Adolfo Pastor Monleón*. LQSomos. Diciembre 2017

El año 1947 fue un año de tragedia para la guerrilla y sus puntos de apoyo. Especialmente la llegada del General Pizarro como gobernador de Teruel, trajo nuevos sistemas de represión. Incendio de montes, desalojo de las masías y casas de campo, ley de fugas… “O acabáis con los bandoleros o acabo con vosotros” aseguran que les dijo a los guardias civiles.

Por todos estos pueblos de la comarca, como en todas las aldeas y pueblos donde actuaban y se escondían los guerrilleros, contaban con cantidad de puntos de apoyo que les ayudaban. En La Ginebrosa, tenían varias familias colaboradoras. Alfonso Boj y su hijo Joaquín se tuvieron que marchar al monte, huyendo. Quedaron en casa, para llevar también de la tienda, la madre Josefa y sus hijos, Martina, Alfonso y Carmen. Marina, la hija mayor había marchado a Barcelona, cansada de pasar miedo.

Un día de ese año nefasto, Marina recibió una nota de un vecino que le decía que acudiera a su casa. Inmediatamente cogió el camino hacia su pueblo, envuelta en negros presagios. Cuando llegó a Alcañiz, estaba en la plaza haciendo tiempo para coger el coche de línea cuando, con enorme sorpresa, vio salir a su madre entre dos guardiaciviles. Josefa dijo unas palabras a los guardias y ellos hicieron una señal a Marina para que se acercara. Madre e hija se abrazaron con emoción y lágrimas. “Fue el último abrazo. Ya nunca más volví a ver a mi madre”.

Junto a Josefa Bayod, la guardia civil se había llevado a la cárcel de Alcañiz a otros vecinos de La Ginebrosa: José Mir, Aurelio y a otros de pueblos vecinos, como Aurara Piñana de Aiguaviva…

Durante los primeros días, los familiares se acercaban a la cárcel y les llevaban ropa o comida…

El día doce de noviembre algunos familiares fueron a la cárcel y fríamente les dijeron que ya no estaban allí…

Las familias quedaron sumidas en la tristeza bajo la losa de la impotencia y el temor. Ni preguntar, ni hablar. Silencio y llanto…

Siguió la dictadura. En las cunetas, en los cementerios, esperaban miles de represaliados hechos desaparecer…

Marina no había olvidado aquel lejano abrazo con su madre, ni un solo día de su vida. Seguía esperanzada en que encontraría sus restos. Alguien le había dicho que ella y los demás componentes de aquel grupo podían encontrarse en el cementerio de Monroyo. Fermín, el taxista que la había llevado, en uno de los viajes de Barcelona a La Ginebrosa le había explicado cómo, en aquel día trágico, él con otros chiquillos del pueblo habían ido tras el carro y vieron cómo sacaban los muertos y los arrojaban por la tapia del cementerio….

Fue durante los primeros años de este siglo cuando, por medio de Álvaro, sobrino suyo, solicitó ayuda a nuestra asociación, La Gavilla Verde.

El día once de Noviembre de 1947 fue la tragedia. No sabemos quiénes con seguridad, pero alguien, quizá miembros del somatén de algún pueblo vecino, aprovechando la oscuridad de la madrugada hizo subir a un camión a un grupo de presos de la cárcel de Alcañiz… Emprendieron la marcha por la carretera de Vinaroz. Antes de llegar a Monroyo los hicieron bajar del camión y los hicieron caminar por el carril, junto al barranco, frente al Mas de la Serra. Al lado del camino, ante unas piedras enormes que hacían de muro, los fusilaron. Obligaron al dueño de Mas de la Serra a trasladarlos en su carro hasta Monroyo. Dicen que por el camino, ya de día, alguien que pasó en un camión pudo ver unas botas relucientes que sobresalían por debajo de las mantas que los cubrían y pudo adivinar que eran de Aurelo. Al llegar al cementerio de Monroyo, obligaron al conductor del carro a que los descargara y los arrojara por la tapia. La guardia civil ordenó a dos jóvenes del pueblo que los arrojaran en una fosa larga y honda que alguien había preparado…

Tomamos con el interés de siempre el encargo. Poco a poco, fuimos encontrando los demás familiares de aquel grupo…

Pero ni en archivos municipales, ni provinciales ni nacionales encontramos documento alguno que nos diera luz sobre aquella tragedia…

Además, nuestro proyecto de exhumación no contó con la ayuda de las autoridades municipales, sino que el alcalde y el secretario de Monroyo se opusieron y ni siquiera hicieron caso al requerimiento de la Justicia de Aragón…

Cuando, por fin, después de muchas luchas, pudimos entrar y empezar los trabajos, Marina ya había muerto.

Tuvimos la suerte de encontrar a una de las dos personas que los habían enterrado. Emiliano, ya nonagenario, nos enseñó el lugar donde estaba la fosa.

Con gran desesperación y tristeza, especialmente por parte de los familiares presentes, la encontramos vacía.

¿Qué había pasado?

Entre otros documentos, alguien hizo llegar a nuestras manos una nota de los años cincuenta en la que el Ayuntamiento de Monroyo informaba al Gobierno Civil de la existencia de distintas fosas del término de donde se podían encontrar restos para el Valle de los Caídos, y otra, donde se informaba de que un carpintero de un pueblo cercano estaba preparando cajas para ese fin, porque el de Monroyo no podía construirlas.

Proseguimos investigando. En el Valle de los Caídos, tampoco había registrada ninguna de aquellas personas, pero también nos informaron de que muchos de los que allí llevaron lo fueron de manera anónima y sin registro alguno. Las familias y nosotros llegamos a la conclusión de que sus seres queridos, con la misma nocturnidad y alevosía que habían sido sacados de la cárcel de Alcañiz y fusilados en aquella madrugada, habían sido robados en alguna noche de los años cincuenta y habían sido llevados al Valle de los Caídos.

Las familias determinaron colocar un monolito en honor a todos los seres queridos represaliados en aquella madrugada del 11 de Noviembre de 1947, que perpetuara la memoria que durante todos aquellos largos meses de búsqueda había sido recuperada, ya que no sus restos.

*José Mir, de La Ginebrosa (Teruel)
*Aurelio Boj, de la Ginebrosa (Teruel)
*Eleuterio Simó, de La Fresneda (Teruel)
*Rogelio Cuartilla, de Valdeltormo (Teruel)
*Genaro Fuster, del Mas del Llaurador de Valljonquera (Teruel)
*Josefa Bayod, de La Ginebrosa (Teruel)
*Aurora Piñana, de Aguaviva (Teruel)
*Bárbara García, de La Fresneda (Teruel)

No fue fácil colocarlo, porque el alcalde y su secretario se siguieron oponiendo y no nos dejaron abrir la puerta del cementerio.

Fue con la ayuda de otras autoridades superiores de Teruel, a las que tuvimos que acudir de nuevo, para finalmente llevar a cabo la colocación del monolito en el lugar de la fosa y llevar a cabo el acto de homenaje, bajo un manto de nieve.

Cuando visites el antiguo cementerio de Monroyo, acércate al monolito y verás plantas verdes que muestran el recuerdo y el cariño de los familiares de este grupo de asesinados en aquella madrugada trágica del once de noviembre de 1947 por haber ayudado en la lucha por la democracia.

* Oficina de Desaparecidos, La Gavilla Verde
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