Siguen las exposiciones contra la verdadera memoria de la ILE

Siguen las exposiciones contra la verdadera memoria de la Institución Libre de Enseñanza y la Residencia de Estudiantes
La Fundación Sierra-Pambley, según se dice en su página web, es una Fundación privada, creada en León, en el año 1885, por Francisco Fernández-Blanco y Sierra-Pambley y miembros de la Institución Libre de Enseñanza (ILE), para dirigir cinco escuelas en las provincias de León y Zamora.
Actualmente encontramos en su patronato, como vicepresidente a José García-Velasco, y a Elvira Ontañón, ambos también pertenecientes al Patronato de la Fundación Giner de los Ríos, y, en el caso de García-Velasco, además a la Fundación Residencia de Estudiantes, presidida desde 1999 por Felipe de Borbón.
Está a punto de concluir en la Fundación Sierra-Pambley una Exposición que lleva por título: “Una geografía de la institución Libre de Enseñanza”, un proyecto de la Fundación Giner de los Ríos, con la colaboración de la Residencia de Estudiantes y el Ministerio de Cultura, Educación y Deportes. Los proyectos conjuntos entre la Fundación Giner de los Ríos y la Residencia vienen siendo habituales, como el plurianual “Proyecto global de la cultura en español: actualización del legado de la Edad de Plata”.
En la exposición referida, se muestran 48 fotografías. Entre ellas están las de los edificios de la Residencia de Estudiantes y la Fundación Giner en Martínez Campos, como ejemplos de lo que según el Comisario de la Exposición, profesor de Arquitectura en la Universidad de Alicante, Salvador Guerrero, compone “la geografía española de la Institución Libre de Enseñanza”.
Este arquitecto ya ha escrito y participado en varios libros y exposiciones sobre la Rehabilitación de la Residencia de Estudiantes y otros edificios institucionistas, ocultando la destrucción llevada a cabo, tanto en la Residencia como en el recinto histórico de la Fundación Giner de los Ríos, bajo la dirección de José García-Vela.
Cuando el entrevistador de la radio de León le pregunta sobre la conservación de los edificios vinculados a la ILE que aparecen en la Exposición, Salvador Guerrero no contesta y se sale por la tangente, hablando de los paisajes y diciendo que han sido rehabilitados correctamente, en armonía con su entorno.
Elude así explicar los graves delitos cometidos por los gestores encargados de proteger ese legado, contra estos edificios vinculados a la ILE, como han sido la destrucción del recinto de la ILE, o del Refugio antiaéreo que se había construido en 1937, bajo el Hospital de Carabineros situado en dicha Residencia durante la Guerra de España, y que fue dirigido por mi abuelo, el eminente cardiólogo Dr. Luis Calandre Ibáñez, subdelegado de la Junta para Ampliación de Estudios (JAE) en Madrid al final de la guerra. Con ello destruyen también el recuerdo del exitoso tratamiento de una epidemia de malaria extendida por los frentes de Madrid.
En sentido contrario, se está empezando a poner en valor el patrimonio de la Guerra Civil, pues la Ley conocida como de la Memoria Histórica, del año 2007, en su artículo 15 dice que “se elaborará un catálogo de vestigios relativos a la Guerra Civil y la Dictadura”.
Recientemente se ha publicado, en el periódico El País, que el refugio antiaéreo del El Capricho de Madrid será un museo subterráneo. El ayuntamiento de Madrid, por fin –tras un fallido intento en el año 2009, siendo alcalde Alberto Ruiz Gallardón–, se anima a abrir al público el búnker del puesto de mando republicano del General Miaja, conocido militarmente como “Posición Jaca”, para que así la valerosa ciudad de Madrid, que resistió a los rebeldes durante tres años, pueda ir poco a poco recuperando su historia, mantenida oculta hasta ahora a los ciudadanos.
En esta línea debería ir la recuperación del Refugio de la Residencia de Estudiantes, pero habrían de reconstruirlo para dejarlo como estaba antes de la “modélica rehabilitación” que tuvo lugar desde el año 1990 al 2000, siendo Director de la Residencia García-Velasco.
Sería muy conveniente crear una Plataforma ciudadana que uniera a los colectivos interesados, como se hizo para el Refugio del Capricho, que, como precedente, nos puede servir de guía en el largo camino a recorrer.
Es de justicia reconocer a la Residencia, junto con su Refugio, como “espacio de la memoria”, pues, además de haber servido como refugio de las ideas liberales ante los embates constantes de la España clerical, sirvió como refugio contra las bombas fascistas que querían terminar a la fuerza con la España progresista y republicana. Exposiciones como la de la Fundación Sierra-Pambley, o la que lleva más de dos años en la propia Residencia, no contribuyen a ese justo reconocimiento.
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