Se fue “La Prima Angélica”: Lina Canalejas

En este verano de 2012, maldito para los cómicos de este país, como si fuera epidemia uno tras otro han ido cayendo Paco Morán, Sancho Gracia, Galiardo, Aurora Bautista, Larrañaga, y la última, LINA CANALEJAS: Concepción Álvarez Canalejas.

Nacida en Madrid el día 29 de enero de 1932 en el seno de una familia de músicos, su padre era el violinista Álvarez Trigo y su abuelo el pianista Arturo Canalejas, estudia ballet y baile clásico en “Educación y Descanso”, y siendo una niña aun, sin más formación artística que los pocos pasos aprendidos, se va de gira por la España de posguerra con una compañía folklórica de bailarina y/o “bailaora”, que abandona con quince años para pasar a engrosar la nómina de la compañía cómica de Zori, Santos y Codeso.

Pero su exuberante anatomía no puede pasar desapercibida en aquella sociedad de moral reconducida por curas y golpistas, y poco tarda en debutar en el género de “revista” con la obra “La blanca doble” en la compañía del Maestro Guerrero. Escandalosa obra que concentraba a todas las beatas de Madrid en la puerta del teatro para rogar a Dios por el alma de los que se iban a condenar.

Allí la ve Ismael Merlo que la introduce en el mundo del teatro en su propia compañía para hacer “La vida en un bloc” de Carlos Llopis, y en el del cine, donde en 1953  hace su primera película: “Así es Madrid” de Luis Marquina.

Era hermana de José Canalejas el realizador que suponemos con la mejor voluntad del mundo la incluyó en las dos infames producciones al servicio de los Hermanos Calatrava en 1974: “El último proceso de París” y “El in…moral”.

Recordada en el libro de Marcos Ordóñez “Alfredo el Grande” como una mujer de espíritu libre y un poco hippie, que vivía en una caravana en el camping de Arganda por mantener la sensación de libertad, o quizá fuera por ese carácter indoblegable que le impedía ceñirse a convencionalismos.

Un accidente inhabilitó su pié derecho en 1978 y ya no volvería a trabajar hasta 1983 en “Entre tinieblas”. Pedro Almodóvar la rescató del olvido para dar vida a “Sor Víbora”, la monja de la Comunidad de las Redentoras Humilladas que le hace trajes de diseño a las imágenes de la Virgen y se muere por los huesos del cura del convento, su gran amigo Manuel Zarzo.

Quizá debido a su actividad teatral no se prodigó mucho en la televisión, por lo que la recordamos ya en una televisión consolidada de 1974 haciendo el papel de Isabel en la serie “El pícaro” junto a Fernando Fernán-Gómez, para ser protagonista poco después en la obra “Paquita” para el espacio “Estudio 1”.

Tras los años de obligado retiro después de hacer “Medea” para el mismo espacio dramático, vuelve en 1984 con la serie dirigida por Josefina Molina: “Teresa de Jesús” y los cinco capítulos de los “Cuentos imposibles”. Un medio en la que se la encuentra con asiduidad hasta finales de dicha década.

En 1997, tras interpretar en papel de Felisa en el largometraje de José Luis Borau “Niño de nadie”, se le pierde la pista.

Hoy, a comienzos de este septiembre infernal de 2012, mientras España arde por los cuatro costados, el IVA y el paro ponen a los ciudadanos contra la pared, y se arranca a los “sin papeles” el derecho a la vida retirándoles la tarjeta de asistencia sanitaria, mientras se amenaza a los médicos que los atiendan como a delincuentes, nos dice el periódico que ha muerto el pasado sábado, primero de septiembre, en una residencia de la localidad madrileña de Tres Cantos donde llevaba nueve años “olvidada”, y que en la más absoluta intimidad ha sido incinerada en el cementerio de Fuencarral.

Quizá no haya querido ver más cochambre en los noticieros, y aburrida se ha marchado de este país de ingratos tan descuidado con aquellos artistas que tanto nos hicieron disfrutar un día.

En “Así es Madrid” (Luis Marquina 1953) hace un personaje de gran envergadura para ser el primero de su carrera, que yo diría que es el de coprotagonista con su hermana Eulalia (Susana Campos), y que ya la iría definiendo para malvados personajes y vampiresas, aunque cómo en ésta ocasión se rediman al final.

Su papel es el de Luisa, muchacha que habita en la corrala del centro de Madrid junto a sus padres y a su hermana Eulalia, con la que claramente, apoyada por su madre (Irene Caba Alba), marca la diferencia tratándola como una criada mientras ella se cuida y se arregla para ser artista.

Tan grandes son sus delirios por abandonar aquel cúmulo de pobreza que huye a Barcelona con Antonio (José Suárez), conocido delincuente y novio de su hermana, que la abandonará tras un tiempo de lujos y fiestas para huir a Francia.

Pero la deshonra y el abandono le darán más fuerzas para triunfar en el mundo de la canción, recorriendo España entera como “María Luisa” en los principales teatros, incluidos los de Madrid, donde de nuevo la encuentra Antonio buscando la oportunista reconciliación, por la que ella no pasa, decidiéndose a olvidar la vergüenza para proteger a su hermana cuando sabe que las intenciones del sinvergüenza es volver con ella.

En la puerta de la iglesia donde se casa “La Fermina” se abrazarán las dos devolviendo la esperanza a sus padres que esperan con ansiedad la reconciliación familiar.         

En “El pequeño ruiseñor” (Antonio del Amo 1956) es Fuensanta, “La campanera”, pecadora que vuelve al pueblo buscando el perdón y a su hijo Joselito, siendo acogida por el cura D. Jesús (Mario Berriatúa) con la desaprobación del “ama” que lo asiste (Carmen Sánchez).

En el año 1953 Antonio del Amo ya había dirigido “El pescador de coplas” con Antonio Molina, por eso cuando el guionista Antonio Guzmán oyó cantar a Joselito en un programa de Ángel de Echenique, lo llamó inmediatamente para proponerle la película “El pequeño ruiseñor”, logrando hacer un folletín en blanco y negro al que no falta de nada.

Niño cantor fruto del amor entre “La campanera” (Lina Canalejas) y un “folklórico” de vida irregular por el que ha abandonado al pie del altar a un “hombre cabal” (termino acuñado por Fernando Méndez-Leite) de nombre Gonzalo (Luis Induni).

Avergonzada “La campanera” marcha del pueblo a expiar su culpa mientras que el “jilguero” crece al abrigo de su abuelo José (Domingo Rivas), “el campanero” de la iglesia, y del sacristán Martín (Mariano Azaña), que a modo de agente artístico lo pasea por bodas y bautizos pagándole con garrapiñadas.

Pero un día los ojos grandes de la muchacha guapa se llenan de lágrimas al divisar de nuevo el campanario de la iglesia en su regreso al pueblo buscando el perdón de su padre y el cariño de su hijo.

Aunque lo que con facilidad consigue del “hombre cabal” que aun la quiere, no lo logra del “campanero” que la repudia con apocalípticas frases, por lo que tiene que mediar el jefe de los sacerdotes, el arcediano D. Fernando (Aníbal Vela), que le dice al concertista de campana y orquesta que no sea rencoroso y la perdone.

Al final todos contentos cuando la madre y el “hombre cabal” se reconcilian, siendo a Joselito al que incomprensiblemente se quitan de en medio internándolo en el Monasterio de Guadalupe, y además haciéndolo formar parte de tan desagradable coro de niños píos, contrapunto musical a tanto desaforo flamenco. Pero, que siempre tiene que haber “peros”, no queda ahí la cosa, Joselito se escapa porque su madre no lo visita, y cuando el “hombre cabal” lo ve, no solo pone mala cara sino que además como a Telémaco “se le cae del cerco de los dientes”: “Es un golfo, como su padre”. Música de mucho dolor y Joselito que huye sin control siendo atropellado en su huida por una manada de toros, no un toro, una manada entera, con cuatro patas cada uno que lo ponen entre la vida y la muerte. Hace falta una transfusión urgente, pero allí esta el brazo fuerte y conciliador del “hombre cabal”, que a una orden del médico analítico instantáneo José Prada, yace junto al canoro niño, con lo cual ya la misma sangre correrá por las venas de ambos cuerpos y asunto arreglado.

Del Amo realizó nueve de las trece películas que hizo Joselito, que se convirtió en un fenómeno internacional. Sus películas además de en Hispanoamérica se estrenaron en Francia, Alemania, Italia y algunos países árabes. El mismo Pasolini incorpora a la banda sonora de “Mamma Roma” la canción de Joselito “Violín zíngaro”, y cantando la famosa “Campanera” realizó giras por Bélgica, Alemania, Israel, y todo el continente americano, llegando a actuar en Estados Unidos en el show televisivo de Ed Sullivan.

En “El fenómeno” (José María Elorrieta 1956), es “Purita Gómez” la vampiresa contrata por Raúl Cancio, presidente del “Deportivo”, para seducir al futbolista Paulosky (Fernando Fernán-Gómez), estrella del “Castellana” para que no pueda jugar contra ellos en el partido de máxima rivalidad.

A las órdenes de Fernando Fernán-Gómez rodó en 1961 la divertidísima “La venganza de D. Mendo”, donde daba vida a Berenguela, la Reina de León, que continuamente engaña al rey (Antonio Garisa) con todo el que se pone a tiro, por lo que es acusada de abusona en acento catalán por la Condesa de Tarrasa (Lola Cardona), su dama de compañía quejumbrosa de que todo el “material” se lo apropia su señora.

Se enamora a primera voz del trovador Renato, que no es otro que D. Mendo (Fernando Fernán-Gómez) oculto tras el disfraz. Con él D. Suero le proporciona una clandestina cita en una apartada cueva más concurrida que la calle Preciados, donde Berenguela, amante de desnudo ágil, ofrece una visión de poderosos muslos de revista, que impide centrar la atención en su cálida y acariciadora voz.

En “La viudita naviera” (Luis Marquina 1961), es “La Niña García” en una nueva muestra de explosiva belleza. La murciana que en La Habana vuelve locos a los hombres cantando y bailando en su bochinche con unos lazos exagerados. Menos a Tomás Igartúa (Arturo Fernández) y a Santiago Filgueira (Ismael Merlo), porque ejercen de seductores protagonistas y la utilizan como confidente y amiga, generando una mala fama que llega hasta España para intranquilizar a Candelaria (Paquita Rico), viuda de dos hombres que seguramente han visitado su……… “bochinche”. Por eso cuando viene a Cádiz contratada por el Petit Kursal, no duda en visitar a la viuda para tranquilizarla, y para decirle que su segundo marido, Tomás, no está muerto, que se quedó dormido en La Habana y no tomó el barco que naufragó de vuelta a España. 

En el año 1973 rodó a las órdenes de Tulio Domichelli “Mi noche de bodas”, con el mismo cuerpazo sinuoso que se movía en las salas de fiestas de la noche madrileña rindiendo a los hombres a sus pies mientras ponían en sus manos joyas y fortunas. Con el mismo nombre, Fernanda, que la protagonista de la  historia (Concha Velasco) que por error recibe en su noche de bodas una joya de despedida destinada a ella creando un terrible enredo en el baile de máscaras.

Con Fernando Fernán-Gómez también rodaría “El mundo sigue” en 1963 dando vida a Eloisa, “Miss Maravillas”. Hija de Eloisa (Milagros Leal) y hermana de Luisa (Gemma Cuervo).

Mantiene dos dramas paralelos, uno, la situación de miseria y abandono en que la tiene Faustino (Fernando Fernán-Gómez), su marido, que la pone al borde de la prostitución. El otro, la relación de odio que vive con su hermana, mujer de vida licenciosa sobre cuyo cochazo se arroja desde el balcón de sus padres cuando viene a darle envidia.

En “El extraño viaje” (Fernando Fernán-Gómez 1964) encarna a Beatriz,  empleada de la corsetería “La parisién” y novia de Carlos (Carlos Larrañaga), cantante de la orquesta “Los guacamayos” al que no deja besarla en la boca hasta que estén casados.

En “Tiempo de amor” (Julio Diamante 1964) es Pilar, la protagonista del capítulo “La mañana”, que es el espacio de tiempo que dedica con amargura a su casa y a sus tres hijos, porque se casó con un médico (Carlos Estrada) bondadoso que no aporta lo suficiente para vivir con la dignidad. Una amiga que encuentra en la Gran Vía recordará su condición de brillante alumna universitaria e hija de acaudalados sorianos, sembrando la duda en su existencia y manteniendo una pelea con su marido que llega a abofetearla. Tras ello lo quiere abandonar, pero cuando llega la madrugada lo espera con preocupación, hasta que un gitanillo viene a por unos medicamentos porque está atendiendo un parto en “Entrevías”. Adonde se presenta para llevarle unas toallas limpias que supone le harán falta. Ella será quien diga a la familia chabolista que la intervención no cuesta nada, recibiendo en agradecimiento una gallina viva y una cántara de vino, con los que los sorprenderá el amanecer caminando abrazados por los barrizales camino de su casa.      

En “Un millón en la basura” (José María Forqué 1966) es Pepi, la tabernera graciosa que sirve la mesa de los barrenderos ociosos mientras mueve primorosamente el lazo del mandil a ritmo de sus caderas, y tras reírles las gracias con desbordante simpatía les tiene que prestar un billete de 1000 pesetas para que hagan la comparación con uno que trae Pepe (José Luis López Vázquez), que no distinguen si es falso por los pocos que han visto.

Con Carlos Saura trabajó en 1970 “El jardín de las delicias”. Desmitificación de la familia que trata de recuperar la memoria del amnésico Antonio Cano (José Luis López Vázquez) tras un accidente automovilístico y la consiguiente fortuna que lleva pareja.

Lina da vida a una imprecisa “tía” que lo visita en sueños para cambiar la sórdida estancia por otra blanca y luminosa, saciando sus deseos carnales con apasionados besos y prolongadas caricias. También recurrirá a ella en momentos de miedo como el recreado por su familia con la irrupción de los “rojos” en la iglesia en 1936, entre los que aparecerá con su inmaculado y vaporoso traje blanco para rescatar una vez más al niño de sus fantasmas.   

También lo hizo en 1973 en “La prima Angélica”donde es Angélica, el amor platónico de su primo Luis (José Luis López Vázquez), confundiendo su cabeza, su corazón y su tiempo. Con el que comparte sensaciones y nostalgias que les llevan a darse un beso intemporal sobre los tejados segovianos al son de: “Rocío, ¡Ay mi Rocío! manojito de claveles”.

En “Duerme, duerme amor mío” (Francisco Regueiro 1974) es Encarnación Gutiérrez de Leza, modista de trajes de novia identificada con el significado de su segundo apellido: “Campo de cerezos”. Virtuosa viuda de pega que espera que se cumplan los quince años de abandono marital para perder la virtud y los sofocos en manos de su vecino Mario (José Luis López Vázquez), que la colma de deseo y de dinero.

En “Entre tinieblas” (Pedro Almodóvar 1983), apoyada en un bastón por el mencionado accidente, da vida a “Sor víbora”, la monja de la Comunidad de las Redentoras Humilladas, devota de “La Dolorosa” que cose trajes de diseño para las imágenes de los santos, que religiosamente cambia cada temporada con las tendencias de la moda ayudada por el capellán del convento (Manolo Zarzo), un fumador empedernido que lo hace como excusa de tener entretenidas las manos para no fumar, pero que en realidad lo único que quiere es estar junto a ella. Y nada mejor para confesarse su amor que el “confesionario” de la iglesia, cuando la reverenda le pide urgente confesión para declararle que lo ama ante su inminente traslado a Albacete por la clausura del convento.   

En “Padre nuestro” (Francisco Regueiro 1985) es Blanca, meretriz que regenta la casa de putas del pueblo, a la que continuamente cortan la luz y diariamente mandan a la pareja de la Guardia Civil para coaccionarla por haber dejado ejercer en su casa a “La cardenala” (Victoria Abril), hija ilegítima del Cardenal (Fernando Rey), al que se intuye había deseado treinta años atrás.

En “Madregilda” (Francisco Regueiro 1993) es la abuela de Manolito “El cagarrutero”, al que por orfandad cuida como puede desde la casa de putas donde trabaja, suministrándole los condones sobrantes de la clientela para que los revenda al cura “Huevines” (Antonio Gamero) y al resto de la parroquia. Haciéndole la observación de que no los lave con lejía porque se pican, y teniendo preocupación continua con él porque se la “menea” y tiene los ojos y los calzoncillos amarillos.

Como buena cristiana a pesar de su oficio, con cada despedida besará la estampita del santo que lleva en el pecho.

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