La alianza más sangrienta, poderosa y maquiavélica: Israel y EE.UU.

Israel y USA, más o menos manifiestamente, llevan mucho tiempo urdiendo una alianza asesina, una telaraña de poderosos hilos, tejida con la paciencia de dos alimañas que se saben poderosas, dos entes depredadores que, a toda costa, desean mantener un orden económico y político mundial que se pliegue a sus mandatos y poderosísimos intereses.

Ambos  esconden su unión, su alianza asesina, bajo una apariencia, que ha perdido casi totalmente su credibilidad, de estados que enarbolan la “virtud”, política y social, la falsa consecución de una falsísima prosperidad, resquebrajada, obviamente, en la época actual de crisis global. Ambos son, en realidad, la versión actual del concepto de virtud del filósofo Maquiavelo, cuyos pensamientos, al lado de las intenciones del combo americano-israelí, quedan reducidas a planteamientos ingenuos. La idea de poder de Maquiavelo concibe la “virtud” como una cualidad poco común, que es “una energía a la vez brutal y prudentemente calculadora, ajena a cualquier preocupación de moral ordinaria“. Así es el poder que también pretenden eternizar Netanyahu y el gobierno norteamericano, ajeno a cualquier preocupación moral.

Hace aproximadamente un mes, Obama ordenó un ataque cibernético contra Irán, como un intento más de controlar las plantas donde se produce el uranio enriquecido, utilizando, se supone no por primera vez, un arma poderosa y aparentemente no sangrienta como las armas cibernéticas. De esta forma, el presidente títere de Israel, continuaba una de las manifestaciones de la locura esquizoide de su predecesor, el terrible Bush: un programa que este individuo, caracterizado por una enorme y manifiesta inutilidad que nos salpicó a todos, diseñó bajo el nombre codificado de “Juegos Olímpicos”

y que encubría una planificación cuidadosa para infiltrarse en los sistemas productores de uranio de Irán.

En el verano de 2010 fue conocida por la opinión pública su existencia, a causa de un error de programación que permitió que un virus informático se escapase de la planta iraní de Natanz y campase a sus anchas por la red mundial. Los expertos informáticos iraníes aprovecharon el error para intentar estudiar, y contrarrestar, el virus STUXNET, desarrollado por los aliados, por Israel y USA. El objetivo de los aliados estaba -está- muy claro: unir los estudios de los programadores de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos y las investigaciones militares del ejército de Israel para crear un programa capaz de copiar la estructura del funcionamiento de una planta de enriquecimiento de uranio, infectar el sistema informático y, desde ahí, copiar y enviar información a los aliados para, de esta forma, crear un virus que atacase el programa de gestión de la planta.

El error de los aliados alertó a Irán, que gestionó con celeridad la defensa del sistema informático de sus plantas. Israel y los Estados Unidos culpan y demonizan a Irán, por sus acciones para la supuesta creación de bombas nucleares, a pesar de que la CIA ha reconocido disponer de pruebas de que los intentos más intensos por parte de Irán para construir armas nucleares cesaron, casi en su totalidad, en 2003, pero, amparados por una supremacía divina que otorga a sus actos un halo de normalidad y aceptación oficial, atacan y provocan al país al que teóricamente le piden que cese sus acciones “bélicas” y pase a someterse, cosa que los aliados americano-israelíes jamás harían. Moral ordinaria. Poder al estilo maquiavelístico.

Otra prueba de la alianza sangrienta Netanyahu-Estados Unidos es la planificación, descaradamente vociferada y defendida, del ataque de Israel a Irán, no en cualquier fecha, sino, casualidad de casualidades, previsiblemente antes de las elecciones americanas el próximo noviembre. El depredador de la falsa sonrisa, Netanyahu, no aspira únicamente a destruir las instalaciones nucleares de Irán y forzar una reacción tan intensa que justifique una posterior masacre indiscriminada y “necesaria”, sino que ha aumentado su apoyo, hablamos de apoyo en términos de millones de dólares, a S. Adelson, un aliado de Netanyahu que en estos momentos es la mano derecha de otro de sus grandes y antiguos amigos: Rommey.

La estrategia de Netanyahu es muy sencilla: colocar a su hombre de confianza, Adelson, tras Rommey, provocar un ataque a Irán antes de las elecciones y lograr, basándose en el shock y el estado de emergencia, que Obama no sea elegido, ya que los demócratas pacifistas tendrán que agachar la cabeza, abandonar su supuesto pacifismo, dar la razón a los que proclaman la existencia eterna del demonio árabe y, por fin, cumplir uno de sus mayores deseos: lograr que la línea dura se imponga en Washington y sustituya la política blandengue de Obama, que ha cedido ante Netanyahu, y su dinero costeador de campañas y favores, desde el principio, pero que no acaba de “obedecer” al cien por cien, en parte por su falta de personalidad política, cierta voluntad de contemporizar con unos y con otros y, por otro lado, su falta de asertividad y decisión política.

A pesar de su prepotencia, que no oculta, Netanyahu no es un político inocente y ha preparado una segunda fase del plan: comprometerse oficialmente a mantener en stand-by cualquier ataque a Irán hasta que finalicen las rondas entre Irán y el P5+1, un grupo de países que unieron sus esfuerzos diplomáticos en 2006, en relación al programa de desarrollo y protección nuclear de Irán (China, Francia, Alemania, Rusia, Reino Unido y Estados Unidos) y que finalizarán el próximo agosto.

Es evidente para todas las partes, a pesar de la perfomance de neutralidad y trabajo diplomático, que el ataque va a producirse: Estados Unidos está cerrando programas de defensa, con contratos que en parte están viendo la luz pública; Israel está diseñando acciones militares y preparándose con equipamiento militar e Irán ha adquirido un F-16 (el hecho ha sido oficialmente probado). Se ha filtrado la información que describe que la marina de Estados Unidos ha firmado un contrato con Raytheon para adquirir más de 300 misiles Tomahawk y, por si existiese alguna duda acerca de la voluntad no-pacificadora y no-neutral de Israel, únicamente hay que acceder a la información en la que se describe que la Cámara de Representantes estadounidense ha aprobado, en este año, un acuerdo entre Estados Unidos e Israel, para implementar la Ley de Cooperación, a fin de “reafirmar el compromiso con la seguridad de Israel como estado judío, proveer a Israel con la capacidad militar para defenderse de cualquiera de las posibles amenazas y ampliar la cooperación militar y civil”.

La historia se repite: Israel chantajea a su aliado y le pide cada vez mayor poder, una bula bélica y política, que no es nada nuevo y, si no, basta con recordar la operación Cast Lead, relacionada con la terrible guerra contra Gaza que llevó a cabo Israel, casualmente, coincidiendo con la época de transición entre el mandato de Bush y Obama, que terminó cuando Obama comenzó a gobernar como máximo mandatario.

Una vez más las elecciones estadounidenses son algo más que elecciones y se convierten en una brújula letal que marca el rumbo de la muerte y la guerra.

* La Mosca Roja

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