Tres notas breves

 
No es nada nuevo, pero conviene repetirlo, por si arde la reflexión. Desde tiempos inmemoriales el “sapiens” viene inventando armas para despedazar al “enemigo”, una palabra clave en el cumplimiento del vernáculo acto de la posesión. Ahora lo llaman economía. Gracias al conocimiento de la conciencia tergiversada, se participa de un disimulo muy perfecto. Al robo vienen llamándolo amor, religión, paz, justicia, libertad. Aunque sólo son mordaces eufemismos que alicatan la impunidad de los triunfadores de contiendas. Por la propiedad se mata, lo cual significa la negación de la existencia. Y éste, sin embargo, es el verdadero negocio.

Siempre ha sobrado gente y ahora más todavía. Los triunfadores de las mil y una guerras, todo es por siempre guerra, se emplean a fondo como el pájaro cuco. El cuco instala sus huevos en nido ajeno y canta en otro lado para distraer; luego, toda la industria del nacido es expulsar de ese fatigado confort a los hijos de los ilusos que construyeron el nido.

La técnica del cuco vale lo mismo para un desahucio bancario español que para la aniquilación de cualesquiera tribus indígenas aferradas al planeta. Lo primero que hacen los espantosos guerreros es desterrar del diccionario la ética de la sensibilidad y sustituirla por una letanía supersticiosa, sin duda verosímil y al poder ser estética. Así ya estamos preparados para la destrucción polivalente. Sea que nos arranquen el corazón vivo con cuchillo de obsidiana maya, en aras del rito sacerdotal del poder; o, por ejemplo, ser despachados de la tierra por un fusil infantil AK-47 o quedar aparcados en la nada por una ola de fuego nuclear.
 
Retrones y humor negro
 
Soy un gran retrón o como se diga el palabro que señala a los discapacitados. Soy dependiente y no de tienda de ultramarinos sino de una silla de ruedas como la de Alonso pero sin motor ni cavallino rampante. Me gusta y uso a menudo el humor negro. Lo intento a través de mi blog www.patxibarrondo.com y en twitter@pibarrondo. Es bueno reírse de uno mismo y de todo lo demás en esta estrecha y ovoide existencia o inexistencia, mientras se puede. De lo contrario podemos caer en la sosez incomestible de lo políticamente correcto y sus sacerdotes de la beatitud y el eufemismo.
Aunque una cosa muy distinta es ser despectivo con la desgracia ajena, la jocosidad derivada de la brutalidad rural, tan bien retratada por Gila y su boina. Pienso, luego al menos en algún pedazo mío existe, que el humor no debe consistir en dar rienda suelta a cualquier frivolidad por el afán de estar perennes en la cresta de la ola. Y así soltar cualquier súbita ocurrencia diarreica o masturbatoria, esparciendo sal gorda. El humor es una mercancía delicada que requiere reflexión y mucha chispa. Y sobre todo TALENTO destilado en vinagre. Eso no está al alcance de cualquiera, aunque se pretenda. Y ese puede ser un problema, precisamente, confundir la velocidad con el tocino y querer ser ingenioso a ultranza y todas horas. (*)
En este crucificado país hay muy buenos humoristas, porque el humor nace y se ríe de la adversidad. Por ejemplo, en mi opinión, El Roto debería ser editorialista de El País. Algo mejor les iría….
(*)El interesante debate sobre los retrones se encuentra en El Dario.es. Si lo traigo a mi blog, aunque sea lea infinitamente menos, es por tener problemas para registrarme en ese diario digital.
 
Las Solitarias
 
La Solitaria tiene un equívoco nombre de aire melancólico y soñador, pero es una lombriz. Impasible el ademán, este previsible parásito se aloja en el intestino y devora el alimento y la energía de todo cuerpo físico invadido por ella. La Solitaria es una especie de bárcenaletal consentida que, sin prisas pero sin pausa, crece en las entrañas del organismo que la padece.

Pongamos España.

Una vez aposentada en la peristáltica ciénaga de las heces, esta perfecta metáfora de la neodictadura aúlica y ultraliberal se dedica a debilitar a su anfitrión. Succiona toda sustancia sin discriminación ni medida. Y no sirve de nada arrancarle sus anillos de poder, porque se vuelven a reproducir como el rabo de una lagartija. Según la ciencia médica, administrar purga lavativa, extraer y destruir la cabeza de la tenia es el único modo de conseguir neutralizarla.

 
 

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