Pakistán: El sinuoso camino de la justicia

Guadi Calvo*. LQS. Febrero 2020

El emir Saeed, durante años, permaneció en libertad aparentemente protegido por el servicio de inteligencia pakistaní, ISI. Hay fuertes sospechas que la “sociedad” Saeed-ISI son responsables de los atentados casi constantes en la Cachemira India

El tribunal superior antiterrorista de la ciudad de Lahore, declaró el miércoles 12 de febrero culpable a Hafiz Muhammad Saeed, el clérigo islamista de línea dura pakistaní, a once años de prisión, junto a su segundo Malik Zafar Iqbal.

El juicio apunta a condenar los vínculos y financiamiento de operaciones terroristas, además por poseer un importante número de propiedades vinculadas a organizaciones declaradas ilegales el 21 de febrero de 2019, por el Comité de Seguridad Nacional (NSC) pakistaní, a través de la Ley Antiterrorista de 1997, como la Jama’at-ud-Dawa o JuD, (Sociedad de Predicación), también conocido como Lashkar-e-Taiba o LeT (Ejército de los Puros), un grupo armado que opera fundamentalmente en la disputada región de Cachemira desde 1990 y la sociedad religiosa Markaz Dawa-wal-Irshad o MDwI (Centro de Predicación y Orientación) y su ala de caridad Falah-i-Insaniat (FIF).

Saeed, que ya ha anunciado que apelará el veredicto, de mantenerse firme, cumplirá en realidad solo cinco años y medio ya que las dos penas las cumplirán de manera simultáneas. En el mismo juicio fueron castigados a distintas condenas otros 67 jefes de esas organizaciones, investigadas por el Departamento de Lucha contra el Terrorismo.

Más allá del juicio y las condenas, el tribunal no pudo establecer que Saeed, haya tenido participación en la operación contra la ciudad de Mumbai en 2008, cuando comandos del Lashkar-e-Taiba, perpetraron ataques contra diferentes objetivos de la ciudad, la más grande de India, con cerca de veinte millones de habitantes. En esas jornadas resultaron asesinadas 160 personas, incluidos seis estadounidenses, por lo que Estados Unidos ofrecía 10 millones de dólares por su captura o datos concretos que los llevaran a ello, al tiempo que Nueva Delhi, lo consideró el ideólogo principal de esa acción.

La detención del jefe de Jama’at-ud-Dawa o, se produjo el miércoles 17 de julio del año pasado, cuando se trasladaba por ruta, en algún punto de los 97 kilómetros que separan la ciudad de Lahore, de la ciudad de Gujranwala, en la provincia de Punyab, justamente pocos días antes de que el Primer Ministro, Imran Khan, viajara a Washington, a reunirse con el presidente Donald Trump, quién sin duda habrá considerado la oportuna detención del jefe religioso como un homenaje personal. Saeed desde entonces se encuentra recluido en la prisión central de Lahore, Kot Lakhpat en Lahore.

Tras la detención de Saeed, el juicio se instruyó a la velocidad de la luz, en tiempos de la burocracia pakistaní, para que ya en diciembre se diese inicio, y pudiera sustanciarse en solo dos asombrosos meses, un verdadero prodigio para el sistema judicial de Pakistán.

El emir Saeed, durante años, permaneció en libertad aparentemente protegido por el servicio de inteligencia pakistaní, Inter-Services Intelligence (ISI). Existen fuertes sospechas que la “sociedad” entre Saeed y el ISI son responsables de los continuos ataques que con la cobertura del Lashkar-e-Taiba, ejecuta ataque y atentados casi constantes en la Cachemira India, tal como lo ha reconocido, en su momento, el entonces presidente de Pakistán, el general Pervez Musharraf. A la vez se ha conocido que Hameed Gul, el ex jefe del ISI, dirigió un conglomerado de grupos integristas y el Consejo Difa-e-Pakistan (Defensa de Pakistán), una organización que abarca más de cuarenta partidos políticos y grupos religiosos extremistas que estuvo bajo la dirección de Saeed. Muchos de estos grupos, particularmente Lashkar-e-Taiba han sido declarados organización terrorista en junio de 2014, por los Estados Unidos.

Nunca se logró acusarle de algún delito específico, tras lo que quedaba en libertad, hasta que en 2009, prácticamente de los mismos cargos que el juicio junto a otros miembros de LeT, del que resultó absuelto. Sobre esa sentencia, muchos han desconfiado al tiempo que algunos juristas y periodistas locales insisten que el tribunal había cedido a las presiones y amenazas de las fuerzas de seguridad y la propia organización terrorista.

La “sociedad” Saeed-ISI, es la razón fundamental por lo que Pakistán es sometida a intensas presiones internacionales, su detención se produjo solo tres meses antes que la revisión programada del GAFI (Grupo de Acción Financiera), el organismo de control internacional de financiamiento del terrorismo y lavado de dinero, con sede en París, que en junio de 2018 puso a Pakistán en la “lista gris” de naciones protectoras del terrorismo, ya que desde 2005 el país estaba sufriendo un creciente aislamiento internacional, no solo por su declive económico, sino también por su protección al terrorismo. Casualmente unos días después de conocerse la condena contra Saeed, provocaría que Pakistán ingresase a la “lista negra” de los países “no cooperantes” con el GAFI, para frenar la financiación del terrorismo. Intentando revertir ese destino las autoridades pakistaníes, iniciaron una campaña que se extendió por meses, arrestando a decenas de sospechosos de pertenecer o tener vinculaciones con organizaciones terroristas, al tiempo que incautó cientos de propiedades vinculadas a grupos prohibidos, donde funcionaban mezquitas, madrassas, y sociedades dirigidas por clérigos wahabitas.

Hafiz Saeed, quien en diciembre de 2018 prometió iniciar una guerra por el antiguo principado mongol Hyderabad Deccan, que existió en Inda entre 1724 y 1956, ahora dividido entre los estados de Telangana, Karnataka y Maharashtra, abriendo un nuevo foco de tensión entre India y Pakistán. Saeed desde los ataques del 11 de septiembre en Nueva York, ha sido detenido en varias oportunidades sospechoso de planear el ataque en 13 de diciembre de 2001 contra el Parlamento indio, en Nueva Delhi, que se saldó con 15 muertos y una veintena de heridos. Saeed también fue puesto bajo arresto domiciliario durante el juicio en el que resultó exculpado, por los ataques contra los trenes en Mumbai, el 11 de julio de 2006, cuando siete explosiones coordinadas en cinco trenes en movimiento y dos estaciones en horas punto, estallaron con diferencia de quince minutos cada una, provocando casi doscientos muertos y ochocientos heridos. El objetivo había sido muy bien pensado a la hora de generar una verdadera matanza, ya que el sistema ferroviario de Mumbai es uno de los más complejos del mundo trasportando ocho millones de pasajeros al día. Un tribunal de Mumbai, finalmente terminó sentenciando a muerte a cinco de los perpetradores capturados, mientras que otros siete fueron condenados a prisión perpetua.

El gran acto

La dilatada carrera como líder e ideólogo terrorista, Hafiz Muhammad Saeed, la iniciaría a comienzo de los años ochenta al calor de la guerra antisoviética que se libraba en Afganistán. Su radicalización vendría a través de su viaje a Arabia Saudita a fines de los setenta, donde cursaría estudios superiores islámicos y conoció a líderes sauditas que ya participaban de la guerra afgana. Ya de retorno a Pakistán, junto al erudito palestino Abdullah Uzzam, fundaría el grupo de predicación Jama’at-ud-Dawa wal-Irshad, al tiempo que se iniciaba en India una importante rebelión armada contra Nueva Delhi, reivindicatoria de los derechos pakistaníes sobre Cachemira, cuyos organizadores atizaron esa escalada tras la derrota de la Unión Soviética y el triunfo de la revolución islámica de Irán. El nuevo estallido en Cachemira, donde llegaban combatientes veteranos de la guerra en Afganistán, pareció predecir una victoria sobre India, la que nunca llegó.

Pero sin duda de todas las acciones atribuidas a Saeed, han sido los ataques contra distintos objetivos en Mumbai, el más mediático, dada su espectacularidad.

Entre el 26 y 29 de noviembre de ese año, unos quince muyahidines, con un gran entrenamiento militar y de no más de treinta años, vinculados al Lashkar-e-Taiba o el cachemir Jaish-e-Muhammad (El ejército de Mahoma), llegaron a Mumbai desde el estado de Gujarat, por mar, en dos embarcaciones, desde donde abordaron varios gomones para llegar a la playas donde se desplegaron por las atiborradas calles de Mumbai sur, la capital financiera del país, para ejecutar una docena de operaciones coordinadas contra blancos civiles específicos: que no solo congelaron la ciudad sino toda India.

Los primeros ataques en torno a las nueve de la noche, comienzan a producirse en la siempre atiborrada estación de trenes, Chhatrapani Shivaji, el hospital Cama & Albless, y el café Leopold frecuentados por turistas y ejecutivos, algunos de los cuales fueron tomados por rehenes, además del centro judío jasídico Chabad-Lubavitch. Mientras el grueso de los atacantes se dirigieron a los hoteles cinco estrellas, Oberoi Trident y el emblemático Taj Mahal Palace & Tower; donde resistieron con un importante número de rehenes por casi dos días el asedio de los comandos de la marina, que resultaron sorprendidos por el alto nivel de instrucción y la calidad y cantidad de armamento. Los atacantes de los hoteles seleccionaron a sus víctimas entre los huéspedes británicos y norteamericanos que fueron rápidamente ejecutados, de los casi 200 muertos 25 fueron extranjeros, mientras que la gran mayoría de los muertos aparentemente eran ciudadanos indios.

Frente al panorama debastador que presentaba la ciudad, las autoridades indias demostraron una importante falta de preparación para enfrentar semejante crisis. Luego se conoció además, que seis meses antes los servicios de inteligencia indios habían alertado de la posibilidad de que se produjera un ataque a Mumbay (Bombay) desde el mar, aviso al que nadie prestó atención.

Algunas versiones indican que diez,de los quince atacantes habían sido entrenados personalmente por Hafiz Muhammad Saeed, al tiempo que en la mochila de uno de los atacantes se encontraron documentos clasificados de la inteligencia pakistaní, versión tan difícil de seguir como el sinuoso camino de la justicia que se despliega entre Pakistán y la India.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
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