In time

De la máxima “El tiempo es oro” Andrew Niccol ha sabido explotar una certera analogía de nuestra época para escribir y dirigir el guión de esta película cuya originalidad pone de manifiesto con toda crudeza, el trasfondo existencial del capitalismo brutal en el que nos vemos inmersos, donde los más trabajan para los menos, siendo los desgraciados, la base material sustentadora de los privilegiados, en una ficción bien labrada que nada más presentarse al espectador, este no tiene dificultad alguna en reconocerla como real.

La trama, se proyecta sobre una supuesta sociedad en la que el envejecimiento biológico se detiene a los veinticinco años de edad, momento desde el cual, sólo le queda al sujeto – independientemente de su sexo, raza o posición económica – un año de vida, salvo que consiga más tiempo, trabajando, heredándolo, mediante favores o robándolo. La mayoría de la gente, vive literalmente al día con el estrés de que se le agote el tiempo en pocas horas, por lo que no dispone de margen para amarse, educar a los hijos, comer tranquilos, dormir lo suficiente…siempre angustiada por la falta de tiempo.

En esta situación, el comportamiento humano toma distintas direcciones: Los hay que asumen el statu quo con sus puntuales injusticias, como es el caso de los Guardianes del Tiempo que vigilan su correcto flujo entre las distintas zonas horarias para la buena marcha del Sistema, retrato milimétrico de la policía que custodia la propiedad privada fuera de las pantallas; Por supuesto, están quienes favorecidos por la circunstancia, cuentan con todo el tiempo del mundo computado por siglos y miles de años. Estos aparecen caracterizados como altos ejecutivos u hombres de negocios cuya filosofía justifica que “muchos han de morir para que haya algunos inmortales” pues el equitativo reparto del tiempo entre todos los Seres Humanos, no salvaría a nadie de una muerte más pronto que tarde, cosa que les anima, no ya a beneficiarse del Sistema que también a hacer cuanto esté en su mano para perpetuarlo. Los privilegiados habitan en una franja horaria muy cara en tiempo, donde un automóvil puede llegar a costar cincuenta años, a los hijos se les regala décadas y en los hoteles se dejan meses de propina, al objeto de imposibilitar de facto la indeseable filtración de pobres en tiempo. Los salarios son más elevados por lo que en proporción, la vida es más placentera comparada con la franja horaria de los desfavorecidos, sirva de botón de muestra que entre ellos abundan las familias con varias generaciones y caminan despacio, todo lo contrario de quienes son pobres en tiempo; Estos últimos viven contando los minutos que tienen para ir al baño o montar al autobús, forzados siempre a ir deprisa a todos lados siendo normal que la muerte de familiares y amigos les ronde cerca. Aunque todos sufren la situación mostrando su enfado, pocos saben o pueden actuar de modo eficiente para paliar su falta de tiempo, pues quienes controlan su tiempo, que casualmente son los privilegiados, tan pronto comprueban que los ciudadanos se las ingenian para acumular tiempo suficiente como para poder vivir algo más desahogados, rápidamente les suben el precio del billete del autobús, el alquiler, el pan, la leche o el recibo del agua que se pagan en tiempo, para mantenerles en su escasead y privarles de libertad.

La genialidad de esta obra maestra del pensamiento inverso, radica en hacer evidente lo evidente: que si os pagan vuestro tiempo con dinero… ¡el dinero es tiempo! Y si anidas escasos de dinero, estáis escasos de tiempo. Cuanto más dinero tienes, de más tiempo dispones para disfrutar de tus hijos, cuidar de tus padres, jugar con tus amigos; Por el contrario, cuanto menos dinero posees, de menos tiempo dispones para vivir, porque has de trabajar de Sol a Sol para poder pagar al contado sin mayor crédito que lo que eres capaz de llevar en el bolsillo. Al trabajar para otros, les entregáis lo único que poseéis de verdad: el tiempo de vuestra irrepetible existencia; A cambio, os dan unas monedas metálicas, en papel o plástico cuyo valor adquisitivo fluctúa al antojo de quienes lo pagan, de modo que, hoy debes meter dos jornadas de trabajo, para adquirir lo que hasta ayer sólo te costaba una.

La película “In Time” no podía haber llegado en mejor momento para que la ciudadanía tome conciencia de lo que ocurre en esta crisis y sobre todo,  nota de las acciones justas y perfectas que realiza la pareja protagonista, fiel calco iconográfico de los cabecillas de la Banda Bader Mainhof.

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