Das Kapital: Capítulo 10º

Antoni Puig Solé*. LQS. Diciembre 2019

Nivelación de la cuota genera ganancia por medio de la competencia. Precios de mercado, valores de mercado y sobreganancia.

El capítulo 10 es extenso y poco estructurado, por lo que es fácil perderse en algún momento de la lectura. Y aún así, es un capítulo imprescindible que contiene una gran cantidad de detalles importantes sobre cómo Marx concibió el valor, cómo lo relacionó con la oferta y la demanda y cómo a partir de ahí pone en evidencia cuál es el papel que bajo el capitalismo tiene el beneficio medio.

Asimismo, aparecen una serie de consideraciones que nos incitan a tratar temas que, a pesar de no conformar la línea argumental central del capítulo, estando sobre la mesa de muchos de los debates actuales entre marxistas y que personalmente creo que hay que comentarlos

EL ABANICO PLURAL DE COMPOSICCIONES ORGÁNICAS

Recordaremos que en el capítulo 9º se diferenciaba las empresas según la composición orgánica de capital:

• En las de composición media (con tasa media de explotación) el precio de producción de las mercancías coincide con su valor expresado en dinero. Por lo tanto, vendiendo las mercancías a su valor, rinden tasas de beneficio cercanas o iguales a la general. Podemos decir, pues, que su tasa de beneficio refleja la tasa de beneficio media.
• En cambio, las empresas con otras composiciones se acercan a esta tasa, alejando su masa de beneficio de la plusvalía que aportan.

El resultado final es que la suma de todas las plusvalías se redistribuye entre los capitalistas en forma de beneficio, dando a cada capital un retorno de la inversión similar, cualquiera que sea la composición orgánica. A esto lo llamamos «igualación». Marx ahora se pregunta:

• ¿qué lo hace posible?
• ¿qué relación existe entre igualación y ley del valor?

Al formular así la pregunta, emprende un camino contrario al de la economía clásica, que trata el precio como un fetiche al que somete toda la explicación ulterior. Él considera que el precio no es un punto de partida sino un resultado. Desde este punto de vista, investiga las determinaciones que ocasionan que el valor adopte la forma de precio de producción y las fluctuaciones que lo acompañan.

EL CICLO DEL VALOR

La estimación monetaria de una mercancía no se hace hasta llegar al intercambio. Por lo tanto, incluso con la previsión de venderla a su valor, no podemos saber con antelación la plusvalía particular que aporta a la suma monetaria total, ya que, por lo pronto, ignoramos este valor. Tampoco podemos saber previamente, su precio de mercado. Hay que recorrer un proceso terco y con altibajos.

El valor nace en la producción y lo transporta la mercancía producida. Tiene por sustancia el trabajo que se realiza de forma privada. Pero la magnitud no es definitiva, ya que se expresa socialmente cuando los productos se venden. Si no hay venta, el valor decae.

En el intercambio, como decimos desde comienzos del libro 3º, el valor brota bajo la máscara de un precio de mercado que bordea el precio de producción. El precio de producción viene de la mano de una tasa de beneficio media y los capitales, para alcanzarla, se mueven de aquí a allá obligando a los trabajadores a desplazarse.

LA IGUALACIÓN CONFLICTIVA DE LA TASA DE PLUSVALÍA

El capitalismo es competitivo y perforado por la lucha de clases. Los trabajadores compiten por tal o cual puesto de trabajo y se unen para mejorar las condiciones laborales. Los capitalistas, por su parte, pugnan por disponer de los trabajadores más productivos y cooperan para doblarlos imponiendo condiciones laborales provechosas a sus intereses.

La lucha de clases y la competencia, pues, empujan hacia una tasa de explotación uniforme. Esto no quiere decir que las tasas de explotación sean idénticas en cada sector económico, país o instante. Son inestables y cambiantes! Por otra parte, el hecho de que la tasa de explotación tienda a la igualación, no equilibra las tasas de beneficio sino que las aleja, como ya sabemos. La diversidad de composiciones orgánicas hace que capitales que mueven masas desiguales de trabajo vivo, al tender a producir tasas de explotación iguales, engendren masas diferentes de plusvalía, algo que los obliga a moverse buscando precios niveladores de la tasa de beneficio.

EL DESARROLLO OSCILANTE DE LAS LEYES DE LA PRODUCCIÓN CAPITALISTA

Marx, al referirse a las oscilaciones de la tasa de plusvalía dice que, sin despreciarlas, presupone que convergen:

«En teoría se supone que las leyes de la producción capitalista se desarrollan de una manera pura».

Luego agrega:

«Estas aproximaciones son más efectivas a medida que se desarrolla el modo de producción capitalista y a medida que se van eliminando las impurezas y el lastre que arrastra de situaciones económicas anteriores».

Esto, en 1º lugar, recuerda que en interpretar las leyes de la producción capitalista, hay que admitir que la competencia, el mercado, la acumulación, …, y la confluencia de las formas de producción capitalista con otros que nítidamente no lo son, provocan fluctuaciones por encima y por debajo de las medias asociadas a estas leyes.

En 2º lugar, admite que no hay un capitalismo puro sino formaciones sociales donde el capitalismo cohabita con una variedad de otros modos de producción que tiende a subsumir.

Se presupone, pues, que la producción capitalista se desarrolla de manera pura, pero se reconoce que a la hora de la verdad lo hace de una manera impura!

LAS MERCANCÍAS COMO PRODUCTOS DE CAPITAL Y «LA PRODUCCIÓN MERCANITL SIMPLE».

El obstáculo persistente en cuanto a la manifestación del valor en el momento del intercambio, proviene del hecho de que las mercancías no se venden como valores de uso producto del trabajo sino como productos del capital y todo capital ambiciona una tasa de beneficio no inferior que la de los otros.

Marx, para prescindir analíticamente de este obstáculo propio de la producción capitalista, imagina cómo iría todo si las mercancías, en lugar de ser producidas con obreros desposeídos lo fueran por obreros con medios de producción propios y con un buen dominio de las redes de distribución, algo impensable bajo el modo de producción capitalista. Nos embarca, pues, por un lugar donde impera lo que algunos llaman «producción mercantil simple» y nos mantiene allí durante algún tiempo.

Los medios de producción de cada obrero, en este supuesto, serían diferentes según el tipo de mercancía a producir y tendrían distinto valor y distinta vida útil. Veámoslo con dos ejemplos relacionados a dos actividades artesanales:

1. Un panadero, en cualquier lugar de Cataluña, en los albores del siglo XX, necesitaba un horno, leña, harina, una despensa para almacenar material…, y un espacio de tienda.
2. A un colchonero a domicilio le bastaban dos palos para remover la lana, hilo y aguja.

En estas condiciones, cada volumen de mercancía particular, producido en una jornada de trabajo, tiene un precio de coste diferente al incorporar igual cuantía de trabajo vivo pero cuantías distintas de trabajo muerto. El hecho de que la producción mercantil no sea estrictamente capitalista, no anula el excedente, asociado a un grado determinante de las capacidades productivas del trabajo. Al vender las mercancías por los valores correspondientes, a pesar de ser desiguales, cada productor adquiría:

1. una cuantía (diferente) para rehacer la inversión;
2. una cuantía (similar) para vivir; y
3. un excedente proporcional a las horas trabajadas.

En términos capitalistas podríamos decir que recibirían el equivalente del capital constante transferido, un salario y un beneficio. Los volúmenes de beneficio coincidirían, pero las tasas de beneficio no, dadas las disparidades en el valor de los medios de producción.

Esto, sin embargo, no sería un gran inconveniente. De hecho, los artesanos hacían un razonamiento similar al que hacen hoy los trabajadores, que se muestran indiferentes ante las diferencias en las tasas de ganancia. A cada trabajador le preocupa cobrar un salario similar al de otros.

En medio de este relato, encontramos un pasaje al que creo oportuno prestar cierta atención:

«El intercambio de mercancías por su valor o por un valor similar exige, pues, un grado de desarrollo capitalista menor que el que exige el intercambio de los precios de producción».

Esto parece avalar la exposición de Engels en el prólogo del libro 3º sosteniendo que la sección 1ª del libro 1º, donde se aborda el valor de la mercancía, se sitúa en un estadio de producción mercantil simple para luego ver cómo opera el valor cuando el capital subsume la producción mercantil y poner entonces el acento en la extracción de la plusvalía.

Desde mi punto de vista, Marx, ciertamente, distingue entre producción mercantil subsumida plenamente al capital y otros tipos de producción mercantil, pero no en la sección 1ª del libro 1º, sino más adelante y también en este capítulo, con el fin de ilustrar el contexto socioeconómico de los precios de producción.

No se puede obviar, sin embargo, que en el inicio del libro 1º Marx hace abstracción, suponiendo que precio y valor coinciden en el momento del intercambio. Este supuesto es más creíble en «la producción mercantil simple», aunque en ese contexto la igualación entre valores y precios también se tuerce y la tendencia a vender según el precio de producción a menudo se acaba imponiendo facilitando el enriquecimiento de los artesanos dotados de un patrimonio más sólido. Por otra parte, la coincidencia entre valor y precio no es exclusiva de la sección 1ª, tiene continuidad en todo el libro 1º.

PRODUCTIVIDAD Y REGULACIÓN DE LOS PRECIOS

Al inicio del libro 1º también se nos alertó de que las modificaciones de la productividad influyen en el valor de las mercancías y se analizó ampliamente la plusvalía relativa. Ahora podemos añadir que las variaciones de la productividad también modifican los precios, más allá de la forma en que estos precios se acaben decidiendo.

«Cualquiera que sea la manera en que los precios de las diferentes mercancías son previamente fijados o regulados unos en relación a otros, la ley del valor domina su movimiento. Allí donde disminuye el tiempo de trabajo necesario para su producción, disminuyen los precios; allí donde aumenta, los precios suben, siempre que queden sin modificar las demás circunstancias.»

CONDICIONES PARA QUE EL PRECIOS DE LAS MERCANCÍAS GIREN ALREDEDOR DE LOS VALORES

El supuesto de la producción mercantil simple no es suficiente para que los valores y los precios coinciden. Hacen falta, además, tres condiciones:

1. Que el intercambio esté instalado.
2. Que compradores y vendedores tengan ciertos conocimientos de todos los valores de uso que cambian, gracias a su experiencia, y que la oferta y la demanda estén bien nutridas.
3. Que no se instale ningún tipo de monopolio que permita a algunos vendedores jugar con ventaja.

La 1ª condición es primordial para la generalización del intercambio mercantil. Cuando la producción se destina principalmente al consumo de los mismos productores y de las clases dominante, el intercambio es residual. El capitalismo necesita que la producción mercantil sea la norma.

La 2ª hace que el intercambio progrese superando obstáculos, si bien esta superación no asegura que la oferta y la demanda se igualen. Con la especialización productiva, la mercantilización se multiplica y el capitalismo agranda el multiplicador.

La 3ª alerta que el monopolio distorsiona la gravitación entre valores y precios. El capital borra todos los monopolios que le hacen sombra pero crea otros de propios.

Para comprender el peso de estas condiciones, puede ser ilustrativo recordar que por su ausencia, muchos comerciante, en épocas precapitalistas lejanas, vendían mercancías por precios muy superiores a su valor, a pesar de tener en cuenta los costes de transporte que entonces eran grandes y que de hecho eso impedía que los compradores tuvieran nociones para juzgar cuál era el coste de lo que estaban comprando y que los vendedores no encontraran competencia.

Ahora bien, que exista gravitación entre valores y precios no significa que haya determinación mecánica, ni ahora, ni antes:

«Admitir que las mercancías de las diferentes esferas de la producción se venden por sus valores solo significa, por supuesto, que su valor constituye el centro de gravitación alrededor al cual giran sus precios, y a base del cual se compensas sus constantes alzas y las bajas «.

NUEVO ARGOT CONCEPTUAL

Marx, de repente, incorpora nuevos conceptos, algunos ya anunciados en el título del capítulo: valor de mercado, valor individual, precio de mercado, …, sobrebeneficio, etc.

Si bien no lo dice, el valor (medio) de mercado tiene pinta de ser el trabajo socialmente necesario, prestando una atención especial, como veremos, a los efectos de la oferta y la demanda. El valor individual sería el tiempo de trabajo particular que cada productor destina a su producción mercantil. El sobrebeneficio podría ser similar a la plusvalía extraordinaria que también bascula en función de la oferta y la demanda.

El valor individual existe porque no todas las mercancías de las mismas categorías se producen en iguales condiciones. Es el tiempo de trabajo particular que cada productor destina a su producción mercantil. El trabajo socialmente necesario (o valor de media de mercado en el nuevo argot) viene determinado por la productividad media y, por tanto, es un valor social. Entonces -incluso asociando precio y valor- el precio de mercado suele divergir del tiempo de trabajo real (valor particular) empleado en la producción de tal o cual mercancía. Esto, retornando a la ficción de «la producción mercantil simple», hace que algunos productores reciban más o menos valor, en forma de dinero, por lo que han producido en una jornada de igual duración. Veamos:

Ya que el dinero simboliza el trabajo social abstracto, quien trabaja en un contexto favorable, recibe, al vender su producción mercantil, una suma de dinero mayor que quien lo hace en condiciones peores. Un caso similar lo encontramos en la relación entre lo que definimos como trabajo simple y trabajo complejo. El libro 1º, consideraba el trabajo complejo como trabajo potenciado, o sea, creador de una cuantía superior de valor. También hay potenciación en las empresas con productividad por encima de la media, que aporta, en general, una plusvalía extraordinaria (sobrebeneficio, según la jerga del capítulo 10).

Tomemos como ejemplo, las carpinterías. Es bastante común que unos productores sean más eficientes que otros. Puede ser debido a las diferencias individuales de habilidad o debido a las condiciones naturales o de producción: Los hay que tienen acceso a madera más moldeable o emplean herramientas más sofisticadas. También puede que ordenen el trabajo y la división del trabajo mejor. Pero cuando sus productos del trabajo llegan al mercado, las particularidades se esfuman: Sólo se observa la mercancía. El premio o la penalización vienen de la mano de la ley del valor. Quien trabaja por encima de la media recibe una sobreganancia, ya que vende al valor homogéneo de mercado, destinando una cuantía de tiempo inferior. Quien trabaja por debajo de la productividad media, vende al mismo valor de mercado que los demás, pero para producir la mercancía portadora de este valor debe trabajar más horas.

Esta norma también se mantiene vigente cuando operan los precios de producción:

«Todo lo que se ha dicho aquí del valor del mercado es válido para el precio de producción tan pronto como éste sustituye al valor de mercado. El precio de producción es regulado en cada esfera, y lo es según las circunstancias particulares. Pero a la vez este precio de producción es el centro alrededor del cual giran todos los días los precios de mercado y alrededor del cual estos últimos se nivelan en periodos determinados. »

LA SITUACIÓN EN CAPITALISMO DESARROLLADO Y EL TRASFONDO DE LA LEY DEL VALOR

Todas estas consideraciones son extrapolables a un capitalismo desarrollado donde se imponen los precios de producción:

1. Las oscilaciones de productividad, como ya hemos visto, modifican los valores y entonces alteran los precios de producción.
2. La ganancia media que determina los precios de producción siempre debe ser aproximadamente igual a la cantidad de plusvalía que corresponde a tal o cual capital como parte alícuota del capital social global.

Si, por ejemplo, en términos monetarios, la tasa general de ganancia supera la media, los precios se inflan, ya que la expresión monetaria de la plusvalía total es exagerada. Entonces los salarios se abaratan y los medios de producción se encarecen. Cuando los trabajadores no reclaman, la plusvalía crece y son los explotados los que pagan la broma soportando más explotación. Si luchan, pueden mejorar los salarios y, por ejemplo, recuperar el poder adquisitivo perdido, entonces, en términos monetarios, el capital variable aumenta. La misma norma impera en el capital constante debido al encarecimiento de los medios de producción. Tanto en un caso como el otro, la ley del valor lo vuelve todo en su sitio, si bien el proceso puede ser lento.

CONDICIONES PARA LAS QUE LAS MERCANCÍAS SE VENDEN POR SU VALOR

Para que una mercancía particular se pueda vender por su valor también se necesitan otras condiciones:

1.ª: Los valores individuales se deben igualar en un valor social.

La igualación de valores individuales y sociales exige, como ya hemos visto, competencia entre multitud de productores y enviar al mercado una cuantía suficiente de mercancía para satisfacer la demanda social. Si hay escasez en relación con la demanda, los precios se colocan por encima de los valores. Si hay superávit, caen. Las fluctuaciones llevan a un precio cercano al valor de las mercancías producidas en condiciones medias.

Al modificarse la productividad, la cosa se trastoca. Cuando el valor cae, la mercancía se abarata y entonces, como hay más personas que lo incorporan a la cesta de consumo, la demanda se amplifica. Si el precio sube, la demanda se contrae. En este sentido, la oferta y la demanda se mueven en función del precio. Podríamos decir, pues, que la relación entre la oferta y la demanda viene determinada por un coste subyacente de la mercancía (coste de producción) y, como sabemos, los factores que lo integran son, en último término, costes laborales o sea , un monto de trabajo vivo y muerto.

Marx, hace una breve inclusión para delimitar este elemento nebuloso que llamamos «demanda social». Para consumir hay que tener dinero. La cantidad que pide la sociedad no es una simple cuestión de preferencia del consumidor como dice la economía burguesa. Tiene que ver con la lucha de clases. La demanda de bienes salariales depende de la cantidad de salarios que cobran los trabajadores. La demanda de bienes de lujo y de equipamiento empresarial, depende de la magnitud de la plusvalía.

La mercancía satisface una necesidad social porque es valor de uso. Este valor de uso es una condición necesaria para que se pueda vender. La otra condición es que el trabajo que lo ha hecho posible represente trabajo socialmente necesario.

En pocas palabras: La producción particular del valor de tal o cual mercancía no debe superar los límites establecidos por los niveles de productividad imperantes en un determinado sector y la cuantía total producida no debe sobrepasar la demanda social.

Antes, a través del ejemplo de las carpinterías, hemos tratado sobre la apropiación de valor. Ahora podemos ampliar la reflexión, tomando de nuevo la masa de mercancías de esta esfera. Si cogemos todos los muebles vendidos este año podemos decir que los precios agregados de estos muebles equivalen al valor social agregado de todos ellos y que esta masa de muebles contiene el tiempo de trabajo social necesario para su producción.

Dentro de esta masa de muebles, como ya hemos visto, algunos se producen en condiciones óptimas y otros se encuentran en los extremos, produciéndose por debajo o por encima de las óptimas. En general, las excepciones se equilibran entre sí. La competencia obliga a las empresas menos óptimas a acercarse a la media social por lo que la mayoría de las empresas terminan produciendo a un nivel medio.

Aunque siempre suele haber empresas atrasadas, las empresas que producen en condiciones más que óptimas hacen de contrapeso de las que se sitúan por debajo del tiempo óptimo. Por lo tanto, la productividad media es el valor medio que determina el valor de las mercancías en una esfera de la producción, que en nuestro ejemplo son las carpinterías. Pero, ¿qué ocurre cuando las empresas más atrasadas son mayoritarias? Entonces, de hecho, fijan los valores de mercado. Lo contrario sucede cuando hay una presencia aplastante de mercancías producidas en situaciones más que óptimas.

Si los valores de mercado la establecen la producción en condiciones medias, la suma de los valores individuales suele coincidir con el precio total. En cambio, en los casos en que los valores de mercado los determinan las condiciones extremas, el total de los precios individuales, se coloca por encima o por debajo de la suma de los valores individuales. En estos supuestos, pues, el valor de mercado no sería estrictamente una media sino una cuantía situada por encima o por debajo de esta media, según el caso.

2.ª El valor de uso debe satisfacer adecuadamente las necesidades sociales.

Al referirnos al valor de uso singular, señalábamos que para que tenga la condición de mercancía debe satisfacer una necesidad, que entonces también considerábamos como singular. Pero, en rigor, se debe tratar de satisfacer una necesidad social en la cantidad suficiente y sin sobrepasarla.

Esto sucede porque el valor es un concepto social. En el intercambio, el trabajo privado se socializa. Si no hay demanda, la mercancía no transportará ningún valor. Aquí vemos cómo la crítica de aquellos que dicen que Marx considera que cualquier producto del trabajo, por absurdo que sea, contiene valor, no tiene ni pies ni cabeza. Marx se preocupa de la forma como la mercancía satisface la necesidad social y en qué grado se hace.

La situación perfecta sería aquella en la que la masa de mercancías no sólo satisface una necesidad, sino que la satisface en todo su alcance social y todo el trabajo invertido en la producción de esta masa tiene una utilidad social.

La perfección se resquebraja cuando no se satisface toda la demanda social (infraproducción) o cuando se supera (sobreproducción). En estos supuestos no óptimos, aparecen las distorsiones provocadas por la oferta y la demanda.

• Cuando la oferta se limita a satisfacer todas las necesidades, las mercancías con un valor particular menor que el valor de mercado aportan una plusvalía extraordinaria (o sobrebeneficio).
• Cuando la demanda supera la oferta, el valor individual de las empresas menos productivas opera como valor de mercado. Entonces hacen fiesta grande y creen que su posición no tiene por qué envidiar a la de los productores más eficiente de otros lugares. En el resto del sector, la fiesta es aún más sonada y cuanto más productivo se es, más hermosa es la celebración.
• Por el contrario, en exceso de oferta, las empresas más productivas ven como su valor individual queda equiparado al valor de mercado y el beneficio extraordinario se esfuma. Las menos productivas lo pasan mal y algunas han de cerrar.

La oferta y la demanda, además de remover el valor de mercado puede tener repercusiones aún más severas en los precios de producción. En un mercado saturado, por ejemplo, los precios de mercado pueden bajar por debajo de los valores particulares de los productores en condiciones óptimas y, en algunos supuestos no llegan ni a cubrir el coste de producción. To ello hace que los capitales huyan de unos lugares para refugiarse en otros.

Esta constatación nos aleja de Ricardo, para quien el incremento poblacional obliga a trabajar las tierras menos fértiles, y entonces, el precio lo determina el productor en condiciones menos ventajosas, ya que tiene que subsistir. El «valor de mercado» es un valor medio, teniendo en cuenta las condiciones productivas y la oferta y la demanda, y no lo decide a título individual tal o cual productor, a pesar de estar muy preocupado. Los valores individuales se colocan por encima, por debajo o en el mismo nivel que el precio de mercado, según las circunstancias.

La posición de Ricardo sólo tiene recorrido si la demanda de una determinada mercancía es tan excepcionalmente fuerte que el aumento del precio no la hace disminuir, algo que Ricardo supone que pasa gracias al incremento de población, sin tomar en consideración los incrementos de productividad. Por el contrario, si la oferta supera con creces la demanda, el mercado gira en torno a la mercancía producida en las mejores condiciones y es posible que las producidas en peores condiciones ni siquiera cubran los precios de coste, mientras que las producidas en condiciones medias deban conformarse con un beneficio raquítico.

Las oscilaciones por la oferta y la demanda y la diferencia entre valores individuales y de mercado, también impactan en el valor trasladado por los medios de producción, algo a tener presente en el interminable debate sobre la transformación de valores en precios de producción y con los malabarismos matemáticos que algunos hacen. La cantidad transferida de máquina que fija el valor de un fardo de algodón, por ejemplo, no es la amortización de máquina que contiene, sino la cantidad media con la que todos los fabricantes de algodón producen un fardo de algodón.

LA OFERTA

Coloquemos ahora, la lupa en la oferta:

Un producto es absorbido por el mercado en la medida que satisface una necesidad. En recompensa por esta satisfacción, la sociedad está dispuesta a pagarlo. Teniendo en cuenta la división del trabajo existente, si la sociedad lo «compra», da fe de que socialmente fue un acierto asignar una determinada cantidad de tiempo laboral a su producción. En el canje el productor en cuestión recibirá un equivalente social en forma de dinero representativo de un tiempo de trabajo social destinado a la producción de los artículos que se puede comprar con ese dinero.

Si
• el tiempo de trabajo de tal o cual mercancía es t, (magnitud que puede ser mayor o menor, dependiendo del caso) y
• la cuantía de la mercancía producida es n,
• entonces, el sumatorio de valor correspondiente a la producción total de la mercancía en cuestión, será tn.

Pero las exigencias de la sociedad y la cuantía producida pueden no concordar, situándose por encima o por debajo de n. Como opera entonces la ley del valor? ¿Qué relación hay entre el valor unitario de una mercancía y el valor social total? Marx ofrece esta respuesta:

«A pesar de que cualquier artículo singular o cualquier cantidad determinada de una clase de mercancías pueda contener sólo el trabajo social exigido para su producción y, desde este punto de vista, el valor de mercado de toda esta clase de mercancías sólo represente trabajo necesario, sin embargo, si la mercancía determinada ha sido producida en una cantidad superior a las necesidades sociales del momento, una parte del tiempo de trabajo social se habrá despilfarrado y entonces la masa de mercancías representa en el mercado una cuantía de trabajo social más pequeño que la que contiene realmente. »

Ahora bien, de ello no se desprende que el valor unitario de cada mercancía empequeñezca, situándose por debajo del tiempo de trabajo socialmente necesario para producirla, como sostiene algún autor. El enfoque de Marx es otro:

«Por lo tanto, estas mercancías deben ser malvendidas por debajo de su valor, y una parte incluso puede permanecer sin vender».

LA DEMANDA

Observemos ahora la demanda:

Las mercancías se venden, o bien como medio de producción o bien como medio de subsistencia.

Si se venden como medios de producción, la demanda viene de los productores, o sea, en último término, queda asociada a la actuación del capital. En el otro caso, proviene de los consumidores.

Esta demanda, como ya hemos visto, es flexible: si baja el precio, se amplía. Si aumentan los salarios, también se puede ampliar. Lo mismo ocurre si aumenta la producción, …. Ahora bien, los afectos no son homogéneos, sino que difieren en función del tipo de mercancía de la que se trate.

SOBRE EL EQUILIBRIO

A pesar de la mitificación del equilibrio, la oferta y la demanda no coinciden casi nunca. Si lo hacen, es una eventualidad. Teóricamente se supone que coinciden, primero, para explicar las leyes interiores de la producción capitalista, ya que la oferta y la demanda no las explican sino que las distorsionan y, segundo, para descubrir la tendencia real de su movimiento y definirla.

Aunque a menudo se habla de que el mercado tiene un papel corrector, de hecho corrige sobre el error. Endereza aquellas desviaciones que la misma actividad mercantil ha creado.

El «centro de gravedad», es un valor medio con puntos de repulsión y atracción procedentes de la oferta y la demanda. Para entender este centro de gravedad, debemos analizarlo prescindido de la apariencia resultante del movimiento de la oferta y la demanda, que de hecho es la madre del error.

Entonces, suponer una situación de equilibrio es sólo una simplificación teórica que nos aleja de la realidad?

No! Las desviaciones causadas por las fluctuaciones de la oferta y la demanda operan, como hemos dicho, alrededor de una media. Una desviación en una dirección se endereza con una desviación contraria. Podríamos decir que cogiendo un periodo de tiempo largo, la oferta y la demanda ciertamente se equilibran y cuanto más largo es el tiempo de referencia, más preciso es el equilibrio. Por supuesto, las interferencias no desaparecen prácticamente nunca de la pantalla y los valores se mueven con el paso del tiempo, convirtiéndose en una media en movimiento. El error siempre suele estar presente.

Estas desviaciones tienen efectos sobre los precios de mercado y sobre los valores de mercado, que como sabemos, son cosas deferentes.

«La relación entre demanda y oferta explica, entonces, de un lado sólo las desviaciones de los precios de mercado respeta los valores del mercado, y por otro lado la tendencia a la neutralización de estas desviaciones (…) de formas muy diferentes (…). por ejemplo, si la demanda baja y por tanto también baja el precio de mercado, esto puede conducir a una retirada de capitales y, por tanto, a una disminución de la oferta. Pero también puede conducir a disminuir el valor de mercado, y a igualarlo, así, con el precio de mercado gracias a intervenciones que acorten el tiempo de trabajo necesario. Y al revés: si la demanda aumenta y, así el precio de mercado aumenta por encima de valor de mercado, esto puede hacer que se viertan masas de capital en estas ramas, y así la producción aumentará y el precio de mercado bajará por debajo del valor de mercado. O también puede provocar un aumento de precio que hará retroceder la demanda. También puede hacer que en esta o aquella rama de la producción el valor de mercado suba durante un periodo de tiempo más o menos largo debido a que una parte de los productos demandados durante ese tiempo se han de producir en condiciones más malas. »

LA RELACIÓN ENTRE PRECIOS DE MERCADO Y VALOR DE MERCADO

¿Qué relación hay, pues, entre el valor y los precios de mercado, o entre los «precios naturales», tomando la terminología de los clásicos, y los de mercado?

El precio de mercado (como el valor) es idéntico para todas las mercancías del mismo tipo, si bien las condiciones de la producción pueden diferir entre productores. El precio de mercado tiene en cuenta la cantidad media social del tiempo de trabajo socialmente necesaria, en las condiciones medias de producción, para suministrar al mercado una cierta masa demandada de artículos. Se calcula sobre el conjunto de la mercancía de un determinado tipo.

La diferencia entre la cantidad de mercancías producidas y la que se puede vender dependerá, como hemos visto, de la oferta o de la demanda. Si la demanda es escasa, una parte de la producción no se vende o se mal vende y, en consecuencia, el precio de mercado se distancia exageradamente de su valor. Ahora bien, la demanda no es constante: se amplía o se contrae por factores diversos, entre los que están, como ya hemos visto, los movimientos de los capitales y las ampliaciones o reducciones del valor, asociadas a la productividad del trabajo.

Queda claro, pues, que la oferta y la demanda no explican la naturaleza del precio y, en cambio, el valor sí ayuda a explicarla. O sea, el tiempo de trabajo socialmente necesario para producir la mercancía, forma parte de la explicación del precio, pero el valor y el precio no coinciden, ya que la oferta y la demanda no dejan de actuar y los capitales se mueven .

Lo que sí explican la oferta y la demanda, son las desviaciones de los precios con relación a los valores de mercado y, a la vez, también explican la tendencia a eliminar estas desviaciones. Esto es lo que quiere decir que la oferta y la demanda son el mecanismo por el que se afirma el valor. Cuando en la superficie de la circulación mercantil, los precios, de resultas de la oferta y la demanda son poco respetuosos con los valores, se provocan cambios en la producción que vuelven a ajustar el precio al valor. De ahí que siempre se acabe reafirmando la ley del valor.

«Para que una mercancía se venda a su valor de mercado, es decir, proporcionalmente al trabajo socialmente necesario que contiene, la cantidad global de trabajo social que se ha invertido en la masa global de esta clase de mercancía debe corresponder a la cantidad de la necesidad social que se tiene, es decir, a la cantidad de la necesidad social capaz de pagar. La competencia, las oscilaciones de los precios del mercado correspondientes a las oscilaciones de la relación entre demanda y oferta, buscan constantemente reducir a esta medida la cantidad global de trabajo empleado en cada mercancía. »

Para examinar cómo la relación entre la oferta y la demanda, es suficiente observando por separado la relación entre tres personas físicas o jurídicas (A, B, C):

• A transforma su mercancía en dinero que le entrega B.
• B retro transforma su mercancía en dinero, al venderla a C.

Aquí vemos una operación con mercancías y dinero. Al tratarse del dinero, en el libro 1º se suponía que los precios no se alejan de los valores y esta simplificación no manchaba la corrección de la exposición, ya que sólo se perseguía mostrar cómo se produce la metamorfosis de las mercancías gracias a la intervención del dinero y ver cómo esto ayuda a su circulación mercantil, para poder examinar, a la vez, todas las funciones del dinero derivadas de este tipo de intercambio mercantil.

Ahora no podemos continuar con aquella simplificación, ya que hacemos entrar en escena la oferta y la demanda.

Para aclarar de qué hablamos, podemos decir que

• la oferta es igual a la suma total de las mercancías suministradas por los productores de un determinado tipo de mercancías y
• la demanda es igual a la suma de las mercancías requeridas por todos los compradores de este mismo tipo de mercancía.

Son totales. Cada comprador y cada vendedor es un granito de arena y su conducta tiene un efecto sólo como parte de esta competencia que pone en juego el carácter social de la producción y el consumo.

Si la demanda supera la oferta para un tipo determinado de mercancías, el precio supera al valor de mercado para todos y todos los vendedores pueden vender a un precio alto, sin necesidad de que unos hagan la puñeta a los demás. Si uno de ellos lo aprovecha para subir el precio, agua bendita para todos, ya que pueden seguir sus pasos. Por el contrario, si la oferta supera la demanda, un vendedor ansioso puede optar por abaratar su producto, obligando a otros a seguirlo. Es, pues, en la parte débil de la competencia donde sus componentes más se confrontan entre sí a consecuencia de esta debilidad y las conductas individuales suelen ser perjudiciales para la colectividad de la que el individuo forma parte como un granito de arena.

Así, si se toma la cantidad de mercancías idénticas y la suma de ellas coincide con la suma necesaria para satisfacer las necesidades sociales, el precio de mercado debería concordar con el valor de mercado. Si se requiere más producto del necesario para satisfacer las necesidades sociales del mercado, entonces el precio se coloca por debajo de su valor de mercado y si la cantidad es insuficiente, se vende por encima. Sin embargo, el valor de mercado puede cambiar: si cae, la demanda social se puede ampliar.

Por lo tanto, si la oferta y la demanda regulan la movilidad del precio del mercado respecto al valor de mercado, el valor de mercado impulsa las fluctuaciones de la oferta y la demanda. Si baja el valor, la sociedad puede absorber una masa mayor de productos básicos (y si aumenta, se contrae).

Cabe destacar este punto: la interacción entre la oferta y la demanda determina el precio de mercado, y al mismo tiempo las oscilaciones del valor y del precio determinan la oferta y la demanda. Teniendo en cuenta un valor de mercado puntual, la demanda social, o sea, la masa real de productos que absorbe el mercado, determina si los precios suben o bajan. Sin embargo, esta relación entre la masa de productos disponibles y la necesidad social está regulada a su vez por el valor de mercado.

¿Qué puede hacer que cambie el valor de mercado? La productividad del trabajo: Si aumenta, hará disminuir el valor de mercado y entonces la masa de producto absorbible por la sociedad subirá. En cuanto a la «necesidad social» debemos tener presente que está condicionada por la relación de las diferentes clases y sus respectivas posiciones económicas; por la proporción entre la plusvalía total y salarios, y por la proporción entre las diferentes partes en que la plusvalía es distribuida (beneficios, intereses, rentas, impuestos, etc.).

DOS ASPECTOS DE LA COMPETENCIA

La competencia juega un doble papel: por un lado, establece un valor de mercado y un precio de mercado uniforme a partir de los diversos valores individuales de las mercancías. Por el otro, la competencia de los capitales en las diversas esferas fija el precio de producción, que nivela las tasas de ganancia entre las diferentes esferas. Dicho de otro modo, la competencia dentro de un sector de producción determina los valores y los precios de mercado mientras que la competencia entre sectores determina los precios de producción mediante la igualación de la tasa de beneficio. Para cumplir este segundo papel se requiere un desarrollo superior del sistema de producción que para cumplir el primero.

La competencia entre los capitalistas productores de un mismo tipo de mercancía y entre ellos y los compradores de la mercancía, proporciona el valor de cada mercancía individual en una determinada esfera de producción, un valor que está determinado por la masa total de tiempo social requerido por la masa total de las mercancías de esta esfera particular de producción social y no por el trabajo de tal o cual empresa.

En cambio, la competencia entre las diferentes esferas de producción engendra la tasa general de beneficios en las diferentes esferas a través de la modificación de los diferentes valores de mercado, en función de la evolución de los precios de mercado y todo él, muy condicionado por los costes de producción. Estos costes de producción, tampoco son homologables a los valores de los productos y de la fuerza de trabajo que los han generado, sino que también difieren de sus valores, ya que se trata de unas mercancías compradas en el mercantil de una fuerza de trabajo que se reproduce a través de la compra de mercancías que también compra en el mercado.

LA EXPRESIÓN DEL VALOR CUANDO LA MERCANCÍA ES PRODUCIDA BAJO EL DOMINIO ABSOLUTO DEL CAPITAL

En un momento de nuestra exposición, hemos dicho que bajo el dominio del capitalismo, las mercancías se intercambian como criaturas del capital. Después hemos hecho una breve pausa para reflexionar sobre un posible intercambio mercantil no sometido a este dominio. Antes, ya habíamos recordado que las diferentes esferas de producción tienen composiciones orgánicas no coincidentes y que, por esta razón, si las mercancías se vendieran por su valor, las tasas de beneficio deberían ser plurales. La diversidad de composiciones orgánicas es difícil de eliminar debido a las peculiaridades de cada uno de los sectores de la producción mercantil. Por el contrario, las discrepancias en las tasas de beneficio, son eliminables, ya que la dinámica propia del sistema lo favorece y el dinero es homogéneo.

Ahora regresaremos al supuesto en el que el capital subsume casi toda la producción mercantil. De manera natural, el capital se vuelca con desmesura en las esferas con tasas de beneficio superiores a la media, lo que aumenta la oferta de las mercancías producidas en estas esferas. Esto reduce los precios por debajo de sus valores y rebaja la tasa de beneficio. Lo contrario ocurre con las esferas de la producción con tasas de beneficio por debajo de la media. Así, el valor de las mercancías no se realiza a través de un precio monetario equivalente a este valor. El precio regulador es aquel que permite realizar una tasa de beneficio media aparejada con la cantidad del capital total invertido en la producción. Al alcanzar este estadio, los capitales se suelen adaptar y no migran. Esta transferencia de la plusvalía en la esfera de la circulación sólo es posible porque el dinero actúa como personificación del trabajo abstracto y las mercancías se producen bailando la partitura musical que interpreta el capital. Para que todo ello prospere, es necesario poder invertir fácilmente dentro de los diferentes ámbitos y poder huir, si es necesario. Esto requiere la movilidad del capital y del trabajo, un sistema de crédito potente y la subordinación de cada esfera a las leyes de la producción capitalista.

Si algunos productores se resisten a la penetración de las relaciones capitalistas, como ocurre, por ejemplo, en algunos ámbitos de la agricultura y la ganadería a pequeña escala, estos productores no entran en la formación de una tasa de beneficio media y sus tasas suelen ser más reducidas. En cambio, sí que entran las empresas claramente capitalistas que subsumen a este tipo de actividades, controlando, por ejemplo, la producción final y/o las cadenas de distribución. Este último tipo de empresas, en determinadas circunstancias, pueden apropiarse de una tasa de beneficio incluso mejor que la media. Como hemos dicho al principio, las leyes de la producción capitalista no funcionan de una manera pura. La producción capitalista se mezcla con otros tipos de producción que no son plenamente capitalistas e incorpora, dentro de una esfera general de producción actividades de capitales que han de actuar en condiciones desfavorables y conformarse con un papel subsidiario.

Hay que aclarar que cuando decimos que la mano de obra debe ser móvil, no queremos decir que el capital tenga que abrir las fronteras para que los desposeídos transiten libremente de un lugar a otro. Basta con una mayor concentración de la población trabajadora que la población que en realidad trabaja, o sea, que haya un ejercido de reserva bien fornido, que los trabajadores adquieren las habilidades que la producción capitalista requiere en cada momento y que sea fácil contratarlos y despedirlos. La reducción del trabajo complejo a trabajo simple también es crucial, garantizando que la población obrera adquiera los conocimientos necesarios para asumir cualquier tipo de trabajo, es decir, que sea polivalente.

El beneficio medio depende de la masa total de plusvalía creada. Así, cada capitalista participa en la explotación colectiva de la clase obrera. Todos ellos están interesados en la explotación conjunta de la clase obrera y no sólo por la de sus trabajadores en particular, que pueden tratar mejor o peor según sea el caso.

A menudo, circula la opinión de que la plusvalía arrancada a unos trabajadores queda en manos del capitalista que los contrata, cuando no es exactamente así. Puede que un empresario trabaje en condiciones de subcontratado por una gran multinacional. Puede que esta multinacional mantenga una plantilla con un número pequeño de trabajadores con un convenio laboral mejor que el resto. Puede ser, a la vez, que el empresario subcontratado, imponga unas condiciones terribles sus trabajadores y que esto permita chuparles una cuantía impresionante de plusvalía. Pero no es descartable que una gran parte de esta plusvalía pase a manos de otros capitalistas y, especialmente, a manos de la gran multinacional subcontratadora. Vemos, pues, por qué Marx trata la relación capital-trabajo antes de ver cómo se distribuye la plusvalía entre los capitalistas. Primero demuestra cómo se explota al trabajador y luego explica a quién beneficia esta explotación.

Este precio que incluye beneficios medios, ya sabemos que se llama precio de la producción porque es, a largo plazo, la condición de acomodo del capital. Es la condición necesaria para garantizar la reproducción de las mercancías en cada sector de producción.

Pero el precio de la producción es una forma exteriorizada y desfigurada del valor de las mercancías y prospera como tal cuando hay una fuerte competencia capitalista. Por ello, le da tanta importancia la economía política.

Los capitalistas que producen en las mejores condiciones, derivadas, generalmente, de su carácter puntero en el terreno técnico, se embolsan un beneficio extraordinario. Esta norma, que tiene relación directa con la ley del valor, es válida para todas las mercancías y en todas las esferas de la producción, sea la que sea la relación entre valor de mercado y precio de mercado, siempre que la oferta y la demanda no lo estropea. Dicho en otras palabras: Se tiende a pagar el mismo precio para todas las mercancías que al ser producidas absorben una misma cuantía de capital, independientemente de sus valores individuales. La innovación técnica aporta un beneficio complementario e incentiva la competencia.

El papel competitivo del desarrollo técnico no significa que unos capitalistas sean partidarios de este desarrollo y otros no, aunque podemos encontrar algunos casos individuales que parezca que son reticentes. El incremento de productividad es beneficioso para el conjunto del capital, ya que incrementa la riqueza material, contribuyendo así a legitimar el sistema, e incentiva la plusvalía relativa.

– Das Kapital: Capítulo 9º. Beneficio, transformación de valores

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