Nochebuena institucionista en el Hospital de Carabineros

24 de diciembre de 1938, un recuerdo 73 años después.

Se acercaba la Nochebuena en pleno final de la Guerra de España. La valerosa ciudad de Madrid venía llevando a cabo una defensa ejemplar desde que el 18 de julio de 1936 se sublevaran los fascistas contra la  II República y el pueblo español.

En palabras del poeta León Felipe: “los dos bandos no existieron nunca porque en España no hay dos bandos, solo un hacha terrible homicida que ha afilado el rencor”.

Desde agosto de 1936 la aviación nazi-fascista había estado sistemáticamente  bombardeando a la población civil de Madrid, incluidos los hospitales y la maternidad de Santa Cristina (donde nacían 5.000 niños republicanos al año), debajo de los cuales se encuentran, en algunos casos, refugios antiaéreos que prueban el delito, incluso de lesa humanidad.

No obstante, desde el gobierno franquista de Burgos nunca se quiso reconocer este bombardeo a la población indefensa durante casi tres años (1936-39), llegando incluso a enviar, el Ministerio de Asuntos Exteriores en Burgos, una nota para la prensa criticando la afirmación de que los centros bombardeados no tenían interés militar. Posteriormente dicha nota fue enviada al Palacio de España, en el Vaticano.

El Dr. Luis Calandre Ibáñez, mi abuelo, era en esas fechas de diciembre de 1938, director del Hospital de Carabineros (situado en la Residencia de Estudiantes, calle Pinar, 21 de Madrid) y también subdelegado de la Junta para Ampliación de Estudios desde octubre de 1938.

Como nos dejó por escrito la enfermera jefe del Hospital, Mercedes González de Linares, alumna del Instituto Escuela, nieta del institucionista Augusto González de Linares: “…aparte de las actividades propias del Hospital, Don Luis puso en marcha una forma de trato, una serie de actividades que tenían como finalidad que los enfermos cultivasen su espíritu y disfrutasen de sensaciones en el polo opuesto a las de la guerra. Organizó un coro compuesto por los enfermos y las enfermeras y ensayábamos canciones populares para celebrar las siguientes navidades. Lo preparábamos en secreto para sorprender a nuestros compañeros. Aquello fue una alegría: cada uno encontró la canción de su tierra, lo que calmaría todas sus nostalgias“.

Pero no sólo organizaron ese coro, sino que además el director, como buen institucionista, se interesó en que participaran durante la Nochebuena del 24 de diciembre de 1938 los “Coros y Teatro del Instituto Lagasca” que, según el programa, actuaría a las 5 de la tarde en el Hospital de Carabineros bajo la dirección del profesor Gallego Marquina (puede verse dicho programa en mi web).

De las actividades musicales que se hacían en la Institución Libre de Enseñanza y el Instituto Escuela a los cancioneros populares, la labor de la JAE a través de sus pensiones (becas) y el Centro de Estudios Históricos, al Museo Pedagógico hasta las Misiones pedagógicas (la parte musical y de teatro organizadas por Martínez  Torner y Casona), la historiografía debería añadir las actividades de los coros y teatro durante la Guerra de España llevados a cabo por el profesor Gallego hasta marzo de 1939.

Este profesor y pintor ya había participado en los coros y teatro de las Misiones pedagógicas desde 1932 a 1938. Aunque en la Exposición y Catálogo de dichas Misiones, organizado por la Residencia de Estudiantes en el año 2006, se cita que finalizan en 1936, lo cierto es que acaban en 1938. Se empeñan en ocultar  sistemáticamente que durante el Frente Popular hubo cultura, ciencia y pedagogía.

Podríamos entenderlo, si leemos detenidamente el programa que presenta el profesor Gallego Marquina en el Hospital de Carabineros en la Nochebuena de 1938, como una extensión de los programas del Coro y Teatro de dichas Misiones Pedagógicas: “El Mancebo que casó con mujer brava“, de la leyenda del Conde Lucanor y escenificado por Alejandro Casona, “Sancho en la ínsula Barataria“, del pasaje del Quijote escenificado también por Casona; ambos incluidos en los repertorios del Teatro y Coros del Pueblo y que aparece reseñado en la Memoriade actividades del Patronato de Misiones, en Sanabria (Zamora) del año 1934.

Ya desde el principio fue muy importante la actividad musical en las Misiones Pedagógicas, apareciendo en su decreto fundacional de 1931, creando entre otros,  el Coro y Teatro del Pueblo, antes mencionado. Se trataba de estimular a los pobladores rurales y educar su gusto musical repopularizando la música tradicional española.

Según podemos leer en las palabras preliminares del libro de Eduardo Martínez Torner, “Cancionero musical“, editado en la colección de la Biblioteca Literaria del Estudiante (dirigida por Ramón Menéndez Pidal, Instituto Escuela, Junta para  Ampliación de Estudios) y que conservo dedicado a mi abuelo por Torner, muestra de la amistad entre ambos: “El Cancionero aspira a ser un ejemplo de la lírica tradicional española, por cuya razón forman el grupo más importante las canciones populares actuales. En la selección de las antiguas se ha seguido en lo posible este mismo criterio folklórico. (…) Los acompañamientos de las melodías antiguas de este Cancionero han sido hechos procurando imitar las armonías y modulaciones usadas en sus respectivas épocas, conservando en las de los siglos XV y XVI los principales giros contrapuentísticos de la polifonía vocal en que fueron escritas…”.

Según Martínez Torner, todas las piezas del repertorio pertenecían a la lírica tradicional española. No obstante, existían dos grupos diferenciados: las del folclore de carácter popular y las procedentes de los villancicos, cancioneros y romances de los siglos XV y XVI. En el programa que presentaron en el Hospital de Carabineros hay de los dos grupos. Por ejemplo “al Monte voy por rama”: Joaquín Díaz dice que aparece en los cancioneros del siglo XVI, en donde el árbol es el protagonista, tema que proveniente de las tradiciones paganas. “El Pañuelo a la moda“, que aparece al final del programa, en la segunda parte, es una giraldilla asturiana que se bailaba en coro y girando y es una de las danzas más antiguas de Asturias.

Durante la Guerra de España, Gallego Marquina, de convicciones republicanas y consecuente siempre con ellas, trabaja como educador impartiendo clases de dibujo, colabora con las Misiones Pedagógicas y canta, para alivio de los soldados y heridos, en cuarteles y hospitales, entre ellos el Hospital de Carabineros.

Por su compromiso con la República fue duramente represaliado con diez meses de cárcel en Zamora, algo más de dos años en Las Comendadoras de Madrid, pena de muerte solicitada por el fiscal en el juicio celebrado en 1942 y seis años y un día de condena, aunque finalmente sale en libertad en la primavera de 1942, trasladándose a vivir a Barcelona.

Claro que después de todo lo señalado, se atreven a escribir que: “se estableció en la Residencia de Estudiantes un centro de asistencia clínica para los heridos del frente“, como es el caso del profesor Alfredo Baratas escrito en el catálogo “El Laboratorio de España” (JAE, 1907-1939) y comisariado por el académico José Manuel Sánchez Ron y por Antonio Lafuente, con la participación de los Ministerios de Cultura, Ciencia y Educación. Definitivamente no se quiere reconocer que en dicho Hospital se desarrolló una gran labor humanitaria, salvando a miles de milicianos de una epidemia de malaria y donde, dada su importancia, se llegó a construir, gracias al gobierno legítimo de la II República, un refugio antiaéreo ahora parcialmente destruido.

Todo esto me lleva a pensar que la refundación de dicha Residencia en el año 1986 por iniciativa del CSIC y que con este motivo creó la Fundación Residencia de Estudiantes, actualmente presidida por la monarquía, fue la excusa que tuvieron para hundir aún más en el olvido el Hospital de Carabineros, que allí se mantuvo durante dos años (marzo de 1937 a marzo de 1939) y, de paso, destruir el refugio antiaéreo que está debajo, para poder así construir sin problemas un aparcamiento que hace tiempo tienen los del CSIC en sus planes urbanísticos (junto al Ayuntamiento de Madrid) y de paso evitar el reconocimiento, a través de ese refugio, de los implacables bombardeos a la población civil llevados a cabo por los rebeldes y sus aliados.

Que recientemente, por medio de la orden ministerial del 19 de noviembre de 2011, se diga que “la Residencia procedió a la rehabilitación de sus edificios históricos dentro del Plan de Rehabilitación de la Colina de los Chopos, edificios en los que continua desarrollando su actividad y en los que se ha recuperado su fisionomía original”.

Para añadir: “…La trayectoria de la Residencia le ha proporcionado un amplio reconocimiento (…),  así fue designada en 2007 por el Comité de Patrimonio Europeo como Sitio Español de Patrimonio Europeo”.

Me parece de un cinismo increíble, cuando ya está demostrado y publicado, que dicha rehabilitación estuvo plagada de delitos urbanísticos de todo tipo (ver en mi web la comunicación que presenté y fue publicada por la Universidad Autónoma de Barcelona–Cefid en un Congreso Internacional)  y eso que tienen dichos edificios y jardín la máxima protección como Bienes de Interés Cultural (BIC), incoados desde 1978.

Está claro que hasta que no llegue la III República no habrá manera de que acabe el servilismo de los sucesivos gobiernos “democráticos“ al poder del Opus Dei y la Monarquía y pueda contarse la verdadera historia de la “Colina de los Chopos“, bella y valiente, buena y sabia como lo fueron sus protagonistas, masacrados por el fascismo hasta el día de hoy y que podamos hacer de ese sitio un “lugar de la memoria“  para que las personas encargadas de gestionar el legado institucionista tengan más ética y estética que los que llevan haciéndolo más de 20 años.

Mientras tanto, recordemos esa Nochebuena del 24 de diciembre de 1938 en el Hospital de Carabineros bajo las bombas y honremos, con este pequeño recuerdo, a sus valientes protagonistas 73 años después. 

Madrid, 18 de diciembre de 2011

www.luiscalandre.com

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