Muchos motivos para una guerra… Etiopía, Sudán, Egipto

Muchos motivos para una guerra… Etiopía, Sudán, Egipto

Por Guadi Calvo*

La Gran Presa del Renacimiento Etíope o GERD, por sus siglas en inglés, se encuentra en las últimas fases de llenado y en la puesta en marcha de sus once turbinas, las que estarán en pleno rendimiento en 2025, lo que la convertirá en la mayor represa hidroeléctrica de continente, cuya producción no solo abastecerá de electricidad a los 110 millones de etíopes, sino que su excedente, podrá ser exportado a Sudán, Kenia y Djibouti, aliviando las siempre ajustadas cuentas de Addis-Abeba

Esta mega construcción, sobre el Nilo Azul, de 145 metros de altura y 260 metros de ancho, en la región de Benishangul-Gumuz, a unos treinta kilómetros de la frontera con Sudán, obviamente ha encendido las alarmas tanto en El Cairo, cómo en Jartum, que tienes razones obvias, para considerar que la interrupción parcial del flujo del río, podría afectar de manera directa sus economías, más cuando las sucesivas rondas de negociaciones, entre los tres países afectados (Etiopía, Sudán y Egipto) y monitoreadas por Estados Unidos. Dada la gran capacidad de almacenamiento del embalse, podría afectar a ambos países aguas abajo, lo cual es muy peligroso, advierte un negociador sudanés. Sudán, donde se encuentran el Nilo Azul y el Nilo Blanco, es el más afectado. Primero, porque regular el caudal del río evitará inundaciones estacionales, lo cual es parte integral del modelo agrícola local.

Hasta ahora, todas las rondas que busca, el compromiso etíope, de aceptar condiciones, para el llenado del embalse, han fracasado, incluyendo la última que finalizó el pasado diecinueve. Por lo que se sigue incrementando las tensiones, en una región, de la que podríamos afirmar, ya no tolerará más crisis y donde la posibilidad de un conflicto armado, no solo a las tres naciones implicadas, sino también a varias naciones vecinas, no es una cuestión remota.

En este tenso contexto, es importante señalar que cada uno de los tres países implicados, por diferentes motivos, se encuentran al borde del colapso: Sudán, con una guerra civil, que ya lleva casi nueve meses, y aunque recién parece estar asomando un posible vencedor: Las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) la banda paramilitar que responden Mohamed “Hemetti” Dagalo, que además de estar derrotando a las Fuerzas Armadas Sudanesas (FAS) del general, Abdel Fattah al-Burhan, en varios frentes claves de la contienda, continúan incrementando el genocidio en Darfur, que parece, nadie quiere reconocer, detener y ni siquiera condenar (Ver: Sudán, la guerra de la rapiña). Ya no importa qué bando resulté victorioso, lo cierto es que el país ya está devastado por la destrucción de infraestructuras, caminos, puentes, usinas, aeropuertos, entre otras construcciones vitales, sino además de miles de viviendas y cientos de hospitales y escuelas. Egipto, sumida en una monumental crisis económica, exigirá al recientemente electo, por tercera vez consecutiva, presidente Abdel Fattah al-Sisi, (Ver: Egipto. Larga vida al rais), a extremar sus medidas, para contener la revuelta social, y terminar de una vez la guerra interna contra el terrorismo integrista en el Sinaí, que ya tiene cinco años. Aunque nada de lo apuntado, se comparara, con la crisis humanitaria descomunal, que podría dispararse si Estados Unidos, no interrumpe la limpieza étnica en Gaza, por parte del engendro sionista, que a todas luces está pretendiendo terminar de obligar a los más dos millones de gazatiés, a abandonar sus tierras y que tenga que escapar, por el paso de Rafah, rumbo al norte del Sinaí. Donde el general al-Sisi, tendrá que hacerse cargo de la situación, hasta qué por fin, Naciones Unidas, se haga cargo, si Estados Unidos y los sionistas lo permiten, de los desplazados palestinos.

Y finalmente Etiopía, que todavía no se repone de la guerra de dos años (2020-2022), contra las fuerzas separatistas del estado de Tigray, y ya apenas contiene los intentos secesionistas del estado de Amhara (Ver: Etiopía. Preámbulos a una nueva guerra), por lo que, de no lograrlo, se precipitarán a una serie de guerras regionales que, podría terminar, por detonar la siempre amenazada unidad nacional.
Si bien desde que se comenzó a llenar el embalse en 2020, ni Egipto, ni Sudán se han visto afectados, ya que el agua, se detiene durante las temporadas de lluvias, la tensión no ha decrecido, sino todo lo contrario. Las dos naciones por donde continúa el curso del Azul, y que, a la altura de Jartum, se une al Blanco, para seguir rumbo al Mediterráneo, atravesando la totalidad de Egipto, hasta llegar al Mediterráneo.

Es innecesario, mencionar la importancia fundamental del Nilo, para la existencia de Egipto, desde los principios del tiempo, por ser su única fuente de agua, por lo que disminución, afectaría la importante producción agrícola, dependen de las inundaciones anuales y del retroceso del río para fertilizar sus tierras, hasta industrias tan elementales como la de la fabricación de ladrillos, por la falta de la materia prima. Una actividad floreciente por siglos, al norte de Jartum, que ya no alcanzan, ni a la mitad del millón de unidades, que fabricaban hasta hace tres años.

El estigma colonial

En un reciente comunicado de prensa emitido desde El Cairo, tras el fracaso de las negociaciones, las autoridades egipcias han señalado, que el fracaso se origina en: “la persistente negativa de Etiopía a aceptar cualquier solución de compromiso técnico o jurídico, que salvaguarde los intereses de los tres países”. Según el comunicado, Egipto ha hecho esfuerzos y ha colaborado activamente con los dos países ubicados río abajo, para resolver las principales diferencias y llegar a un acuerdo amistoso. Mientras que Addis-Abeba, sigue acusando a Egipto, de querer imponer su sesgo colonialista, inventando impedimentos, para no alcanzar un acuerdo. Sin ser tan contundente, en sus declaraciones, dada la guerra civil que vive Sudán, ha sido más moderado en sus opiniones, aunque mantiene las mismas objeciones.

Otra de las exigencias de El Cairo, es que Etiopía, se abstenga de construir más represas en el Nilo Azul. Posibilidad que, dada la falta de acuerdos previos a esta realidad, podría ser perfectamente factible, dando a Addis-Abeba, una importante ventaja política y geopolítica en la región, donde la energía eléctrica es escasa, para cualquier tipo de desarrollo.

El instinto independiente de Etiopía, la ha llevado a convertirse en el único país del continente, que ha podido mantenerse fuera la etapa colonial, más allá del interregno italiano (1936-1941), al tiempo que a lo largo de su historia y prácticamente hasta la actualidad ha librado diferentes guerras, por mantener esa condición. Con Eritrea entre 1961-1991 y 1998-2000.

Arbitrariamente, el Reino Unido, durante su ocupación de Egipto y Sudán, interesado en diferentes proyectos hídricos, les concedió a sus colonias, prácticamente, el control de toda la cuenca del Nilo. Lo que nunca fue aceptado por Etiopía, ya que su postura ha sido desde siempre que nadie puede reclamar la posesión exclusiva del río.

Otro de los beneficios colaterales, que trae la GPRE, a Etiopía, es que a partir del lago artificial donde se han formado más de setenta islas, las que se destinaran al turismo, además de la creación, en torno a ese lago, se han comenzado a instalar establecimientos vinculados a la industria de pesquera.

Aunque de llegar a acuerdo común de las tres naciones, podrían convertirse en un hecho beneficioso para todos, ya que existen posibilidades ciertas, que comiencen a llegar inversiones internacionales para proyectos nacionales e internacionales. Lo que de inmediato sería poco probable en el contexto de inestabilidad que viven los tres países, asolados por guerras, crisis políticas y económicas.
Mientras que el nivel del Nilo, sigue bajando y ya es un hecho que no transporta su siempre ansiado sedimento, que ha enriquecido por millones de años sus riberas, y ya solo arrastra arena. La represa, además, de reducir la cantidad del limo y nutrientes, aumentará la salinidad de las aguas del Nilo, disminuyendo la concentración de plancton, distorsionando la temperatura del agua, reduciendo el contenido de oxígeno. Los que terminarán afectando las migraciones y la reproducción de los peces.

Además, para Sudán, que podría perder 84 mil hectáreas de cultivos, mientras que la pérdida de nutrientes, aumentará la necesidad de fertilizantes, repercutiendo en los costos de producción, sino también tendrá efectos negativos, en el medio ambiente y la salud pública.
El presidente al-Sisi en un intento de revertir la posición del Primer Ministro etíope Abey Ahmed, hace más de tres años ha pedido que la cuestión del embalse sea incluida en las agendas de la Liga Árabe, de la Unión Africana, sin haber conseguido en julio del 2021, al-Sisi, había solicitado y sin ninguna reacción todavía, la intervención del Consejo de Seguridad de la ONU, lo que, en más de una oportunidad, es un paso previo, al inicio de un conflicto armado, con muchos motivos para estallar.

* Escritor y periodista argentino. Línea Internacional

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