Alfonso XIII en la cola del paro. (Caricatura de la época.)

Arturo del Villar*. LQS. Abril 2018

EL principal argumento de la ultraderecha ha sido siempre advertir sobre los riesgos del peligro comunista. Se utilizó ante las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, sirvió para intentar justificar la rebelión de los militares monárquicos en 1936, y nos aburrimos de escucharlo y leerlo durante la sanguinaria dictadura fascista. A veces repasar la hemeroteca nos invita a viajar en el tiempo. Por ejemplo, al encontrar en la página 35 del diario madrileño archimonárquico y protofascista Abc fechado el 9 de abril de 1931, un artículo titulado “La conspiración comunista en España”. Es semejante a los que siguieron publicándose a lo largo de la dictadura.
Quería ser una advertencia a los votantes, para que no dejaran de acudir a los colegios electorales y allí, como es fácil imaginar, depositaran las papeletas de la coalición monárquica en cada localidad. Lo asombroso es comprobar que las advertencias sobre los horrores previstos en el caso de triunfar la conjunción republicano—socialista se cumplieron, pero porque los pusieron en práctica los monarquicofascistas.

Es un artículo sin firma, por lo que expresa la opinión del diario. Dice traducir una crónica aparecida en el diario británico ultraconservador y antisemita The Morning Post, enviada por su corresponsal en Zaragoza, sin mencionar su nombre ni la fecha de publicación. Según el autor anónimo, había accedido a “un memorándum soviético secreto”, que no lo era tanto puesto que lo conocía un humilde corresponsal en Zaragoza, provincia famosa por su integrismo religioso, aunque de escaso relieve político. Más raro todavía es que se hubiera hecho con una copia, porque estaba dirigido desde Moscú “a los Comités ejecutivos comunistas de Madrid y Barcelona y a los jefes de las células comunistas del centro industrial de Asturias”. Hay que supone que alguno de ellos se lo remitiría al mañico, que lo comentó en el diario londinense del que fue traducido al madrileño.

Instrucciones extremistas

Desde Moscú, leemos, se daban las instrucciones precisas para producir un movimiento revolucionario comunista: “La gran aspiración preliminar de los comunistas españoles ha de ser mantener al país en un estado de ebullición y turbulencia.” La minúscula célula comunista en España no podía cumplir esos fines, por carecer de militantes y de medios. En cambio, fue lo que hicieron los partidos de extrema derecha, que contaban con el apoyo económico de los fascistas italianos.
Las agrupaciones políticas y sindicales de derechas opuestas a la República, bendecidas y financiadas por la Iglesia catolicorromana, se dedicaron desde el primer momento a “mantener al país en un estado de ebullición y turbulencia”, no los comunistas, que no disponían de afiliación. Las estadísticas oficiales enseñan que en 1931 el PCE no alcanzaba el millar de militantes, y en las elecciones de junio no obtuvo ningún diputado. En las de noviembre-diciembre de 1933 consiguió un solo diputado, y en las de febrero de 1936 alcanzó 17 dentro de la candidatura del Frente Popular. Con esas fuerzas no podía hacer más que observar el panorama turbulento organizado por la extrema derecha, y procurar que no asesinaran a sus escasos militantes.
La derecha durante la etapa republicana contaba a nivel nacional con quince agrupaciones políticas y sindicales principales. Algunas de ellas se fueron uniendo en Acción Española, Acción Popular, Bloque Nacional y Confederación Española de Derechas Autónomas, siempre con la colaboración de la Iglesia catolicorromana.
Las agrupaciones de carácter fascista, como el Partido Nacionalista Español del doctor Albiñana, las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista de Ledesma Ramos y la Falange Española de José Antonio Primo, tenían como ocupación perpetrar atentados callejeros para crear malestar popular y animar al Ejército a sublevarse. Desde el triunfo de la derecha anticonstitucional en las elecciones de 1933 los atentados con víctimas fueron secuenciales. Los comunistas y socialistas resultaron sus víctimas preferidas. Parece, pues, que las supuestas instrucciones revolucionarias estaban dirigidas a los fascistas.

Unos medios nada originales

Continúa el supuesto memorándum descubierto por el corresponsal mañico señalando: “El deber de los verdaderos comunistas [al parecer también los había falsificados] es agravar esa turbulencia por todos los medios imaginables. Se han de hacer peticiones de salarios más altos y se han de promover huelgas en los principales centros industriales.” Poco originales eran los presuntos dirigentes moscovitas, porque esas actividades resultan habituales en cualquier sociedad con cierta libertad democrática. Ahora mimo en este reino de escasas libertades están manifestándose en reclamación de subidas salariales los policías, guardias civiles, jueces, funcionarios de Justicia, carceleros, médicos, limpiadoras de hoteles, y otros colectivos. El casi residual Partido Comunista no los apoya, porque nadie le haría caso, y al Gobierno de extrema derecha no se le pasa por la imaginación acusar a los “verdaderos comunistas”, si hay alguno, de provocar esos disturbios para montar una revolución nacional.
Según el mañico, los dirigentes de Moscú en 1931 eran machistas, porque asegura que proponía el memorándum: “De las mujeres españolas hay que prescindir, pues casi no ofrecen esperanza alguna en cuanto a la posibilidad de ganarlas en número apreciable para la causa comunista.” La causa era su religiosidad: “Están estrechamente cosidas a las sotanas de los sacerdotes y encadenadas al altar de la superstición de la Iglesia.” La misma consideración fue utilizada cuando en las Cortes Constituyentes se discutió la concesión del voto a la mujer, negado hasta entonces: alegaba Victoria Kent que no debía aprobarse porque las españolas de su tiempo eran muy católicas y seguían las instrucciones de sus confesores. La historia demuestra que las milicianas tuvieron un papel destacadísimo durante la guerra en su lucha contra los sublevados.
En cambio, el memorándum proponía que “Los niños se han de considerar como presa mucho más fácil que las mujeres en España”, y en toda la galaxia, puesto que carecen de experiencia y deben seguir los patrones que les enseñan. En el caso de España, por los curas.
Dado que los militantes en las agrupaciones de derechas eran entonces y siguen siendo violentamente incultos, podemos asegurar que este disparatado artículo fue leído y aceptado por los lectores del Abc, quienes precisamente por serlo están predispuestos a creer cualquier estupidez que les cuenten, cuanto más ilógica mejor.

* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio.
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