Zapatistas en las Hurdes y memoria española: una insólita coincidencia

Por Nònimo Lustre. LQSomos.

En noviembre-diciembre 2021, con una discreción rayana en el anonimato y en la clandestinidad –plausible porque en Chiapas están en guerra-, varias columnas zapatistas han visitado los rincones más remotos de España

Han sido acogidos por un enjambre de grupos de apoyo no menos discretos que se han esforzado en respetar las reglas del juego: nada de prensa, no fotos, mujeres y hombres en igualdad numérica, equilibrio entre veinteañeros y mayores e intenso trabajo y más trabajo escuchando y debatiendo. En suma, una colosal investigación político-antropológica cuantitativa y cualitativamente mayor que cualquier otro programa académico.

Una de las ediciones en castellano de Opoton

Si alguien escribe la memoria de esta gira, quizás aventure que estos zapatistas han venido a conquistar Europa. Si así lo entiende, sería una pieza más en el acervo de la Historia al revés, un corpus literario que cuenta con ejemplos como la novela de Federico Andahazi El conquistador que narra el descubrimiento de Europa por los “aztecas”; la obra Aztec Century de Christopher Evans y, muy destacadamente, la novela-ficción de un exiliado catalán en México, Avel·í Artis-Gener, @Tisner (1912-2000) quien, ca. 1968, publicó Palabras de Opoton el viejo. Crónica del siglo XVI de la expedición azteca a España -en náhuatl Opoton significa hedor, pues tenía una mofeta en su jardín. En ella, Tisner nos cuenta las peripecias de una invasión “azteca” que no termina bien pues, de los 3.600 hombres que partieron, sólo 27 pudieron regresar al Aztlán (ver alguna de las varias ediciones, en catalán y en castellano, de Artìs-Gener, Avel·lí. Paraules d’Opoton el Vell, Cadí, Barcelona, novel·la nº13, 1968, rúst., 289 pp) [Hemos entrecomillado “azteca” porque ese término, meramente convencional, no describe a ningún pueblo indígena concreto. Además, hoy nos ocupa la reciente invasión zapatista que es maya o mayance, no mexica ni náhuatl]

Hoy, me ocuparé de uno solo de los pueblitos visitados por las/os zapatistas: Martilandrán, una alquería perdida en la sumamente perdida comarca extremeña de Las Hurdes -seguramente, el 99% de los españoles, ni siquiera sabrían ubicarla en el mapa. Las zapatistas fueron invitadas por la asociación local Tortuga Jurdana amén del colectivo Caracol de Extremadura y del Colectivo de Mujeres Indígenas. ¿Por qué llegaron a Martilandrán y no a cualquier otra alquería o pueblo de Las Hurdes? Seguramente por un cúmulo de casualidades que incluyen desde una conexión con jóvenes hurdanos inmigrantes en Europa hasta, lo más insólito, una coincidencia cronológica -galáctica para los astrólogos- con la tumba de un golpista fascista a quien la República confinó en Martilandrán (ver último parágrafo)


Martilandrán, hoy. A la derecha, encima de la orilla del río, el terraplén desde el que se precipita
la cabra en Tierra sin pan, 33 minutos,el documental de Buñuel y Ramón Acín rodado en abril y
mayo de 1933. Acusados estos dos eximios aragoneses de haber contribuido
(creado, para los tendenciosos) a la leyenda negra de Las Hurdes, opino que no sólo no son
tremendistas –mucho más tremenda era el hambre sufrida por los hurdanos-
sino que se quedaron cortos en su denuncia.

Albiñana, “el primer fascista español”

Martilandrán. Las antiguas chozas imaginadas “como un laberinto de tortugas”.

En 1932, la República española se enfrentaba a tres principales bandas de asesinos: la CEDA, el Partido Nacionalista Español (PNE) y la Falange –una muestra de nuestra ignorancia sobre la Historia de la República es que ahora sólo recordamos a la Falange, precisamente la menos numerosa puesto que todos sus sicarios ‘cabían en un taxi’. Hastiada de que el doctor Albiñana, hoy semidesconocido pero entonces jefe del PNE, estuviera involucrado en todas las conspiraciones monárquicas, en los dos golpes de Estado que habían sido abortados a tiempo y, especialmente, de que sus milicias legionarias fueran todavía más asesinas que la Falange, decidió confinarlo en Las Hurdes, concretamente en la alquería de Martilandrán –como al señorito la pareció que esa alquería era indigna de su alcurnia, protestó y consiguió ser trasladado a Nuñomoral, entonces el Manhattan hurdano. Como era de natural graforreico, el mentado doctor publicó un libro de su martirio cuyo prólogo refleja sin ambages su monarquismo trufado de proto-fascismo, su elitismo adobado con paternalismo y un etcétera inconmensurable:

“Millares de patriotas han sido perseguidos cruelmente por imposición de un poder internacional, obscuro y miserable. Todo cuanto hay de ruin en un pueblo, flota en las revoluciones, como el estiércol de los corrales en las riadas arrolladoras… [y continúa con citas largas]

Portada de las memorias ‘hurdanas’ del sádico petimetre Albiñana

… El alcalde pedáneo de Martilandrán, triste, ignorante; y pobre, es como la papila terminal del régimen en un campo de miseria. Su semblante apacible y pueril, acusa una bondad ingenua, confirmada por su grandeza dé alma. Yo, que me niego terminantemente a prodigar tratamientos de excelencia a quienes no lo merecen, concedo el de Majestad a este hombre primitivo, que no ha sufrido el impuro contacto de la soberbia, la traición, la ridícula vitola de la autoridad inmerecida e improvisada por el azar [le compara con Pedro Crespo, el alcalde de Zalamea]… Mi buen alcalde, el alcalde de Martilandrán, es un hombre honradísimo, ingenuo y animoso. Sufre la tragedia común a todos estos desventurados braceros jurdanos, que no les deja segar la tiranía socialista. Salir en busca de trabajo por las demarcaciones próximas, es exponerse a perder la vida en las manos asesinas de los déspotas del socialismo… Más de uno, y más de dos, de estos aventurados obreros hambrientos, han regresado a su mísera choza jurdana, molidos a palos por los caciques explotadores de la Casa del Pueblo… Pero mi alcalde tiene hambre. No puede alimentar a sus cinco hijos, que con su esposa, forman su familia. En las Jurdes no hay un solo jornal que ganar. Y arriesgando el pellejo, como si fuera a realizar alguna empresa de forajidos, el buen hombre marchó a tierras salmantinas, la hoz al hombro, en busca de un trigal donde ganar su vida.

[descripción de Martilandrán] En la negra alquería pizarrosa no hay más que míseros cobertizos, morada infecta de personas, cerdos y cabras, en monstruosa mezcolanza. Los piojos pueden cazarse con escopeta, sin afinar mucho la puntería… en vista de la imposibilidad de adquirir alimentos, he aceptado el donativo de dos arrobas de patatas, ofrecidas por vecinos de Martilandrán, el pueblo más mísero y retrasado de Las Hurdes.

[cita a un diario de izquierdas] «La Prensa que le hace el juego al célebre doctor Albiñana da aire a un telegrama que el jefe de los legionarios envía al decano del Colegio de Abogados protestando de que Martilandrán, el pueblo cacereño adonde le ha enviado el ministro de la Gobernación, es una aldea inhabitable, en la que hay que pernoctar entre animales o a campo raso en medio del monte, y le suplica recabe del Poder público un mínimo de respeto a los derechos humanos. Ya es pintoresco que Albiñana, el gran socorredor de vencedores, que inventó y preconizó con sus bravos legionarios la política de garrotazo y tente tieso al grito de ¡viva el rey! cuando los sicarios de Mola le guardaban las costillas; ya es pintoresco, decimos, que sea este bizarro sujeto el que ahora clame fuertemente por los derechos del hombre.”

Pie de foto redactado por Albiñana:
“Aquí me tienen ustedes, a las órdenes del ilustre alcalde de Martilandrán,
Antonio Domínguez, analfabeto convertido en jefe de los universitarios, bajo un régimen de «cultura”.

[poetastro que se define como “Cavernícola de pro”, demagógico e inverosímil, Albiñana escribe que quiso sublevar ¡a los hurdanos!] —¿Queréis segar?—insisto, avanzando hacia el grupo resueltamente—. Un hambriento contesta, con voz desfallecida:
—¡ Sí, pero no habemos dónde!
—¡Venid conmigo a Madrid!—respondo, exaltado—. ¡Allí hay buen tajo! ¡Allí podréis hartaros de segar, hundiendo la hoz en la paja y en la broza que ha crecido sobre el suelo sagrado de España! ¡Empuñad las hoces, sufridos jurdanos, y vamos a limpiar la mala hierba!” (fin de las citas de Albiñana)

Estos segadores, ¿hubieran entrado en Madrid al extravagante grito de “¡Mueran los moros judíos!” que reseña el doctor mártir en la página 132 de su panfleto? Aunque es posible que los actuales martilandrenses no conozcan el martirologio de Albiñana porque sólo es un viejo ladrillo más en el muro de la leyenda negra que les margina, por ignotas vías perifrásticas y quizá sin saberlo, le han contraatacado gracias a esa insólita coincidencia cronológica antes mencionada que comentaré en el último parágrafo de estas notas.

Noviembre 2021. Las señoras de Martilandrán preparándose para bailar la jota hurdana
en homenaje a los invitados zapatistas.
“Las mujeres lucen sus vistosas sayas de picote, ribeteadas de colorines;
blusas de tela dé colcha, vistosamente rameadas,

mandiles de furiosa policromía, y en la cabeza el gran pañuelo ajustado,
con el largo pico colgando sobre la espalda”

(según describe Albiñana la fiesta de san Antonio en Nuñomoral)

El mausoleo del ‘primer fascista español’ para tapar una fosa común

A mediados de noviembre 2021, mientras una columna zapatista investigaba en Extremadura, en el pueblo valenciano de Enguera y en cumplimiento de la Ley de Memoria, un equipo de antropólogos forenses, desplazó la ostentosa tumba de Albiñana para recuperar los restos de nueve fusilados por el franquismo que yacían debajo. Aunque, desgraciadamente, no es el único caso de sacrilegio civil, semejante ignominia demuestra por sí sola que la infinita sevicia de los fascistas nunca respetó ni siquiera a los muertos.

Ni ahora la respeta porque, ante la exhumación, los franquistas pusieron el grito en el cielo. Para José Luis Piqueras, sobrino nieto de Albiñana, “es sólo una vendetta contra su antepasado. Y denuncia que el investigador memorialista que lleva a cabo la exhumación, Alfredo Barberán, es sobrino nieto del jefe del comité de Enguera, responsable del asesinato de su abuelo. “Ahora, ese monumento ha sido retirado con la acusación de “franquista, fascista y falangista”, algo que el doctor Albiñana no fue (ni militó en Falange ni llegó a conocer el franquismo al morir al inicio de la guerra) Su monumento se retira con la excusa de exhumar nueve cuerpos que supuestamente están en una fosa”.

Mausoleo en honor del “primer fascista español”. La Cruz de Santiago
–ayer Matamoros y/o Mataindios y, en España, Matarojos.
Construido encima de la fosa de nueve republicanos fusilados

15.XI.2021.
El arqueólogo M. Mezquida trasladando los restos de Albiñana
a su nuevo emplazamiento en un nicho del cementerio.
Foto Eloy Ariza

No voy a discutir si Albiñana fue “franquista, fascista y falangista”, estúpido debate que, para calmar la insólita furia filológica del susodicho sobrino-nieto, se solucionaría anteponiendo el sufijo proto a esos tres adjetivos –olvidándonos de migajas como que era hiper-nacionalista y que, en 1936, ya había conspirado en tres golpes de Estado contra la República. Pero sí quiero denunciar ese venenoso uso del adverbio “supuestamente”: nada de ‘supuesto’, estaba más que comprobado que debajo de la pirámide del ‘doctor’ Albiñana’ yacían los restos de nueve personas. Lo estaba antes de la exhumación y ésta lo ratificó con incontestables evidencias.

Los antecedentes se conocían de sobra: el 28.III.1939 el bando sublevado toma el pueblo de Enguera donde no hubo ninguna ejecución durante la guerra puesto que el gobierno local era republicano. Un mes después, los franquistas detienen a nueve autoridades municipales republicanas -dos alcaldes, tres concejales, tres miembros del Comité Ejecutivo Popular y un guardia de asalto. Les asesinan y sus cuerpos son arrojados a una fosa común. Dos años después, construyen el mausoleo en honor a Albiñana encima de esa fosa.

Los zapatistas al rescate de la memoria histórica española

Aunque mi información no comprehende todas las situaciones extremeñas, me arriesgo a proponer que en Martilandrán se superaron los desajustes propios de cualquier encuentro entre dos culturas tan disímiles como son las actuales mayance-chiapaneco-zapatista y la hurdana. Arriesgándome aún más, sospecho que el diálogo, real y sin malentendidos, que se dio en aquella alquería entre zapatistas y martilandrenses, discurrió sin altibajos porque era una conversa “de indio a indio”.

De indígena a indígena. Por varias razones, los hurdanos conforman un tipo de indígenas puesto que:
a) se sienten apegados a su territorio;
b) tienen conciencia plena de su historia –genealógica, de parentesco y comarcal;
c) en buena medida, su manejo comunitario de esas tierras sin tierra -sólo hay pizarra-, es autónomo puesto que, sin él, es impensable que durante generaciones se hubieran erigido los bancales hurdanos;
d) saben que han tenido que refugiarse en un rincón improductivo sumamente hostil;
e) lamentan que su imagen pública sea la de brutos paupérrimos, trasunta en crueles villancico hurdanos como éste: Los pastores no son hombres,/ que son brutos y animales / que cuecen en los calderos / y duermen en los corrales;
f) han de emigrar, los varones exsegadores como mano de obra semiesclava y las adolescentes como criadas sin contrato; g) en materia idiosincrática antes que mitológica, los ancianos recuerdan que el monte está plagado de espectros como la Bicha –espíritu pariente de otros trasgos hurdanos como el Machu Lanú o la Sombra Errante-, es decir, su monte está literalmente animado;
g) corren el peligro de ser ‘adaptados y domesticados’ por biempensantes de toda laya paternalista, desde curas hasta humanitarios profesionales e incluso antropólogos.

Todas estas características son similares –no idénticas- a las de los mayas chiapanecos. Ergo, pese a la diferencia lingüística, entre indígenas se han entendido gracias a que ambos sustratos –numinoso, folklórico, sobrenatural- seguían parecidas matrices.

Columna extremeña y memoria histórica española. Comenzamos estas notas con una referencia bibliográfica a “la Historia al revés” y las finalizamos con una especulación que sólo será admitida por quienes aprecien la justicia poética histórica: como acabamos de ver, la exhumación en Enguera de nueve mártires republicanos coincidió en días y horas con la conquista zapatista de Martilandrán. Sin pitagorismos ni confluencias astrales, podemos colegir que la columna zapatista-extremeña, ha roto a mil kilómetros de distancia el velo del infecto mausoleo franquista. Y lo que tiene más mérito o magia: sin proponérselo.

Visto desde una variante meta-antropológica de la ‘historia al revés’, el genio reivindicativo de los martilandrenses ha logrado desenmascarar al paternalista Albiñana. Noventa años después de que este perverso doctor les definiera como gente “apacible y pueril, acusa una bondad ingenua… hombre primitivo, que no ha sufrido el impuro contacto de la soberbia, la traición… [que viven] en la negra alquería pizarrosa de míseros cobertizos, morada infecta de personas, cerdos y cabras, en monstruosa mezcolanza. Los piojos pueden cazarse con escopeta”, los hurdanos le han bajado los pantalones al fascista caritativo descubriendo públicamente sus vergüenzas –léase, su incalificable maniobra para yacer por encima de los republicanos pero, asimismo, que realmente odió a los hurdanos. Con lo primero han ayudado a los memorialistas hispanos. Lo segundo, lo saben desde hace casi un siglo. Dicho de otra forma, protegidos por la gloriosa intervención de los geniecillos del Azar temporal, la conquista zapatista ha influido positivamente en la contemporaneidad española.

Martilandrán noviembre 2021.
Paseata de zapatistas y grupos de apoyo locales y regionales.
Repárese en el trabajo plurisecular que suponen los bancales
porque esa tierra ha sido acarreada en cestos y costales remendados,
a hombros humanos o de borricos entre los más pudientes.
En puridad, no son terrazas sino macetones,
equivalentes hurdanos de los jardines colgantes de Babilonia.

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