Antoni Puig Solé*. LQS. Septiembre 2018

Si nos atenemos al capitalismo actual, podemos decir que este sistema perdurará hasta que las fuerzas productivas choquen de pleno con las relaciones de propiedad y con la vida ideológica e institucional que el sistema ha creado

El bicentenario del nacimiento de Marx ha dado lugar a numerosas conferencias, artículos y reseñas dedicadas a aspectos de sus investigaciones y de su vida. Ha aparecido también una nueva y monumental biografía que se suma a las muchas ya existentes y, incluso, se ha rodado una película sobre su juventud.

El capitalismo de nuestros días, conserva las grandes características que Marx describió de manera elocuente en El capital, hace más de 150 años. He aquí que los activistas que luchamos por superar este sistema seguimos prestándole atención y porque todavía está de actualidad.

Para Marx, los individuos no somos abstracciones. Somos criaturas sociales, inmersas en un sistema concreto e histórica de relaciones de producción.

Todos los modos de producción tienen que ver con el trabajo humano. En el capitalismo, la división del trabajo ha llegado a niveles inimaginables en los modos de producción precedentes. El trabajo humano, ahora, se destina a producir mercancías, bajo el dominio del capital. Pero las mercancías no se producen principalmente para satisfacer las necesidades sociales, sino para venderlas a quien tiene poder adquisitivo, y obtener ganancias.

El capital es, por tanto, una suma de dinero que crece (se valoriza) gracias a un sistema concreto de relaciones sociales, sustentado en la explotación del trabajo humano y dedicado a la producción mercantil.

Marx, en su análisis del capitalismo, desarrolla la teoría del valor trabajo para mostrar como la explotación laboral permite extraer plusvalía. El término plusvalía la utiliza para señalar que el beneficio capitalista proviene de una forma particular de dominación, donde el capital, como propietario de los medios de producción, dirige la actividad económica y subordina los productores.

¿Como lo hace? El tiempo de trabajo se contrata en el mercado, ya que en el capitalismo todo está mercantilizado. Comprar tiempo trabajo, no significa adquirir el trabajador que vende su tiempo. El trabajador es un ser libre. El sistema constitucional burgués le respeta unos derechos, que varían según el lugar y el momento. De hecho, para que el capitalismo progrese, se necesitan trabajadores/as que sean y se sientan libres; productores que “disfruten” del derecho de vender y comprar.

El capital usa el tiempo de trabajo pactado “entrega” para impulsar el proceso de producción. Es el soberano de este proceso y el dueño de las mercancías producidas. El trabajador, por lo tanto, es libre, pero su vida, debe ponerse al servicio del capital, durante un período acotado de tiempo, que es, precisamente, el tiempo consagrado a la producción. Tienes que estar preparado para producir de manera eficiente y dispuesto a hacerlo, si no quieres ser excluido definitivamente.

En recompensa por la entrega “voluntaria” del tiempo de trabajo, los trabajadores recibimos una remuneración (generalmente, pero no únicamente, de tipo salarial), pactada en el contrato. La remuneración permite adquirir mercancías necesarias para la subsistencia y reproducción de los productores, aunque la reproducción conlleva muchas más derivadas, además de la compra mercantil a través del salario y esta compra también tiene otras consecuencias, además de la reproducción.

El tiempo de trabajo que los productores entregan al capital, da lugar a un número superior de mercancías de las que ellos pueden adquirir con el salario. Al cabo de abajo, es la vida laboral de todos los trabajadores, lo que hace posible la producción de todas las mercancías. Han producido alimentos, coches, edificios, libros, periódicos, actividades de ocio y otras mercancías. Una parte las adquirirán los propios productores. La otra parte pasará a otras manos. Pero también han producido máquinas, aviones, armas, fábricas, hoteles … o barcos de lujo, que irán a manos de sus explotadores, asegurando las condiciones para que los sigan explotando, permitiendo que los más ricos propaguen medio mundo de abundancia y ocio e inflando el capital para que se siga expandiendo y haciendo de las suyas.

El último paso de Marx en la explicación sobre la dominación del capital, es destina a analizar el proceso de acumulación. El capital, como hemos visto, es una cuantía de dinero que se valoriza gracias a la plusvalía. Esta plusvalía puede devenir nuevo capital, con lo cual, la producción capitalista crece en forma de espiral, a medida que crece el capital dedicado a esta producción. El proceso de acumulación, va acompañado del cambio técnico que incrementa la productividad e incentiva la competencia entre capitalistas. Acentúa, a la vez, las diferencias sociales. Crea, también, un “ejército de reserva” de parados, que proporciona la base para fortalecer la disciplina laboral, contiene los salarios, permite formas de producción desreguladas, como por ejemplo el trabajo sumergido y garantiza que el capital disponga de mano de obra sobrante para atender cualquier oportunidad de negocio.

El capitalismo, pues, por su naturaleza, necesita aumentar continuamente la explotación del trabajo y someter cada vez más gente en su organización productiva, y lo necesita a escala mundial.

Marx, a pesar de ser un gran investigador, no dejó una teoría completa. Esta no era, además, su intención! No llegó a conocer las mutaciones que el capitalismo ha sufrido los últimos 150 años, ni asistió a la aparición de nuevas corrientes económicas burguesas, como por ejemplo, la keynesiana. Sin embargo, El capital se ha convertido en una obra de referencia, especialmente, a partir del estallido de la crisis económica en 2007. Esto ha sido posible, porque es una obra que también sienta las bases para una teoría de la crisis. No dedica, ciertamente, ninguna sección a tratarla, de una manera general. Pero las crisis tienen un papel importante a lo largo de toda la investigación de Marx.

Marx considera que una forma de sociedad humana no da paso al otro hasta que el desarrollo de las fuerzas de producción que caracterizan una época entran en un conflicto fundamental con las relaciones sociales existentes de producción. Si nos atenemos al capitalismo actual, podemos decir que este sistema perdurará hasta que las fuerzas productivas choquen de pleno con las relaciones de propiedad y con la vida ideológica e institucional que el sistema ha creado.

Ahora hemos llegado a un punto donde las crisis económicas prosperan en el mercado mundial capitalista, en intervalos casi regulares. Este patrón ya se había observado en el segundo cuarto del siglo XIX. Las crisis han brotado de nuevo, a pesar de los intentos de los gobiernos capitalistas para evitarlas. El keynesianismo tampoco las esquivó.

Los periodos de crisis violentas, hasta ahora, se han superado, aunque a menudo lo han hecho causando un gran sufrimiento a la población, y han dado lugar a períodos de florecimiento capitalista o periodos donde las crisis son más moderadas. Pero tarde o temprano apareciendo crisis más severas, como ya hemos podido comprobar.

A medida que progresa la acumulación de capital, la enorme fuerza expansiva de la industria moderna, choca de lleno con las relaciones de propiedad. La extensión de los mercados y el impacto de una producción creciente sobre la naturaleza, no pueden soportar la ampliación folla de la producción. Como el sistema no puede encontrar ninguna solución definitiva, las colisiones se hacen periódicas y devienen inevitables.

Por eso, mientras este modo de producción exista, Marx será leído como un buen investigador que nos ayuda a analizar y transformar la realidad.

* El artículo forma parte de al colaboración mensual del Seminario de Economía Crítica Taifa con la revista “Directa”

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