“Thanksgiving-2012,” un poema de Yván Silén

En vez, deberíamos expiar nuestras culpas por el genocidio que fue inducido —y aprobado— por los mismos hombres blancos que endiosamos como nuestros ‘heroicos’ padres fundadores.

Robert Jensen, AlterNet

Día de acción de gracias: “Thanksgiving-2012,” un poema de Yván Silén

22 de noviembre, 2012. Desde el norte de Ohio, “cerebro” (de Luis Rafael Sánchez), como pocos de mis vecinos gringos —¿ninguno?—, el llamado “día de acción de gracias,” que también celebran, a su manera y en otro mes, en Canadá. El “thanksgiving” puritano-protestante-gringo está atado a las primeras décadas del siglo XVII usamericano; una centuria que, como el siglo XVI en el Caribe, México y Suramérica, a los indígenas les supo a mierda. Época de grandes restas para los que lo perdieron todo. Cerebro por eso sin celebrar, pero me sé, como latino-puertorriqueño residente en Usamérica, inevitablemente cómplice de lo que critico.

Temprano en la mañana del tercer jueves de noviembre, día de “acción de gracias,” el artículo que leo en AlterNet pone los platos sobre la mesa; una mesa que, en mi cerebración, no contará con pavo (el plato típico). De plano, la propuesta de Robert Jensen reitera la lectura crítica de Thanksgiving. De lo que se trata, en última instancia, es de una celebración oficial que le da continuidad al legado fundacional, racista y genocida, de la supremacía blanca. Un racismo endosado oblicuamente hoy, incluso por muchos usamericanos considerados no-blancos.

De ahí que, en vez de pavo, en mi mesa se coma hoy el pernil de cerdo católico, que tanto odian judíos y musulmanes (monoteístas de la misma calaña que los católicos, según el Tratado de ateología, 2006). Así, desde un catolicismo ateo, demasiado ateo, que distancia de la celebración protestante, cerebro en mi isla (mi casa) con un plato de pernil de cerdo, lo que celebran mis vecinos gringos, mientas me encomiendo a Martin Luther King Jr., Howard Zinn, César Chávez, Gore Vidal, Noam Chomsky, Ralph Nader, Cornel West, Chris Hedges, Michael Moore, Pedro Pietri, Gloria Anzaldúa.

Desde esa distancia, la cerebración de Thanksgiving que se lleva a cabo en mi mesa, pagana, demasiado pagana, instala al Poeta como sustituto del Dios protestante. La mesa está casi lista. Como música de fondo, pongo a Mark Twain, mientras evoco a Eduardo Galeano. En breve, llega, vía email, el poema de Yván Silén, poeta-filósofo, ateo-cristiano, de la esquizo-realidad puertorriqueña. Poeta-guerrero, antiimperialista, de más de veinte libros, que se sabe un destino inaplazable de la Poesía, emblema de la “libertá.” Nadie más puntual que Silén, ateo-cristiano-protestante, para un día como este; día del pavo gringo y de la pavada agringada.

De entrada, el poema de Silén,“Thanksgiving-2012,” escrito en Puerto Rico, desde la llamada “colonia light” boricua, dramatiza la puesta en escena cárnica del ritual, en clave tácitamente política:

“El cadáver yace encima de la mesa.

Todos ríen y todos hablan. El cuchillo es siniestro.”

Muy celebratoria, la cena adquiere de golpe unos tintes fúnebres, que generan una comensalidad nerviosa, en la que todos (los puertorriqueños que celebran colonialmente el genocidio indígena de los protestantes) balbucean y para colmo de disparates, se ríen. ¿De qué? Nadie sospecha la contigüidad espeluznante que hay entre el genocidio indígena y la cena boricua frente al pavo. Sólo el cuchillo sabe que se trata de la muerte. Sólo la lengua, como metonimia de un cuerpo desconectado de su ser por la colonialidad, sabe que se trata de un destino político (ensangrentado), cubierto de mentiras, en el que la falsedad del poder que da gracias y la estupidización de los subalternos que comen, contaminan la ingesta y pudren la vida. Sólo los niños sospechan que algo en el pavo es tóxico:

“La lengua chasquea el sabor de la sangre

y de la luna. Los peregrinos falsos

y los peregrinos idiotas dan gracias

por los pavos muertos y por los pavos

podridos. Los niños escupen los cartílagos

en la copas.”

La cena de acción de gracias, una falsedad en su origen gringo y una idiotez celebrada desde la mesa puertorriqueña transculturada, nutre la comilona colonial: un banquete varias veces putrefacto. Otra vez, desde su inocencia reveladora, los niños dramatizan la carnicería originaria:

“Los espejos de la mesa

también se pudren. Los niños beben

la sangre del cuello de los pavos.”

La cena alucinada, de falsedad e idiotez, de muerte, es intersecada por un paréntesis, muchas veces central, que los comensales falsos y estupidizados no registran, a pesar de los desechos que tienen en frente, en el plato de pavo podrido; un paréntesis que conecta a la colonia feliz (Puerto Rico) con la violencia de la colonialidad violentamente actual (en el Oriente Medio):

“Todo

es feliz. (Israel está bombardeando a Palestina.)

Los idiotas dan gracias a Dios y comen fetos muertos.

Las cenizas…prosiguen encima de la mesa.”

Invocación.  Como si se tratara de una cena navideña boricua, el día del pavo gringo lo cerebramos en mi casa con pernil de cerdo, arroz y habichuelas, monfongo, amarillos, ensalada, pan y sopa, en el frío invernal (esta vez, siniestramente cálido) del norte de Ohio, invocando al Poeta esquizo antes de comer:

El cadáver yace encima de la mesa.

Todos ríen y todos hablan. El cuchillo es siniestro.

La lengua chasquea el sabor de la sangre

y de la luna. Los peregrinos falsos

y los peregrinos idiotas dan gracias

por los pavos muertos y por los pavos

podridos. Los niños escupen los cartílagos

en la copas. Los espejos de la mesa

también se pudren. Los niños beben

la sangre del cuello de los pavos. Todo

es feliz. (Israel está bombardeando a Palestina.)

Los idiotas dan gracias a Dios y comen fetos muertos.

Las cenizas…prosiguen encima de la mesa.

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