Carlos Olalla*. LQSomos. Diciembre 2017

Son cientos de miles, están en todas partes, no conocen fronteras, algunos llevan mucho tiempo lejos, otros poco, ninguno lleva maleta o equipaje, todos han dejado una vida atrás y un millón de sueños por cumplir… son los desaparecidos, los desaparecidos de Argentina, Chile, Guatemala, Colombia, Perú, El Salvador, Iraq, Camboya, Bosnia-Herzegovina, España… son los desaparecidos a los que un fotoperiodista, Gervasio Sánchez, busca desde hace más de 30 años. Ha dedicado su vida a fotografiar a los ausentes, a los que sufren, a los que quedan, a los que aparecen, a los que ya no están… Pocos toman partido como él, partido por las víctimas, por los perdedores, por los que intentan seguir adelante, como los familiares de esos desaparecidos, como los niños soldado, como las víctimas de las minas antipersona y las bombas racimo, como las mujeres afganas… El dolor le enseñó a fotografiar, el sufrimiento le dio el blanco y negro, y las lágrimas la luz… Ha recorrido el mundo para que abramos los ojos, para obligarnos a mirar, para enseñarnos que cuanto más cerca estás de las víctimas, más cerca estás de la verdad, para recordarnos que la dignidad es lo que importa y que ni una sola vez ha escuchado la palabra venganza frente a una fosa abierta. Gervasio Sánchez ha fotografiado al que ya no está, al desaparecido, y lo ha hecho mostrándonos su ausencia, el vacío que dejó a su alrededor, el profundo dolor de quienes le perdieron, los escasos objetos que quedan de su paso por este mundo. Frente a los que intencionadamente han negado el reconocimiento incluso en el momento final, el de la muerte, sus fotografías se elevan como gritos en el silencio, como desgarrados cantos de dignidad y esperanza.

Cordobés de nacimiento, no tardó en ir a vivir a Barcelona, donde estudió periodismo. Eran los años 80, los años en los que aún creíamos que podíamos cambiar el mundo. Un anuncio en un periódico le abrió los ojos y cambió su vida para siempre. Era de Amnistía Internacional. Allí descubrió la realidad de América Latina. Los informes que cayeron en sus manos hablaban del horror y la muerte, de la crueldad sin límite. Y él fue allí para vivirlo en primera persona: “Era un joven estudiante de Periodismo en enero de 1983 cuando entré a formar parte de un grupo de adopción de Amnistía Internacional en Barcelona. Su responsable me ofreció encargarme de Centroamérica y me dio dos informes gigantescos sobre las violaciones de los derechos humanos en Guatemala bajo la dictadura del general Efraín Ríos Montt y en El Salvador, que vivía en plena guerra civil. La lectura de aquellos papeles, repletos de hechos difíciles de imaginar por la mente más retorcida y sádica, cambió radicalmente mi visión del periodismo y me convenció de la necesidad de recorrer este mundo, tan poco amable con millones de personas, con la intención de documentar los dramas humanos. La primera vez que viajé a Guatemala, en octubre de 1984, quise realizar un reportaje sobre los desaparecidos. El país vivía la etapa más oscura de su sangrienta historia y puedo dar fe de que daba miedo trabajar como periodista y fotógrafo. La primera vez que viajé a El Salvador en ese mismo mes de octubre sentí algo parecido. El país se enfrentaba a las primeras negociaciones de paz entre el gobierno y los grupos guerrilleros. El sueño del fin de la guerra parecía cercano. Pero la paz se firmó ocho años después, a principios de 1992. Me encontré una situación brutal en Guatemala donde habían ocurrido unas matanzas de campesinos entre 1982 y 1984 de las que todavía hoy se realizan exhumaciones. Daba miedo trabajar y una persona de confianza me dijo: “No te metas en estos temas que aquí te van a matar”.

A aquel viaje le siguieron otros más al sur: Chile, Argentina, Perú, Colombia… para encontrar que en todos los países la barbarie es idéntica, los procesos los mismos, la sinrazón exacta. Y ese viaje lo simultaneó con otros dos: el de los lugares y el suyo interior. El viaje por los lugares le llevó a los sitios donde se habían producido las detenciones, a los centros de internamiento donde los detenidos habían sido salvajemente torturados o asesinados, a los recuerdos que habían dejado en manos de sus familiares, a las fosas donde años después aparecieron algunos cuerpos, a las exhumaciones, a las bodegas donde fueron almacenados los restos durante su proceso de identificación, y a las inhumaciones finales en las que las víctimas pudieron enterrar a sus seres queridos. El viaje interior, a llegar hasta lo más hondo de su corazón de la mano del dolor de las víctimas y a encontrar que su lugar en el mundo estaba junto a ellas: “Vivir entre las víctimas te da otra perspectiva porque acabas conociendo sus espacios mágicos, sus secretos mejor guardados, sus sueños inconclusos. Si no sufres el dolor, el grito de las víctimas, su digno silencio, ¿cómo puedes transmitir el drama con decencia, cómo puedes intermediar entre el dolor y el olvido, el horror y la banalidad? El drama de los desaparecidos atraviesa toda mi vida profesional. Es el proyecto más duro al que me he enfrentado y tengo la convicción de que el dolor de las víctimas ha dejado profundas secuelas en mi interior. Podría decir que parte de mi vida también ha desaparecido durante su realización”.

Gervasio Sánchez se pagó la carrera de periodismo trabajando como camarero. Lo hizo durante 17 años, hasta que pudo vivir de su trabajo como fotoperiodista. Aprendió a fotografiar por su cuenta, en la carrera no existía ninguna asignatura que pudiera enseñarle a hacerlo. Al principio sus fotografías eran en color pero la dificultad técnica le hizo decantarse por el blanco y negro que era más inmediato y, sin duda, mucho más poético: “A partir del momento en que empiezo a trabajar en blanco y negro, especialmente desde Sarajevo, se percibe una mirada distinta; me empieza a preocupar menos lo evidente de la guerra: los heridos, los muertos, la sangre, y me intereso más por mostrar el sufrimiento, el impacto de la guerra sobre los civiles y cómo sobreviven y se comportan en medio de la tragedia. Tuve la suerte de encontrarme con los mejores fotógrafos de la época: Nacthtwey, Salgado… fotógrafos muy conocidos que cubrían conflictos para revistas americanas con mucho prestigio y, observándolos, hablando con ellos, mostrándoles mis imágenes y recibiendo sus severas críticas en algunos casos, fui aprendiendo. Hasta que un día el gran fotógrafo francés Gilles Peress, que trabajaba en la agencia Magnum, me dijo que si quería ser alguien en el mundo de la fotografía tenía que contar las cosas desde un punto de vista personal, tenía que buscar una manera propia de mirar. También me aconsejó que utilizara el blanco y negro. A medida que iba experimentando iba obteniendo imágenes que me podían interesar. Por ejemplo, cuando hice el cerco de Sarajevo todo eran fotos de vivos, eso fue en su momento muy arriesgado, porque la gente quería ver los muertos, las bombas”.

Esta aproximación, hermanamiento con las víctimas, es uno de los factores que diferencia su trabajo del de la mayoría de los demás fotógrafos. Nunca ha robado una foto, jamás ha buscado el sensacionalismo o provocar la emoción fácil, sino que ha fotografiado a las víctimas como si fueran su propia familia, se ha implicado con ellas, ha convivido con ellas. Conoce cada historia personal que hay tras los rostros que ha fotografiado. Su forma de abordar los temas es radicalmente diferente a la que podríamos imaginarnos desde fuera: no busca la inmediatez o la actualidad, sino la autenticidad y la verdad. Gervasio regresa a los sitios cuando ha pasado el tiempo para ver cómo están las personas a las que vio sufrir, aquellas con las que compartió su dolor. Por eso nos cuenta lo que hay detrás de las guerras, lo que queda cuando los demás se han ido, el regreso a la cotidianidad, al enfrentarse al vacío de la ausencia. Por eso sus proyectos son a largo plazo y duran años: El de “Desaparecidos”, duró más de doce años, y “Vidas minadas”, en el que recoge la tragedia de las consecuencias de las minas antipersona, le llevará 25 años ya que él vuelve a visitar a las víctimas cada cierto tiempo, las fotografía y retrata su lucha por la supervivencia a través de los años: “Vidas minadas es el proyecto más esperanzador porque los chavales con los que he trabajado han estado entre la vida o la muerte, sufrieron amputaciones, les vi crecer y los sigo viendo crecer. Empecé el trabajo en 1997, la última parte la presenté en el 2007 y la siguiente parte la voy a presentar en 2022, el 25 de noviembre de 2022, y se llamará ‘Vidas Minadas -25 años’ con los mismos personajes. Sigo volviendo a esos sitios, sigo acumulando fotografías en blanco y negro. Me quedo con los protagonistas. Hay personas que han permitido que me metiese en sus vidas, a fondo, que retratase sus vidas porque creían en lo que estaba haciendo, cuando he llegado a los sitios siempre les explico a los protagonistas, a los familiares, para qué sirve mi trabajo, siempre pido permiso para trabajar, aunque tenga un papel de una institución que me permite ir con ellos, quiero que se involucren. Vale la pena trabajar por la generosidad con la que me han tratado los protagonistas de mis historias, personas que han visto desparecer a sus familiares y que han sufrido muchísimo, me han permitido entrar en sus casas y documentar sus momentos más íntimos”.

Gervasio Sánchez es consciente de que hay guerras de primera, guerras de segunda, y guerras que jamás aparecerán en nuestros medios de comunicación, y él las cubre con independencia de si su trabajo podrá llegar a publicarse o no, porque es consciente de que “una guerra sin cubrir es todavía más violenta para las víctimas civiles, la única verdad incuestionable de un conflicto armando… hay guerras olvidadas y guerras mediáticas. Estas últimas interesan a Occidente, si en una guerra no está implicada una potencia no interesa. En África hay muchos conflictos que no se tocan, porque a los países que tienen el control de las materias primas como diamantes, petróleo, etc. no les interesa que haya información; cuanto más bajo sea el perfil, mejores negociaciones hacen ellos. ¿Por qué una petrolera tiene mejor relación con un dictador que con un demócrata? Muy fácil, porque con un demócrata tienes que pactar una concesión mientras que al dictador lo sobornas por mucho menos. Los grandes poderes fácticos no están interesados en que estos temas aparezcan, porque si hablas de determinados conflictos y determinadas hambrunas tienes que hablar de quién está detrás de ellos y van a aparecer todas estas multinacionales”.

Colaborador desde sus comienzos del Heraldo de Aragón, Gervasio Sánchez solo trabaja con quien respeta su trabajo y, sobre todo, a las víctimas a las que retrata. Por eso la editorial que ha publicado la mayoría de sus libros es la misma: Blume. La calidad de su trabajo y la forma de trabajar los temas que aborda ha hecho que sus fotografías hayan pasado de publicarse en periódicos a colgar en las paredes de los museos. El proyecto “Desaparecidos” es una clara muestra de ello ya que partió de la iniciativa de un museo, el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (MUSAC), que organizó una exposición simultánea en tres espacios, el propio MUSAC, La Casa Encendida en Madrid, y el Centre de Cultura Contemporánea de Barcelona. Para esa exposición, que reunía diferentes fotografías agrupadas en una estructura idéntica (Centros de detención, Memoria, Objetos, Búsqueda, Exhumaciones, Bodegas, Identificaciones e inhumaciones) Gervasio Sánchez incluyó, junto a las fotografías, vídeos grabados por él en los que, en silencio, recorre los espacios habitados todavía por la presencia del horror.

Su concepción del periodismo y del papel los medios de comunicación no admite medias tintas y es tremendamente crítico con la realidad del periodismo actual y el control de los medios de comunicación por parte de los anunciantes y los políticos: “Cuando yo tenía 20 años creía que el periodismo podía cambiar el mundo. Hoy, a mis 55, soy un periodista extremadamente crítico con mi profesión y tengo fama de ser bastante duro con el comportamiento de personas que están pisoteando los principios básicos del periodismo permanentemente. Es la catástrofe del periodismo español, la gran mayoría de empresas de comunicación están compradas por bancos, multinacionales. Ningún trabajo se ha publicado en ningún dominical sobre el ébola. Hay trabajos impresionantes y ningún medio de comunicación español se ha atrevido a publicar un domingo un reportaje de 10, 12 o 14 páginas. ¿Por qué? Porque las casas publicitarias presionan para que esos reportajes no vayan con sus anuncios. Las empresas periodísticas son cobardes y están siempre vinculadas al poder político y al poder económico. La mayor parte son negocios y han pisoteado los principios del periodismo manteniendo unas relaciones impúdicas con el poder político y económico, y el económico influye tanto que impone e impide que el reportaje del ébola se pueda ver un domingo. El domingo no es el día de importunar al ciudadano. En este país sólo se compran periódicos los domingos, podrían poner en la portada una franja que dijera “de tal página a tal página no lo mire usted en domingo, pero mírelo el jueves”. Los medios de comunicación se gastan lo que podrían pagar a un fotoperiodista por su trabajo en cenas y comilonas. No invierten en periodismo pero sí en comilonas. Sólo trabajo con medios que nos tratan con respeto a mí y a los protagonistas de mis historias, y he dejado de trabajar con medios por el mal comportamiento de algunos de sus directivos. Respeto por las temáticas, no puedo aceptar que en una reunión de un periódico, un director pueda decir que “está harto de temas de negros” y que nadie de los que estaban allí dijera nada. Ni que un periodista que trabaja en un medio haya cobrado de un partido político. Y esto ha ocurrido. La situación del periodismo es lamentable, el 95 % de los periodistas no tiene la culpa, son personas honestas, pero en muchos medios han echado a la calle a periodistas críticos con la línea editorial de los grupos de comunicación. Estamos saturados de mala información. Lo que ha hecho Internet es crear la ilusión de que estamos todos informados, pero lo que recorre Internet está compuesto de refritos de refritos. Si realmente se hiciera periodismo todos los medios de comunicación deberían tener un periodista en Afganistán o en Siria, lo rentabilizarían incluso explotándolo: haciendo periodismo literario, periodismo en Internet, radio, televisión para Internet… ¿Cuánta gente tiene este tipo de periodistas? Ninguno…Uno de los vicios mayores de la prensa española es que la gente, sobre todo joven, habla más de lo que les pasa a ellos que de lo que pasa, de la realidad de la guerra. Cada vez que utilizas un espacio para hablar de lo que te pasa a ti lo haces pisoteando el espacio que debería estar dedicado a la única verdad incuestionable de las guerras: las víctimas civiles. No me gusta nada que la gente se ponga etiquetas, como no me gusta nada que la gente me llame periodista comprometido. Yo soy periodista. Para mí el periodismo es compromiso… si fuese por el nivel de periodismo que hay en España, haría tiempo que habría dejado de trabajar de periodista”.

Los crímenes del franquismo, nuestros desaparecidos, no formaban parte inicialmente del proyecto “Desaparecidos”. Fue una observación que le hizo una periodista la que le hizo enfrentarse a él. Especialista, como se consideraba, en el tema de las desapariciones forzosas, no podía imaginar que aquí, en su tierra, la situación de las víctimas fuese una de las peores que hay en el mundo. Viendo el interés que hay por parte de ciertos políticos e instituciones en que no se hable del tema, viendo el cinismo con el que los políticos afrontan el tema de la memoria en España, se dio cuenta de lo equivocado que estaba y es entonces cuando añade el caso español a “Desaparecidos”: “Hasta hace dos años los desaparecidos españoles no eran un objetivo de este proyecto. El cambio de postura se produjo tras una entrevista realizada por una compañera de la agencia EFE a finales de 2008 coincidiendo con la inauguración de mi exposición Vidas Minadas 10 años en la sede de la UNESCO en París. Poco antes de finalizarla se interesó por mi siguiente proyecto. Apenas había empezado a explicarle que estaba documentando la tragedia de los desaparecidos cuando me preguntó: “¿En España?” Le contesté que nunca había trabajado en mi país, pero que el proyecto abarcaba casi una decena de países de tres continentes. Me quedé de piedra cuando me lanzó a bocajarro: “Me parece una excusa”. Intenté convencerla de la bondad de mi sistema de trabajo, pero ella no dio su brazo a torcer. Al concluir la conversación comencé a darle vueltas como sólo lo hacen las personas obsesivas como yo. Unos días después empecé a buscar contactos. Me entrevisté con responsables de las agrupaciones de familiares de desaparecidos en León, Madrid, Sevilla, Pamplona, Zaragoza, Barcelona y Tarragona. En pocos meses acumulaba tanta información que decidí incluir España como epílogo del proyecto. Documenté exhumaciones, identificaciones y entregas de restos a los familiares… ¿Por qué los guatemaltecos, los colombianos o los iraquíes son más valientes que nosotros? El derecho internacional obliga a que investiguemos. Frente a un número incalculable de desaparecidos, en España solo se han abierto 200 fosas comunes y se han localizado 5.300 cuerpos. Si el Estado niega seguir con este trabajo, está negando la democracia. Hay gente, mucha, que ha dedicado toda su vida a encontrar a sus muertos. Hasta que no encuentras a tus seres queridos, el luto no sigue su proceso natural y no se puede acabar. La vida se rompe… Cuando presenté la exposición el año pasado en enero dije textualmente que iba a dedicar los próximos años a trabajar en el tema de las desapariciones forzosas en España, porque sentía vergüenza de la clase política, que todos los partidos políticos están repletos de cobardes; han sido incapaces en 35 años de democracia de realizar un proyecto que sirviera para poner fin a este drama que afecta a miles de ciudadanos. Tanto PP como PSOE están repletos de cobardes, y partidos como IU, CiU, ER, PNV y otros partidos minoritarios estaban a la misma altura. Te pongo ejemplos. Fosas comunes donde había un alcalde socialista no se han abierto porque se negaba a hacerlo para no perder votos. IU ha ido cacareando por todas partes “abramos las fosas del franquismo” y en Córdoba han sido incapaces. Le dije al alcalde de Córdoba: “El alcalde de Málaga, que es del PP, se ha atrevido a abrir las fosas, a pesar de todos los problemas que ha tenido con su partido y usted, estando dentro de la verborrea del partido, no ha sido capaz”. Ha habido una falta de ética y moralidad absoluta. Se han pisoteado la memoria y los derechos de las víctimas y de sus familias. Además existe el peligro de que se convierta en un problema sin salida judicial ni política.”

Para Gervasio Sánchez su trabajo solo tiene un sentido: sensibilizar a la gente, abrirles los ojos, para poder desenterrar la memoria sepultada: “La gente que va a una exposición mía se puede emocionar frente a las imágenes, pero lo que importa es ¿qué hace después? si se deja arrastrar por una burbuja de mediocridad y consumismo. Ese es el problema. Siento un gran respeto por esa gente que viene a ver mis exposiciones o que compra mis libros. En mis conferencias soy muy claro: muestro las fotos tal cual. Luego se sale de la sala, vuelves a tu casa y ¿qué pasa? Si pasara algo, pero ¿si no pasa nada? He fracasado… Quiero que hagan ese viaje al dolor, que sean impactados por el dolor de las familias. A los jóvenes periodistas siempre les digo que si no están dispuestos a sufrir el dolor de las víctimas, no van a poder transmitir con decencia.” Una frase de Sandra Balsells, comisaria de “Desaparecidos”, resume, como pocas, la labor de Gervasio Sánchez y explica la razón por la que ha dedicado su vida a las víctimas y a los desaparecidos: “Cada fosa abierta es una herida cerrada”.

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