Matanza en el aeropuerto de Kabul: antecedentes

Por Nònimo Lustre*. LQSomos.

El día 26.agosto.2021, un atentado suicida en el aeropuerto de Kabul conmocionó al mundo. Fue reivindicado por el ISIS-K, rama del Daesh-Isis que aspira a crear el Estado Islámico de Khorasan (de ahí, la K; Jorasán en español) A estas alturas, sabemos que la cifra de víctimas mortales asciende a cerca de 200 pero no sabemos si fue perpetrado por una o más personas, si alguna era mujer y ni siquiera si fueron uno o dos los atentados –y aunque todo apunte al terrorismo suicida, siendo extremadamente meticulosos, tampoco podemos estar seguros de que haya sido autodestructivo.

Sin embargo, dando por buena la hipótesis del suicidio yihadista, intentaremos pergeñar algunos comentarios que, en el estado actual de los datos, sólo pueden ser tentativos y provisionales. Es más, sospechamos que, si dentro de unas semanas, se nos ofrece una información detallada, entonces será peor porque, en el aluvión de noticias inmediatas, pudiera haberse colado algún dato significativo pero, cuando nos remitan la conclusión cocinada, el relato estará plagado de consignas prefabricadas.

Los siguientes párrafos, se centrarán en un par de casos de fracciones islámicas que han aterrorizado al resto de su geografía local. Colectivos que han atacado incluso a otros musulmanes –y, por supuesto, a cuanto renegado o infiel se les pusiera a tiro. Por ende, no incluimos en esta corta lista a los ‘moros’ (cf. infra, juramentados) que sólo atentaron contra los perros incircuncisos o circuncidados. Hemos seleccionado estas dos referencias porque están muy alejadas en el espacio y en el tiempo; esta distancia ejemplifica que el suicidio político-religioso es una tradición con profundas raíces en el islamismo que, previsiblemente, se mantendrá en el futuro. Y, por mor de concisión temática, nos olvidamos de que también es tradición de las demás religiones.

El suicidio político-religioso

La iconografía medieval no concuerda con la fama que los Cruzados encasquetaron a los ‘asesinos’

Todos los medios –repentinamente transmutados en teólogos muslimes-, aprovechan el atentado de Kabul para subrayar en letra gorda que el Corán prohíbe el suicidio. Pero, si leemos ese Libro Sagrado, ese supuesto precepto no es fácil de interpretar. En la sura IV: 33, el Profeta estatuye “No os matéis entre vosotros”. Pero ‘vosotros’, ¿incluye al individuo suicida? Veamos lo que escribe un comentarista:

“El sentido de este pasaje es incierto, y la vaguedad resulta del diferente em¬pleo que puede tener la voz “nafs” (persona, individuo, alma, uno mismo); de modo que también se puede traducir: no os matéis a vosotros mismos, a vuestras personas, no os matéis unos a otros, o bien no os suicidéis. No os echéis vosotros mismos a la muerte como los hindúes idólatras, o bien no os matéis los musulmanes porque no sois más que uno solo. Por decirlo así, una sola alma (nafs). Cierto que se encuentra a menudo en árabe la expresión “la taktol nafsak”, no mates tu alma, es decir, no te mates (a fuerza de entregarte al dolor, etc.)”

En épocas posteriores, los ‘asesinos’ seguían siendo gente apacible

Por su parte, el judaísmo también condena el suicidio… pero lo perdona según y cómo. ¿Un dogma religioso con excepciones? Bueno, todas las religiones las tienen; si no, ¿de qué vivirían sus sacerdotes?

Cinco ejemplos de suicidas exonerados que figuran en el Viejo Testamento: Saúl, quien se arrojó sobre su propia espada para evitar el escarnio y la muerte a manos de los filisteos / Sansón, quien muere para sepultar al mismo tiempo a millares de enemigos. / Ajitofel, consejero de David y Absalón, se ahorcó al comprender que la rebelión había fracasado./ Abimelej, hijo de Gedeón, herido mortalmente por una piedra de molino que le arrojó una mujer, pidió a su escudero que lo matara./ Zimiri, rey de Israel, al verse cercado por las tropas de Omri, incendió su palacio y murió. Las primeras tres muertes son consideradas «suicidio, bajo circunstancias mitigantes». Se perdona a Saúl puesto que su suicidio fue motivado por el temor de que su encarcelamiento causara la muerte de otras personas. Y, asimismo, se perdona el suicidio de Sansón pues fue entendido como una santificación del nombre divino.

Pero parece comprobado que llegaron al magnicidio, en este caso de 1092, contra el visir Nizam al Mulk.

En cuanto al cristianismo, aunque también lo prohíbe, es interminable la nómina de feligreses suicidas. Sólo que son recordados y hasta adorados bajo el paraguas de “mártires por la Fé”. O como ascetas impolutos. O como abnegados predicadores cuya prédica no fue entendida como santa. O, caso frecuente y actual, como Cruzados con cierta disfunción bélica.

Las tres sectas del Libro, todas ellas religiones de Paz y Amor –huelga añadir-, condenan el suicidio con mayor o menor rigor. Pero ninguna niega que atentados como el de Kabul hundan su raíz en la respectiva religión. Es lógico: tanto insistir en la inmortalidad del creyente, conduce a que algunos feligreses opten por un atajo para llegar antes al Paraíso. Si su religión se basa en el mercado de futuros, no faltarán avispados especuladores que jugarán en Bolsa. Si saben perfectamente quiénes son sus enemigos, pues, además, también saben que eliminar la competencia es un valor añadido. Por las mismas razones, el suicidio político-religioso sólo terminará cuando el mundo se haya vuelto ateo y los españoles recordarán entonces que ningún etarra se suicidó.

La mujer-bomba y suicida

Nos hubiera gustado incluir un parágrafo sobre la mujer que se suicida por motivos político-religiosos (es difícil analizar este binomio) pero, sin saber si alguna mujer se sacrificó en el aeropuerto de Kabul, tenemos que conformarnos con añadir un par de ilustraciones.

Los Assassins

Pero parece comprobado que llegaron al magnicidio, en este caso de 1092, contra el visir Nizam al Mulk.

Incluimos esta breve nota por dos razones: a) porque los llamados assassins fueron musulmanes que atentaban contra otros musulmanes y b) porque dominaron durante más de dos siglos una extensa área alrededor de su capital -el castillo de Alamut- sito al norte de Teherán en las montañas Alborz o Elburz. Precisamente, en pleno Khorasan, ayer antiguo país vagamente delimitado y hoy meta del ISIS-K. Los terroristas de Kabul, ¿conocerán esta particularidad de su Khorasan? Aunque los assassins formaron el Estado Nizari y así quisiera revivirlo el ISIS-K, es obvio que no fue un Estado en el sentido actual del término. Pero, esa minucia sobre algo que ocurrió en los siglos XI y XII, ¿les afecta a los 3.000 o 10.000 militantes de esa rama khorasánica del Daesh-ISIS? Quizá sea posible pero no es probable. Aun así, no podemos descartarlo, sobre todo porque esa matanza atentó contra otros muslimes, los Taliban, quienes ahora protestan aduciendo que la explosión se produjo en una zona bajo control gringo –algo debe haber dello puesto que, oficialmente, murieron in situ 13 de sus soldados.

El Castillo de Alamut, hoy

La historia de los assassins está muy presente en la literatura popular psicodélica donde, a estos Nizari Ismailitas se les atribuyen desde asesinatos siempre justificados hasta ¡la invención del hachís! Pero lo cierto es que, a finales del siglo XI, Hasan-e Sabbah (1070–1124, “el Viejo de la Montaña” entre los psicodélicos) conquistó varios castillos desde Persia hasta Siria fundando así el ‘estado nazari’ y dirigiéndolo desde Alamut. Según los chismes del Medioevo, sus huestes chiítas asaltaban los caminos y cometieron muchas tropelías contra los habitantes de esa parte del hoy llamado Khorasan. Los Cruzados crearon esa (mala) fama y les endilgaron el apellido de ‘asesinos’ enriqueciendo con una sola palabra los idiomas europeos y empobreciendo una verdad que nunca conoceremos. Mientras, quizá haya que atribuir a Marco Polo la especie de que Alamut tenía un jardín secreto donde se drogaban los futuros asesinos o fida’is. ¿Un hortus clausus?, todos los palacios del mundo lo tenían y lo tienen.

1890. Mapa etnográfico de las Filipinas. Al sur, Mindanao y al suroeste, Joló. (Pinchar la imagen para ampliar)

Sea como fuere, los fida’is se entrenaban para el martirio buscando la mayor efectividad –i.e., el magnicdio. Su táctica consistía en disimular hasta que conseguían entrar en los palacios de los mandones. Utilizando exclusivamente dagas ceremoniales, eliminaron a dos Califas, varios visires, sultanes, jueces y clérigos. Pero fracasaron en su trofeo más ilustre: el famoso sultán Saladino. Y tampoco consiguieron derrotar a los sunitas; en parte porque, a finales del siglo XIII, llegaron los mongoles y todo cambió.

Filipinas: los Juramentados

En las Filipinas del siglo XVI, el islamismo había arrinconado al hinduismo y al budismo pero no al catolicismo impuesto por la invasión española (1571-1898) Sólo se salvó en parte de Mindanao y en el archipiélago de Joló (Sulu) donde los (pésimamente) llamados moros resistieron más de tres siglos –y perifrásticamente, hasta hoy.

Desde 1870, los ‘moros’ juramentados realizaban ataques suicidas contra los españoles, los gringos, los japoneses… y hasta contra los filipinos infieles. Pero nunca atacaron a los chinos, puesto que China no era considerada enemiga de su pueblo. Sin que sirva de precedente, encontramos en Wikipedia una buena narración sobre la sabilallah o ceremonia de iniciación de los juramentados: “Los mag-sabil, «que soportan los males de la muerte», eran los candidatos al suicidio. Sus padres eran consultados antes de que los jóvenes fueran autorizados por el sultán para ser entrenados para el Parang-sabil (el camino al Paraíso).

El dibujante confunde el kris con la cimitarra

Después de un juramento con la mano sobre el Corán, el elegido tomaba un baño ritual, se afeitaba todo el vello corporal, y las cejas se recortaban para parecerse a «una luna de dos días.» Una banda fuerte se le envolvía firmemente alrededor de la cintura, y unos cordones se ligaban fuertemente alrededor de los genitales, tobillos, rodillas, parte alta de los muslos, muñecas, codos, y hombros, restringiendo el flujo de sangre e impidiendo al mag-sabil perder demasiada sangre en caso de lesión. Vestido con ropa blanca y turbante, el joven escogido afilaba y pulía sus armas antes de la acción. En el ataque, el mag-sabil se acercaba a un grupo de enemigos al grito «La ilaha il-la’l-lahu» («no hay más dios que Alá»), armado con el kris, el barong o el arpón buidiaka wudkawdk, asesinando a tantas víctimas como le fuera posible antes de que lo mataran.” Esta voz es aceptable porque copia a un viejo paper etnográfico-jesuítico (ver J. Franklin Ewing.1955. “Juramentado: Institutionalized Suicide among the Moros of the Philippines”; en Anthropological Quarterly) Pero evita otros detalles ‘íntimos’ como que, para protegerse de las heridas, tras el baño ritual el juramentado se ata una dbaka, una cuerda de cáñamo, para sujetar erguido su pene –una punta de la dbaka sujeta el pene y la otra le rodea el cuello –nos gustaría leer cómo es la iniciación de los suicidas de Kabul.

Teatrillo donde la protagonista apuñala con una suerte de kris-florete a un empingorotado soldado ¿español?

Actualmente, son muchos los peligros terminológicos –con ostentoso trasfondo político- que amenazan la comprensión del fenómeno de los juramentados. Quizá el más acuciante sea el pan-malayismo o modelo de amplio espectro geográfico-étnico (ver una rara y erudita aportación española a la sociología de las Filipinas en Isaac Donoso. 2016. “Morología: el Malayismo y la Escuela española de estudios sobre Mindanao y Joló”, en eHumanista/IVITRA 10 (2016): 414-430; ISSN 1540 5877.) Pero también encontramos rasgos de indeseable modernidad en el regionalismo –contraparte del pan-malayismo-, en el atavismo etnicista, en el nacionalismo filipino e incluso la confusión reduccionista con el amok.

Limitándonos al amok, quizá convengan algunas precisiones: es un fenómeno universal. El término proviene del malayo meng-âmok, “atacar y matar con ira ciega”, equivalente a berserk en Escandinavia, cafard en Polinesia, iich’ aa entre los Diné (antes, navajos), dhat en India y latah en Asia y Pacífico meridional. Por esta razón, creemos que hay alguna tesis (cf. infra, referencia bibliográfica) que se equivoca desde el primer planteamiento puesto que sin querer queriendo, se apoya demasiado en los decimonónicos viejos tópicos de que los moros son malayos y que, por tanto, son proclives (¿) a entrar en amok -para despolitizar la resistencia de los moros, los gringos popularizaron la especie de una conexión entre los juramentados y el amok, ejemplo del trasfondo político antes mencionado.

Método gringo para derrotar la insurgencia moro-juramentada

Y es que, en Mindanao y Joló, habrá malayismo y juramentados cuya comportamiento se parezca al amok pero también sobreviven pueblos indígenas como los Bagubos, Bagarus, Malayo-mahometanos (i.e., los propios moros), Mamanua (Negritos), Tausug, Samai, Yakan, Bajau, Maranao, Magindanao, Ilanon y las 18 etnias no islamizadas englobadas en la etiqueta genérica Mindanao lumad. Asimismo, Joló es hogar de los Tausug, Sama y Badjaw, Yakan y Jama Mapun. Perder esa diversidad étnica no nos parece aconsejable (ver «Eduardo F. Ugarte. 1999. ’The Demoniacal Impulse’. The construction of Amok in the Philippines. Tesis doctoral; University of Western Sydney)

Ocupación gringa: fusilamiento de niños filipinos. Imagen que hemos usado en otras ocasiones –y que seguiremos usando

Quizá no existan juramentados ‘a la antigua’ pero el conflicto entre moros y Manila re-comenzó en los 1970’s, sin ligazón alguna con el conflicto protagonizado por el Communist New People’s Army. En Mindanao y Joló, el cristianísimo gobierno filipino agrede a la minoría musulmana y patrocina un racismo como el que se manifiesta en el género de teatrillo popular “moro-moro”, donde los cristianos exterminan a los villanos y piratas moros. No nos extraña que esa política discriminatoria y racista, provocara una guerra civil que ha causado más de 100.000 muertos y más de un millón de desplazados. Y que, lejos de resolverse, continúa brotando regularmente.

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