Arturo del Villar*. LQS. Abril 2018

Los medios de comunicación de masas pasan por un mal momento económico, como es lógico, dado su servilismo a los poderes organizados. El servilismo les permite esperar migajas económicas del Gobierno, en un círculo vicioso infernal. Por eso claman contra los pitidos al rey y a su himno nazional borbónico en el estadio Wanda Metropolitano, al comenzar el partido entre el Barcelona y el Sevilla, en la noche del 21 de abril de 2018. Su majestad el rey católico nuestro señor estuvo flanqueado por los ministros del Interior y Defensa, y rodeado por su guardia pretoriana.

Con lógica unanimidad alegan que el rey y su himno borbónico representan a España y deben ser respetados por todos los españoles. Lo que no explican es el motivo de ese presunto deber general.

Yo soy español forzoso por causa del nacimiento, que jamás se me hubiera ocurrido escoger este lamentable país de haber podido hacerlo. Y como español forzoso soy vasallo forzado de la monarquía del 18 de julio instaurada por la voluntad omnímoda de un exgeneral rebelde contra la legalidad constitucional, que triunfó en la guerra derivada de su gesto y el de sus compinches, y quiso prolongar su régimen criminal designando un sucesor a título de rey.
Nací y pasé buena parte de mi vida bajo la dictadura fascista, y cuando esperaba poder elegir la forma de Estado preferida en un referéndum, como habían hecho los italianos o los griegos al terminar sus dictaduras, me vi obligado a soportar la monarquía fascista impuesta para continuar la dictadura fascista. No acepto ese rey ni su himno ni su bandera. Soy heredero de la legalidad constitucional rota por el triunfo de los militares monárquicos sublevados, y reconozco como himno el de Riego, como bandera la tricolor, y como jefe del Estado al que un día pueda elegir libremente en uso de mis derechos humanos reconocidos internacionalmente, pero negados en esta triste España convulsa.

Mentiras constitucionales

Los españoles fascistas que ganaron la guerra gracias al apoyo de la Italia fascista, la Alemania nazi, el Portugal salazarista y la Iglesia catolicorromana, nos impusieron sus leyes criminales a los perdedores y a los nacidos bajo su régimen. Y la monarquía establecida por el dictadorísimo para perpetuar su régimen genocida me obliga a aceptar al rey fascista con su bandera y su himno, que no son los míos, ni los de una gran parte de España, la que se declara sucesora de la España legítima, la republicana.
La vigente Constitución de 1978 fabricada para la monarquía fascista, que yo no voté, ni muchísimos otros españoles, asegura en su artículo 14 que “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”, una gran mentira, porque los republicanos estamos discriminados por razón de nuestra opinión, que no podemos expresar libremente en público, ni siquiera mediante silbidos, porque al hacerlo nos convertimos en terroristas para los jueces y fiscales del reino.

Todos los borbones son incriticables e incondenables, y no sólo el rey, como le reconoce el artículo 56:3. Ya puede una hija del rey robar todo lo que le venga en gana, que no hay tribunal tan osado que la condene.

En cambio, las publicaciones que critican en serio o en broma a cualquier miembro de la familia irreal son secuestradas por la autoridad judicial, y sus responsables condenados a severas penas de cárcel y/o multa económica. El rey puede hacer lo que le dé la real gana, incrementar millonariamente su fortuna personal, subvencionar a sus barraganas, regalarles palacetes, coleccionar objetos lujosos carísimos, practicar cacerías en lugares exóticos, favorecer a los compis yoguis de su mujer aunque sean delincuentes, y todo lo más que se quiera añadir a esta lista.

Libertad limitada

El artículo 20:1:a) reconoce a los españoles el derecho “A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción”, una inmensa falsedad borbónica. Continuamente aparecen en los medios de comunicación noticias sobre las condenas de cárcel y/o multa económica a quienes osan declarar públicamente sus opiniones acerca de la monarquía y la llamada familia real, que es la más irreal del reino. Claramente advierte el punto 4 de ese artículo 20 que las libertades reconocidas teóricamente “tienen su límite” en las leyes borbónicas que aplican los jueces y magistrados “en nombre del Rey”, según dice el artículo 117:1. Esto significa de hecho que el reino fascista de España instaurado por el dictadorísimo fascista, de hecho carece de libertades.

Siguen existiendo las dos españas que denunció Machado con versos que son una Constitución popular, y una de ellas continúa empeñada en helar el corazón de la otra. La España vencedora de la guerra impone todavía su autoridad a la vencida, y a los españolitos que vinimos al mundo bajo ella.

Yo, español forzoso y vasallo forzado del rey fascista impuesto por el dictadorísimo, tengo que tolerar al rey, su himno y su bandera, y si demuestro mi deseo de elegir libremente al jefe del Estado, al himno y a la bandera soy considerado un terrorista.

La otra dictadura fascista de la Península Ibérica, la portuguesa, terminó poco después de la muerte de su dictador, el 25 de abril de 1974, y es ahora una República. A la muerte de nuestro dictadorísimo el 20 de noviembre de 1975 se cumplieron sus órdenes, y ocupó su lugar el designado por él sucesor a título de rey, después de jurar lealtad a su exigua persona y fidelidad a sus leyes genocidas, y por esa vez única en la historia un Borbón ha cumplido su juramento. ¿Por qué España no puede tener también su 25 de abril? Grândola, vila morena, terra da fraternidade, o povo é quem mais ordena, dentro de ti, ó cidade, mientras en este reino el pueblo no puede ni siquiera silbar en público el 21 de abril en un estadio de fútbol. Como anunciaba el eslogan predilecto de la dictadura, “España es diferente”. ¿Hasta cuándo? ¡Viva Grândola!

* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio.
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