De cuando el laborismo propició los veranos del amor y del odio

Por Nònimo Lustre
El verano del amor
A mediados de los años 1960’s, los Beatles no sólo copan el mercado musical sino que también inauguran una nueva forma de convivencia intergeneracional. Además, en la cumbre de su fama, John Lennon tiene tiempo para publicar dos libros -hoy, olvidados por los españolitos.
1965: primera edición del uno de los dos libros de John Lennon.
Edición española bilingüe de los dos libros de Lennon publicados en 1964 y 1965 -editorial Papel de liar, 2009.
Mikel Izquierdo 2009: traducción de A Spaniard in the Works. <<Gnomo toldos sabuesos, Hardcore Wilson ganó las erecciones generales con un estrecho mármol respecto de los condensadores. Así, el Pasivo Laboratorista recupelma el poder tras un largo parénquima, lo cual no habría sido pocilga sin el arroyo de los sondiezgatos descabezados por Frenk Casting (quien ahorra tiene un ASIENTO SEGURO en Nanking gracias y Fronk (apenas 62) Bilis no). Sir Alice Quiénes-Son se mostró —cita— «robertoméndez deseccionado» pero logró mantener la complusultra pescando y eso en su finca en Escocia de 500.000 acres. Los condensadores (ahora en la imposición) siguen contando con hombres de la tacha e invalidez de Roben Guapos y el muy pasado Harrón Macmillón. Me pregunto qué habrá sido de Atoni Ledén (ex primer minicar) después del asusto de Suez, conmenta la gente. Pues no lo sé.
No olvidemos el destacado papel que jugaron Michael Pus y Dengue en pos de un voto o la tumba. Ni a la Sra. Wilgong enseñando sus váteres por la tele. No podemos olvidar la adorable sonrisa del Sr. Caravan al aumentar el premio del pedófilo cuando presentó los presupositorios del establo. Ni hemos de olvidar tampoco también su adorable sonrisa cuando les subió los sueltos a los M.P. (miedos del pavimento). No hemos de olvidar a John Flipan (118). Ni hemos de olvidarnos de señalar la mingitoria labor de todos los envainados espinales que están acervo colas maravillosas por ahí ni tampoco de adelantar nuestro corneo novidueño. Por un timo, no olvidemos volver a poner en hora el reloj cuando nos bomben. Harold >>
Un párrafo del original que subraya la dificultad acometida en buena ley por M. Izquierdo: “Azue orl gnome, Harassed Wilsod won the General Erection, with a very small marjorie over the Torchies. Thus pudding the Laboring Partly back into powell after a large abcess. This he could not have done withoutspan the barking of thee Trade Onions”… el Premier Wilson se transforma en el atacado Wilsod; mayoría se queda en la vegetal marjorie (sobre los conservadores tories) y los sindicatos devienen en Cebollas. Etcétera.
Observando in situ a los skinheads
En el reino-unido-UK de los años 1960’s, aleteaban esporádicamente las coacciones gubernamentales para mantener un British Empire que se caía a pedazos. Más allá de haber perdido India, la joya de la corona, sus colonias asiáticas y africanas se independizaban en masa. Pero nada dello alteraba que los policías seguían armados sólo con un silbato, amén de que no existía el carnet de identidad y los dentistas eran casi gratis aunque su fama era muy inferior a la de las clínicas abortistas. En un ambiente de conflictos laborales muy serios -eternamente, los mineros-, la otrora pujanza económica (sea eso lo que sea) estaba apagándose. La juventud empezaba a sublevarse de distintas maneras. Los Beatles eran más reyes que la longeva testa coronada aunque faltaban varios años para que los Sex Pistols se rieran agriamente de Elizabeth II, y los migrantes de la Commonwealth se convertían en salvadores del UK. Contra ellos, comenzó una ola de adolescentes nacionalistas, tan violentos como dictaba su natural plurisecular. Eran los skinheads, primeramente patriotas y, pocos años más tarde, rojos (reds). Los siguientes párrafos son el precario fruto de lo que ahora llamaríamos ‘mi trabajo de campo’ entres los skins del Londres proletario.
El sociólogo Richard Hauser (1911-1990) y su esposa Hephzibah Menuhin (1920-1981), gran pianista, hermana del entonces famosísimo violinista Yehudi M.
En la dizque libérrima Europa posguerra mundial, en los años 1950’s, era delito la homosexualidad masculina -de la femenina no se hablaba porque parecía imposible. A principios de los 1960’s, Hauser fue comisionado por el gobierno británico para que estudiara la homosexualidad; su informe se editó en un libro (Homosexual society, 1962) que influyó en la despenalización de la homosexualidad -sobra decir, mayoritariamente masculina. Quizá porque era un cuáquero casado con una judía, su siguiente encargo fue estudiar en el Este de Londres el nacimiento de los skinheads. A tal efecto, se le proporcionó una iglesia desafectada y un equipo de asistentes que grababan todas sus palabras. Para mi fortuna, durante varias semanas fui invitado a alojarme en el ala intermedia entre la enorme sala de la antigua iglesia -donde jugaban y reñían los chavales- y la planta superior donde residían el Gran Sociólogo y su amablemente exquisita esposa.
A mi juicio, esas bandas de niños o adolescentes todo lo más, agresivos y racistas, encontraron un ambiente político muy propicio en una de las muchas políticas instauradas por el Gobierno de la época. Veamos: el laborista Harold Wilson (1916-1995) fue dos veces Primer Ministro (Presidente) de UK: entre 1964-1970 y entre 1974-1976. Sus mandatos fueron muy apreciados por el establishment británico hasta el punto de que el humilde estudiante en Oxford fue enaltecido como Lord Wilson of Rievaulx.
De su gran influencia en el Reino Unido-UK, sólo nos fijaremos en su campaña Back Britain (BB, ‘Ayuda a Gran Bretaña’, inaugurada en 1968) Esta BB preconizaba la compra de productos británicos pero, en la cotidianeidad, fue mucho más allá: concretamente derivó en ataques continuos a los pakistaníes -considerados como una suerte especial de negros- y a los demás inmigrantes de las antiguas colonias indostánicas. Comenzó el Paki bashing -en slang o jerga local, amedrentamiento… y algo más.
En Skinhead, una novela de John King publicada en 2008, encontramos bastantes referencias a la relación entre los skinheads y los pakistaníes -los Pakis: Post-war England was a different time, and if you were a Pakistani or a Bangladeshi boy he knew it could be hard (pág. 285) [Ray] He had hammers for fists and had stood up to a mob of Pakis single-handed when he was a boy, been beaten half to death, stabbed and still come back for more (p. 71) Y, finalmente, un párrafo que nos remite a las obras de Lennon: If Terry English became a skinhead in the Summer of Love, then for Ray it’s more like the Summer of Hate, and it’s a long old summer, one that’s going to last for the next three years (p. 134)
Desde la sociología política, el enorme -y duradero- movimiento de los skinheads y de los apenas posteriores redskins y anarquista que, décadas después, acuñaron las siglas ACAB (All Cops are Bastards, todos los policías son unos hijueputas), fueron y son entendidos como una subcultura del proletariado británico. Según Brake, la elusiva ‘cultura juvenil’ puede dividirse en cuatro categorías: la juventud respetable (straight), la tradicional subcultura del proletariado delincuente, los rebeldes culturales y los radicales políticos. Pero, si incluimos el criterio de clase social, entonces podemos asegurar que los skins son una subcultura aparte.
En los años 1950’s, RU era un país sumamente gris, aburrido y reprimido -aunque el Premier conservador MacMillan dijera a los jóvenes que ‘nunca habían estado mejor’. La pobreza era atribuida a los problemas psicológicos pero los teddy boys se negaron a creerlo. En realidad, no existía el afamado joven (teenage) consumidor (Abrams 1959) mientras que, sin embargo, prosperaba el British Fascist Party. En los años sesentas, los mods y los rockers sustituyeron a los antiguos teds. Y, circa 1968, entre los flower children y el beautiful people, en la clase media irrumpieron los skinheads quienes, evidentemente, detestaban a los hippies y a los bellos afortunados. No les interesaba crear una nueva oposición a la cultura dominante ni querían llevar un modo de vida diferente. Simplemente, eran adolescentes que pertenecían a los más pobres entre los pobres trabajadores -y lo sabían. Brake entrevistó a 50 skins del Este londinense (¿quizá en Bethnal Green?), puros herederos de los Cockneys, celosos de sus barrios. De ellos, entresacó que sus valores eran: dureza y violencia, fútbol, etnocentrismo (fácilmente mutado en racismo antimigración), ética laboral puritana y un cinismo generalizado. Finalmente, Brake sostiene que su manifiesto racismo les fue inoculado por el entonces famoso líder ultraderechista Enoch Powell (cf. Mike Brake (1974), “The skinheads. An English Working Class Subculture”, en Youth & Society 6:2, diciembre)
Skins de uniforme: cabezas rapadas y las ubicuas botas Dr.Martens que no solo tenían punteras de acero -así las reducen en el siglo XXI-, sino, peor aún: con clandestinas giletes hojillas que buscaban clavarse en los odiados Pakis.
¿Del verano del amor al verano del odio?
Citando de nuevo al novelista King, del Summer of Love, los skins pasaron a sembrar el Summer of Hate. Lo comprobé en mi susodicho ‘trabajo de campo’ en Bethnal Green -parada de metro siguiente a la Liverpool Street Station. Empezando la casa por el tejado, lo primero que me llamó la atención fue la sumisión de la chavalería a los dos o tres treintañeros/as asistentes de Hauser. Al sociólogo nunca le veían pero, para aquella bandada de 40 o 50 proto-adolescentes, era Dios. Lo cual me intrigaba pero me solazaba porque, para subir a mi dormitorio, yo tenía que atravesar al gran salón desafectado entre unos chavales que estaban permanentemente en guerra interna -nunca tuve ningún problema. A veces, las giletes de las Dr. Martens, causaban heridas sangrantes pero, ni siquiera en tales casos, los skins se atrevían a ser curados en el piso donde estaba el botiquín, más bien escogían irse a sus casas. Lo segundo fue escudriñar entre la masa infanto-juvenil si sus peleas se regían por alguna segmentación de las bandas. Quizá la había pero no acerté a identificarlas así que me limité a constatar que el principio de Autoridad estaba férreamente implantado de manera que un extranjero como yo subía y bajaba tranquilamente del armagedón a la academia.
En aquella dilapidada iglesia, no entraba el verano del amor de los Beatles. Al contrario, los skins empleaban su recreo vigilado en confabularse para el siguiente asalto a los pakis. Era su modo de demostrar que ellos, paupérrimos cockneys de barrio (valga la redundancia), estaban ayudando a Britain según lo propuesto por Lord Wilson of Rievaulx.
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