El coronavirus provoca más disparates que miedo

Arturo del Villar*. LQS. Marzo 2020

Son muy variados los crédulos en historietas increíbles. Como siempre sucede en estos casos, está muy extendida la teoría de una conspiración política de una gran potencia

La pandemia del coronavirus ha motivado que se exterioricen los sentimientos más íntimos de algunas personas, y muchos de ellos son extravagantes por no escribir algo más fuerte. Quizá cuando el temor actual al contagio haya pasado, alguien recoja una antología con los disparates dichos y escritos en estos días. Yo ahora me limito a comentar algunos de los más recientes y sorprendentes.

Por ejemplo, el locutor Federico Jiménez Losantos aseguró en la mañana del viernes 13 de marzo, desde su ultraemisora esRadio, que la causa de la pandemia es una maldición del dictadorísimo contra este Gobierno, calificado por él de social-comunista-separatista. Su enfado lo motiva el haber trasladado a su momia del fascistísimo mausoleo que se había hecho construir por los presos políticos, a una modesta sepultura pueblerina. Cree que es la habitual maldición de los faraones contra quienes los remueven en sus pirámides: todos los profanadores fallecen de mala manera, ya que la maldición se conserva inalterable a través de los siglos.

Pone como ejemplo a las sucesivas muertes extrañas de Howard Carter y los demás descubridores de la tumba de Tutankamón. A su modo de ver, la decisión del Gobierno fue una provocación que tiene como consecuencia la expansión del virus por todo el mundo, causada por la venganza del dictadorísimo, que continúa disponiendo todavía de autoridad para matar, como durante su vida, y ahora a escala planetaria. Lo que no explicó es por qué deben pagar ciudadanos de todos esos países una decisión exclusiva del Gobierno español. Y este locutor que cree en maldiciones faraónicas se las da de intelectual, la voz de la extrema derecha hispana.

Son muy variados los crédulos en historietas increíbles. Como siempre sucede en estos casos, está muy extendida la teoría de una conspiración política de una gran potencia, muy bien preparada para evitar un contagio masivo de sus ciudadanos, con la finalidad de reforzar su poder a costa del desastre de las demás naciones. Según ella, el virus se ha creado en un laboratorio de un gran país con grandes medios y grandes deseos imperialistas, y lo ha llevado a una pequeña ciudad china con intención de destruir la economía de la que se ha convertido en primera potencia mundial, gracias a la adaptación del marxismo a su realidad social. Hoy he recibido dos mensajes en este sentido que me avergonzaría citar.

Políticos sin mano izquierda

También los que gobiernan a menudo nos sorprenden con sus salidas de tono. Como lo ha hecho Emiliano García-Page, presidente de la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha por ese partido que dice ser nada menos que Socialista y hasta Obrero, pero lo único cierto es que está partido. Al conocer el comunicado emitido el 12 de marzo por el rector de la Universidad de su propia tierra para anunciar que suspendía las clases durante dos semanas, con el fin de evitar en lo posible a los alumnos el peligro de contagiarse a causa del virus, comentó por escrito: “Hay gente que quiere tener quince días de vacaciones. Ustedes verán que estoy intentando ser duro, claro y directo.” Duro de mollera sí que es. Y que no tiene mano izquierda, solamente derechista.

A otro político le vino la oportunidad de decir una estupidez durante una sesión parlamentaria, y no la desaprovechó, como es lógico. Se trata de Toni Cantó, quien al fracasar como actor decidió pasarse a la política, y fue aceptado por ese partido fundado y presidido durante años por un exhibicionista que se promocionaba apareciendo totalmente desnudo en los carteles propagandísticos de su partido, Ciutadans o Ciudadanos, según los lugares. Ahora se ha retirado porque se encontró con una Dalila que en lugar de cortarle los escasos cabellos se los implantó, lo que le permite dedicarse a la banca, hasta que la hunda también.

Cantó es portavoz de los restos repartidos por el reino de ese partido en las Corts Valencianes, aunque sigue siendo tan mal actor como siempre. Al conocer que la ministra de Igualdad, Irene Montero, se había contagiado del dichoso virus durante la manifestación celebrada el día 8 para conmemorar el Día Internacional de la Mujer, hizo un chiste malo que debió de parecerle graciosísimo: “Montero, manifestante ilustre, hermana yo sí te contagio”, jugando con una expresión sacralizada por las mujeres para referirse a las que denuncian una violación y no son creídas por los policías y los jueces, “Hermana, yo sí te creo”. El tal Cantó, según propia confesión, lo que hace es contagiar el virus luego debe ser retirado de la vida pública.

Ante la avalancha de censuras motivada por su gracieta, se ha defendido alegando que se han interpretado mal sus palabras, como si fuera posible leerlas en varias versiones diferentes. Dado su carácter no cabía esperar que asumiese su irresponsabilidad y pidiera disculpas a quienes se hayan sentido ofendidas. Habida cuenta de la indigencia en que se sostiene su partido sobre la nada, no es factible imaginar que el comentario vaya a incidir negativamente en el resultado de las próximas elecciones, caso de que todavía existan sus restos para entonces, cosa poco probable.

Bocazas con pedigrí

Por supuesto, no faltan los que culpan a la secta más fanática de la Iglesia catolicorromana, poseedora de enorme dominio y dinero, de la expansión del virus, con el propósito de confirmar al mundo en la idea de un castigo divino por los pecados de la humanidad, como en otro tiempo ocurrió con el diluvio universal. Aseguran que, lo mismo que entonces, los elegidos se salvarán de la pandemia, y los demás recibiremos el justo castigo debido a nuestra iniquidad, por ser tan malos.

De momento triunfan los malos en el reino, no el de los cielos, sino el de España. Tanto que la supuesta novelista Ana Rosa Quintana tiene un programa en esa cadena de podredumbre que es Telecinco (¿dónde si no?), titulado así precisamente, “El programa de Ana Rosa”, aunque conocida su trayectoria puede dudarse muy seriamente sobre su autoría. Lo mismo que la de su presunta novela Sabor a hiel, publicada en el año 2000 por Planeta, que es la madre de todas las corrupciones editoriales en España, pero se descubrió que le había encargado escribirla a un primo, al que debió de pagarle muy poco, puesto que el pobre “negro” se dedicó a plagiar párrafos enteros de narraciones de otros autores, sin molestarse en inventar él una historia, y así puso en evidencia la cara dura de su prima.

La falsa escritora estaría proscrita en un país civilizado, pero en el nuestro dirige un programa de televisión, aunque sea en Telecinco. El viernes 13 de marzo aseguró que “La situación en Madrid es muy preocupante”, a causa del coronavirus, por lo que el aeropuerto está en paro. A continuación, comentó: “Sesenta y cinco países cancelan los vuelos con España. Bueno, ellos se lo pierden. Los españoles somos más ordenados que lo que dicen por ahí.” Será que lo dicen por ella, y en tal caso aciertan. Lo más cierto de todo es que las pérdidas que están sufriendo las empresas relacionadas con el turismo nos va a provocar un descalabro de dimensiones, éstas sí, desordenadas. Pero ella continuará dirigiendo su programa, porque hay gentes que lo escuchan. Así iba el reino, y ahora se pondrá peor.

Otra periodista, poseedora de un lenguaje procaz que escandalizaría hasta en una mancebía, Cristina Seguí, colabora en un panfleto digital conocido como OkDiario, al que aportó el 12 de marzo una muestra del talante de su talento, titulado “El virus es el socialismo”. Lo regurgitó con la aviesa intención de aniquilar al vicepresidente tercero del Gobierno, el Pablo Iglesias joven, y su compañera de vida y partido, la antes citada Irene Montero, ministra de Igualdad en el mismo Gobierno. Tan aviesa es que afirma entre otras disquisiciones del mismo jaez: “Ahora sabemos que a Iglesias y su señora les ha alcanzado el Corona [sic] porque, al final, la ciencia es implacable contra las mierdas de catequesis bíblico-marxistas [resic]. El bichito se ha cargado a la brigada anticapi, antifalocéntrica y antipatriarcal” [requetesic]. ¿Qué quiere decir este galimatías? Ni el virus lo sabe.

Esta breve muestra sobre las opiniones motivadas por la pandemia, ha evitado los comentarios insultantes de quienes se alegran de su expansión. Como dijo aquel torero gitano al saber que Ortega y Gasset era catedrático de metafísica, “Si es que hay gente pa tó”. También gente aprovechada, como el publicista de Mercadona, que ha diseñado un anuncio con este texto: “¿Por qué todo el mundo está comprando papel higiénico de Mercadona?” Seguro que exagera: yo no lo he comprado, y todavía estoy en el mundo.

* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio.
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