Exposició: Els exilis de Renau

Por Arturo del Villar*. LQSomos

El IVAM expone hasta el mes de enero doscientas obras de Josep Renau, clasificadas en dos periodos de su exilio, en México hasta 1958 y en la República Democrática Alemana hasta su muerte en 1982. Para no dejar de visitar el museo

El exilio creador de Renau

El Institut Valencià d’Art Modern (IVAM) ha inaugurado una magna exposición sobre “Els exilis de Renau”, que podrá verse (y debe verse) hasta el 9 de enero de 2022. Muestra dos centenares de obras del cartelista, muralista e ilustrador republicano, que por mantenerse fiel al sistema político legítimo elegido por el pueblo español debió exiliarse en 1939, primero en México, hasta 1958, y después en la República Democrática Alemana hasta su muerte en 1982, en busca de la libertad precisada por los artistas para realizar su trabajo, que le estaba negada en su patria vencida y afascistada. Con él se recuerda también a su compañera, Manuela Ballester, y a su amigo el muralista mexicano David Alfaro Siqueiros.

Con Toulouse Lautrec el cartel adquirió categoría artística, y con Josep Renau además alcanzó el valor de instrumento político al servicio del proletariado. En 1937 la espléndida revista Hora de España, que mantuvo la atención a la cultura en plena guerra, publicó una polémica entre el pintor Ramón Gaya y Renau, en torno a la valoración del cartel en relación con las artes tradicionales. Precisamente el conflicto armado propició un gran desarrollo del cartel político, un arma necesaria de agit-prop.

En opinión de Gaya no puede considerarse arte al cartel, porque no es un arte creativo, sino artesanal, sujeto a las normas muy exigentes de la publicidad. Por el contrario, Renau defendió que es un arte original elaborado con una técnica propia, independiente de la pintura, capaz de pasar por todas sus fases, desde el clasicismo hasta los movimientos vanguardistas más avanzados. Un cartel se reconoce como obra de un autor determinado, lo mismo que sucede con una pintura, e igualmente se le puede catalogar dentro de una escuela organizada a partir de un maestro o jefe del taller.

Arte para favorecer el comercio

Antes de la sublevación de los militares monárquicos contra la República ya había consolidado Renau su nombre como cartelista comercial premiado en importantes concursos, como el convocado por el Patronato Nacional de Turismo en 1929, o el de Ferias y Fiestas de Valencia en 1933. Igualmente eran muy gustosos los carteles que diseñó para la empresa cinematográfica Cifesa, y las cubiertas realizadas para revistas.

Pero sus condiciones artísticas alcanzaron la perfección estética al ponerlas al servicio de la República y de la Revolución cuando se rebelaron los militares monárquicos en 1936. Continuó utilizando el cartel para hacer publicidad, pero entonces no destinado a promocionar un artículo, sino para exaltar el valor del pueblo atacado por el nazifascismo internacional.

Adscrito al realismo socialista, logró que sus carteles militantes fuesen obras de arte a la vez que objetos propagandísticos de sus ideas revolucionarias. Comprendió que la guerra había derribado el mundo burgués a que estaba acostumbrado y para el que trabajaba. La nueva circunstancia bélica exigía una nueva estética efectista, capaz de educar a un pueblo en parte analfabeto y de animarle a participar en el conflicto del modo que pudiera, con el fin de preservar las libertades puestas en marcha por la República.

Su contribución de combatiente mediante el arte fue valorada y utilizada por el Ministerio de Instrucción Pública, que le nombró director general de Bellas Artes. Participó en el Pabellón de España en la Exposición Internacional de las Artes y las Técnicas Aplicadas a la Vida Moderna, celebrada en París en 1937, y formó parte de la comisión encargada de seleccionar las obras que representasen gráficamente la realidad de la guerra librada en España, ignorada por los defensores del Acuerdo de No Intervención que perjudicaba a la República y no seguían los rebeldes.

Lo mismo que tantísimos escritores y artistas plásticos, tuvo que marchar al exilio cuando triunfó el nazifascismo internacional que suministraba soldados bien armados a los rebeldes. Son los dos apartados metodológicos de esta exposición. En México volvió al cartelismo publicitario para ganarse la vida, circunstancia en la que destacan los carteles cinematográficos. Fue una etapa muy laboriosa, porque se hallaba en una tierra acogedora por parte de sus dirigentes políticos, pero sin que el pueblo compartiera su misma opinión sobre los exiliados.

Contra los yanquis

Quedan testimonios demostrativos de que todos republicanos peregrinos por el mundo en busca de la libertad ausente de su patria, mantenían a España en el corazón, por decirlo con un título de Pablo Neruda. Así lo hizo Renau, que continuó llevando a España en sus trabajos, para denunciar la triste situación en que se hallaba. Hay una obra excelente, titulada “La soberanía de España pisoteada por los yanquis”, en la que encima de un mapa de la península en negro se halla colocada la madrileña Puerta de Alcalá, sobre la que extiende sus piernas un sonriente soldado yanqui mientras fuma un habano. Para sostenerse en el poder, ahogando al pueblo cautivo, el régimen estaba decidido a ceder parte de su territorio a los Estados Unidos de América, con el fin de que instalasen unas bases militares.

Debe ser calificada esta obra como realista, pero no seguidora el realismo socialista propugnado por la Unión Soviética para la educación del pueblo, sino de realismo imaginativo, puesto que la escena era creada por el artista. No quiso reproducir un suceso real, sino simbólico, a partir de lo que iba a ser la realidad cotidiana en la España convertida en una colonia de los Estados Unidos. Con algunas actuaciones extraordinarias, porque todavía los vecinos de Palomares aguardan la recuperación de su playa contaminada por una bomba caída de un avión gringo.

La vida en los Estados Unidos le inspiró una serie de fotomontajes con el título de The American way of Life. Constituyen una denuncia del imperialismo en el país que ha aceptado como dios al dólar, por lo que Renau abominaba de sus costumbres. También en estas obras el realismo se mezcla con la imaginación, para establecer escenas de costumbres que no se ven, pero que anuncian la existencia de una realidad alienante en una sociedad enferma que acepta el crimen como norma de vida.

Para huir de su cercanía en 1958 se instaló en la República Democrática Alemana, en donde continuó su trabajo creador, objeto resaltado en esta exposición. Se interesó por la manera de integrar el muralismo en la arquitectura, con una finalidad política. No es una tarea fácil, porque requiere una nueva configuración que evite la tentación decorativa.

De modo que Renau ha sido un artista en la renovación del cartelismo en España. Realizó excelentes trabajos publicitarios antes de la sublevación militar, y después modificó su arte para ponerlo al servicio de la República y de la Revolución. Esas señas no iban a borrarse durante el exilio, sino que animaron una manera diferente de representar la sociedad desde el realismo, aunque con añadiduras personales, en lo que demostró ser un excelente artista, dispuesto a seguir las normas estéticas según su interpretación.

* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio
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IVAM: Els exilis de Renau
Hasta el 9 Enero de 2022. De martes a domingo de 10:00 a 19:00h
Viernes de 10:00 a 21:00h. Lunes cerrado
Calle Guillem de Castro, 118 · 46003 Valencia

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Un comentario en “Exposició: Els exilis de Renau

  • el 4 agosto, 2021 a las 12:35
    Permalink

    El cartel es un grito en la pared, escribió Renau.
    Hoy el grito se trasmite desde las pantallas y eso, siendo importante en la difusión, hace desaparecer el cartel del espacio público, desde donde impactaba colectivamente a la ciudadanía.
    ¡Lástima! y en buena medida, un paso atrás.
    Campa a sus anchas por la ciudad la publicidad comercial (…) y se retira de las paredes nuestro cartelismo político que encuentra «refugio» en las pantallas…y así tampoco requiere brazos militantes que lo difundan (y que no sobran).
    Sí, «el cartel es un grito en la pared» y urge que sea nuestro grito, el de las gentes de abajo, el de la transformación que queremos en una sociedad de iguales en libertad.

    Respuesta

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