Caín y Abel, la Biblia al revés

Por Nònimo Lustre*. LQSomos.

Si ampliamos este árbol genealógico de las lenguas indo-europeas, notaremos que son una ramita de la lengua madre que figura en el rincón inferior derecho. De esa primigenia Mother Tongue, surgen las ramas chinas que, por la rampante sinofobia de nuestros días, no hemos podido consultar

“Abel mezquino y cobarde, / el siervo de su señor. / Caín que no entró
en el juego
/ y que se rebeló.
Caín rompió con un gesto su yugo de esclavitud / Perseguido por
quebrantar una ley, / que no entiende y que no cuenta con él

Pero aún hay aquí / Hijos de Caín. / La estirpe del fugitivo, creció y se
multiplicó / el signo que los margina ya nunca se borró. / Te maldigo,
claman los hijos de Abel, / a la diestra de su señor el poder”.

Hijos de Caín (abreviado), Barón Rojo, 1985.

Mientras sufría en mis carnes las iniquidades del cainismo, reparé en una obviedad: que Caín era el agricultor y Abel, el ganadero. Esta simple observación me llevó a colegir que, en el imaginario popular, Caín era todo lo violento que se supone son los ganaderos cuando realmente fue al revés. Gravísimo error popular puesto que, en el transcurso de los siglos, el provecto mito ha invertido sibilina e inadvertidamente las idiosincrasias de ambos personajes. ¿Por qué? Por la palabra de Jehová; un dios abusivamente pro-agricultura que no esconde sus preferencias -¿quizá porque la labranza era signo de modernidad?, ¿quizá porque los escribas de la biblia no querían ser confundidos con los bárbaros cazadores-recolectores que, in illo tempore, apenas habían llegado a esbozar la domesticación del ganado?

Después de haber consultado 13.675 versiones del Viejo Testamento, desgraciadamente todas ellas en alguna rama del Proto-Indoeuropeo, y sabiendo, por ende, que me faltan las del proto-chino –que englobarían multitud de otros idiomas ancestrales-, decidí conformarme con una versión del Génesis tan común que hasta digitalizada está. Hela:

“Abel fue pastor de ovejas y Caín labrador de la tierra. Aconteció después de un tiempo que Caín trajo, del fruto de la tierra, una ofrenda a Jehovah. Abel también trajo una ofrenda de los primerizos de sus ovejas, lo mejor de ellas. Y Jehovah miró con agrado a Abel y su ofrenda, pero no miró con agrado a Caín ni su ofrenda. Por eso Caín se enfureció mucho y decayó su semblante… Caín habló con su hermano Abel. Y sucedió que, estando juntos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel y lo mató” (Génesis 2-8)

Jehová prefiere ostentóreamente (sic) la dieta carnívora a la vegetariana. Hasta el punto de olvidar que los animales también son “fruto de la tierra”. Incluso diríamos que es un dios no sólo carnívoro sino rencoroso para con los vegetales. Quiere sangre y no manzanas. Bueno será recordarlo cuando sospechemos que hay mucha corrupción en las subvenciones y exenciones a las hamburguesas. Y, como Jehová es tan militantemente sanguinario, su furia asesina ante la agricultura se desata de inmediato:

“Ahora pues, maldito seas tú, lejos de la tierra que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. Cuando trabajes la tierra, ella no te volverá a dar su fuerza. Y serás errante y fugitivo en la tierra.
Caín dijo a Jehová: –¡Grande es mi castigo para ser soportado! He aquí que me echas hoy de la faz de la tierra, y me esconderé de tu presencia. Seré errante y fugitivo en la tierra, y sucederá que cualquiera que me halle me matará” (ibid: 11-14)

Adaptación moderna del dios odioso, viejísimo icono

Un dios carnicero y odioso

El corpus veterotestamentario está plagado de fratricidios que Jehová pasa por alto o condena con sorprendente lenidad. Pero, más allá del fratricidio, el dios bíblico es, sobre todo, una deidad carnívora mientras que Satanás, la imprescindible alternativa del maniqueísmo, no suele entrar en dietas gastronómicas -¿para qué si sus luciferinas invectivas nunca alcanzarían la barbarie de Jehová?.

Los panteones, olímpicos o trasatlánticos, disimulan la presencia de sus dioses odiosos coagulándolos en el Demonio, una solución chapucera. Pero las mitologías no se agotan en el Mediterráneo. Por ejemplo, entre los indígenas Yekuana del Orinoco, Wanadi es el dios de la luz y del bien. Odosha es hermanastro de Wanadi; cuando la madre de ambos parió al dios bueno, su placenta se olvidó en la tierra, llegó la gusanera y de esa putrefacción nació Odosha, dios del mal quien odió a Wanadi y dedicó su tétrica existencia a destruir la obra de Wanadi.

En el maniqueísmo dominante, tenía que haber un Diablo pero también una deidad perversa

Sin embargo, debo reconocer que el carnivorismo divino tiene curiosos aliados en la periferia del primitivismo. Así, en 1987, Jared Diamond publicó un famoso artículo titulado The Worst Mistake in the History of the Human Race. Y, ¿cuál era ese peor error de la Humanidad?: pues nada menos que la agricultura –lo lamento, Caín, diez milenios trabajando para que, al final, vuelvas a ser un forajido… Sin olvidar que anarcoprimitivistas como John Zerzan deliran ubicando la eutopía en un mundo –más que arcaico, paleontológico- en el que no habrá que matar animales, será suficiente con destripar cacahuetes.

Pero, ojo, habiendo comprobado que no era sostenible su carnivorismo extremo, homicida y terrorista –hoy añadiríamos geocida-, Jehová maquinó una más de sus insidias: convirtió en agroindustria a la agricultura, vecchia signora. De ahí que, actualmente, los Hijos de Caín tengamos que desatender nuestras labranzas para desmelenarnos en su defensa. Y, en el colmo de su hipocresía, ese retorcido dios trata de maquillar su ideología partidista proclamando que el ganado de Abel produce demasiado CO2. Pero, como lo pregona con la boca chiquita, ni siquiera los carnívoros convictos y confesos le hacen caso.

La quijada del burro

Jawbone moderno. Los cristianos siempre ansiosos de matar bíblicamente

Aunque no aparezca en el Viejo Testamento, tengo que analizar el tema de la quijada de burro, el arma homicida. No cabe duda de que ésta tenía que ser propiedad de Abel. Pero Caín la tuvo que usar porque no podía lesionar a su segundón con fuetazos de acelgas –cual fue su primera intención. Entonces, ¿quién mató al borrico y quien le arrancó la quijada?, ¿hubo primero un asnicidio y después un fratricidio? No creo queel homicida fuera Caín porque el equinocidio no está en la psicología del campesino –aunque ganas no le falten cuando los mostrencos arrasan sus sembradíos. Encuentro en la arqueozoología una hipotética respuesta:

Simplificando, milenios arriba o abajo, la redacción por los mesopotamios de las primeras 7.322 versiones de la biblia la vamos a hacer coincidir con la domesticación de los animales, pongamos que hace 10.000 años -la del burro, fue posterior, hace 9000 o 6000 años. Con redondeo o sin él, el burro doméstico llegó después que los vegetales. Por ello, Abel estaba nervioso contemplando con su congénita idiocia que los uros, onagros y verracos a su cuidado se reproducían más lentamente y con peor conducta que la cebada de Caín. En sus circunstancias, es plausible suponer que el segundón Abel incordiara al primogénito Caín. Su contraofensiva la conocemos todos y la perdonamos muchos.

Pero incluso aquella réplica homicida ha sido manipulada mediante el enésimo propósito de embrutecer al común de los mortales. En este sentido propagandístico, es llamativo que ahora nadie imagine a Abel como ganadero de burros sino como pastor de corderos. Es canallesco pero comprensible. Además de que gramaticalmente es una expresión dudosa, pastorear borricos es políticamente desventajoso a pastorear ovejitas luceras.

Los descendientes de Caín

Qué raro… las víctimas siempre encogen sus genitales pero creíamos que el homicida los llevaba enhiestos cual estandarte

Pocos versículos después, Jehová parece algo disgustado con la atrocidad de su sentencia anti-vegetariana y trata de remediarlo describiendo encomiásticamente a los nietos del fratricida: “Jabal fue el padre de los que habitan en tiendas y crían ganado… su hermano fue Jubal, padre de todos los que tocan el arpa y la flauta… Tubal Caín, fue maestro de todos los que trabajan el bronce y el hierro” (Gen 4: 20-22) Nomadeo con orden, instrumentos musicales, herrerías… oficios todos ellos de indudable beneficencia.

Comparados con esta precisión de alta enjundia etnográfica, Jehová describe a los hijos y nietos ganaderos de Adán abusando de unas hipérboles propagandísticas que, además, carecen de la menor posibilidad exegética: “Cuando Adán tenía 130 años, engendró [¿con Eva?] a un hijo a su semejanza y llamó su nombre Set. Los años que vivió Adán después de engendrar a Set fueron 800, y engendró hijos e hijas. Todos los años que vivió Adán fueron 930, y murió. Cuando Set tenía 105 años, engendró a Enós”, etc. (Génesis 5: 3-6) Además de unos pitagorismos ininteligibles, ¿qué aportaron a la Humanidad los hermanastros de Abel?: nada.

Por la simple razón de que se sienta en el regazo del Poder, mi cainita familiar se confunde: no es el malote que cree ser sino, al revés, es el hijo ventajista del infecto Abel -léase, además de canalla, es ignorante. Hablando de burros, he recordado una chulería que conocíamos todos los chicos del barrio que frecuentábamos los tugurios; si sacabas a una chica a bailar y ella decía -“No se ha hecho la miel para la boca del burro”, la réplica era automática, –“Perdona, te pedí que bailaras, no que me la chuparas”. Como es feo y siniestro de nacimiento, mi cainita de marras no bailó nunca ni tuvo la ligazón barrial para menguar su fracaso.

Para terminar, regresando a los versos con los que inauguramos estas líneas, agradezco a Barón Rojo que denuncie a Abel como mezquino y cobarde, siervo de su señor y no menos gratificante es que señale dónde están los hijos de Abel, exactamente a la diestra de su señor el Poder. Imposible decirlo con mayor concisión y rotundidad. “Caín ha de ser vengado siete veces” (Génesis 4: 24) Vayan estos párrafos en honor a los hijos de un Caín actualizado, homicida en defensa de la Humanidad y, por ende, esencialmente prometeico.

Una miaja de humor

PS. Conflicto de intereses. El escribidor es omnívoro y declara que no es agricultor ni ganadero ni teísta

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