntada la barbilla hacia delante, el magistrado oye voces. Son las cosas de su profesión, vivir constantemente torcido para interpretar rectamente el Derecho, que es canción de cañerías. Brrramjah, le dicen, y también glorrl y una cosa parecida a ndddd-fosss y ndddd-fosss y más ndddd-fosss, porque el Gobierno ha comido mucho y ahora suelta tanta ley que empieza sorda y acaba fricativa, a borbotones.

Momento de revelación: «Decenas de indicios, plop. Tanto de la unidad ideológica, plop. Como de la estrategia, plop. Para desestabilizar al Estado, plop. Y alterar gravemente, plop. La paz pública plop.»

Puesta aún la oreja en el conducto oficial, clavados los ojos en el retrato del rey que todo lo preside y encabronado el cuello en principio de tortícolis, el magistrado traduce y traduce a la mano, que acusa recibo, registra cargos y al final dicta, amén, dictamen, prisión contra siete por el delito de brrramjah, glorrl, ndddd-fosss y ndddd-fosss y más ndddd-fosss sin perjuicio de los sonidos y reos que se puedan añadir con posterioridad, pues la canción continúa y no hay Derecho completo ni sentencia acabada cuando el poder se sienta en el retrete.

Otras notas del autor

* Escritor y traductor literario. Ex-editor del diario La Insignia

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