Relatos inéditos de Jules Verne

Javier Coria. LQS. Enero 2019

A doscientos años de su nacimiento, siguen apareciendo inéditos en castellano de Jules Verne

Por primera vez en castellano, tres cuetos inéditos de Jules Verne, traducidos por Ariel Pérez y publicado por Ediciones Paganel

Parece mentira, pero casi dos cientos años del nacimiento de Jules Verne, aún queden textos inéditos en castellano, carencia que está abordando el traductor que nos ocupa. En este libro se presentan tres textos, a saber: Viaje de estudios, que es el relato largo (o novela corta) que escribió Verne poco antes de morir. Fue utilizada por el hijo de Verne, Michel, para escribir la novela La asombrosa aventura de la misión Barsac, que se editó con el nombre de su padre.

El sitio de Roma. En esta obra Verne sitúa la acción en la Europa revolucionaria de XIX, y principalmente en la llamada “primavera de los pueblos” de 1848, narrando la historia de amor entre un oficial del ejército francés y una joven parisina.

Y por último: Jededias Janet, comenzada pero no terminada, es una clara muestra del humor verniano. Como extra, el libro contiene un capítulo inédito del trabajo titánico que hizo Verne para su Geografía de Francia, obra ilustrada. Una parte de esta obra, a la que pertenece este capítulo, narra la vida de los más célebres viajeros, remontándose más allá del punto partida original. Se hace referencia al primer viaje, que según la tradición y fantasiosa historia sagrada fue “el primer hombre”, Adam.

Esta trabajo no sería posible sin la labor de la Sociedad Hispánica Jules Verne (SHJV), de la cual Ariel Pérez es su presidente, así como miembro de honor del Consejo de Administración del Centre International Jules Verne, de Amiens. Cubano (Santa Clara, 1976), Ariel reside en Canadá. Es autor de otras traducciones vernianas como San Carlos y otros relatos y El Marqués Tilos y otros cuentos, entre otras obras de ensayo o biográficos sobre el escritor galo.

La SHJV, con sede en Mallorca, tiene miembros y seguidores en todo el mundo de habla hispana, pero también tiene miembros honoríficos que están entre los mayores estudiosos del mundo en la obra y vida de Jules Verne. Este es el caso del más veterano, el suizo y residente en EE.UU Jean-Michel Margot, vicepresidente de North American Jules Verne Society, el Conde italiano Piero Gondolo della Riva, el más grande coleccionista del mundo de Verne. El y joven alemán sin ser miembro honorífico, Volker Dehs, colabora con la SHJV. Dehs bucea periódicamente en los archivos de la familia y bibliotecas, siendo el autor de grandes descubrimientos sobre la obra de Verne.

La pequeña editorial Paganel es la forma en que la SHJV hace conocer públicamente sus textos. La editorial coge el nombre de un personaje de una de las grandes novelas de Verne: Los hijos del capitán Grant.

Más artículos del autor
* LQSomos en Red

Síguenos en Facebook: LoQueSomos Twitter@LQSomos Telegram: LoQueSomosWeb

Entre las Inca Fries y las papas platónicas

Francisco Cabanillas. LQS. Enero 2019

Más que recordarlo, siento el pasado.
Eduardo Lalo

La modernidad, como proyecto de expansión capitalista,
ha sido ‘irracional,’ según Enrique Dussel…
Adolfo Albán Achinte

I

Por necesidad histórico-poética, hay que empezar con las de Neruda: “Oda a la papa” y “Oda a las papas fritas,” ambas de 1956. Las más literarias, “purísima / rosa blanca / enterrada,” de la huerta latinoamericana que, feraz, cuenta con hortalizas a granel, como la “Silva a la agricultura de la zona tórrida” (1826) de Andrés Bello: “tú en urnas de coral cuajas la almendra [el cacao] / que en la espumante jícara rebosa.”

Imantación agropoética; desde Neruda, la poesía se deja llevar por la fuerza de gravedad literaria: “Papa, / materia / dulce, / almendra / de la tierra.”

La oda de Neruda mueve montañas, en las que, desde una geopolítica de la feminidad lunar, como se verá en breve, la papa andina (“sorda” y “ciega,” dice el poeta) ha cavado sus fosos: “Papa / te llamas / papa / y no patata, / no naciste castellana.”

No del sol, sino de la luna; la papa, según Rodolfo Sánchez Garrafa en “Simbolismo y ritualidad en torno a la papa de los Andes” (2011), complementa, desde lo femenino, la masculinidad solar del maíz.

Subterránea y húmeda, ella es, oscura y terrosa, la luna de los Andes.

La papa de Neruda, “compacta como un queso / que la tierra elabora / en sus ubres / nutricias”; estoica, “Apenas / si hablas en el infierno del aceite”; solidaria, “enemiga del hambre, / en todas las naciones,” la papa de Neruda, botánica del demos, se plantea como lo que ha sido: “tesoro / interminable de los pueblos.”

Tesoro que acompañó a los “capitanes derrotados” de la “España inquisidora” del siglo XVI —en busca del “oro salvaje / en la matriz / quemante de la araucanía”; “sus uñas / codiciosas / fueron exterminadas”— cuando regresaron, cabizbajos, a las “piedras de Castilla”: “los pobres capitanes derrotados / levantaron en las manos sangrientas / no una copa de oro, / sino la papa / de Chiloé marino.”

Por eso, en la “Oda a las papas fritas,” Neruda empieza con esta fricción: “Chisporrotea / en el aceite / hirviendo / la alegría / del mundo.”

II

Desde Marruecos, donde radica, en Kinitre, desde 2015, invitado a Usamérica para la celebración del Mes del Legado Hispánico (septiembre y octubre, 2018), el poeta nuyorican, o mejor, diasporriqueño (Puerto Rico-Nueva York; Nueva York-California; California-Puerto Rico; Puerto Rico-Marruecos), Víctor Hernández Cruz, autor, entre otros poemarios posnuyoricans, de By Lyngual Wholes (1982), se presenta en una universidad del norte de Ohio: Bowling Green State Univeristy.

Nacido en Aguas Buenas, Hernández Cruz trae en el equipaje, a prueba de rayos x y de kriptonita, los tres últimos poemarios de su nueva diasporidad marroquí (¿una rizomaticidad boricua diría la poeta Área María Sotomayor?): The Mountain in the Sea (2006), In the Shadow of Al-Andalus (2011) y Beneath the Spanish (2017).

Ante el público universitario, Hernández Cruz se presenta con la cadencia pausada, quizás imantada o caleidoscópica, de un poeta que, a los diecinueve años, puso en las bibliotecas un poemario nuyorican, demasiado nuyorican, como Snaps (1969), sobre el que Allan Ginsberg, el Poeta de la Generación Beat, se dio el placer de usar un arcaísmo resplandeciente: “poesy.”

Entre los libros, Hernández Cruz baraja poemas como si fuera un jugador de páginas.

En medio de una incursión histórico-poética por el imaginario cultural de la América mestiza y mulata, Hernández Cruz gravita de golpe —¡vórtice, imantación!— hacia la poesía de Neruda, cuando toca, en una referencia a la cultura popular boricua, el tema culinario de las Antillas, presente en su poesía sinestésica y melómana, además de gastrocéntrica, desde Snaps (1969): “Energy / is red beans” / Energía / es la habichuela roja.”

En otros poemas que celebran y “cerebran” la agricultura prehispánica en general y la taína en particular; tradición que, hasta la irrupción de la papa y el maíz transgénicos al final de la segunda mitad del siglo XX, ha dado mucho de comer al mundo poscolombino, la poesía de Hernández Cruz, desde Nueva York, Puerto Rico, California y Marruecos, huele a tierra de Aguas Buenas y de las Américas.

En otra reflexión mito-poética del poeta se da un momento de silencio cargado de poesía; condensación. Desde una referencia a la yuca taína, Hernández Cruz salta a la papa andina, pero ahora con una envoltura nueva que busca contrarrestar el afrancesamiento de las papas fritas usamericanas (French fries): ¡Inca Fries!

Papas fritas, dice Neruda: “somos americanos, / papa, / somos indios.”

III

Desde la poesía, las Inca Fries del poeta boricua cargan el espacio literario de espejismos. En uno de sus poemarios, Red Beans [Habichuelas rojas] (1991), se derrama la salsa de tomate; “red be-ings [seres rojos]” que se pasan el tiempo en la cocina “Cooking red beans [cocinando habichuelas rojas]” emergen como si fueran entes del recetario de Oswald Rivera: Puerto Rican Cuisine in America: Nuyorican and Bodega Recipes (2002).

Las imágenes en flujo que produce el poeta boricua neomarroquí, Hernández Cruz, en tándem con el guiso poético de Red Beans, llenan de humo y de sabor las páginas de sus poemarios y su conversación con el público.

Las Inca Fries se quedan con la poesía.

A su vez, intersecan con otra papa. Otro tipo de metáfora, de diferente textura, puesta sobre la mesa, desde La botánica del deseo. El mundo visto a través de las plantas (2008), por un ensayista, Michael Pollan; quien, además de jardinero y periodista investigativo de temas culinarios, parece poeta al acuñar la nueva realidad transgénica del tubérculo andino, apropiado por la transnacional Monsanto, como “la papa platónica.”

Agropolítica; del monocultivo que promueven las transnacionales como Monsanto —una agricultura “apolínea,” demasiado apolínea, de la que no puede sino surgir un concepto paradójico, como el “sublime agrícola,” también acuñado por Pollan, según el cual la perfección del monocultivo, sus líneas rectas y su limpieza total, ensalza el poder del hombre (en vez de evanescerlo)—; de esos monocultivos transgénicos, dice La botánica del deseo, surgen papas perfectas, idóneas, como las ideas de Platón. Papas platónicas que seducen el paladar del comensal socializado en las sazones corporativas de la cocina fast food de McDonald’s.

Las papas platónicas de McDonald’s crean el deseo de comerlas, dice Pollan; y el deseo de comerlas, subraya, las perpetúa. Circuito de tres colonialidades, nos vemos compelidos a subrayar: la del poder (una brutalidad trabada entre la raza y el trabajo), la del saber (un terrorismo científico-corporativo que privatiza genomas milenarios) y la del sabor (un gustema transnacional manufacturado para el éxito comercial).

Choque; entre las papas andinas de los poetas y las platónicas del ensayista —y no porque este las defienda— se produce un estallido; estruendo que solo oyen los que, autocríticos, han dejado de comer las papas platónicas —en el fondo, ¡caras, demasiado caras!— que otro ensayista, Michael Apple, ha puesto bajo el microscopio del “pensamiento relacional” en su crónica “Comiendo papas fritas baratas” (2003).

Pensamiento relacional que, como el decolonial, rastrea las conexiones invisibilizadas por el Poder. Como las relaciones entre el espacio de la “blanquedad,” según Apple, el cual hace realidad las “papas fritas baratas” de McDonlad’s para el consumo usamericano; y el espacio de la “otredad” —añadimos desde una charla de Ramón Grosfoguel; espacio del “no-ser” acuñado por Franz Fanon—, espacio donde habita “el lado oscuro” de la modernidad —la subordinación racista y sexista— que Walter MIgnolo alumbró, en The Darker Side of the Reniassance (1995), con luz decolonial: la modernidad como inseparable de la colonialidad, fuerza que domina desde una “diferencia colonial” eurocentrada.

La Filosofía Latinoamericana de la Liberación, encabezada por Enrique Dussel, tiende un puente político entre las Inca Fries de Hernández Cruz y las papas andinas de Neruda: “honrada eres / como / una mano / que trabaja la tierra.” Papas cargadas de una sociabilidad incaica que democratiza la agricultura y por ello el acceso a la comida: “enemiga del hambre, en todas las naciones / se enterró su bandera / vencedora.” Papas marcadas por la poesía: “[papa] harina de la noche / subterránea.”

Las Inca Fries de Hernández Cruz y las papas de Neruda atraviesan, como una flecha en busca de un mejor futuro, la modernidad/posmodernidad de la papa platónica-transgénica-neoliberal de Monsanto, horadando por aquí y por allá las colonialidades que la Filosofía de la Liberación desmonta desde la “exterioridad relativa” del pensamiento “transmoderno,” elaborado por Dussel. Un pensamiento que rearticula filosofías y políticas que, como las indígenas, la modernidad no pudo erradicar, pero que excluyó, como el “mandar obedeciendo” de los zapatistas, tras el golpe de gracia imperial de 1492.

Porque las Inca Fries y las papas de Neruda se inscriben en la terrosidad de la sabiduría prehispánica, combaten desde la poesía el “epistemicidio” que, como crítica a la colonialidad del saber de la “universidad occidentalizada,” Ramón Grosfoguel resume en tanto clave de una política latinoamericana “pluriversa,” liberada de los espejismos racistas y sexistas, entre otros, de la modernidad eurocéntrica: “la transmodernidad… rechaza una universalidad de soluciones donde una epistemología defina para el resto lo que es la solución” (“Racismo/sexismo epistémico, universidades occidentalizadas y los cuatro genocidios/epistemicidios del largo siglo XVI,” 2013).

(En un McDonald’s belga, Zizek comparte con Mario Vargas Llosa su fe en la modernidad, mientras que este comparte con aquel su fe en el liberalismo).

IV

Desde la poesía y la filosofía, la papa, que no se reproduce por semillas sino por tubérculo-semilla, se solidariza —por necesidad antropológica, diría Garraga: la papa como lo femenino en diálogo con lo masculino del sol— con el agrofeminismo de la activista de la India Vandana Shiva en su “Declaración de las semillas” (2013): un contraataque a las semillas transgénicas-patentizadas/privatizadas de los agromonopolios: “La semilla es fuente de vida, es el ansia de vida por expresarse a sí misma, para renovarse, para multiplicarse, para evolucionar libremente en perpetuidad” (Shiva).

Protectora de la vida, como la Filosofía de Liberación, Vandana Shiva reafirma su feminidad desde un feminismo que, a partir de la madre, protege el saber milenario acumulado en las semillas tradicionales.

V

Solidaridad feminista de la papa con las semillas orgánicas, contrarias a la apropiación genético-corporativa de la vida; “poesy” de una papa decolonial que también, y con mucha razón, se solidariza con la yuca taína. Otro tubérculo prehispánico que, clave de la dieta en las Antillas, llega también a la poesía de Victor Hernández Cruz, cuya poesía, además de honrar la guayaba, el tabaco, el plátano…, testimonia, en Mainland (1973), el traslado de semillas de Puerto Rico a Nueva York más dramático de la poesía nuyorican.

La yuca de los taínos que llegaron a Puerto Rico del norte de Suramérica, quienes crearon una técnica para sembrarla encima de la tierra, los llamados “montones”; la yuca es otro tubérculo que, como vio primero que nadie Carmelo Ruiz Marrero en “Puerto Rico y la yuca de Bill Gates” (2010), está siendo reclamado por la colonialidad del poder-saber-sabor-ser que ejerce Monsanto, ahora en asociación con la Fundación Bill y Melinda Gates, “filantrocapitalismo” que Ruiz Marrero describe como entidad neoliberal.

“La yuca de Bill Gates,” expone Ruiz Marrero, tiene como objetivo, no alimentar a los empobrecidos africanos hambrientos, como reza la narrativa corporativa oficial, sino conquistar para la agroindustria monopólica de Monsanto el último espacio intocado —África— por la corporatización de la agroeconomía neoliberal. Misma que, en El hambre al servicio del neoliberalismo (2006), Juan Carlos Morales González describe como una “industria del hambre.” Tema que también aborda, con prosa literaria, Martín Caparrós en El hambre (2015): “Comemos sol. / Sol, algunos / tanto más que otros.” Y que, desde la historia personal, el salvadoreño Elmer Hernán Rodríguez Campos testimonia en Bajo el sol. Agrio sol. El hambre desde los ojos de un niño (2016).

Solidaridad feminista; entre la papa de los poetas y la tradición femenina de la yuca taína —eran las mujeres las que cultivaban los “montones”— se trenza una resistencia decolonial que, a la altura del año 2010, Ruiz Marrero saca a la luz pública para visibilizar la política genética que lleva a cabo Monsanto en Puerto Rico, con la complicidad aparentemente insospechada de profesores boricuas que, desde el Colegio de Mayagüez, participaban del “mejoramiento” molecular de la yuca sin saber que eran parte de un proyecto que le daría a Monsanto el derecho de propiedad intelectual de la yuca mejorada.

Desde el giro decolonial, “la yuca de Bill Gates” aparece como clasista, racista y machista. Pura hipermasculinidad corporativa que, a partir del “ego conquiro/yo conquisto” de Hernán Cortés en 1519, el cual la Filosofía de la Liberación (1977) de Dussel subraya como antecedente directo del “pienso, luego soy” de Descartes en el siglo XVII, se apropia por la fuerza de todo lo que no puede crear.

En los archivos que documentan la lucha boricua contra los OGM (organismos genéticamente modificados), donde están testimoniadas las tres protestas anuales que, de 2013 a 2015, llevó a cabo el grupo de activistas por una agricultura ecológica, Nada Santo sobre Monsanto; en ese archivo, el texto fundacional de Ruiz Marrero, Balada transgénica: biología, globalización y el choque de paradigmas (2005), queda como una luz que visibiliza la corporatización de la agricultura y las luchas sociales contra su poder monopólico.

“Satyagraja contra los transgénicos” reza la balada activista de Ruiz Marrero, cuya resistencia no violenta, gandhiana, apuesta a un “futuro posible” en el devenir de una agricultura ecológica.

VI

Desde el inglés que marca su poesía ultradiaspórica puertorriqueña, Hernández Cruz, en estado de frenesí americanista y por ello, con espíritu contraplatónico, traduce bien las papas de Neruda como Inca Fries; papas indias, como la yuca que, junto al resto de la canasta boricua, llega a la poesía de Hernández Cruz (la cual traduzco a continuación):

Okra / Quimbombó
that slides / que se pasa
with malanga as the bacalao / con malanga según el bacalao
wet with olive oil / mojado en aceite de oliva
pushes into the yucca / se acerca a la yuca
still dry / todavía seca
moving forward / empujando
the edge of the plate, / el límite del plato
oh, how delicious it is. / oh, qué delicioso.

¡”Satyagraja”! contra la “papa platónica” y la “yuca de Bill Gates” (que es también el maíz transgénico de Monsanto).

¡”Satyagraja”!

Más artículos del autor
* Francisco Cabanillas (1959, Puerto Rico) enseña lengua castellana, cultura y literatura hispanoamericana en Bowling Green State University, Ohio. Ha publicado cuatro libros de ensayo: Escrito sobre Severo (1995), Pedreira nunca hizo esto (2007), K-lores del trópico: ensayos transboricuas (2012) y Ensayos silenistas (2014). Miembro de LoQueSomos

Síguenos en Facebook: LoQueSomos Twitter@LQSomos Telegram: LoQueSomosWeb

Felicidad y República en 2019

Arturo del Villar*. LQS. Diciembre 2018

Dedicamos el año a Walt Whitman, el gran cantor de la democracia y de la camaradería universal, porque el 31 de mayo se cumplirán doscientos años de su nacimiento. Como un anticipo de esa conmemoración, releamos ahora el poema que compuso en homenaje a la I República Española, según la traducción hecha por León Felipe en enero de 1940 en México, durante su combativo exilio de español libre…

España 1873—1874

De las grávidas sombras de las nubes,
de los esqueletos feudales,
de los huesos amontonados de los reyes,
de los escombros de la vieja Europa,
de las momias pulverizadas,
de las ruinas de las catedrales,
de los palacios derruidos,
de las tumbas de los prelados…
¡Mirad!
el rostro de la Libertad,
el rostro fresco, íntegro…
el mismo rostro eterno de la Libertad
avanza hacia nosotros y nos mira.
El rostro de tu madre, América
que se vuelve hacia ti
como el destello elocuente de una espada.

No te olvidamos, Madre.
¿Por qué te rezagaste?
¿Volverán a cerrarse
las nubes sobre ti?
Pero ahora te nos has aparecido…
te conocemos bien.
Nos has dado una prueba
segura de tu ser.
¡Tu mirada! ¡El resplandor de ti misma!
Sabemos que estás ahí…
y en todas partes…
esperando tu hora.

* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio.
Más artículos del autor

Síguenos en Facebook: LoQueSomos Twitter@LQSomos Telegram: LoQueSomosWeb

Navarra 1936. De la esperanza al terror: 10ª edición

Redacción. LQS. Diciembre 2018

Altaffaylla presentará la nueva edición de Navarra 1936. De la esperanza al terror en un acto público el próximo jueves 27 de diciembre a las 19.00 en Katakrak (Iruñea). Tomarán parte asociaciones de la memoria histórica de Navarra y el Instituto Navarro de la Memoria

Este libro es sin duda uno de los documentos más contundentes y estremecedores de la historia de Navarra. Con su aparición en 1986 se rasgó el silencio, impuesto por el franquismo primero y la transición después. Todo el mundo ha tenido que reconocer la magnitud de la tragedia. Esta décima edición incrementa notablemente las cifras de personas represaliadas: 355 asesinados más, de ellos 114 navarros. Nuevos datos, como el circo desaparecido de Lodosa, salen por vez primera a la luz. Nos acercamos al final. Al menos la memoria de lo ocurrido quedará a salvo. La justicia, la reparación de aquella barbaridad, sigue esperando. Este libro, ya un clásico, sigue gozando de total actualidad. Y sigue clamando contra la impunidad.

Lo peor de 1936 no fue la guerra, ni siquiera la sangre vertida en retaguardia. En ocasiones la sangre trae la resurrección de los pueblos si saben aprender del pasado y se organizan de forma que esta no vuelva a derramarse. Lo peor de todo, la gran tragedia que nos atenaza, es que la derecha sabe que ‘aquello’ fue para ellos un negocio rentable, redondo, por el que nunca pagaron factura alguna, como no sea la molesta aparición, de cuando en vez, de algún libro como este.
Si después de lo que hicieron en 1936 nadie los sentó en un Nüremberg, ¿a qué pueden temer ahora? Y si esta democracia controlada se les va alguna vez de las manos y las demandas populares ponen en peligro su posición, siempre tendrán el recurso del golpe de fuerza, más o menos regresivo o sangriento, según lo requiera la ocasión. El pretexto no va faltar y siempre hay un Mola o un Tejero esperando su oportunidad.

Navarra 1936. De la esperanza al terror
Editorial: ALTAFFAYLLA KULTUR TALDEA
Género: Ensayo. Edición 10
ISBN 978-84-94636-53-0. Fecha de publicación 14 diciembre 2018
Páginas 578.

Síguenos en Facebook: LoQueSomos Twitter@LQSomos Telegram: LoQueSomosWeb

Carmen Castellote, poeta del exilio

Carlos Olalla*. LQS. Diciembre 2018

Los exiliados, los hijos e hijas del camino, marcharon con su soledad a cuestas. Atrás lo dejaron todo. Lo que fueron, lo que ya nunca serían…Y allí adonde fueron mantuvieron vivo el recuerdo de la España que habían perdido

Salieron de España huyendo de la guerra y la derrota, de la muerte y el hambre. La mayoría creyó que aquel exilio sería solo por un tiempo, que las democracias europeas nunca consentirían una dictadura como la franquista. Pero no fue así, aquellas democracias dejaron a nuestro país en la estacada y permitieron que el franquismo se prolongase hasta la muerte del dictador. Algunos de los que salieron regresaron años después, muchos nunca lo hicieron. Muchos de los mejores poetas que ha dado nuestro país están aún enterrados en tierra extranjera. Viendo que Lorca sigue enterrado en una cuneta quizá es mejor que sigan así.

Entre los exiliados republicanos había escritores, artistas, científicos, cineastas, filósofos, músicos… Los países que les acogieron, con México y Francia a la cabeza, supieron reconocer y cuidar su talento. Fue allí donde publicaron una gran parte de su obra, y es allí donde son recordados y venerados. Aquí les condenamos al olvido, al silencio. La España de peineta, tricornio y luto nunca fue amante del arte y la cultura y se encargó bien de ningunearles y desaparecerles. Cuando algunos de ellos regresaron muchos años después creyendo que serían recordados y queridos,se encontraron con un país en el que eran nadie, unos compatriotas para los que ni siquiera habían existido. Una gran parte de ellos, y sobre todo de ellas, nunca apareció en los libros de texto. Hoy sigue sin hacerlo.

Los exiliados, los hijos e hijas del camino, marcharon con su soledad a cuestas. Atrás lo dejaron todo. Lo que fueron, lo que ya nunca serían…Y allí adonde fueron mantuvieron vivo el recuerdo de la España que habían perdido. Amigos y familia no cabían en una mochila donde no podían llevar más que recuerdos y sueños. Por eso, en su exilio, solían reunirse al calor de la llama del destierro. Necesitaban sentir que su vida había tenido sentido, que lo que defendieron era lo correcto, lo justo, que había valido la pena. A lomos del olvido recorrieron la geografía del mundo llevando sus versos y su palabra a quien la quisiera oír. Fueron pétalos de rosa echados al mar, mensajes de náufragos sin tierra ni playa a la que volver, poetas sin remedio que nunca se rindieron que dieron al mundo sus versos escritos en el alma, un alma que jamás dejó de ser republicana.

Hubo personas exiliadas a las que de España solo les quedó la infancia. Son los niños de la guerra. En 1937,ante la proximidad de las tropas franquistas muchos padres prefirieron separarse de sus hijos para intentar ponerlos a salvo. Fueron más de treinta mil los niños y niñas de la guerra, más de treinta mil los que partieron solos al exilio. Una de aquellas niñas, vasca como tantas otras, fue Carmen Castellote. La enviaron a la Unión Soviética junto a muchos más. Algunos volvieron, muchos nunca lo harían. Otros, al encontrarse de bruces con aquella España de la que nada conocían, decidieron volver a su segunda patria, a la que les había acogido y no olvidado. Carmen se educó en la URSS, pasó parte de su vida en Polonia y en 1960 fue a México, donde su padre vivía exiliado desde 1939. Ella, como todos los niños de la guerra, huyó de nuestra guerra y tuvo que sobrevivir, sola, a la europea. Tenía cinco años cuando escapó de Franco, nueve cuando Hitler invadió la Unión Soviética. Uno de sus poemas, “1941”, lo recuerda. Estos son sus versos finales:

“…Son nuestras todas las horas de la calle.
Gotean las estrellas sobre los cuerpos fríos.
La noche tiembla bajo la piel, en el costado,
como un reloj que se bate con el tiempo.
¿Por qué nadie me dijo que había una muerte
que es mía y no conozco?
No sé si llegaré a crecer.
Es mil novecientos cuarenta y uno
y en este año solo crece la muerte”

Carmen publicó su primer libro de poesía a los cuarenta años. Sus versos siempre hablaron de la infancia que le robaron. Pocos versos como los de ella expresan el sentir del exilio republicano español.

“LA GUERRA Y YO”

“Caminos, kilómetros de tiempo,
nada puede apartarme de la guerra,
de sus muertos escondidos en mi infancia.

Y la vida nada sabe de este hoyo,
abierto aquí, en mi corazón.
Beben tierra los ríos como antes,
las estrellas se persiguen en el mar,
el monte se hace altar para la nieve
y el sol deja que la sombra juegue contra el árbol.

Todavía los niños juegan a la guerra
y la flor es asombro y soledad.

Es tarde y quiero dormir,
pero la noche está llena de muertos.

Iza el miedo sus alas nocturnas.

¿Acaso es la guerra?
Quiero ser manos, muchas manos,
para matar la obscuridad.

Un rocío de luz entra en mi mañana.

Los árboles se embriagan de aurora,
los hombres cruzan el pasto húmedo de la noche,
madrugan los caminos, bosteza la calle.

Una mujer quiere barrer el nuevo día
con su vieja escoba,
y en la orilla de un colegio dos niños luchan
mientras los otros ríen.

Ya nadie habla de la guerra.

¿Qué hago con los muertos?”

ESCUELA DE TUNDRIJA

¿Habrá sol en algún sitio de la tierra?
Nosotros somos el frío de una escuela de Siberia,
que detiene la calle con su alfabeto mudo.

¿Cómo cabemos en tal cerrado frío?

Sin colchones, huérfanos cuerpo y cuerpo,
buscamos la última gota de calor,
que se duerme en la sombra vecina.

El miedo zarandea la puerta y las ventanas,
los ojos se suicidan en la noche.

Quizá en alguna parte el hombre duerma,
nosotros somos esta terca medida del frío.

Lloran aquí y allá, y no sé cuál es mi llanto.
Crece el invierno sobre la escuela nimia,
y cómo detener sus troikas
con manos que no nacen todavía.

Seremos fuertes con el habla, porque hablando
la noche es limpia fuga.

Pero tenemos el duro asalto del silencio.
Un viento nos rescata del olvido,
desde el tiempo llega el anatema
y una nieve callada es raíz en los cuerpos,
que obedecen y siguen a la noche.

El alba, en los cristales, persiste y hiere más.
Hay que empezar de nuevo la jornada
con los ojos desvelados en el frío.

El recuerdo nos lleva a la estufa,
fuera ya del triunfo del calor.
La calle está ahí, pero no es nuestra,
así, desarropados.

No hay comida; hay agua, manjar largo,
cuando los frutos duermen bajo la guerra.

Es nuestro plato, al que no llega el pan,
porque el invierno mata los caminos.

La novedad en la aldea es incendio.
Hablan de los niños que vinieron de lejos
y que duermen en el suelo de su escuela.

Por un instante, la nieve evade las ventanas.

Son los chicos de Tundrija atados al cristal.

Algunos nos asaltan con sus ojos mayores,
rompen el hielo que se asombra en los vasos,

nos ofrecen pepitas de girasol,
y nos preguntan si hay pan en nuestro idioma.

Las clases regresan a la escuela,
las viejas aulas despiertan su alfabeto,
junto a las camas que llegan, crecen los pupitres,
se despiertan los gritos de los pasillos.

¿Se ha escapado la nieve?

¿Qué ha sido de la escuela,
de los niños ausentes, que enredaron mi nombre?

¿Y del pequeño, que el primer día de clases
dijo, al aún secuestrado en el asombro,
qué miras, es que nunca has visto a la gente?

Desde las mesas tropiezan nuestros ojos.

No hay extraños.

El frío esconde por un tiempo su derrota.

Otras notas del autor
* LQSomos en Red

Síguenos en Facebook: LoQueSomos Twitter@LQSomos Telegram: LoQueSomosWeb

La cuerda

Redacción. LQS. Diciembre 2018

Nueva novedad editorial de la mano de Paqui Maqueda, autora del relato, con prólogo de Isaac Rosa e ilustraciones de Alex P. Lo presenta El Garaje Ediciones en su colección de Narrativa

La cuerda es un relato basado en hechos reales, aunque ficcionados.
Ambientada en la guerra civil española, describe a un grupo de personas que caminan un amanecer entre olivares. Algunas de ellas, unidas por una cuerda, enfrentan sus últimos momentos de vida. Serán ajusticiadas, sin juicio previo, por el simple hecho de pensar de forma diferente a sus ejecutores.

A la voz de estas víctimas les acompañan los pensamientos de otros personajes, dos falangistas, un sacerdote y el propietario de unas tierras, cuya función es imprescindible en el desarrollo de la acción.

Las voces que nos hablan pueden ser de cualquier persona, en cualquier lugar del mundo que se encuentre en una situación similar, por lo que este relato puede considerarse como un grito que denuncia la intolerancia hacia todo aquello que, por ser distinto, es temido y por ello debe ser aniquilado.

Su enorme barriga anunciaba el nacimiento de un hijo. Mira por dónde. Las mismas balas acabaran con dos a la vez. Con la mala hierba y con la mala semilla. Y mañana, cuando la encuentren reventada al pie del olivar, nadie dudará de mi hombría…

Sobre la autora:

Paqui Maqueda Fernández es Trabajadora Social del Ayuntamiento de Sevilla, comprometida en la causa de la memoria histórica y presidenta de la asociación Nuestra Memoria de Sevilla.
Su familia fue duramente represaliada durante la Guerra Civil y la dictadura. Sobre esos hechos y sus consecuencias, escribió en 2003 el relato Azul oscuro.
En 2013 viajó a Buenos Aires, Argentina, junto con un grupo de personas para sumarse a la conocida Querella contra los crímenes franquistas y narró sus vivencias en colaboraciones diarias en el periódico andaluces.es.
En el año 2014 publicó En la silla del criminal, también con prólogo de Isaac Rosa.

La cuerda
Autora: Paqui Maqueda
EL GARAJE EDICIONES-Colección Garaje Narrativa
90 páginas. Formato: 13,5 x 19,5 cms.
ISBN: 978-84-947949-9-5
Precio: 10 euros

Síguenos en Facebook: LoQueSomos Twitter@LQSomos Telegram: LoQueSomosWeb

Así lo dice Acacio

Redacción. LQS. Octubre 2018

Recogemos en este rincón las viñetas con las que nos ilustra en LoQueSomos
Acacio Puig, artista plástico. Histórico militante de la izquierda revolucionaria, represaliado por el franquismo, activista memorialista.
Además de sus viñetas se pueden leer (clic aquí) sus artículos y opiniones con las que contribuye periódicamente en esta Web.

10/10/187/11/18
16/10/1818/10/18

Para «Chuspi», in memoriam

30/10/1811/11/18
19/11/18
29/10/18
7/12/184/12/1816/12/18
20/12/18
25/11/18

9/12/18

25/12/18
9/1/19
27/12/18





















«Home», de Warsan Shire

Redacción. LQS. Noviembre 2018

Solo te vas de casa cuando la casa no te deja quedarte

Hay escritos que no pasan nunca en el tiempo, parecen, son, actuales. Unos por su intemporalidad manifiesta, otros, como este desgraciadamente, podría esta escrita ayer, hoy, ¿mañana?…

«Home», 2015, es un poema que relata la necesidad de abandonar lo más querido para ser “refugiado” en un mundo hostil que sigue mirando hacia otro lado. Estos versos son bandera de las palabras rebeldes que dicen la verdad.
Warsan Shire es una poeta anglo-somalí, nacida en Kenia y de padres Somalíes, escritora y educadora que reside en Londres. Warsan Shire ha realizado y leído su trabajo por toda Inglaterra y a nivel internacional: Sudáfrica, Italia, Alemania, EE.UU., Kenia… Sus trabajos están traducidos al italiano, al castellano y al portugués.

‘Home’, de Warsan Shire

Nadie se va de casa salvo
que la casa sea la boca de un tiburón
solo corres hacia la frontera
cuando ves a toda la ciudad corriendo también.

Tus vecinos corriendo más rápido que tú
aliento ensangrentado en sus gargantas
el niño con el que fuiste a la escuela
que te besó aturdido detrás de la vieja fábrica de hojalata
lleva una pistola más grande que su cuerpo.
Solo te vas de casa
cuando la casa no te deja quedarte.

Nadie se va de casa salvo que la casa te persiga
fuego bajo los pies
sangre caliente en tu vientre
es algo que nunca pensaste que harías
hasta que el filo quemó amenazas en
tu cuello
e incluso entonces llevaste el himno
entre dientes
solo rompiste el pasaporte en el baño de un aeropuerto
sollozando mientras cada bocado de papel
dejaba claro que no ibas a regresar.

Tienes que entender
que nadie mete a sus hijos en un barco
salvo que el agua sea más segura que la tierra
Nadie se quema las manos
bajo trenes
entre vagones
nadie pasa días y noches en el estómago de un camión
alimentándose de periódicos
salvo que las millas recorridas
signifiquen algo más que viaje.

Nadie se arrastra debajo de vallas
nadie quiere que le peguen
que sientan lástima de él
Nadie elige campos de refugiados
o registros sin ropa donde te dejan
el cuerpo dolorido
o la prisión,
porque la prisión es más segura
que una ciudad en llamas
y un guardia de la prisión
en la noche
es mejor que un camión lleno
de hombres que se parecen a tu padre
nadie podría soportarlo
nadie podría aguantarlo
ninguna piel sería lo bastante dura.

Los:
volveos a casa, negros
refugiados
sucios inmigrantes
solicitantes de asilo
exprimiendo nuestro país
negratas con sus manos fuera
huelen raro
salvaje
destrozaron su país y ahora quieren
destrozar el nuestro,
cómo es que las palabras
las miradas sucias
caen rodando de vuestras espaldas.
Quizá porque el golpe es más blando
que un miembro arrancado.
O las palabras son más tiernas
que catorce hombres entre
tus piernas.
O los insultos son más fáciles
de tragar
que escombros
que huesos
que tu cuerpo infantil
en pedazos.

Quiero ir a casa,
pero la casa es la boca de un tiburón
la casa es el cañón de la pistola
y nadie se iría de casa
salvo que la casa te persiga hasta la costa
salvo que la casa te diga:
que muevas más deprisa las piernas
deja la ropa atrás
arrástrate por el desierto
vadea los océanos
ahógate
sálvate
sé hambre
mendiga
olvida el orgullo
tu supervivencia es más importante.

Nadie se va de casa hasta que la casa es una voz sudorosa en el oído
que dice:
vete,
huye de mí ahora
no sé en qué me he convertido
pero sé que cualquier lugar
es más seguro que aquí.

* Traducción del inglés de Berna Wang, con licencia Creative Commons: Reconocimiento – No Comercial – Sin Obra Derivada 3.0 Unported (CC BY-NC-ND 3.0)

Síguenos en Facebook: LoQueSomos Twitter@LQSomos Telegram: LoQueSomosWeb

Exequias del asno

Daniel de Cullá. LQSomos. Novimbre 2018

Cuentan que en la dehesa de Belinchón
Saliendo de la ciudad al Oriente
“los Ratones” y “los Chovillas”
Han desenterrado un cadáver de Asno
Repleto de medallas y de cruces negras
Lo que ha servido de alegrías al pueblo
Que, en seguida, y, al momento
Le han dedicado “la misa del Jumento”
Compitiendo los vecinos y los doce curas
Cuál de ellos todos más aturdía
Prorrumpiendo en cantos horrendos.

Estando en todo su esplendor, cara al sol
Vieron cómo, con presura, bajan del cielo
Aves carroñeras aturdiendo y, con jactancia
Se vienen al prado, convertido, ahora
En solemne necrófago muladar
Gracias al bien hallado Asno muerto
Desgañitándose en comer sin ninguna piedad
Entre graznidos y picotazos, a cual más.

¡Con qué ansia se desgañita el buitre leonado
El buitre negro y, muy astuto, el alimoche¡
¡Qué devoción en los huesos muestran
El milano y el águila real, el quebrantahuesos
Picoteando con gran esfuerzo la carne muerta¡
¡Y no digamos el águila imperial
Que lleva una señal asnal bajo el buche
Que, aunque viene cansado de mordisquear
Conejos de huerta con esmero
Se esmera con estruendo en desgajar
Aplaudiendo los córvidos del propio muladar¡
¡Con qué graznidos más devotos aturden
Las cornejas, los cuervos, las urracas
Las grajillas, los arrendajos y las chovas
Haciéndole la limpieza al muerto animal
Cual lindos devotos prosternados
Exhalando el placer más completo¡
Tal es su contento de ayudar a las grandes aves
Dedicadas a excitar ese cadáver voluminoso
Del bien hallado Asno muerto.

Más, ¡Oh, milagro¡ ¡Ohhhhhhhhh¡
Bajo la custodia de nuestras aves carroñeras
¡El Asno ha resucitado con el mismo cuerpo¡
Quien ha estado ahí, y lo ha visto
Sabe del graznido hecho con santo celo
Y dice ser verídico y no engañar al más lerdo
Pues este Asno subsiste en todo su esplendor
Aunque se lo hayan devorado las carroñeras
Pues es reliquia encerrada en sí mismo
Y el populacho cree ver más marcada
Y más linda su cruz, afirmando, en devoción, que:
-¡Al tiempo ¡ Volverán a hacerse exequias
Al magnífico Asno que nos salvó
Estableciéndose, de nuevo, la fiesta del Asno
Sus grandezas pasadas celebrando
Que con él queremos vivir, y ensalzarle
Y, por premio, por él queremos morir.

Otras notas del autor

Síguenos en Facebook: LoQueSomos Twitter@LQSomos Telegram: LoQueSomosWeb

Las palabras en libertad de León Felipe

Arturo del Villar*. LQS. Noviembre 2018

Creía León Felipe que el poeta no sólo era responsable ante el pueblo, representado por sus lectores, sino ante la historia. En realidad lo que llamamos historia no es más que una sucesión de acontecimientos protagonizados por el pueblo

Dedicatoria a los 50 años de su muerte

En estos 50 años transcurridos desde la verdadera muerte de León Felipe, acaecida en México, D. F., el 18 de setiembre de 1968 (verdadera porque antes las agencias internacionales de Prensa la habían anunciado erróneamente), su obra poética ha alcanzado en su patria el reconocimiento merecido. En vida no lo obtuvo, primero porque su poesía quedaba al margen de las tendencias de actualidad entonces, impuestas por los poderosos integrantes del grupo del 27, con los que no tenían nada en común su primer libro, publicado en 1920; después porque se instaló voluntariamente en América y allí editó los tres libros siguientes, y finalmente porque regresó a España para defender a la República contra los militares monárquicos sublevados, lo que le llevó al exilio con la derrota, esta vez forzoso, en donde continuó publicando sus libros, prohibidos en España por pertenecer a un enemigo declarado de la dictadura fascista.

Su poesía es autobiográfica, escritura de un republicano “español del éxodo y del llanto”, como dice el título de un poemario impreso en México en 1939. En el exilio está compuesta y publicada la mayor parte de su obra, por lo que resulta el tema general de su lírica. En el largo exilio de 1939 a 1968 siguió combatiendo a la dictadura, denunciando la perversión del régimen impuesto por la fuerza de las armas al pueblo español, y clamando por su libertad. Pero lo hizo desde su sentimiento personal, sin dejarse condicionar por las consignas de los partidos políticos. Tanto en política como en poética León Felipe fue independiente. Debido a ello consideraba su poesía como un testamento, según aseguró al presentar ese libro:

Un poema es un testamento sin compromisos con nadie y donde no hay disputas con el canónigo ni con el corregidor. Donde no hay política. A la hora de la muerte no hay política. Ni polémica tampoco. Polémica ¿contra quién? Como no sea contra Dios… Porque delante del poeta no están más que el Misterio, la Tragedia y Dios.

(Las citas se hacen siempre por sus Poesías completas, editadas por Visor en Madrid y en 2010; ésta se encuentra en la página 265.)

Sin embargo, en su vida se comprometió siempre con la causa del pueblo, lo que llevó a participar en la guerra española contra quienes la habían organizado, los militares monárquicos, y sus patrocinadores nazifascistas. No quiso integrarse en un partido ni en una tendencia lírica, fue independiente y original. Romero solo se definió en su primer poemario, Versos y oraciones de caminante (1920), peregrino solitario por el mundo, aunque implicado en todos sus avatares y defensor de los derechos humanos.

Poeta de cárcel

Para redactar un testamento es preciso tener mucha herencia que repartir. En ese primer libro León Felipe reconoció que no poseía nada material, de modo que su legado había de ser lírico. Nos ha dejado una obra compacta, resumen de su vida. Se dio a conocer al público en unos momentos en los que la poesía vanguardista preconizaba el rechazo de la realidad, suplantada por la fantasía. Concretamente en España sorprendían los descaros líricos de los creacionistas y ultraístas, enfrentados a los lectores habituales de poesía, que suelen ser burgueses cultos. No se dejó contaminar por ninguna moda. Entró en la escena literaria al mismo tiempo que los poetas del grupo del 27, una espléndida reunión de creadores líricos impulsores de un momento excelso en la cultura española, pero mantuvo escasa relación personal con ellos, y ninguna con su estética.
Debe tenerse en cuenta que empezó a componer poesía cuando estaba encerrado en la cárcel de Santander, a causa de las deudas contraídas. Los antiguos contertulios en la rebotica instalada al fondo de su farmacia, en donde se hablaba de literatura más que de medicamentos, se avergonzaron de saber que estaba preso. Seguramente si hubiera prestado más atención al negocio que a la poesía habría prosperado en lugar de arruinarse. El destino de algunos de los mejores poetas españoles hizo que sufrieran la pena de cárcel: fray Luis de León, Juan de la Cruz, Cervantes, Quevedo, Gaspar Melchor de Jovellanos, Miguel Hernández, José Hierro y tantos otros nombres insignes dan prestigio a las prisiones españolas.

La experiencia carcelaria tal vez le animó a identificarse con los sufridores de injusticias. Mucho antes de que se buscase la manera de involucrar a una mayoría de lectores en la afición por la poesía, León Felipe procuraba encontrar la complicidad con un público ajeno a la cultura, mediante el verso desnudo de recursos retóricos, un verso salmódico y a menudo monótono, sin artificios, en el que se ejecuta la libertad total de las palabras. Parece como si la circunstancia de iniciar la escritura lírica en una prisión le impulsara a ejercer la libertad creadora sin sujeción a normas.
Padeció las miserias de un tiempo caótico, entre 1884 y 1968, con noticias de guerras, crisis económicas, hambre, pobreza, sublevaciones militares, exilio y toda una serie de calamidades. En consecuencia su poética es una antiestética en la que tuvieron sitio los problemas humanos de esa era problemática. Su lírica está muy cerca de la épica, con versos a veces arengarios, otras conminatorios, siempre independientes de las modas y de las preceptivas clásicas, cercanos a la prosa voluntariamente, o eran prosa.

El gran responsable

En sus testamentos expuso las experiencias proporcionadas por su trabajo lírico. Se preguntó por la condición del poeta y por las motivaciones de su tarea creadora, así como por las consecuencias derivadas de ella. Las respuestas son los mismos poemas, compuestos para explicar las causas de su escritura. En los prólogos a sus libros, en muchos poemas, en declaraciones explicativas de su estética, indicó su propia experiencia como respuestas válidas para extenderlas a otros.
Nunca fue gratuita su toma de posición, ya que pensaba en una responsabilidad trascendental que atañe al poeta. Tanto es así que le consideraba “el gran responsable” del acontecer humano, puesto que tiene el encargo de alentar al pueblo. El poeta, el obispo y el político son las tres figuras calificadas por él de responsables, cada una de ellos desde su función específica en la sociedad. Y así descubrimos cómo imaginaba la misión esencial del poeta, la de alentar al pueblo, convirtiéndose en su portavoz cuando fuera necesario para exponer sus razones.
Por supuesto, el gran responsable debe ser consciente de sus obligaciones, aceptarlas y ejecutarlas. El poeta no es un ser especial, no es un filósofo ni un mago ni tampoco un sabio ni un superdotado: es, sencillamente, un ser humano como los demás, con la función social de hacer de intermediario. Rechazaba el sobrenombre de profeta, por considerar que representaba otra misión. Se reservó con mayor modestia el de médium, que es también un intermediario, un anunciador, pero sin valor en sí mismo: es la voz que repite lo que le inspiran, algo parecido a un eco de resonancia múltiple. Por lo mismo está obligado a no callarse, y ahí radica su responsabilidad.

Descifrar las voces confusas

Un poema de sus años finales, perteneciente al libro ¡Oh, este viejo y roto violín! (1965), describe perfectamente la condición del poeta, en la imagen de ese instrumento musical. Se titula “Autobiografía”, para que no quepa ninguna duda respecto a quién señalan los versos, pero es claro que pueden ampliarse a los demás poetas en genera. Tras declarar que tiene cumplidos 81 años niega que él hubiera sido un profeta, y da cuenta de cuál era la verdad de su trabajo cotidiano al componer sus versos:

¿Eres tú un Profeta, León Felipe?
¡Oh, no!
Yo soy una cosa sin nombre
nacida de la Tierra. […]
Oigo unas voces confusas
y enigmáticas
que tengo que explicar.
A veces las escribo sin descifrar
para que las descifremos entre todos,
porque no quiero que me engañe el Oráculo. (P. 824.)

Según esta confidencia su labor consistía en redactar las voces escuchadas por él, se supone que en su cerebro, esas voces misteriosas a las que han aludido también muchos iluminados. Pero aclara asimismo que en ocasiones no ha sido capaz de descifrarlas, por lo que solicita la colaboración de los lectores cómplices para entenderlas. En consecuencia, esa interpretación se hará colectiva, y la responsabilidad del poeta quedará igualmente satisfecha con mayor precisión. Trasladados al público los mensajes escuchados para alentarle, cabe al público la función de oírlos atentamente para descifrarlos, según su entender. Así el poeta se identifica más aún con su público, y hasta cierto punto comparte las responsabilidades.

Una misión histórica

Creía León Felipe que el poeta no sólo era responsable ante el pueblo, representado por sus lectores, sino ante la historia. En realidad lo que llamamos historia no es más que una sucesión de acontecimientos protagonizados por el pueblo. Como intérprete en el mejor de los casos, o sencillamente como transmisor de mensajes, el poeta ha de marcar el camino de los pueblos, uniéndolos en su devenir y en su pasado.
Es más: de los tres granes responsables, el poeta es el unificador, en tanto los otros dos a menudo lo desunen, al estar empujados por motivos que consideran inamovibles y sobre los cuales no admiten discusión. El poeta, en cambio, procura conseguir la unión por medio de su palabra, como lo manifestó en el prólogo a la traducción del Song of Myself de Walt Whitman, poeta con el que se hallaba plenamente identificado por su común amor a la libertad y la democracia:

¡Qué alegría cuando nos damos cuenta de que los pueblos están tan cerca unos
de otros al través de sus poetas!
¡Que sólo la palabra separa a los hombres:
los cabildos y los concejos!
Un día, cuando el hombre sea libre, la política será una canción.
El eje del universo descansa sobre una canción, no sobre una ley. (P. 1102.)

Sin la menor duda, el gran cantor de los derechos humanos, el gigante americano, como ha sido llamado Walt Whitman, refrendaría esas palabras, que se hallan muy cercanas a su propio mensaje poético.
Por lo tanto, León Felipe expuso muy claramente cuál es la misión histórica del poeta en todos los tiempos: debe alertar a los pueblos para unirlos en libertad, el sueño ideal de las democracias. Suele decirse que la historia la escriben los vencedores, pero él rechazaba esa interpretación. Es cierto que los vencedores de la guerra en España estaban escribiendo su historia a su manera, no aceptada más que por ellos mismos. Podían argumentar según sus creencias la teoría de las cusas y acontecimientos ocurridos, pero el poeta tenía la obligación de relatar los hechos tal como él los conocía, para dejarlos en claro ante la posteridad. Era lo que llevaba haciendo con su escritura lírica sin cansancio, pensando en que algún día tendría que imponerse la verdad del relato según él lo refería.
Podemos aceptar esa propuesta, pensando que, a fin de cuentas, lo que sabemos sobre la guerra de Troya es lo que relató Homero en sus versos vencedores del tiempo. Igualmente Pablo Neruda resumió su biografía y su escritura asegurando que había nacido para cantar la victoria de Stalingrado. Como testigo de la historia, el poeta es el que fija la verdad de los acontecimientos, de acuerdo con las interpretaciones obligadas en cada época.

Un tiempo para gritar

Lamentablemente la suya le parecía trágica, y con razón. Exiliado, sin nada propio, dudando de la esperanza futura, no le quedaba más que la poesía por toda herencia. Su poesía era asimismo su autobiografía. Contaba lo que no podía cantar, porque sus experiencias resultaban trágicas, pero se sabía obligado a relatarlas. De ese modo expresaba su libertad en el exilio, mirando a su patria vencida. Un poema de Ganarás la luz (Biografía, poesía y destino), libro publicado en 1943, expone el método seguido para escribir aquellos poemas padecidos antes de pasarlos al papel:

No he venido aquí a arrojar mi discurso contra nadie
ni a disparar vítores y cohetes debajo del balcón del Presidente.
He venido a dar libertad a mis palabras.
Creo que en realidad he venido a hacer algunos ejercicios de garganta.
Creo que por ahora no he venido más que a gritar,
a derramarme como el agua y como el llanto.
Y no sé a quién fecundo
ni a quién anego
ni a quién quito la sed.
Estamos en la época del grito y de las lágrimas y aún no hemos llegado a la
canción.
No importa que los poetas vanidosos digan lo contrario. (P. 531.)

Estas consideraciones explicadas en verso, o en versículo, se resumen en la obligación del poeta de alertar al pueblo que lee sus palabras, teniendo en cuenta que ese deber le exige narrar la verdad histórica en una doble responsabilidad, ya que de la interpretación de semejante papel se derivarán aconteceres impulsados por él. Su función histórica le impele a actuar previamente, indicando el camino a seguir, y también con posterioridad, redactando los acontecimientos. En el primer caso obra como médium, y en el segundo como reportero.
Se objetará que la interpretación del papel del poeta en la sociedad resulta desmesurado en la consignación hecha por León Felipe. Hemos de tener en cuenta las circunstancias extremas en las que desarrolló la escritura. La experiencia vivida durante la guerra en España le hacía desconfiar de los políticos, de los militares y de los sacerdotes. Le quedaban sin contaminar los poetas, que precisamente durante el período bélico produjeron una acumulación de poemas, en especial romances, en los que exaltaban acontecimientos heroicos, denunciaban acciones criminales y ensalzaban el valor del pueblo en su justa lucha por preservar sus libertades.

El poeta como espectador

Para León Felipe la razón final de la existencia de los poetas radica en advertir a sus lectores sobre la realidad del tiempo en que viven. En una carta escrita el 29 de abril de 1959 a Camilo José Cela, hizo un examen de conciencia que además contiene implícita una poética:

Estoy avergonzado de haber escrito la mayoría de mis versos. Casi todos no son más que actualidad. Al final creo que no he sido más que un reportero con un énfasis de energúmeno.

La confesión no concuerda con las ideas expresadas en los mismos poemas. Ser un reportero de su época trágica era lo que le correspondía, aunque el calificativo de energúmeno tal vez indica que lamentaba haber exagerado los hechos al contarlos. Conforme con sus creencias líricas, tenía la misión de describir los sucesos observados, para que los lectores dedujesen las consecuencias pertinentes. Para ello precisaba observar los sucesos que estaban conformando la historia de ese tiempo. Debía ser un espectador atento para convertirse en reportero de aquellos momentos. Era “la época del grito y de las lágrimas”, en la que no tenían representatividad los poetas vanidosos. No era culpa suya que la actualidad que le correspondió vivir fuese trágica.
Un año antes de redactar esa confesión había publicado El ciervo, en donde “el viejo guardián de la heredad” hace esta definición del poeta y de su función social al hombre, su interlocutor:

El poeta es el hombre que mira,
y a ti te toca ahora mirar –nos miran y miramos–. […]
Luego, si quieres,
puedes cantar una canción o un himno
dando gracias a Dios que te ha elegido
para venir aquí
y mirar sin cesar por la ventana… (P. 643.)

Estos versos aclaran los conceptos anteriores. La religiosidad de León Felipe era muy personal, tanto como para hacerle pasar de las creencias en un Dios trascendente a incitarle a blasfemar contra él, debido a las miserias acumuladas en este mundo creación suya. En los versos copiados queda explicitada la función social del poeta según la estamos examinando: el poeta ha sido elegido por Dios para mirar los acontecimientos de su tiempo vital, y después contarlos, en verso, por supuesto, a los lectores del momento y de la posteridad.
Su escritura se convierte así en un reportaje parecido a los periodísticos, aunque con más calidad literaria, es de suponer. Reunirá las palabras en libertad para darles una forma lírica, que por ello constituirá también su testamento. Esta creencia es fundamental para entender la poética de León Felipe, errática a menudo, porque seguía las vicisitudes de su vida errante. En su primer libro, ya citado, Versos y oraciones de caminante (1920), encomendó sus versos a la protección de Dios:

¡Oh, pobres versos míos,
hijos de mi corazón,
que os vais ahora solos y a la ventura por el mundo…
que os guíe Dos! (P. 73.)

Muchos años después reconoció que el mismo Dios invocado entonces era el que le había elegido para componer sus versos. Cumplió la misión encomendada, realizó su obra poética narrando lo que veía. Su comunicación lírica era una crónica testimonial de su época, y también su testamento espiritual. Lo que resalta en esta aventura literaria es que León Felipe realizó su papel en la vida con plenitud ejemplar.

– Imagen de cabecera: retrato de León Felipe, por Miguel Elías Sánchez, 2015.
* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio.
Más artículos del autor

Síguenos en Facebook: LoQueSomos Twitter@LQSomos Telegram: LoQueSomosWeb