Un imperio cristiano hace desaparecer a un pueblo europeo

Por Nònimo Lustre. LQSomos.

Un jinete del período Avar. Basado en la tumba1341/1503 del yacimiento Derecske-Bikás-dűlő (Déri Museum, Debrecen)

Con fecha 01.IV.2022, varias revistas científicas publicaron un descubrimiento: ensayando técnicas propias de la genética de poblaciones, se confirma la existencia de los tubalismo un pueblo estepario que dominó durante dos o tres siglos las llanuras herbáceas de Europa Central y que hasta llegó a asediar Constantinopla en el año 626. Pero, hasta ahora mismo, era un pueblo oculto por la historiografía bizantina. Es frecuente que ‘aparezcan’ pueblos indígenas que subsistían agazapados bajo nombres perdidos pero que, de vez en cuando, deciden emerger revitalizando sus culturas. Pero no ocurre lo mismo en el campo histórico y menos en Europa donde es asumido que están registradas todas las nacionalidades y minorías que han ocupado activamente espacios de alguna extensión e importancia. Por ello, nos ha llamado la atención que la genética haya demostrado que los Avars (ávaros o avaros) existieron y, más aún, que su élite mantuvo una férrea endogamia hasta el final.

Ajuar avar

Los títulos de los papers publicados nos aproximan a su contenido arqueogenético: “Los orígenes de los Avars clarificados gracias al ADN antiguo”, “Los misteriosos guerreros que hicieron la migración más rápida de la Historia Antigua. En una década, los Avar viajaron de Mongolia a Hungría” (en Max Planck Society y en Science respectivamente, ver ficha infra) En ellos, un equipo multidisciplinario de genetistas, arqueólogos, antropólogos e historiadores, explica que la obtención en tumbas antiguas del adn de los aristócratas avar demuestra que, desde el Asia centro-occidental del imperio Rouran, migraron hacia Europa decenas de miles de familias avar expulsadas de la estepa mongola por los Tou-Kiue. En sus nuevos territorios, los Avars introdujeron el uso del estribo y cubrieron de oro a sus jefes. Pero todavía no se han encontrado registros escritos.

El ocaso definitivo de los Avars fue acelerado por su derrota ante Carlomagno. Los Avars desaparecieron de los mapas genético y geográfico pero, como dice Gnecchi-Ruscone, uno de los investigadores, “No sabemos qué pasó, ¿dónde fueron?, ¿se subsumieron en una población más grande?, ¿quizá los plebeyos, al revés que sus empecinadamente endogámicos gobernantes, se miscegenaron con la población local?

Jarra de oro encontrada en la tumba avar KHM

Aunque los hallazgos de hace pocos días son definitivos, debemos señalar que sus aspectos antropológicos merecieron hace dos años un estudio centrado en su élite: “Desde el año 568, los Avars se aposentaron en la comarca de los Cárpatos donde fundaron el Kanagato Avar, un importante poder centroeuropeo hasta el siglo IX. Parte de la sociedad avar fue probablemente de origen asiático pero su localización estuvo obstaculizada por la escasez de datos históricos y arqueológicos. Aquí estudiamos el mitogenoma y la variabilidad del cromosoma Y de 26 individuos de la élite avar… varones pertenecientes a cinco linajes… la homogeneidad de los cromosomas Y revelan un sistema de parentesco patriarcal… los Avar llegaron a los Cárpatos como un grupo de familias cuya élite mantuvo la endogamia hasta varias generaciones después de la conquista” (ver Csáky, V., Gerber, D., Koncz, I. et al. “Genetic insights into the social organisation of the Avar period elite in the 7th century AD Carpathian Basin.” Sci Rep 10, 948 (2020). https://doi.org/10.1038/s41598-019-57378-8) (ver los dos papers antes citados en Max Planck Society. 2022. Origins of the Avars elucidated with ancient DNA y Andrew Curry. 2022. Mystery warriors made the fastest migration in ancient history. The Avar traveled from Mongolia to Hungary in the span of a decade; disponible en https://www.science.org/content/article/mystery-warriors-made-fastest-migration-ancient-history)

Podríamos decir que la Genética de Poblaciones inaugurada por Cavalli-Sforza (ver infra, # Agradecimiento), ha salvado a los Avars de la tortuosa y torturante historiografía –por no decir Hagiografía-, de sus enemigos bizantinos quienes negaron el pan y la sal a un pueblo del que quedan numerosos vestigios en Hungría, Rumanía, Eslovaquia, Austria y Croacia. ¿Cuántos otros pueblos migrantes han sido ‘prohibidos’ por la sumamente intolerante intelligentsia cristiana?

Inciso: el primer ‘español’

Sem, Cam y Jafet, hijos de Noé

Estas notas, fueron provocadas no sólo por el hallazgo genético antes citado sino también porque leímos un titular periodístico que demuestra la alucinación alcanzada por el tribalismo proto-nacionalista español: “El primer rey de España, era nieto de Noé”. Habida cuenta de que la península ibérica está en el extremo sur-occidental de Eurasia, sus primeros indígenas ‘históricos’ pseudoescritos, tataranietos de los paleontológicos-, han tenido la desgracia de ser subsumidos en las leyendas épico-bíblicas. Pero no como protagonistas del relato sino como descendientes de los agentes ancestrales que surgían del Oriente mesopotámico. De la confluencia entre el Viejo Testamento y el elogio ditirámbico del primer expansionismo del ‘pueblo elegido’, nace Tubal, quien bien podría ser entronizado como el “Héroe Fundador de España” sino hubiera sido porque ni era cristiano ni España existía en sus harto hipotéticos tiempos –y porque el chauvinismo tiene ínfulas de futuro que no casan con los cavernícolas.
En efeto (sic), de creer en la Historia más provecta, Tubal (o Túbal) fue hijo de Jafet y nieto de Noé. Una quimera mitologizante tan enraizada en el imaginario peninsular que hasta cayeron en ella esos vascos para quienes su Héroe es Aitor… hijo de Tubal. Como resulta que los Héroes han de ser viajeros (nómadas diríamos hoy) y, por ende, ser exogámicos que vienen del extranjero, antes de llegar a Iberia, Tubal, tras haber engendrado una serie de pueblos en una elusiva “Iberia caucásica”, se trasladó como su primer ‘rey’ a la genuina Iberia peninsular donde engendró a la dinastía tubalita algunos de cuyos reyes más nombrados fueron Íbero, Idibeda, Brigo, Beto (Guadalquivir) y Tago (Tajo)

Tubal y su descendencia, otro de los estragos provocados por el difusionismo feroz

In illo tempore, el Difusionismo era dogma obligatorio. El Policentrismo era una herejía peligrosa. Desde el Empíreo –sitio único-, Dios había difundido al Hombre y éste, a su vez, había inventado artefactos e ideas que desde un punto geográfico eran difundidas a todo el orbe. En la Alemania de la segunda mitad del siglo XX, el difusionismo antropológico estaba tan ‘avanzado’ que hasta se atrevían a ubicar en tal o cual yacimiento arqueológico alemán el origen de la punta arponada –un ingenio prácticamente universal. El difusionismo es una jerarquización abusiva del tiempo y del espacio. Por ende, es caro a la Historiografía convencional a quien, durante siglos, le era útil el tubalismo aunque algunos eruditos de estómago agradecido supieran que la verdad era otra:

“Trogo Pompeyo, autor de unas Historiae Philippicae, menciona allí a un rey Hispalo o Hispano, también llamado luego Ibero, una especie de héroe-fundador, como Rómulo o Eneas, sin el menor fundamento histórico, pero importante para la creación de una identidad, pues se suponía que había dado nombre a la Península. Previamente, Herodoto se había referido a Argantonio, rey de Tartessos. A ambos harán referencias, mucho más tarde, san Isidoro, Jiménez de Rada o Alfonso X; pero sin renunciar al dato mitológico previo, con el que lo combinaron, pues hicieron de Hispano sobrino de Hércules, a quien éste habría legado el trono de Hispania. Estos dos nombres –el de Hispano a veces desdoblado en dos o tres– se convertirían en referencia habitual tras su inclusión en la lista de reyes inventada por Annio de Viterbo” (J. A. Junco) Esta ocurrencia de Viterbo se mantuvo durante siglos hasta llegar con la copia de Florián de Ocampo al delirio de construir una relación de los Reyes Fabulosos de España: 1º. Tubal, año 2163; 2º, Íbero, 2006;… 24º. Eritreo, 1246; 25º. Gárgoris, 1170 y 26º. Habis (Habidis es incorrecto), 1105-1071. Por fortuna, esta dinastía fue menos enseñada que la conocida ‘lista de los reyes godos’ que los niños del tardofranquismo nos vimos obligados a aprender de memoria.

Los Avars, aliados de Persia en la guerra contra los bizantinos

La guerra bizantino-sasánida del 602-628 fue la última y la más devastadora de las guerras romano-persas. Pero no caigamos en la trampa saducea de creer que greco-romanos y persas eran y son enemigos naturales -irreconciliables. Ejemplo: la guerra anterior acabó en 591, cuando el emperador Mauricio ayudó al rey sasánida Cosroes II a recuperar el trono persa. Dicho lo cual, añadiremos que los Avars llegaron a sitiar Constantinopla en lo que representó su mayor contribución a esas guerras ajenas –y la débil ancla en la que depositaron su inclusión en la Historia general de Europa.

Pero la historia de este pueblo tiene un grave problema: sus fuentes son del enemigo bizantino y ésta es la razón principal por la que son desconocidos –la culpa no es de los cristianos del Imperio de Oriente sino de sus descendientes, aquellos amanuenses demasiado vagos y crédulos que difundieron al pie de la letra las tergiversaciones propias de cualquier enemigo en guerra. Por si fuera poca desgracia depender del enemigo, habremos de añadir que sus restos lingüísticos se reducen a un puñado de nombre propios personales y de títulos (Qagan, Bayan, Yugurrus, Tarkhan), la mayoría de origen centro-este asiático.

Una aclaración: aunque compartieron en siglos distintos una cultura esteparia, los Avars no son descendientes de Atila (ca. 395-453), quien fue brevemente rey de los hunos (hsiong-nu), pueblo estepario originario de China. Los hunos, asentados en Panonia (aproximadamente la actual Hungría), dominaron desde el Caspio hasta los Alpes e incluso los Pirineos. Subrayaríamos que Atila no fue ningún inmigrante sino que fue plenamente ‘europeo’ pues nació en el Danubio y nunca viajó a Asia. Quizá en consecuencia, su ejército estaba compuesto en gran parte por germanos dirigidos por consejeros romanos como Flavio Orestes y griegos como Onegesies. Atila lanzó primero sus ataques contra el Imperio Romano de Oriente, al cual sometió al pago de gravosos tributos y, en 441-443, llegó hasta las puertas de Constantinopla. Dos siglos después, los Avars, también aposentados en la puszta (término magiar derivado del eslavo vacío, desolado, que designa el desierto herboso propio de la llanura esteparia húngara, hábitat ideal para los viajeros esteparios), también atacaron Constantinopla y con parecida ausencia de favor victorioso.

Dice un autor generalista con el que no estamos plenamente de acuerdo que, “durante el siglo VI, la región danubiana vivió una gran inestabilidad debida al movimiento de los Gépidos, Lombardos y de los jinetes nómadas, entre ellos los temibles avaros, procedentes de la estepa y que hasta comienzos del siglo VII habían logrado imponer su yugo sobre los eslavos del Danubio. Dadas las profundas diferencias –materiales y espirituales– existentes entre nómadas y sedentarios, los ancestros de los avaros podrían ser los Yuan-Yuan del Asia Interior o bien alguna rama de los Hunos Hephtalitas o incluso de los Hsiong-un [Hunos originales, aún sobrevivientes en el norte de China]. A mediados del siglo VI, todos esos pueblos fueron derrotados por los túrquicos Tou-Kiue. Entonces cerca de veinte mil guerreros avaros marcharon hacia Occidente. Los avaros europeos, según Teofilacto Simocatta (comienzos del siglo VII), eran en realidad “pseudo-avaros” que se apropiaron de una denominación de gran prestigio en la estepa para reemplazar sus originales etnónimos de Var y Chunni. Sea como fuere, formaron un poderoso imperio en Europa desde su llegada en 558 que, a pesar de encontrarse debilitado desde su fallido asedio de 626 a Bizancio, existió hasta las postrimerías del siglo VIII.”

Asedio a Constantinopla 626

Torre helépola utilizada por los avaros.

El hecho histórico por el que los Avars fueron mencionados en las perversas fuentes bizantinas fue el asedio al que, durante diez días del año 626, sometieron a Constantinopla. Las relaciones entre los imperios persa y bizantino no eran las mejores. Más aún cuando los Avars se aliaron con los persas. Una muestra del lenguaje diplomático que se gastaban en la correspondencia entre ambos Imperios: “De Cosroes [Sha o Sah; el infame Reza Pahleví se ascendió a Shahansha, Rey de Reyes], honrado por los dioses, señor y rey de toda la tierra, nacido del gran Armazd, a Heraclio, nuestro insensato e insignificante sirviente… difícilmente Cristo, que no fue capaz de salvarse a sí mismo de los judíos, podría salvarte”. Cuando comienza el sitio, Heraclio está ausente, acosando en Oriente al Imperio persa. Le sustituye el Patriarca Sergio quien es fama que, seguido por la plebe bizantina, tomó el icono de Cristo -una pintura no pintada o icono acheiropoiético– y le paseó por las murallas.

Los Avars y sus aliados coyunturales (Gépidos y eslavos) no eran ignorantes pueblos bárbaros sino europeos de larga data que habían adoptado y mejorado las artes bélicas. Montados de espaldas a sus cabalgaduras, disparando con arcos compuestos y prácticos en el uso de lanzas, manteletes y fundíbulos (trabuquetes, almajaneques o catapultas), llegaron a las murallas de Constantinopla mientras que los persas se quedaron en Calcedonia, en la otra orilla del Mar de Mármara. La capital contaba con doce mil soldados de caballería y el Patriarca Sergio soliviantó a los campesinos de la periferia convenciéndoles de que los Avars eran paganos que debían ser exterminados. Cuando las flotas persas y avar fueron hundidas en dos batallas diferentes, los atacantes abandonaron el sitio –según las enciclopedias europeas, “aparentemente al creer que había una intervención divina a favor de Bizancio” (¿) En otro de los continuos excesos propios de la historiografía cristiana, según el Chronicon Paschale, el Khan de los Avars afirmó que, en el momento álgido de la batalla, había visto a una mujer sola, de ropaje resplandeciente, que recorría las murallas defendiendo a la ciudad. Por ello, siguiendo la plurisecular tradición de los santiagos matamoros, la Virgen fue transformada en Virgen Generala (Strategós Parthénos)

Cerco a Constantinopla 626

Uno de los cronistas principales de este asedio fue el religioso Teodoro Synkellos (synkellos = consejero áulico), prototipo del monje cortesano. Claro que las mesnadas avar dieron un gran susto a la teocracia bizantina pero es obvio que Synkellos se vengó con una homilía que no resuma precisamente caridad cristiana:

Por cada uno de nuestros soldados había cien o incluso más bárbaros, cada uno revestido con coraza… Las tribus bárbaras se alinearon al frente, de mar a mar, como enjambres de avispas y llenaron toda la tierra con sus armas… la vista desde el lado de la tierra era la más terrible y el aspecto de los enemigos era como para volverse loco… todos ellos llevaban casco y llevaron todo tipo de maquinarias militares [técnicamente, más avanzadas que las armas bizantinas]… el enemigo del oeste, guiado por un abominable y terrible enano, llamado por los bárbaros en su propio lenguaje el Khan, atacó las murallas de la ciudad por varios días… era la encarnación de la venganza devastadora del eterno espíritu maligno; demostró ser el hijo del demonio, no por naturaleza, sino que por su propia decisión, y toda diabólica maldad estaba encarnada en él. Como un anti-dios, creyendo que tenía poder sobre la tierra y el mar llegó para aplastar a los hijos de Dios

Su aduladora cortesanía se desborda cuando insulta a los enemigos y cuando alude a su emperador Herakleios: “¿Qué formas de amabilidad no mostró [Heraclio] para con este perro?… ¡Fuera los perros y todo aquel que ame y practique la mentira… deberíamos interpretar a Gog como el conjunto de gentes guiadas contra nosotros por aquél perro enloquecido… Porque mi emperador es religioso y no comete fechorías, devoto y puede decirse que toda su vida ha sido contemplar y observar los mandatos divinos y él anima a todos sus súbditos a hacer lo mismo. ¿Cómo nuestra ciudad no obtendría ayuda y soporte divino más que la otra Jerusalén?» (ver una monografía del sitio, en Martin Hurbanič. 2019. The Avar Siege of Constantinople in 626. History and Legend. Palgrave Macmillan, https://doi.org/10.1007/978-3-030-16684-7; disponible en zlib.org)

Moraleja: la Historia de Europa sufre algo más que tergiversaciones ideológicas repetidas ad nauseam; también sufre unas enormes lagunas, como la aquí comentada, que llegan a la negación absoluta. Para desenmascararlas, la Genética de Poblaciones, una nueva disciplina muy segura, ha llegado en ayuda de algunos pueblos europeos ‘desaparecidos’ con malas artes por el fanatismo cristiano.

Agradecimiento. Esta nota surge de la gratitud que le debemos a uno de nuestros principales mentores: Luigi Luca Cavalli-Sforza (1922-2018), fundador del mejor y más seguro método para investigar sobre genética de poblaciones humanas, tópico que comenzó a estudiar en 1952 y al que se dedicaría en exclusividad desde 1960. Algunos de sus hallazgos: la evolución humana no depende sólo de la selección natural pues depende también de la deriva genética; en 1988, demostró que existe una correspondencia espectacular entre los árboles filogenético y lingüístico de la humanidad. Etcétera.

Si será relevante Cavalli-Sforza que –por una vez y sin que sirva de precedente- hasta Wikipedia reproduce una cita suya realmente significativa: “Todo lo que se escribe de ciencia puede ser modificado. ¿La ciencia no debería proporcionar certezas? En realidad, solo puede darlas la religión, a quien las acepte. El hecho de que cada religión ofrezca certezas distintas puede ser preocupante, pero al parecer esto no perturba a los creyentes. Lo mismo se puede decir de ciertas convicciones políticas. O sea, solo la fe da certeza, con la excepción de las matemáticas, que lo consigue por ser muy tautológica.

Imagen de portada: Batalla de Nínive[año 627] entre Heraclio y Cosroes II, del ciclo Historias de la Santa Cruz (1452-1466) Por Piero della Francesca (ca. 1415-1492)
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