Artificiosos duelos entre reyes

Por Nònimo Lustre. LQSomos.

Nunca nos cansaremos de pregonar que los monarcas son unos perniciosos psicópatas a los que no debemos creer nada –absolutamente nada. Una de las ramas de su despotismo se hace patente cuando entramos en el terreno de los (supuestos) duelos entre reyes. Estas justas, les venían muy bien para demostrar su virilidad y su valor físico pero, como son tramposos y fulleros por herencia y nacimiento, sus muy pregonadas gestas, son definitivamente falsas. Salvo en los cuentos de la Antigüedad –a saber si existieron-, nunca hubo sangre (azul) en aquellos torneos.

Y bien que lo lamentamos porque estaríamos encantados de que, en lugar de batallas y guerras, se hubieran batido en duelo individual. Hubiéramos sido los espectadores más tempraneros, felices de contemplar cómo se entremataban los canallas que mandaban al matadero a sus súbditos –si morían los dos duelistas, miel sobre hojuelas. Por desgracia, no hubo tan gloriosa ocasión. Duelos royales hubo muchos. En algunos, hay evidencias de las mentiras que contaron a la plebe. Y hay un episodio en el que, gracias a la profusa documentación que generaron, es aplastante la fantasmagoría de los temerarios campeones que no combatieron. Esta nota se centra en el (no)enfrentamiento personal que tuvo lugar en Burdeos 1283 entre Pedro III de Aragón, dite el Grande, y Charles d’Anjou que no era rey pero casi casi.

Dios cría entre algodones a monarcas, banqueros y genocidas y ellos se juntan: el actual duque de Anjou, eterno pretendiente al trono de Francia como su tatarabuelo Charles, es Luis Alfonso Borbón-Dampierre y Martínez-Bordiú (n. 1974), presidente del patronato de la Fundación Nacional Francisco Franco por ser bisnieto del genocida -y está casado con una hija del banquero venezolano Vargas.

Unos pocos duelos royales registrados en orden cronológico

Uno de los primeros casos europeos de desafíos míticos en el campo del honor es el de Rómulo -junto con Remo, los dioscuros fundadores de Roma. Rómulo retó a Acron, rey de los Cecinenses a un combate singular y le mató, unificando al pueblo romano de tan tosca como expeditiva manera.

Circa 437 ane, en Etruria, uno de los tres únicos generales romanos que fueron condecorados con la Spolia Opima, Aulus Cornelius Cossus, desafió a Lars Tolumnio, rey de los etruscos de Veyes o Veientes, y le mató en un famoso torneo. Poco antes, Tolumnio había asesinado a cuatro emisarios que le habían enviado desde la cercana Roma –la leyenda reza que Lars estaba jugando a los dados cuando le preguntaron si los emisarios debían ser ejecutados. El monarca etrusco, absorto en un lance favorable de la timba, exclamó “¡Excelente!” lo cual fue (mal)entendido como orden de ejecución. Todos los duelos entre reyes acaban así, confusos, sin detalles de las trampas de los duelistas, sin culpables ni responsables.

Pirro (318-272 ane), rey de Epiro, desafió a Antígono II Gónatas, rey de Macedonia (dos veces entre 272 y 239 ane) pero, a la postre, no hubo combate singular por aquel reino sino ataque de Pirro contra los mercenarios galos y los elefantes que huyeron abandonando a su rey macedonio.

Desde el año 411, los Vándalos y los Alanos pusieron sus ansias en Galicia. Acordaron que su posesión se decidiría en un torneo entre dos jóvenes campeones. Trasamundo (450-523), rey de los Vándalos, abdicó de sus pretensiones cuando mataron a su compañero y dejó Hispania.

Marzo 1528. Francisco I, rey de Francia, desafía en duelo al emperador Carlos V (Carlos I, en España) Nunca hubo la menor posibilidad de que se celebrara la justa.

1593: Naresuan, rey de Siam, reta a Mingyi Swa, príncipe heredero de Birmania, a una justa de honor encaramados ambos a lomos de unos elefantes de guerra. No hubo tal.

Etcétera. La abundancia de registros de duelos royales desde la Prehistoria hasta el Renacimiento, prueba que eran espectáculos que gozaban de un interés que mantienen hasta hoy (cf. infra, propuesta de Irak 2002) [hemos escrito rey con distinta letra porque en los tiempos pasados, no existían reynos sino otros tipos de dominación]

(Cf. Tres libros antiguos para observar el concepto de los duelos que tenía Occidente durante los siglos XVIII y XIX. Todos disponibles en internet:
John Cockburn. 1720. The History of Duels. 2 vols. Londres.
J. G. Millingen. 1841. The History of Duelling; Including Narratives of the Most Remarkable Personal Encounter that have taken Place from the Earliest Period to the Present Time. 2 vols; Londres.
Lorenzo Sabine. 1859. Notes on Duels and Duelling, alphabetically arranged. Boston, EEUU. Vid. especialmente el capítulo IV: Challenges and Duels of Kings, Naval Commanders and Knights; Duelling in the Church; -Among Authors, Artists, and Women)

Saltamos unos cuantos siglos. Cuando aparecieron las armas de fuego, estos duelos entre potentados terminaban en agua de borrajas pues ambos contendientes solían disparar al aire. Por ejemplo, el cuasi rey Arthur Wellesley (1769-1852), primer duque de Wellington, y G.W. Finch-Hatton, 10º conde de Winchilsea. En 1828, Wellington llegó a ser primer ministro –ultraconservador, pero partidario de la emancipación de los católicos. Winchilsea le acusó de “haber trazado peligrosamente la destrucción de la constitución protestante” y Wellington le retó a duelo. El 21.III.1829, hubo ceremonia en Battersea pero no duelo porque Wellington disparó intencionadamente lejos de su ‘enemigo’ quien, por su parte, disparó al aire.

1836: el zar Nicolás I de Rusia es desafiado por un aristócrata. Nunca se celebró el duelo.

Distinto desenlace ocurrió en Madrid, el 12.III.1870, en el conocido como Duelo de Carabanchel entre los cuñados de la reina Isabel II, Antonio de Orleans, duque de Montpensier (quien ganó pero perdió sus aspiraciones al trono de España) y Enrique de Borbón, duque de Sevilla, a quien le fue peor pues murió.

Sin armadura

Y una reliquia del pasado inmediato: Octubre 2002, cuatro meses antes de la invasión gringa a Irak, un vicepresidente irakí sugirió que G.W. Bush y Saddam Hussein resolvieran sus disputas en un duelo argumentando que así se evitarían las matanzas que siguieron. Kofi Annan, entonces secretario general de la ONU, ejercería de árbitro. Huelga añadir que Bush declinó la idea a través de un cortesano de quinta categoría (sobre esta posibilidad de evitar las guerras, ver Parent, J. M. 2009. “Duelling and the abolition of war”, en Cambridge Review of International Affairs, 22(2), 281–300. doi:10.1080/09557570902877943)

Tipos de duelo

Con escudetes o rodelitas pero sin armadura

Los duelos tenían un aura heroico y ritual y, desde luego, sus peligros estaban rigurosamente graduados –la mayoría no eran ‘a muerte’. Uno de los tipos de duelo que han permanecido hasta la actualidad, bien que enmascarados en el deporte, fue llamado Pancration –practicado por los Pancratiasta o Pancratiastes- donde estaban permitidos el boxeo, las patadas y la lucha libre.Duelo en familia por Hans Talhoffer

Ilustración libérrima de un accidente histórico: Enrique II, rey de Francia, desafió al conde Montgomery –capitán de sus guardaespaldas-quien, al principio, declinó la (envenenada) oferta. Pero, al final, aceptó y, el día 10.VI.1559, se vieron las caras en la rue de san Antonio. Montgomery rompió su lanza a propósito en el peto del rey quien había olvidado bajar la visera de su yelmo: una astilla entró en el ojo royal y, un mes después, Enrique II murió.

Duelo con testigos judiciales

Vísperas Sicilianas y Bordeaux, 1283

Palermo, 30.III.1282: Sicilia está ocupada por tropas francesas. Un sargento gabacho, tan borracho como todos, molesta a una joven casada. Su esposo, furioso, saca un cuchillo y lo apuñala –para otra versión, ver ilustración abajo. Comienzan las Vísperas Sicilianas. Los sicilianos se sublevan y asesinan a los cerca de 2.000 franceses que se encontraban en la ciudad, incluyendo a ancianos, mujeres y niños. Es el preludio de la “gesta” duelista que se manipuló un año después. Antes de narrarla, conviene saber que los propagandistas de entonces, tanto aragoneses como franceses, lo calificaron con el pomposo nombre de ordalía (= juicio de Dios) pero, evidentemente, no lo fue y tampoco lo hubiera sido aunque se hubiera celebrado.

Una de las versiones de la matanza: la doñita palermitana,
desmayada en brazos de su marido.
Abajo, un amigo del matrimonio con camisa bermellona,
le quita la espada al gabacho faltón y le ejecuta

Por un quítame allá esas caspicies sicilianas, el reyno de Aragón acusó a Francia de violentar el código caballeresco, originando así la tradición -dudosa, como todas- del famoso desafío de Burdeos que habría de decidir quién poseía Sicilia. Charles d’Anjou propuso celebrar en Burdeos (posesión inglesa) un torneo royal el 01.junio.1283. Pedro III lo aceptó para restablecer su reputación porque estaba excomulgado. Cada contendiente podría acudir acompañado solamente de un centenar de caballeros pero cuando el de Anjou llegó a Burdeos dos semanas antes de la fecha convenida, lo hizo junto a su pariente Felipe III de Francia, resguardados ambos por un ejército de doce mil soldados que, quizá, ocultaba el propósito de capturar al rey aragonés.

Imagen ideal-medieval de un duelo entre caballeros importantes

Pedro el Grande, llegó a Bordeaux disfrazado de criado del arriero que les guiaba. Lograron entrar de incógnito en la ciudad la víspera de la fecha señalada. Por la mañana de aquel no-muy-glorioso día, Pedro mandó decir al árbitro –el gascón Jean de Grailly-, que acudiera al palenque acompañado de un escribano (notario). Llegados a la campa, el rey aragonés desveló su identidad exigiendo que constara por escrito su presencia para el torneo y su protesta por la emboscada que le habían intentado tender. Asimismo, reclamaba que se le reconociera victorioso por haber vulnerado su rival los términos del acuerdo. A continuación, abandonó la ciudad mientras Grailly informaba a Carlos de Anjou, quien, seguramente temiendo una trampa, también se fue de Burdeos al día siguiente. Y también reclamó la victoria. Todos felices, como lo exigía su honor, los dos reyes habían comparecido… en horas separadas.

Imagen más aproximada:
Pedro III de Aragón llega al duelo disfrazado de criado de un arriero.

En suma, el torneo no llegó a celebrarse. Si los franceses querían recuperar Sicilia, tendrían que renunciar a aquel juicio de Dios y sumirse en la guerra. Fueron derrotados en todos los frentes: por tierra, el ejército francés de Felipe III fracasó en su intento de invasión de Catalunya; por mar, la flota felipista/angevina volvió a ser destrozada vapuleada en Nápoles. Al final, el reyno de Sicilia quedó definitivamente bajo la órbita de la Corona de Aragón primero, y de España después.

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