Nos hacen la revolución

Nos hacen la revolución
Charlot encabezando la protesta que se muestra en “Tiempos modernos”

Por Jorge Neira*

Estimadas lectoras/es, les pido disculpas porque, en realidad, no nos hacen la revolución, sino que nos devuelven al pasado. Pero creo oportuno este título para intentar transmitir de manera adecuada mi interpretación, subjetiva, del momento actual a nivel global. La siguiente reflexión, es un resumen de la inmensidad actual socio política y geoestratégica, el análisis debe ser mucho más profundo que estos párrafos.

Revolución de clase

Entendiendo la revolución como un cambio drástico en el orden establecido tanto política, como social o tecnológicamente de forma masiva, con un cambio de fuerzas impulsoras suficientes, podemos recordar la revolución rusa y el triunfo del proletariado contra el zarismo, o la revolución de los claveles en Portugal contra una dictadura de 50 años, la culminación de la revolución india a manos de Gandhi a mediados del siglo pasado contra el colonialismo británico, o la revolución cubana del Movimiento 26 de Julio y Fidel Castro y el Che contra la dictadura de Batista, entre otras.

Tienen en común los anteriores ejemplos, la línea ideológica de la rebeldía colectiva contra regímenes autoritarios que beneficiaban a élites minoritarias que ostentaban el poder y que se servían de él para mantenerlo a costa del sufrimiento y la falta de derechos y oportunidades de las mayorías.

El Estado del bienestar, un bagaje lineal en el que se apostó por políticas de derechos para el común de la ciudadanía y un impulso en los servicios públicos que sostuviera las necesidades de esta, está en riesgo.

El rancio poder emergente de las élites minoritarias

Está operando internacionalmente, ahora de forma clara, sin tapujos y sin ningún recelo, una tendencia del poder empresarial y político ultra, apadrinado por Donald Trump desde enero de 2017. Sus acólitos y semejantes, Bolsonaro, Milei, Meloni, Orbán, Netanyahu, Putin desde su primera legislatura, AfD partido de ultra derecha alemán, Vox a nivel estatal o Aliança Catalana en Catalunya desde la política, y Elon Musk, Mark Zuckerberg, Jeff Bezos, Sundar Pichai (Google) o Tim Cook (Apple) desde el capitalismo. Esta hermandad ultra liberal, nos está haciendo la Revolución, o involución más bien.

Mark Zuckerberg, consejero delegado de Meta, con su mujer, Priscilla Chan, Jeff Bezos, de Amazon, con su novia Lauren Sánchez, Sundar Pichai, de Google, y Elon Musk, de Tesla y X. Durante la “coronación” del nuevo Emperador

La involución (pseudorevolución actual) es antagonista al argumento de clase obrera que ha perseguido desde la Revolución Industrial el reparto de la riqueza, los derechos laborales y la solidaridad entre personas y pueblos.

No hay máscaras, no hay estrategia soterrada con el ánimo de pasar desapercibida, la pseudorevolución ultra ha llegado y nos come terreno. De hecho, este movimiento está respaldado por buena parte de la clase obrera mundial. Han logrado imponer su mensaje (simple y falso) con el manejo del dinero, los medios e incluso el poder judicial.

Un porcentaje importante de trabajadoras/es apoyan y aprueban (quiero pensar que de manera desorientada en su análisis, si lo hay) los discursos racistas, supremacistas, elitistas o religiosos que atentan contra las propias instituciones públicas y sus mecanismos de control y contrapesos. No solo tienen el poder financiero y mediático, sino que convencen a un gran porcentaje de las bases de las clases trabajadoras.

Sufrimos más, las que más somos

¿Qué ha pasado con el sentimiento y la organización obrera? ¿Qué está pasando con la política rebelde de izquierdas, progresista y contestataria? ¿Han dejado de existir?

La canalización de la protesta organizada está en horas bajas ante esta andanada ultra. Existen movimientos sociales en todos los lugares, pero me temo, que son incapaces de asentar con base sólida el mensaje de lucha y activismo. Movimientos importantes y pequeños grupos sociales y políticos de verdad anti sistema, cívicos y pacíficos que impulsan discursos de derechos humanos, igualdad y equidad no son capaces de restar fuerza a la oleada extremista de derechas. El movimiento feminista, con toda su grandeza, el movimiento ecológico y verde en todas sus versiones, el movimiento migrante y cosmopolita, el movimiento LGTBIQ+, no son suficiente por sí mismos. Falta un mensaje claro, a mi juicio, de reorganización social por la defensa de los derechos y conquista de otros nuevos. Falta una clara identificación del problema y una estrategia transversal desde todos los niveles progresistas. Mientras tanto, el futuro próximo es desalentador.

Hay esperanza, aún…

El movimiento sindical alternativo, el que se enfrenta al sistema y no convive plácidamente con él, es una de las herramientas. Sindicato de Inquilinos, Sindicato de manteros o Sindicato de estudiantes, son algunos ejemplos que inspiran confianza en la resistencia, al igual que los sindicatos anarquistas.

En EEUU ha habido en los últimos años movimientos sindicales capaces de trascender con sus luchas sectoriales (United Auto Workers en la automoción en 2023, la Portland Teachers Association en el sector educativo en 2023) en el paraíso del capitalismo neoliberal. Movimientos sociales importantes por los derechos humanos y civiles (Black Lives Matter es un ejemplo) o una corriente política socialista en la figura de Bernie Sanders, nos dejan claro que hasta en el campo de juego más difícil, se mueven corrientes que podrían ser la barricada que comience a hacer frente a esta pseudorevolución.

Workers protest outside the main Amazon Logistics Center where goods are stored for distribution on the outskirts of Madrid Spain Wednesday March 21 2018 Amazon workers are staging a 2 day strike over a labour dispute Banner reads Workers Agreement Now AP Photo Paul White

El problema es, cómo salir de la conmoción actual general para tejer una respuesta conjunta, o al menos elaborada, que sea capaz de hacerse hueco y ser trascendente en las bases de la clase trabajadora que sonríe, respalda y alienta esta estrategia neoconservadora que pretende el beneficio propio recortando o haciendo desaparecer los mecanismos reguladores de los Estados y pervirtiendo la democracia con la aquiescencia de buena parte de la sociedad de clase trabajadora.

Es, quizás, el mayor desafío, el saber hallar los caminos para abrir de nuevo las conciencias de la gente a una visión más solidaria, más participativa, menos personalista y sobre todo, más analítica.

El conjunto de la clase trabajadora debe despertar, pero no podrá hacerlo de forma individual si desde la colectividad progresista no se arma un discurso y una estrategia válida para enfrentarse al mensaje populista, engañoso, doloso y falaz de la ultra derecha.

El debate didáctico, la reflexión conjunta, la visión feminista y, la filosofía, el humanismo y la cultura en todas sus vertientes, son herramientas que debemos comenzar a utilizar. En qué queda la clase obrera sin estas herramientas.

La corriente ha cambiado

Hemos recorrido durante más de tres siglos, el camino de la unión de los más necesitados y explotados para buscar un equilibrio en la sociedad. Para poder hablar de tú a tú al poder empresarial, financiero, político, religioso y burgués. La clase trabajadora unida ha exigido el reparto de la riqueza para conseguir dignidad.

Ahora, hay una parte de esa clase trabajadora que impulsa a los representantes del poder empresarial, financiero, político, religioso y burgués para que cuiden de ellos. En esta coyuntura, debemos admitir que algo hemos hecho mal desde todos los prismas de la izquierda.

Contra la involución, una verdadera revolución

No será fácil, no será rápido y tendrá costes, pero tenemos la obligación de revelarnos contra la nueva lógica que pretenden establecer distorsionando la democracia. Afirma José Antonio Martín Pallín en su libro La guerra de los Jueces como entrada a una reflexión particular, LA DEMOCRACIA ESPAÑOLA: ESA BELLA FACHADA, y por eso, para que no sea una simbólica imagen ficticia el orden político que impera en occidente, debemos comenzar a tejer acciones de respuesta y organización entre todas/os que impidan la materialización que pretende el movimiento ultra a nivel internacional y así, no solo mantener la democracia, sino hacerla más participativa, más social, más solidaria, verde, feminista y equitativa. Y de paso, menos belicista.

Revolución permanente como afirmaba Trotski, no lo confundamos con involución.

* Trabajador, activista, miembro del colectivo “Reflexión Abierta

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One thought on “Nos hacen la revolución

  1. Realmente, se agradecen artículos-reflexiones de este tipo. Soy optimista y creo que los que llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones encontraremos la manera de organizarnos.Sin mezquindades, egos ni doctrinarios. Compañeros libertarios y camaradas socialistas-comunistas. Los “ismos” ante la que tenemos están obsoletos y superados.

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