Sobre la guerra

Mikel Itulain*. LQSomos. Marzo 2017

Nos dice Tomás de Aquino en su Summa Theologica, que no es posible ser ignorante del final de las cosas si sabemos su comienzo.

Y si hablamos de la guerra, a la que Agustín de Hipona ensalza y no ve nada malo en ella, pues los hombres que allí morirán iban a perecer de un modo u otro, ¿qué podemos decir?

Podemos decir algo. La guerra no es exclusiva de la especia humana, otros seres vivos, incluidas las plantas, también luchan entre ellos por diversos objetivos. La comida y la reproducción han sido dos motivos muy presentes en este tipo de disputas. Como indicaba el gran etólogo Konrad Lorenz, las luchas surgen normalmente entre individuos de la misma especie, debido a que comparten intereses comunes y tienen que competir por los mismos recursos o fines (Konrad Lorenz, 1989, pp. 31-33). Esta lucha muchas veces es necesaria. ¿Sería esto entonces una justificación de la guerra? ¿La guerra sería necesaria? Depende, si pensamos que debemos seguir este comportamiento animal, sin reflexionar sobre ello y no viendo que el ser humano tienes otras posibilidades y otras capacidades, entonces valoramos poco al ser humano. Si además vemos que otras especies animales dirimen sus problemas mediante rituales que rara vez producen graves percances y que luchan realmente por su propia subsistencia, esto nos deja a nosotros, los seres humanos, en un mal lugar; dando realmente un mal ejemplo y mostrando que no somos tan inteligentes como presumimos o hacemos ver.

Y si a esto le añadimos que precisamente gracias a nuestro desarrollado cerebro hemos sido capaces de elaborar una tecnología destructiva, que amenaza nuestra propia existencia, entonces todavía debamos pensar más que no estamos actuando de esta forma tampoco de un modo muy inteligente. Podemos seguir permitiendo que se use esta tecnología, fruto del trabajo y del talento del ser humano, para someter y explotar a otros seres humanos, para crear armamento destructivo, que enriquece a unos pocos y esclaviza a buena parte de la humanidad, pero todo esto no deja de ser tremendamente inmoral y a la vez tremendamente peligroso; porque de este modo destruiremos los propios cimientos de una posible sociedad estable, próspera y en paz. Así, nunca habrá paz, nunca podrá haber concordia, y la guerra continua, la guerra interminable, acabará tarde o temprano con nuestra propia especie.

Una opción, más humana y más sensata, es ver que es posible vivir en este mismo mundo no bajo los preceptos de la violencia y del miedo, sino bajo los del entendimiento y la cooperación. No es utópico, el ser humano puede hacerlo y puede salir muy beneficiado con ello. Para conseguirlo, sin embargo, necesitamos replantearnos nuestros modos de actuar, estudiarlos para conocer como hemos conducido al planeta al estado actual de pobreza en gran parte de su población y de enfrentamiento continuo. No todos estaremos por la labor, especialmente aquellos que actualmente dirigen este mundo, que tienen interés en proseguir con ese desorbitado privilegio en el que viven, pero que genera al mismo tiempo una desorbitada injusticia y desigualdad. Quienes viven así, en ese lujo y derroche demasiado inmorales, no tendrán gran interés en modificar su situación. Los demás, la mayoría, sí deberíamos estar dispuestos a cambiarlo o al menos a mejorarlo, si no queremos seguir sufriendo las consecuencias de los caprichos de la avaricia y de la codicia de otros. En realidad, al final, todos seríamos los beneficiados de un cambio de actitud de nuestro mundo, pues el camino actual no tiene buen fin para nadie.

La guerra ha sido tradicionalmente el instrumento mediante el cual la clase dirigente somete a otras sociedades y obtiene beneficios con ello, a su vez sirve para el propio sometimiento y control de su sociedad, en provecho único de ellos y en un notorio perjuicio para el resto de la población. Se analizará y se reflexionará, por tanto, sobre la guerra, sobre la historia de las guerras, sobre sus demoledores efectos y también sobre cómo se ha inculcado en la mente de las gentes su envenenada semilla. La historia nos enseñará de nuevo valiosas lecciones que nos podrán ayudar más de lo que creemos en los momentos actuales y en los futuros.

El conocimiento llena el alma del ser humano y ayuda a evitar la barbarie, y la guerra es la barbarie por excelencia. Richard Sanders comenta que sabiendo el modo en que se ha utilizado y justificado la guerra a lo largo de la historia, fundamentalmente mediante poco escrupulosos engaños, nos puede ayudar para evitar que se repitan otra vez sucesos realmente terribles; a los que habitualmente somos conducidos por nuestra propia ignorancia de los hechos. Estas son sus palabras:

El conocimiento de la historia, de cómo los planificadores de la guerra han engañado a la gente en el pasado para que apoyasen a las guerras, es como una vacuna. Podemos utilizar esta comprensión de la historia para inocular a las personas con dosis saludables de desconfianza hacia los pretextos de la guerra oficial y otras estratagemas para el engaño. A través de tales programas de inmunización podemos ayudar a contener nuestra susceptibilidad social hacia la “fiebre de la guerra” (Richard Sanders, 2002).

La vacuna del conocimiento histórico, de la razón, de la moral, del estudio crítico y de la sensatez, actuarán como antídotos eficaces contra la brutalidad de la violencia bélica, contra la fiebre y la locura que anidan en ella.

La justificación de la guerra es tan antigua y tan nueva como la propia guerra y como el propio ser humano. De hecho, es necesario el favor de gran parte o de la mayoría de la sociedad o de la población para desencadenarla. De ahí que se recurra a crear poderosas razones, ya que en condiciones normales, y en su sano juicio, nadie está dispuesto a agredir y matar a sus vecinos, e incluso menos a un desconocido que nada le ha hecho.

Referencias-Notas:
1. Konrad Lorenz. Sobre la agresión: el pretendido mal. Siglo XXI, 1989, pp.31-33.
2. Richard Sanders. How to Star a War: The American Use of War Pretext Incidents. Global Research, January, 9, 2012. Coalition to Oppose the Arms Trade (COAT) – 2002-05-02.

* ¿Es posible la paz?
@MikelItulain Esta nota pertenece a un capitulo de la obra del autor: Justificando la guerra.

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