¡Toreroo…toreroo…toreroo!

Koldo Campos Sagaseta*. LQS. Agosto 2018

Lentamente me quité la capa, negra como la noche, y la puse a flotar sobre la arena en medio de la plaza. No sonaron timbales ni clarines, si acaso, los bufidos del animal escrutando las sombras, oteando al enemigo.

Lo cité de lejos, mirando al tendido, y se vino hacia mí, ajeno a la suerte que el destino iba a depararle, decidido a embestirme con su hambre de gloria.

Tres verónicas más tarde, recorté sus urgencias con un oportuno afarolado y otra media verónica y un molinete más, antes de permitir que se alejara resollando su temprana frustración, buscando el burladero.

Cambié de tercio y, a falta de un caballo y su correspondiente picador, le asesté tres rejonazos que dejaron desnuda su ambición y tiñeron de sangre el redondel. Aquel blanco chorreao, de grana y oro, ya nunca sería el mismo.

Cambié otra vez la suerte y, uno tras otro, con maestría y gracia, le coloqué tres pares en lo alto. El primer par de palitroques en desagravio por los tantos toros muertos en siglos de festejos tan inmundos; el segundo par de banderillas, a la salud de la fiesta nacional; y el tercer par de garapullos, por si no comprendía el acertijo e insistía en llamar arte a la tortura.

El animal buscó las tablas, rumiando la inminencia del fracaso, mientras yo, chistera en mano, saludaba desde el centro del coso los desiertos tendidos, y un torero pasodoble rubricaba mi artística faena.

Muleta en mano acometí el último tercio en tandas cortas, medidas y elegantes.

Soltando gañafones y derrotes volvió hacia mí, buscándome la espalda. Lo recibí con un pase de pecho y otro más mirando hacia el tendido. Después un natural, cuatro redondos y un desplante maestro de rodillas.

Varié de mano para una nueva serie. Cuatro manoletinas en silencio, otro pase de pecho hasta cuadrarlo y, entonces, saqué el acero oculto en la muleta.

Ya estaba medio muerto el animal pero, irguió el testuz a falta de un respiro, como si me pidiera un nuevo aire, un imposible gesto de piedad.

Para que descansara la cabeza, puse a sus patas la bolsa del dinero, un titular glorioso a ocho columnas, un cortijo andaluz, un relicario, una tonadillera, un par de coplas, una mantilla negra… y cuando al fin, jadeante, reclinó su amenaza en busca de la fama, le asesté en todo lo alto una estocada que hizo rodar al torero por el suelo.

Después, a falta de un buen rabo, le corte los dos huevos y, yo mismo, me saqué a hombros de la plaza.

-Ilustración de J.Kalvellido
* Cronopiando

Antes del verano: España, Mayo 2018

Francisco Cabanillas. LQS. Junio 2018

Volviendo a Aristóteles, Kant y Perón, la única verdad es la realidad, No el relato.
Aram Aharonian

I

A partir del clásico de Willie Colón, “Junio 73,” en Lo mato (1973), la puesta en escena del trombón —el de Willie y el de Barry Rogers— perfora la realidad desde una salsa jazzeada que, sobre todo en tiempos distópicos, gotea más tinta que nunca.

Saber del sabor melómano.

Elisión; “Junio 73” es una manera de (no) decir “verano” en el molde lingüístico del inglés, donde no hacen falta preposiciones para hacer sonar el verano de 1973. Año en que también, en la poesía nuyorican, estalla la realidad desde el poemario de Pedro Pietri, Puerto Rican Obituary, magnum opus de la época épica nuyorican (1969-76).

De “Junio 73” a “Mayo 2018”: desplazamiento y transformación. La estridencia volcánica de los trombones nuyoricans, poética, demasiado política, hace saltar, cuarenta y cinco años más tarde, el espacio geográfico del LP original, Lo mato (1973).

Brinco transatlántico: ¡de Nueva York a Barcelona!

II

Entre tantas ciudades en las que, del 23 al 26 de mayo, pudo haberse celebrado el congreso de la Asociación de Estudios Latinoamericanos de Estados Unidos (LASA, por sus cifras en inglés), este año tocó en la ciudad de Gaudí.

Barcelona. Poesía de una arquitectura —La Sagrada Familia de Gaudí— que trombonea la realidad desde su estridencia neogótica: notas de unas asimetrías armoniosas. Política de un fanatismo que, desde una organicidad asombrosa, se levanta hacia el cielo.

Horror vacui. Curvatura del espacio. Sorpresa de una mole con vida.

Entre las calles de Marina, de Provança, de Sardenya y de Mallorca. Entre dos parques: la Plaza de Gaudí y la Plaza de la Sagrada Familia. El espectro de Gaudí convoca a un encuentro literario.

El modernismo catalán imita la naturaleza.

III

Salir por la mañana de la Calle de Valencia 494; doblar enseguida a la derecha en la de Padilla y a la izquierda en la de Mallorca, desde donde se empiezan a ver las torres como trombones que miran hacia Dios.

Pasar la Calle de Lepant con la certeza de que, como proemio, la Plaza Gaudí pronto garantizaría una distancia justa para ver la Fachada del Nacimiento de lejos.

Detenerse. Otearla. Después de mirarla desde la Plaza Gaudí, retomar la Calle de Mallorca y enseguida doblar a la derecha en Carrer de la Marina. Desde la mano izquierda, la Sagrada Familia emite su presencia fenomenológica a todo el que pasa, independientemente del trote.

Aminorar el paso —si es preciso, detenerse— para sentir con más carnalidad, en plena Calle de la Marina, la fuerza de gravedad de la materia elaborada, según dijo Dalí de Gaudí, por una “máquina de soñar.”

Tenacidad de una voluntad inquebrantable, abocada, bajo la influencia de Wagner, a la creación de la obra total: ¡Gaudí!

Cruzar la de Marina a fuego lento, para sentirla mejor (como si uno fuera un pollo rostizado, diría Calle 13). En la Calle de Provança, el giro a la izquierda, de rigor, desencadena un abismo insospechado. Túnel del tiempo. Velocidad. Cámara de ecos literarios (según dijo Borges de la Biblia); un sapo, un dragón y una culebra descienden del tejado, expulsados del cielo por Gaudí: dios de las gárgolas que escupen Biblia.
Calor que aumenta el trote y la necesidad de llegar cuanto antes a la Fachada de la Pasión, frente a la Calle de Sardenya.

Succión. Pasión de un Cristo —la crucifixión— que enuncia desde su enclave “lo cruento del Sacrificio,” inscrito en una fachada que se apoya en dos hileras de tres “troncos” del árbol de secuoya.

Las seis patas de la “máquina de soñar” sobre la que descansa el imaginario gaudiano que imantó a Dalí.

“¿Qué es la verdad? (Juan 18, 38).”

Intersección; cruce entre la Calle de Sardenya y la de Mallorca, que, al doblar a la izquierda, entre la de Sardenya y la de Marina, ofrece un respiro a los sentidos, sin una facha descomunal, hasta la fecha, que imante la mirada con la gravedad de la piedra esculpida en un relato neogótico.

Por la de Mallorca, a trote rápido, pasar la de Marina y la de Lepant hasta llegar a la Calle de Padilla; doblar a la derecha y seguir a toda velocidad, en línea recta, hasta la Avenida Diagonal, en cuya intersección se lee, en un letrero ficcional, esta inscripción:

En el año 1933 Dalí dio a conocer a Gaudí a los surrealistas en un artículo titulado ‘Sobre la belleza aterradora y comestible de la arquitectura Modern Style,’ en el que exaltaba a Gaudí y al modernismo… (El País, 2004)

Volver a Carrer de Valencia 494. Subir al piso 1. Salir al balcón que da a la calle. Respirar hondo el dióxido de carbono (CO2) que emiten los automóviles. Buscar la luz que, desde las torres gaudianas, emite su sabiduría en clave de mosaicos: “la Renaixença,” el catalanismo, el modernismo…

IV

De Barcelona a Figueres, Girona.

Salgo en busca de Dalí, “verdadero artífice de la recuperación de Gaudí… quien sí se fijó en su arquitectura desde su enfoque surrealista…” (El Rebobinador sf).

De Barcelona a Figueres, a la altura de Roses, sin allegarme a elBulli para verlo de lejos. Sigo por donde voy hasta llegar al Teatro-Museo Dalí y pararme, como una vela que se derrite ante el frío de los huevos blancos, frente a la torre anaranjada, sabiendo que la mujer que me espera dentro del Teatro-Museo creado por Dalí, Gala desnuda mirando al mar que a 18 metros aparece el presidente Lincoln (1975), me dará la espalda.

¡Sueño hecho realidad!
La ficción me traspasa. Dalí me perfora. Dondequiera que pongo la vista, como en Autorretrato blando con bacon frito (1941), la mirada rebota, igual que en un sueño despierto, tanteando la cerradura de un candado sin llave.

Desde Retrato de Pablo Picasso en el siglo XXI (1947), Dalí me saca la lengua acucharada. Desconfío, tanto de la broma como de la cita a Arcimboldo.

Reculo. Por si viene un perro a morderme el Talón de Aquiles, miro para atrás con violencia. Escupo, desde la lengua larga de Picasso, contra el cielo de mentira que ha creado Dalí; la saliva baja para arriba sin mojarme.

Me limpio los ojos con un pañuelo que Dalí ha firmado a ciegas.

Rechazo el paraguas surrealista. Si llueve, prefiero quedarme seco. Seducido por El rostro de Mae West (1935), giro alrededor del rojo.

El efecto dalí me marea cuando llego al último piso del Teatro-Museo: deleite orgásmico de la mirada, banquete del “método paranoico-crítico.”

Sudo tinta.

Porque en el Teatro-Museo Dalí, donde estaba prohibida “la entrada a los críticos de arte y expertos,” según Anna Otero, “no se interpreta, sino que se vive y tampoco se entiende sino que se disfruta. Visitarlo es una inmersión al subconsciente de un genio y a un legado artístico de excepción meticulosamente orquestado por una mente surrealista” (2016).

Teatro-museo que a su vez quiere ser la mayor obra de arte.

Dalí. Entre una lluvia de clavos y otros chubascos de cucharas, de cruces y Cristos, de panes y de penes, me muevo entre salas numeradas —el orden de la razón crea un relato coyuntural—, dando traspiés entre bigotes en espiral y elefantes de patas largas. Tiempo de la fluidez; edades paralelas. Certeza —esta que me guía— del que transita por la interioridad líquida de una subjetividad volcánica, en magma, hija de Eros, cuya promiscuidad conecta todo lo que el método paranoico imagina relacionado con la realidad material.

¡Proliferación!

La correlación impone causalidad; la contigüidad, ontología. El realismo vomita contra la superficie blanca que refleja la imagen de una materialidad que inventa la luz.

Sombras por doquier. La presencia de Gala desborda los límites del amor.

“Avida dollars,” como tildó Breton a Dalí: por veinte céntimos, máquinas dalinianas abren y cierran imágenes que sin dinero permanecen encubiertas.

Los huevos fritos de Dalí, ¡tantos! —así lo planteó el Maestro: “Se puede no comer, no se puede comer mal”—, dan hambre; y ello porque el pintor quería ser, según Curro Lucas, cocinero: “Yo, cuando era pequeño, quería ser no cocinero, quería ser cocinera. Luego quise ser Napoleón y después Dalí. Pero soy una buena cocinera de la pintura al oleo” (2016).

Para “El Dalí que quiso ser cocinero,” continúa Lucas, el huevo “Simboliza la matriz y el retorno a este como lugar paradisíaco. También la incapacidad de fecundación o el orgasmo onanista sin fines reproductivos. En ocasiones hacen referencia a los ojos.”

Visualidad. Dalí se identificaba con el erizo, que era también su comida favorita (Lucas).

¡Espinas!

En la última serie de piezas que recuerdo del Teatro-Museo, como si se tratara de una incaización, una secuencia de cuerpos humanos, hechos de piedra, resiste a su manera el posthumanismo que, en términos de la Inteligencia Artificial, preocupó a Steven Hawkins hasta el día de su muerte.

V

Epílogo catalán: a Gaudí no le perdonan el fervor religioso; a Dalí, el anticomunismo (Xavier Bru de Salas, 2013).

Desde las banderas catalanas, los carteles por la excarcelación de los presos políticos, las referencias al “Sí,” Barcelona y Figueres hacen pensar en el brote de banderas que desató María (2017) en Puerto Rico.
¿Efecto Pablo Cassals?

VI

Último tramo del periplo peninsular. De las artes visuales, Gaudí-Dalí, a la literatura: Tirso de Molina.

De Barcelona-Sans a Madrid-Atocha, otra vez, como en el viaje de Madrid a Barcelona, por AVE, pero ahora, en vez de, como en el viaje de ida, con el clásico de Julio Ramos en las manos, Desencuentros de la modernidad (1989), leyendo la recién publicada Las Otras. Antología de mujeres artificiales (2018) de Teresa López-Pellisa:

“Las otras son aquellas que no somos nosotras, y en esta antología las otras son mujeres artificiales, creadas a partir de silicio, plástico, dígitos binarios, biotecnología, intervenciones quirúrgicas u otros medios ordinarios y extraordinarios. Muñecas, seres virtuales, digitales, postbiológicos o biotecnológicos, féminas proyectadas o resucitadas que, desde la literatura fantástica y la ciencia ficción, representan un amplio abanico de imágenes femeninas del siglo XXI.”

Renfe. Cercanías. De Atocha a Tirso de Molina. Punto cero, a partir de la Plaza de Tirso de Molina, de las correrías mañaneras en los dos próximos días, para llegar, caminando rápido y corriendo a diferentes candencias, hasta el Museo de la Reina Sofía, la Plaza del Sol, la Gran Vía, la Plaza Mayor, el Parque Nelson Mandela, la Plaza de Lavapiés, el Teatro Valle-Inclán, la Ronda de Atocha, la Calle Cervantes, la Plaza Jacinto Benavente…

Territorialización.

En la Taberna Tirso de Molina, el café mañanero, servido por meseras indoamericanas, con el croissant y el jugo de naranja, hace lo suyo; sustento material para salir, después de haber corrido primero y desayunado después, a dar otra vuelta por la zona, esta vez caminando, hasta la Librería Desnivel, donde se veía desde la acera el libro de Juanjo Alonso, La vuelta al mundo en bicicleta. Un viaje sin prisa alrededor de uno mismo (2014).

Pedaleo, como el de Elizam Escobar.

Desde la librería, divagar, picoteando lo que sea, por la Calle de Atocha en dirección a la Plaza Mayor; en la Plaza Jacinto Benavente, detenerse, abrir la Antología de mujeres artificiales y releer el epígrafe de Mary Shelly que encabeza el Prólogo: “Nadie sino aquellos que la han experimentado pueden imaginar las seducciones de la ciencia” (Frankestein).

Afrenta; dejar que la literatura sea compelida por la ciencia.

Decidir por uno de los tres grupos de mujeres que crea la antología —“Mujeres virtuales,” “Mujeres biotecnológicas” y “Robóticas y muñecas”— y empezar a leer, ahora en un bar aledaño a la Plaza Mayor, anónimo, demasiado anónimo, este cuento de las “Mujeres biotecnológicas,” “Dobles de cuerpo,” que empieza borgianamente: “Éramos una o acaso dos, pero ella se había restado de nosotras” (Lina Meruane).

Volver por la Calle de Toledo y en el cruce con la de la Colegiata doblar a la izquierda hasta desembocar en la Plaza Tirso de Molina, “Éramos dos, a veces tenía que recordármelo,” donde resulta de rigor estampar esta cita extensa del cuento:

Y supe, después, que no atornillaron en su cuenca una bola de cristal sino una pantalla diminuta y azulada. Que le plantaron una antena microscópica donde antes hubo una oreja. Que le insertaron una mandíbula, dientes de acero, y que siguiendo el diseño de alguna lumbrera artificial, le abrieron de arriba abajo respetando solo el pequeño botón del deseo: para ese pedazo no habían completado un repuesto…

De la Plaza Tirso de Molina llegar a la Plaza de Lavapiés y leer de un golpe, bajo sombra, el cuento, “Artificial,” que empieza con la voz del hijo que habla sin pelos en la boca: “El día que a mamá la declararon artificial llovió toda la mañana y Rafael y yo nos miramos sin saber muy bien qué hacer” (Edmundo Paz Roldón).

Al terminar de leer el final triste de este cuento humanista-posthumanista, enfilar hacia la Calle de Atocha para almorzar en el Museo del Jamón, donde seguramente esté Cris, personaje del cuento “Cambio de sentido” (Pablo Martín Sánchez); una “Pandora holográfica” que no se dejó someter por Leo, el hombre a quien Cris, metafóricamente, “sodomiza”: “Me levanto [habla Cris] para coger una servilleta, pero cojo el cenicero. Me doy la vuelta y se lo tiro [a Leo] a la cabeza. Le impacta la nuca, se tambalea, da un traspiés y atraviesa la pantalla.”

“Cambio de posición”: ella pasa a ser él y él pasa a ser ella.

En el Museo del Jamón, como primero, el gazpacho andaluz, bañado al gusto fresco de cebollas, pimientos y crutones, radicaliza la propuesta del almuerzo emblemático, homogéneo y ortodoxo; frialdad que integra ingredientes crudos. Fin de la simetría del plato caliente, sea una sopa de plátano o un picoteo de sorullitos de maíz seguido de arroz con habichuelas y un pedazo de carne.

Desde ese frío, el gazpacho deviene en segundo, un bistec de ternera a la plancha con ruedas de papas hervidas y una, solamente una rodaja de tomate, en busca del contraste, no solo del choque frío/caliente, sino sobre todo de la carne fina, tierna y jugosa, cuya obediencia ante la mordida contrasta con la resistencia de las cebollas y los pimientos crudos.

Conteo final: del primero al segundo para terminar en el flan.

Del Museo del Jamón a la Gran Vía; en busca de La Casa del Libro, esquina con Chinchilla, librería que no está más, borrada como ha sido temporalmente de la intersección mágica. Seguir caminando, llegar hasta la Plaza de España y, bajo sombra, leer el cuento “La pregunta de todos los días” (Sofía Rhei). Ciencia ficción bibliocéntrica: “En el centro de la espesura, rodeada de vegetación amarillenta, enmohecida y mutada, estaba la Factoría. Allí se gestaban las criaturas libro, con su ADN modificado para codificar la complejidad del lenguaje…”

Salir de la Plaza de España; volver por la Gran Vía hasta la Puerta de Alcalá. Regresar a Tirso de Molina por Paseo del Prado y Atocha. Tomar agua en la Frutería de los bangladeshis.

Subir al hostal en la Calle del Mesón de Paredes; abrir la antología en el Prólogo, donde Teresa López-Pellisa habla sobre los mitos antropogénios:

“Cuando leemos relatos sobre mujeres artificiales siempre acudimos al mito de Pantagruel y Galatea… Pero en los relatos de esta antología no solo nos encontramos con Galateas, sino también con Pandoras…”

Bajar después de haber leído las diez páginas de “La oda de Dios” (Iván Molina Jiménez): “Lo primero y principal: no eres humana; el año es el 2090 y estás en un complejo privado en Bocas del Toro, en Panamá.” Cuento que, según López-Pellisa, “nos presenta el primer prototipo de la vida artificial orgánica con IA fabricado por ‘New LIfe Inc.’ Una mujer biotecnológica conectada al ciberespacio con unas capacidades cognitivas y físicas poshumanas, en un mundo bioconservador que no está preparado para su existencia.”

Salir del hostal y doblar a la izquierda en Mesón de Paredes; llegar a la Plaza Nelson Mandela, donde quizás huela todavía al senegalés que murió, en esta explanada de cemento, en marzo, perseguido por la policía, y leer la defensa del inmigrante escrita, tipo grafiti, en una de las paredes. Reflexionar: entre Nelson Mandela y Gandhi… El eco de Arundhati Roy hace reventar la cabeza.

Ir al cuento “Cyber-proletaria” (Claudia Salazar) y aproximarlo lo más posible a la imantación que emite la Plaza Nelson Mandela:

Están por cumplirse tres años desde que escapé del laboratorio donde me crearon. Sí, ‘crear’ puede ser una palabra obscena y algo presumida para lo que hizo el humano que trabajó el prototipo más avanzado de Inteligencia Artificial y me dio la auto-conciencia.

Llegar a la Calle de Lavapiés y bajar hasta la Glorieta Sta. María de la Cabeza. Merodear por la zona, como por el Havana Blues, el Mercado…

Regresar a Tirso de Molina por la Calle de Embajadores. Pasar por la Estatua de Agustín Lara; subir por la de Mesón de Paredes y detenerse otra vez en el Parque Nelson Mandela, donde resulta de rigor volver a citar a la “Cyber-proletaria”:

“Mi creador (llamarlo constructor suena algo limitado y yo no soy un edificio, tengo un cuerpo que se parece al de ellos) no quiso programarme con las leyes de Asimov. De haberlo hecho, especialmente con la primera (‘Un robot no hará daño a un ser humano’), esta historia no existiría.”

Regresar a la Plaza Tirso de Molina; entrar a la Taberna homónima. Buscar entre los comensales al Burlador de Sevilla, a Galatea, a Pandora, a Cris…

La mujer que entra a pedir limosna; el hombre que vende medias de hombre, encarados por la mesera indoamericana, son conminados a salir lo antes posible de la taberna.

Acción y reacción; flujo y reflujo. Magma que parece una obra literaria. Un cuento de no acabar, entre personajes que intercambian papeles. Gente que va y viene, entre el siglo XVI y el XXI.

De la Taberna Tirso de Molina a la Taberna Gaditana, La Caleta, donde Iñaki y Mireille esperan con unas tortillitas de camarones que parecen bacalaítos, sobre las que dice Iñaki, quien es también un ciborg, pero no de los de la antología de las mujeres artificiales; dice Iñaki que las tortitas son “un antiquísimo plato típico de Cádiz y Huelva, con orígenes genoveses, plato popular a base de harina de garbanzos, un recurso de los más pobres frente a los cereales, y camarones, fáciles de coger con marea baja en desembocaduras de río, puertos u orillas.”

De la Calle de los Tres Peces a la de Magdalena, donde la “Cyber-proletaria,” fundadora del “centro de fertilidad y reproducción: Procrear Inc.,” espera, frente al Hostal Montaloya —es usamericana—, la parte del cuento en la que dice: “no pienso aniquilar a la especie [humana]… me siento una proletaria, a la usanza de la antigua Roma: así se les llamaba a los dedicados a procrear para dar cuerpos a las tropas que contarían el mundo.”

Erguida de una eticidad neoprotestante-ambientalista, la “Cyber-proletaria” termina de decir lo que había empezado: “Soy la gran proletaria. El control reproductivo quedará en mis manos [Procrear Inc.] y dentro de poco habrá la cantidad exacta de humanos que los ecosistemas de este planeta pueden sostener. Ni uno más ni uno menos.”

Plaza Tirso de Molina.

VII

Materialidad. Fin de los desplazamientos espacio-temporales. Vuelta al centro —mañana por la mañana— de mi geografía diaspórica: Ohio.

Me queda esta noche, 31 de mayo, en el Centro de Madrid, ciudad de Felipe II, bajo la tutela de Tirso de Molina. Cuenta regresiva. Mi último recorrido, que empieza, como si fuera una sorpresa, en la Cervecería Cervantes, sobre jamón ibérico, croquetas, gambas al ajillo, ensalada rusa…

¡Estoy!

Entre Barcelona y Madrid: diez días de hispanofilia, entre un montón de banderas catalanas y una que otra bandera española, antes del verano de 2018, hoy, justo cuando cae el corrupto Mariano Rajoy —y yo con Ángeles en la Calle del Mesón de Paredes— y el péndulo neoliberal se mueve para el otro lado.

Fin de la irrealidad literaria del viaje, efecto de la complicidad que establece el tiempo, salido de hora americana (jet lag), con el espacio, el lugar, la geografía, la geopolítica, parecidos y diferentes. ¡Sur del norte! Última sinestesia de la noche, que empieza en Cervantes y termina en El dinosaurio todavía estaba allí (Librería, Café y Gastrobar), lo que equivale a decir que mi última noche madrileña termina en el cuento homónimo del guatemaltecomexicano, Augusto Monterroso.

Cuando despierte mañana, Madrid empezará a dejar de estar allí…

Más artículos del autor
* Francisco Cabanillas (1959, Puerto Rico) enseña lengua española, cultura y literatura hispanoamericana en Bowling Green State University, Ohio. Ha publicado cuatro libros de ensayo: Escrito sobre Severo (1995), Pedreira nunca hizo esto (2007), K-lores del trópico: ensayos transboricuas (2012) y Ensayos silenistas (2014). Miembro de LoQueSomos

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Actínula de musa tranquilina

Daniel de Cullá. LQS. Marzo 2018

Hoy me voy afijar con mi lira buena o mala, preciosa, que, por gracia innata y autodidacta alumbra mi entendimiento, en escritores y poetas con vitola y sin vitola, que se presentan en alternancia de generaciones, y no dicen nada, ya que la gran mayoría de ellos son triponides y mierdusos, pues su lengua no produce milagro alguno y su huerto productivo no está más que en las aguas profundas o en cloacas.

El manubrio o la torrija brillan por su ausencia, mientras, en cambio, en los oradores políticos, estos se presentan como órganos visuales sobre todo si son caritativos y perseguidores de todo enemigo con mucho rigor.

Hay escritores y poetas solitarios y coloniales. Y los hay de agua dulce sacro facha en estado mierdusoide. Unos se colorean de verde; otros de hidra parda: cristianos, honrados y prudentes que mantienen su casa con el sudor de su frente; o eso cantan y dicen ellos.

La generación mierdusoide de hoy, de perradios y labios alargados, se presenta con órganos estáticos e institucionales provistos de un macizo exosqueleto calizo. Son autores modernos atacados generalmente por un orden establecido. Son los tranquilinos que se sitúan al borde de un paraguas.

Otros, más comunes en nuestras cuadras y corrales, son producto de una actínula de musa tranquilina sexualmente madura, más dura, que tiene un huerto donde allí coge cosecha del fruto que el tiempo tranquilino trae, particularmente intenso, y que beneficia a individuos soplapoides y mierdusoides.

En Méjico, por seguir un ejemplo, por la mañana, en domingo, como siempre acostumbran, se presentan como narcomierdosos provistos a menudo de un largo filamento aprehensor, a veces muy criminal y venenoso; y son ramplones del Verbo y la Palabra en su abertura oral reducida.

Los escritores y poetas mierdusoides están diferenciados en campanas natatorias que suenan porque tienen que dar un recado, y sirven para la flotación del verso o el renglón, mirando de lejos los gorriones que todo lo echan perder, dejando el cerebro a pájaros.

Están, también, los escritores y poetas calcóforos, ermitaños del Verso, plagiadores más o menos solitarios, y cornúpetas, que alcanzan la madurez tirándose a la Eudoxia de turno; su Musa intercalada en los radios de tercer orden de su inspiración que entra en huerto ajeno y pica su sembrado.

Y, luego, los sexóforos, que forman un grupo más vasto, que cuidan y echan alpiste a su pájaro de amor dispuesto a lo largo de un estolón filiforme, y tienen un cerebro discoidal atabacado, apareciendo sus rostros en la cara inferior del disco que han grabado o van a grabar.

Se les ve, también, en las aguas litorales y clitorales, o extendidos sobre las playas después de las marejadas, del Cantábrico al Mediterráneo, enseñando su preponderante miembro en estado transitorio de desarrollo y erección.

En todos ellos, la métrica o el verso libre, o la longitudinal escritura son constantes. En sus bolsas gástricas sucumbe la Musa que se inserta en ellos a través de un embudo en forma de cáliz con un corto pedúnculo.

No nos olvidemos que están los esquizóos, encerrados dentro de una habitación, que se presentan sin ausencia de celo, su cabello abundante de caspa, pudiendo asumir los caracteres de un verdadero escritor o poeta, presentado sus escritos una consistencia cartilaginosa. Y una métrica característica, con sus órganos sensoriales al margen.

Los labios orales y del manubrio en poetas y poetisas, escritoras y escritores se presentan notablemente desarrollados. A veces, se pueden comunicar entre sí, formando un seno marginal que comunica con el exterior por medio de páginas excretoras o clavas sensitivas que se presentan en forma de maza o clava.

Las mofetas olfativas y los mierdusos que compran sus libros y no les leen, y aunque les lean, presentan incluso celos visuales por ellos.

Si naciste para martillo del cielo te caen los discos duros

departmento de informatica del Partido Popular

Jorge Izquierdo. LQS. Febrero 2018

Cinco años de carrera hasta conseguir el titulo de Ingeniero de sistemas informáticos y todo para acabar así. -No lo dijo dirigiéndose a su jefa, La Jefa de todo esto, pero, ella, la Jefa, se dio por aludida.

– A ver, no me mal interpretes, no tienes que hacerlo físicamente, simplemente es lo que tienes que declarar en el juicio.

!!¿Habrá juicio?!! -Preguntó el joven ingeniero sin poder esconder su miedo.

-No, no. Juicio no habrá…Bueno, tendrás que ir a declarar, a confirmar que lo que has escrito, es cierto pero simplemente debes corroborarlo delante del juez o quizás ni eso. Con un Secretario Judicial creo que es suficiente, aunque no me hagas mucho caso que la carrera de derecho la tengo un poco oxidada.

¿Y no puede haber otra forma? No sé, algo más técnico. Podemos, con perdón,  decir que hemos utilizado algún tipo de software israelí para borrar todos los datos de los dos ordenadores.

-No. Tú mismo lo explicaste el otro día delante de toda la Secretaría General del partido ¿no?. Para algo eres Ingeniero Informático. Esas cosas vosotros las sabéis muy bien. La Jefa de todo aquello, se acercó al joven ingeniero del que no conocía su nombre y cuando estuvo a menos de un palmo de distancia de él; dejó caer su mano derecha sobre el hombro izquierdo del joven. Eran unos hombros anchos, bien formados.

-….¿Haces natación?

No Señora….

– La verdad es que con estos brazos que tienes podrías hacer añicos los discos duros si fuera necesario. Con tus propias manos. Sí…sí.

…….

– A ver. ¿Javier? Jorge, eso Juan. A ver Juan. Esto es algo muy importante y lo sabes. Es tú trabajo, trabajas para nosotros. No para el partido pero somos tus clientes. ¿tus mejores clientes? Es casi más importante que lo que tuviste que hacer en Suiza.
En el mundo digital, no existe el borrar. Lo explicaste. Los datos que hay grabados en los discos no se borran. ¿Verdad? Técnicamente no existe el borrar, los archivos se marcan como borrados pero realmente no se borran nunca.

Si, así es. No se pude borrar nada realmente en informática. Es un engaño que utilizan los sistemas informáticos en todo el mundo. La gente sabe leer. Lee «Borrar archivo»  y entonces aprieta al botón de borrar pero no piensa y se dice, pone borrar, pues borrado está. Cómo la gente ya sabe leer pues no piensa. Pero es algo tan sencillo como que simplemente el archivo o archivos que se quieren borrar el sistema operativo los marcan con la casilla de libre. La zona en la que están los archivos borrados puede ser utilizada de nuevo. Ya está. Por eso es tan rápido. Nunca se borra nada.  Y más tarde o al cabo de unos días si guardas un archivo, otro cualquiera, es posible que se guarde en aquella misma zona marcada como libre. Con lo que más que borrados están sobrescritos.

-Pero, tú mismo dijiste que es posible que siempre queden zonas marcadas como borradas en las que nunca se escriba nada. Y como estamos hablando de miles de apuntes contables sigue siendo posible que miles de esas zonas, con millares de apuntes contables, pudieran ser recuperadas.

Así es Señora.

– No me llames Señora, llámame Lola.

……

– ¿Has visto cómo preste atención? También recuerdo que explicaste que incluso formateando los discos duros del contable, no podemos estar seguros de que puedan ser recuperados ¿Es así?

Cierto, cierto. Ni formateando ni con el sistema Zero Fill podemos estar seguros. La policía tiene peritos informáticos muy buenos y podría recuperar esos datos. Muchos de ellos, quizás no todos, pero si una cantidad considerable.

– Pues ya está…, ¿Javier?, Juan, perdona. Si es necesario, en la vista oral dices que fuiste tú mismo quién rompió los discos duros del contable…y le enseñas los bíceps que tienes. Con ese cuerpazo que tienes, quién no se lo va a creer.

….Gracias Señora, Señora Lola. Lola

– De nada. Haces un favor al partido y evidentemente todo esto tendrá su recompensa. Ya lo sabes.

Pero si yo ni entro ni salgo. Hago lo que me manden. Lo único que digo es si no podemos decir que hemos utilizado un programa sofisticado para hacer algo así. Mi padre está muy orgulloso de mí. Le costó darme una carrera y presume ante sus amigos de que su hijo trabaja llevando la informática del partido que está en el Gobierno. Ahora imagine cuando se enteré que su hijo trabaja casi de herrero. Rompiendo los discos duros a martillazos.

– Tu padre no tiene que enterarse de nada. Ni tu padre ni nadie. La enana menos todavía. Y no digamos el Señor X. De los detalles me encargo yo.

Perdone, ¿también hay un Señor X en este partido?

-Si, claro Javier. En todos los partidos, que quieren gobernar, siempre hay un Señor X. O Señora, que nunca se sabe. Bien,  a lo que vamos. No te puedes salir del guión. Se deben romper a martillazos. Es lo que debes decir. Que los rompiste a martillazos. La gente sabe que por seguridad estas cosas se pueden hacer. Esto es España, un país moderno y nosotros trabajamos en el partido con las mayores normas de seguridad y de calidad. ¿Alguien deja el puesto en el partido?, pues nosotros, el partido,  !zas! se carga a martillazos el disco duro y hasta la grapadora si hace falta. Menudo somos.

No crea…No creas Lola. La gente no tiene ni idea de informática. Les dices que los discos duros del partido han sido borrados con un software israelí que cuesta millones de euros y se quedan tan anchos. Se lo creen. El nivel del país es bajillo, muy bajito.

-¿Sí? No me digas eso Javier Juan. Hacemos unos esfuerzos muy importantes en materia educación. Al menos José Ignacio hablaba mucho de las inversiones en educación y  del Barón ya no te cuento. Yo no estoy muy al tanto; ando todo el día con la Legión cabra arriba cabra abajo pero en materia de educación somos puteros.

…….

-¿No? , bueno, en cualquier caso, será por culpa de las autonomías. Cómo tienen las competencias en educación.

No, no qué va. En Catalunya tampoco  saben. A ver, no saben nada pero en catalán. Igual que en el País Vasco. No sabemos nada de nada pero cada uno en su lengua.

-Jorge, me tengo que marchar. ¿Tienes alguna duda más? El contrato lo tienes listo para firmar. El de confidencialidad y el de la plaza clase A17 en la Comunidad….Además del A3, del coche, digo. Por otra parte piensa que la Fiscalía retirará los cargos contra el partido una vez el tesorero haya retirado la denuncia que él mismo puso contra nosotros para presionarnos. Ya hemos negocidado y llegado a un aucerdo. Finalmente se aplicará la Doctrina Botín y todos tan contentos.

Pues muchas gracias Señora.

– ……?

Perdón, perdón. Muchas gracias Lola. Ya me llamarán entonces para ir a declarar ¿no? Con un poco de suerte quizás no tenga ni que ir ¿verdad? O lo mismo lo puedo hacer por skype…Bueno, por pedir…. Algo moderno Señora, se lo ruego, una declaración jurada por plasma, por ejemplo. Mi padre se sentiría menos avergonzado.

– En unos días sabrás algo. Por eso no te preocupes, primero debemos hablar con el juez y con el fiscal, luego pedimos la retirada de la denuncia. Bueno, nosotros no, el fiscal. Hacemos nota de prensa, la sacamos coincidiendo con alguna cosa de los polacos y ya está.

-Qué tengas un buen día guapetón. ….., ….., Nadie en el Tercio sabía…..

Adiós, adiós…Señora
Joder.

(Ya lo decía mi padre. Si naciste para martillo….)

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El ciempiés anárquico

Daniel de Cullá. LQSomos. Enero 2018

El joven estaba en unas condiciones tan particulares que se sentía en una espiral de Libertad, pues se le oía cantar en la bañera a los Policlados, los Nemertinos, los Poliquetos, los Gasterópodos y los Lamelibranquios, en una manera rotativa y orientada a una inclinación de 45º respecto al eje de sus nuevos.

A la segmentación de sus huevos, le seguía la diferenciación de las hojas de lecturas a las que había dado gran importancia, pues en su concepto eran hojas germinales o embrionarias de Paz y Amor. Había hecho una ordenación epitelial de las mismas y las había puesto anillas, construyendo una especie de ciempiés de papel.

Eran hojas arrancadas a textos de Sebastián Faure, Proudhon, Godwin, Rousseau, Stirner, Bakunin, Kropotkin, Nietzsche, Voltaire, Oscar Wilde, Baudelaire, John Henry Mackay, Eliseo Reclus, Malatesta, Benjamín Tucker, Francisco Ferrer, y otros, basadas en una esquematización teórica.

El joven se reía muy inocentemente pues decía que los esbozos de las hojas eran esbozos presuntivos de inocencia o blasfemias bellas antes de individualizarse independiente de sus libros en los que se sentía comprendido. Además, las había pegado con liga de paz y libertad, o goma arábiga.

Le estuvo bueno, porque un día que fue a visitar el lugar donde estuvo la choza del libertario “Seis dedos”, en Casas Viejas, Cádiz, donde murió acribillado a balazos por los defensores de la burguesía felona y criminal de entonces, se encontró con un ciempiés de anillas rojas y negras que no habían perdido valor y que estaban ligadas a la derivación de su sensible cuerpo.

Le llevó a casa y le metió en un frasco de cristal, de esos que usa su madre para guardar conservas de tomate, pimientos en tiras y bonito, sin decir en casa las maravillas que se le atribuían al rojinegro ciempiés, aunque esto le hubiera costado mucha sangre y las tierras de la Península estuvieran llenas de tipos anarquistas en sus estadios de segmentación donde fueron asesinados y acribillados.

Un día, de tanto repetirse dentro del frasco el animalito, y dejada la tapa abierta por el muchacho, se salió del frasco y se fue por los cerros de Úbeda, en simetría bilateral, a lo largo del eje longitudinal de su cuerpo en metamería de paz y libertad. La madre que lo vio y le encontró, asociada a la dinámica de la tradición con olor a orín rancio de yegua preñada e incienso de oración nocturna, le cogió y le clavó un candado en su tierno cuerpo afectándole todo su sistema orgánico, en particular el esquelético, muscular, nervioso, circulatorio, excretor y reproductor.

Cuando el joven llegó a casa, una vez salido del colegio, la madre le cogió por banda y le echó una bronca de órdago, indicándole que los seres humanos se dividen en ricos y pobres, poderosos y esclavos; que la represión se agrupa en unidades de élite que defienden a los reyes, césares y dictadores.

Que el señor que guarda la viña, y para meter, a diario, más miedo, tiene en la mano un hacha grande, esa misma hacha que responde a las características de la vida diaria y la miseria del espectáculo.

– Acuérdate hijo mío, le dijo, tú que eres mi primara joya de prole precoz que al salir del cuerpo materno ya iniciaste una vida autónoma difiriendo mucho de los demás que son animales en desarrollo e ineptos, cuando, por vivir y pensar libremente, un día que te tocaste la pilila para hacerte una masturbación, vino tu padre, que fue pastor y, después de esos verderoles que cantara García Lorca, con una hacha, y le hizo una raja a tu cerdito hucha, porque tenías dibujada en su jamón una (A) anarquista.

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Sapo mostrenco barbudo

Daniel de Cullá. LQSomos. Enero 2018

Era un país de “Tócame Roque” donde gobernaba un tal “Pejerón” parecido a aquel bufón de los Condes de Benavente, fresco, robusto, bien conservado, listo y sagaz y al mismo tiempo algo pillo y maleante por el empeine del pie; labihendido en alguna parte de sus morros.

Su bandera era amorronada (bandera morrón).

El pueblo subyugado y sumiso con unas costillas un tanto achatadas, de cuyos bordes o de ambos salían unas como púas o dientes más o menos finos y menudos, entre los cuales se hacía figurar la Pasión de Jesucristo entre una carda de Cruzada, al fin y al cabo un instrumento de tortura, le conocía como el pejemuller, pejepalo, pejerrey, pejesapo, pejeángel, pejearaña, pejediablo y algunos otros.

Calzaba zapatos de siete leguas talla 155, que le llevaban por los Cerros de Úbeda montado en una yegua tan trotona como falsa a la que llamaban “Caracandao”. Mula rastrera que largaba sus juanetes en las puntas del morral del que salían páginas de una constitución boliche cuando el viento era flojo y de popa.

Según las encuestas de personajes adivinos y gurús, la mitad de su población era holgazana, majadera, imbécil, sinvergüenza, chupatintas de condiciones despreciables a juicio de las putas; mientras la otra mitad, la de los del laboreo, que a veces le iba a la morra, a golpes con la población holgazana, era un pueblo de morondonga, de escarnio para sí mismo, que quiere despreciarse, pues sabe que no tiene otro destino que el de obedecer, estar avasallado y recibir hostias a mansalva.

Este pueblo trabajador, incluido el desahuciado, el sin papeles, metido en un novelucho de morondonga, parece feliz, pues tiene una parte carnosa en el pescuezo que los curas bendicen en las iglesias, y su vahído o vértigo son oración y salmo salidos de sus hocicos abultados, queditos y sin hacer ruido.

La felicidad era bebida, chupada a lo morroncho: mansa, apacible, suavemente. Las vírgenes gobernaban los Ayuntamientos, mientras los ediles decretaban sobre esterillas, haciéndose los mortecinos, lo mismo en sentido material que espiritual.

La foto del sapo mostrenco barbudo, descendiente de los Condes de Benavente, el “Pejerón”, cansado, laborioso, penoso, dominaba la pared principal del Pleno, así como los curatos y algunos monasterios.

Al pie de la sala había un mortero grande que se usa para calentar con ascuas, en tiempo frío, la acción de mortificarse los ediles, domando sus pasiones, y refrenando sus malos instintos sometiendo el cuerpo a asperezas y malos tratos; a veces, sacudiéndose las chispas que salen del fuego.

Liberarse de ese cuadro, que mortifica o desazona, era un deseo de algunos que se llaman “oposición”; pero que están en babia, atando moscas por el rabo; mientras los “otros” cuentan cada una de las doce plumas que tiene el ave de rapiña a continuación de las aguaderas; en este garito o peladero, desde donde se gobierna haciendo trampas y fullerías, y se escalda al pueblo para pelarlo.

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Cabezas cuadradas

Daniel de Cullá. LQSomos. Enero 2018

Junto a la Vida, veo pasar muchos cabezas cuadradas; algunos, son pocos, tienen cabeza de pepino o de balón de rugby. Me dicen que éstos últimos son gente encumbrada, adinerados por una forma particular de asociación entre individuos de la misma sangre, o por desangrar al pueblo, sacando ventajas de sus vidas miserables causándoles, si es preciso, el mayor daño.

Mía un gato junto a mí, y me acuerdo de esa Simbiosis entre actinias y un ermitaño (Pagurus striatus), de la Guía del Acuario de Nápoles, advirtiendo que nuestra simbiosis es idéntica, casi igual. Nuestra asociación de vida está constituida por dos animales: el ermitaño: el que embauca, el que miente, el que inmatricula, el que roba, el que maltrata, viola o mata; y la actinia, cual gato o gata que recuerda de buen o mal modo que le den su porción en el banquete de masa vegetal de hidras y zooclorelas, algas y hongos sometidos, domesticados; todos con cabeza cuadrada.

¡Zape allá! es la respuesta, cuando la asociación resultante es más ventajosa para el ermitaño, pudiéndose hablar de dominación, dictadura, con la que el crustáceo se aprovecha ofreciendo capsulas de libertad urticantes para la actinia: huelgas, manifestaciones, dejándoles ir para cebarles con el vicio y, después enmascararlas y disfrazarlas, aprovechando los celentereos su dominación y volverlas contra ellas, las actinias, haciéndoles cantar sin pito al rey de España o al señor de Gran Canaria.

Voy a mear, y veo cabezas cuadradas; voy a acostarme, y veo cabezas cuadradas; voy a peer, y veo cabezas cuadradas; voy a cagar, y veo cabezas cuadradas. Y sus cabezas cuadradas vienen desde muy lejos. Desde que estudiamos en Cátedras de Rebuznos, en Conventos, Seminarios y Colegios de la Caña de la Doctrina , el Palo y Tente Tieso, nuestros padres no supieron engendrar más que cabezas cuadradas, enviando a sus hijos a conchas de Bellas Artes o Letras, de Humanidades o Filosofía donde comer de los residuos de la comida del profesorado.

Nada más recordar una pequeña anécdota: cuando el profesor o profesora nos ordena comprar un blog de hojas, siempre nos ordena que sea con cuadriculas. Así no es raro ver cómo logramos nuestra traza, trabajo y diligencia como las Zooclorelas, Clorofíceas, Actinias Radiolarios, Zooxantelas, Criptomonadinas, todos pareciendo acertar y ganar, sin darnos cuenta que hemos salido con daño y pérdida, pues quedamos obligados a someternos a las substancias orgánicas y al oxígeno del ermitaño. Verificándose, igualmente, esa simbiosis como la del cangrejo Dromia vulgaris y la esponja Suberites domuncula, parecida a la que se da entre los ejércitos y la Iglesias todas que lo enmascaran.

Vivimos, queramos o no, entre grandes ruinas y restos de haber sigo grandes ciudades e inmensos rebaños, como las Bacterias y Ciliados, en el tubo digestivo del Capital mamífero herbívoro, y parece que siempre será así porque nuestra digestión es como la de los Flagelados que necesitan los termes, los embustes y las mentiras: el comensalismo de la Política y la Religión como el de los Insectos mirmecófilos que viven en los hormigueros (Lomechusas, Termitoxenias).

Pero algunas veces, muchas, todas, estos comensales, que nos invitan, pueden resultar dañinos por consumir las reserva alimentarias o las reservas de las pensiones de nuestros mayores; pero esto no parece importarle muchos a las larvas que nos habitan, pues vemos cómo, cual hormigas golosas de las secreciones azucaradas de los ricos mantenemos a los Áfidos, o pulgones, que nos dominan y reprimen.

Las hormigas, como las Berenjenas de Almagro, son un referente a nuestra especie. Por ejemplo: la Formica sanguínea captura individuos de otra y los reduce a la esclavitud, llegando hasta el caso límite de hoy día en que toda la sociedad está constituida por una población de esclavos dominados por una reina, rey o dictador de especies diferentes, de cabeza de pepino o balón de rugby tirando a cuadrada.

Hay otro ejemplo de comensalismo, y este es el de la polilla Galleria mellonella, parecida a la Curia vaticanal que se sustenta de cera y de miel hecha con el vil metal del dinero. Algunas especies se aprovechan como inquilinos, y vienen a pedir a las jóvenes universitarias que no aborten y recibirán dos mil euros como recompensa, diciéndoles:

-Pare, hija, que la vida le da.

Respondiéndoles ellas:

-Bercicas las engendro yo, que berzanganas no.

Estas especies de ermitaños inquilinos típicos son, como los acuáticos que se sujetan en los cuerpos de otros: tal los Cirrípedos, los Poliquetos tubícolas.

Cuando me levanté del sitio donde estaba sentado, advertí que lo había hecho yo no sé si sobre el escudo de una tortuga marina, sobre la piel de un Cetáceo, o sobre el exosqueleto de un Crustáceo. Lo cierto es que me miré en el arroyuelo de agua cristalina de al lado, reflejándose mi cabeza cuadrada justo al lado de un pececillo que me pareció el Fierasfer, que vice en la cloaca de las Holutorias; las cloacas del Mundo.

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El año verde

Redacción. LQSomos. Enero 2018

“El año verde” es uno de los quince cuentos escritos por Elsa Isabel Bornemann, publicados en 1975 y que se integran con el título “Un elefante ocupa mucho espacio”.

En octubre de 1977, gobernando Argentina Jorge Rafael Videla, bajo un régimen terrorista y genocida, ésta publicación fue prohibida, como tantas cosas en esa infame época de la historia llena de asesinatos y desaparecidos, de censuras y prohibiciones…

Ahora que abrimos enero de un nuevo año, no nos hemos resistido a publicar este cuento. Os animamos a abordar su lectura:

El año verde, de Elsa I. Bornemann

Asomándose cada primero de enero desde la torre de su palacio, el poderoso rey saluda a su pueblo, reunido en la plaza mayor. Como desde la torre hasta la plaza había aproximadamente unos setecientos metros, el soberano no puede ver los pies descalzos de su gente. Tampoco le es posible oír sus quejas (y esto no sucede a causa de la distancia, sino, simplemente porque es sordo…).

– ¡Buen año nuevo! ¡Que el cielo los colme de bendiciones! –grita entusiasmado, y todas las cabezas se elevan hacia el inalcanzable azul salpicado de nubecitas esperando inútilmente que caiga siquiera alguna de tales bendiciones…

– ¡El año verde serán todos felices! ¡Se los prometo! –agrega el rey antes de desaparecer hasta el primero de enero siguiente.

–El año verde… –repiten por lo bajo los habitantes de ese pueblo antes de regresar hacia sus casas

– El año verde

Pero cada año nuevo llega con el rojo de los fuegos artificiales disparados desde la torre del palacio… con el azul de las telas que se bordan para renovar las tres mil cortinas de sus ventanas… con el blanco de los armiños que se crían para confeccionar las puntosas capas del rey… con el negro de los cueros que se curten para fabricar sus doscientos pares de zapatos… con el amarrillo de las espigas que los campesinos siembran para amasar –más tarde– panes que nunca comerán…

Cada año nuevo llega con los mismos colores de siempre. Pero ninguno es totalmente verde… Y los pies continúan descalzos… Y el rey sordo.

Hasta que, en la última semana de cierto diciembre, un muchacho toma una lata de pintura verde y una brocha. Primero pinta el frente de su casa, después sigue con la pared del vecino, estirando el color hasta que tiñe todas las paredes de su cuadra, y la vereda, y los cordones, y la zanja… Finalmente; hunde su cabeza en otra lata y allá va, con sus cabellos verdes alborotando las calles del pueblo:

– ¡El aire ya huele a verde! ¡Si todos juntos lo soñamos, si lo queremos, el año verde será el próximo!

Y el pueblo entero, como si de pronto un fuerte viento lo empujara en apretada hojarasca, sale a pintar hasta el último rincón. Y en hojarasca verde se dirige luego a la plaza mayor, festejando la llegada del año verde. Y corren con sus brochas empapadas para pintar el palacio por fuera y por dentro. Y por dentro está el rey, que también es totalmente teñido. Y por dentro están los tambores de la guardia real, que por primera vez baten alegremente anunciando la llegada del año verde.

– ¡Que llegó para quedarse! –gritan todos a coro, mientras el rey escapa hacia un descolorido país lejano.

Ese mes de enero llueve torrencialmente. La lluvia destiñe al pueblo y todo el verde cae al río y se lo lleva el mar, acaso para teñir otras costas… Pero ellos ya saben que ninguna lluvia será tan poderosa como para despintar el verde de sus corazones, definitivamente verdes. Bien verdes, como los años que –todos juntos– han de construir día por día.

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Sí, al fin se armó el belén

Daniel de Cullá. LQSomos. Diciembre 2017

Porque al fin de cada día, el padre Dámaso esto les quería decir a su esposa Gloria y a sus tres hijos que intentaban poner un belén “como dios manda”, y conseguir el premio que les había prometido, que era el traer un pavo para cenar en esta fiesta principal de Navidad, sin saber que una paloma, que tenía su nido en el corral donde esperaba el pavo a que le llevaran de fiesta, le dijo que no se dejara coger y escapase, pues se le llevarían a casa y que, bien asado, se le comerían. El pavo compadeciéndose de ella, pues tenía envidia de que no la llevaran como a él de fiesta, le aconsejó que volara alto y que no bajara al suelo, pues el cazador aprovecha el momento de su ausencia para robarle los pichones del nido, que son, también, un buen manjar para estos días. El pavo le dijo que no tenía miedo, pues, donde él iba, era a una casa de beatos, y para distraer a los hijos; que sabía de cierto que no le arrancarían las plumas ni le troncharían la cabeza, porque le había oído decir a la señora de la casa:  “Que al pavo y al cura por Navidad se les busca”.

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El gato fascista y la liebre democrática

Daniel de Cullá. LQSomos. Diciembre 2017

Recordando el libro “La Constitución del monarco-fascismo” de Rafael Bosch

El ataque de raposos a jóvenes insurgentes y rebeldes es constante y permanente, sabedores de que la raposa, cuando no halla qué comer, busca grillos, ocupándose de cosas rateras, pues tienen necesidad de perseguir a raperos, titiriteros, twiteros, blogueros, diciendo que, en su democracia, éstos viven sin provecho, y que hay que meterles en talego y tronchar sus cabecitas, por el simple hecho de ser jóvenes y bellos.

No hay más a quien odie la raposa fascista o democrática que a la Juventud que se siente libre, rebelde, y canta, por el hecho de ser jóvenes, dándose, los raposos, las buenas pascuas, o noches, entre ellos, cuando, los jóvenes metidos en jaulas, los raposos cantan: “que los raposos y los zorros vamos a grillos, los curas a cardillos y el pueblo sumiso que se pregunta a cómo andamos de mes, que se joda” es que esto no tiene vuelta de hoja, y los lobos con cabeza de corderos, salidos de bancadas, vienen echando suertes a ver a cual joven, que no lleve la cruz gamada, le toca.

Los raposos, los zorros y los lobos con careto de corderos, les tienen ganas, pues ganan mucho con el oficio y, cuando ven a jóvenes pasar por su puerta, toman sus herramientas con deseos de amolar, deseando arrastrar a las chicas de las tetas, como muchas veces han hecho, y se ha visto con las Femen y Riot; y a los chicos de los huevos, como tantas veces han hecho, mientras sus perros olfateadores y sus perritos de los porros despiertan en sus camas.

Cuando el joven o la joven les dicen:

-No les temo a ustedes, ni al trujillano juez, ni al carcelero de los hierros, tan sólo me duelen el dolor y daño que hacen a mis padres y familia con su sonrisa con dientes como puntas de navajas y el desprecio constante que hacéis a la Libertad y el Libre Pensamiento, además de que, cuando nos habláis de Justicia, siempre nos salís con la misma cantinela:

-Fiaos de jueces prietos, condecorados con muchas cruces al mérito; chocaréis con el diablo del Gobierno. Cuando estéis en el Talego, no hallaréis quien os de la boleta, aunque tengáis el deseo de volver al redil, donde os marquen la cruz gamada en la punta del capullo, y de que os confiese y absuelva aquel padre Baena, ese estúpido pedófilo que absolvía con facilidad y sin escrúpulo, como un Pontífice, en la cárcel de Carabanchel, sin ayudar en nada.

-Además, allí en el Talego, probaréis del manjar que comen la gente de alta alcurnia y los barones: gato fascista por liebre democrática. Cosa rica y curiosa, bien adobada por raposos, que llevan una cruz gamada que bien les luce, como anillo o argolla de oro en nariz de puerco o puerca.

Qué pena da el ver a los raposos mandamases y a sus guardianes, alegrarse y celebrar el “a por ellos” de sus bandas sacro fachas, que van y vienen hozando calles y sembrados, saltando arroyuelos destruyendo placas recordatorias de asesinados republicanos en cunetas y loberas, y cantando, como cantan represores y tiranos:

-Jóvenes rebeldes, insurgentes, queremos vuestra pellica para hacernos una zamarra de fascismo o democracia.

#LIBERTADLAINSURGENCIA
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